Palau, isla del Pacífico, prohíbe la pesca para convertirse en una zona de santuario marino

Palau, antiguo frente entre las tropas imperiales de Japón y la marina de EE.UU, va ahora a la vanguardia en la renovación del contacto con la naturaleza.

¿Dónde se encuentra Palau?

Se trata de un conjunto de islas al oeste Océano Pacífico, en un área de 459 km2, y una población total de 20 000 personas  Tiene como fronteras marítimas a Indonesia, Filipinas y los Estados Federales de Micronesia. Su capital es Ngerulmud, en el estado Melekeok.

¿Qué intenta hacer al prohibir la pesca?

Hace un par de días, su presidente, Tommy Remengesau Jr., declaró que la pesca quedaba completamente descartada de su potencial económico. Eso significa que 321.87 km2 área marítima estará dedicada al 100% a ser un santuario marino. ¡Se trata de un espacio similar al tamaño de Francia!

En su declaración, menciona que se tomó esta decisión porque:

No teníamos otra opción: el océano es nuestro modo de vivir. Es nuestra vida, nuestra cultura, nuestra economía. Yo siempre digo que la economía es nuestro ambiente, y nuestro ambiente es nuestra economía. De seguro se preguntarán por qué, por qué estamos haciendo esto. Tiene un verdadero sentido para nuestra sustentabilidad, para nuestras personas, para nuestras islas como nación, y para nuestra comunidad. Puedo decir que en mi generación, he visto cómo varios cardúmenes van disminuyendo, he visto cómo el tamaño físico de los peces se ha reducido. Esto va más allá de la pérdida económica de empresas o de otros países: estamos hablando de la vida, de lo que diezmará si no tomamos una acción responsable.

Por consiguiente, Palau pretende promocionar ecoturismo (por ejemplo, el buceo y el snorkel), como un potencial económico alternativo a la pesca. Y para conseguirlo, Tommy Remengesau Jr., considera la posibilidad de utilizar vigilancia aérea para el control de la pesca.



El exceso de turismo está arruinando todo: ¿deberíamos dejar de viajar?

Si eres un espíritu itinerante, tienes que saber esto.

No importa cuánto hayamos navegado en Internet o cuánto hayamos leído: recorrer el mundo es y será siempre una forma insustituible de abrir nuestra conciencia. Por eso Mark Twain decía que viajar es malo para los prejuicios, la intolerancia y las mentes cerradas. Y tenía mucha razón.

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Sin embargo, tal parece que viajar está teniento impactos negativos no sólo sobre las malas conductas, sino sobre los hábitats naturales y humanos por igual. Nunca antes en la historia el ser humano había podido desplazarse con tanta facilidad, ni viajar había sido algo tan accesible para todos (y tan deseable).

En 1950, había 25 millones de viajes al año. Hoy hay más de mil millones.

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Esto podría parecer una panacea, pero en realidad está ocasionando una crisis para la cual ya se ha acuñado un termino: sobreturismo.

El sobreturismo es la consecuencia natural de que cada vez más personas tengan la posibilidad de viajar y de que esta industria sea en la actualidad una de las más importantes del mundo, que aporta el 10% de la riqueza mundial. Pero esto ha crecido tan desmesuradamente, y a ritmos tan veloces, que se ha salido de control.

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La basura está sustituyendo las arenas de las playas –como en Bali–, monumentos como la Muralla China se desgastan, y en los sitios de mucha afluencia de viajeros se disparan los precios, lo cual degrada la calidad de vida de los habitantes permanentes –en lugar de mejorarla debido a la derrama económica del turismo, que en realidad se la quedan las grandes empresas y emporios–.

El sobreturismo está ocasionado una crisis donde el placer de unos es la tragedia de otros.

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La industria del turismo se antepone, además, al buen vivir de los pueblos indígenas. Eso sucede, por ejemplo, en Bachajón, una zona del sureste de México donde se construye actualmente un megaproyecto turístico, para el cual se despojó de sus tierras a las comunidades indígenas, con gran violencia –Bachajón sumo dos líderes asesinados en el 2013 y el 2014 a la funesta lista mexicana de ecologistas muertos–.

No cabe duda de que el turismo está confrontándonos a unos y otros, así como con la naturaleza y más aún, con nuestro propio espíritu itinerante y con la delicia que es viajar. Pero…

 

¿Deberíamos dejar de viajar?

No viajar sería condenarnos. La cuestión no es dejar de recorrer el mundo, sino hacerlo con conciencia: cada paso que demos en nuestra hoja de ruta será decisivo para no abonar a la crisis que el sobreturismo está provocando.

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Por ello, la Organización Mundial del Trabajo ha buscado crear una nueva conciencia viajera mediante un decálogo de buenas prácticas llamado en inglés Is it too much to ask?, donde recomiendan:

  • Evitar viajar a lugares masificados
  • Evitar monumentos o zonas muy transitadas
  • Asegurarnos de las buenas prácticas de las empresas intermediarias de nuestros viajes
  • Aprehender y entender la cultura local, respetándola en todos sus códigos (de convivencia, vestimenta, etcétera)
  • No abusar de los recursos, sobre todo en lugares donde más escaseen
  • Evitar el uso de plástico al máximo y no tirar basura de ningún tipo
  • Comprar local

Otra cosa que podemos hacer para ser buenos turistas –o viajeros, mochileros, nómadas o cualquier mote de nuestra preferencia– es calcular cuánta contaminación generó nuestro viaje y contrarrestarla con prácticas de reciclaje.

También será preferente, para evitar los sitios masificados o dañar monumentos históricos, visitar lugares ecoturísticos, mismos que son gestionados por las propias comunidades. En México hay muchos hermosos lugares donde nuestros viajes ayudan verdaderamente a la economía local y no tienen impacto ecológico ni social.

Así que no dejes de viajar. Sólo hazlo con conciencia.

 

* Imágen de portada: Kate Shaw, edición Ecoosfera



Escucha a Sean Lennon y otros artistas cantar un precioso himno en defensa de la naturaleza (Video)

Rachel Carson y Joni Mitchell inspiraron a un grupo de músicos para interpretar una popular canción de resistencia, y a favor de la naturaleza.

El título original del libro Primavera silenciosa (1960) era Los hombres contra la naturaleza (Men Against Nature), una forma muy cruda y literal de la bióloga Rachel Carson para dar un mensaje sobre una realidad inevitable: el cambio climático.

Antes de publicar el libro que la marcaría para siempre como la primer activista ecológica de la historia, Carson recordó que la poesía suele ser una manera sutil y poderosa de mover corazones y mentes, por lo que decidió titularlo como actualmente se conoce. El título es una referencia al grave problema que los pesticidas provocan tanto en las plantas como en los animales, lo que tiene como consecuencia una primavera silenciosa.

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Rachel Carson / The Wildlife Society

En los años 70, una peculiar artista destacó al sumarse a las poéticas y estridentes ideas de Carson: Joni Mitchell. La cantante de 27 años escribió “Big Yellow Taxi” (de la cual Bob Dylan hizo una versión), canción inspirada en el libro de Carson y que se convirtió en el himno del movimiento proambiental.

Ahora, el grupo The Decomposers (Sean Lennon, Amanda Palmer y Zoe Keating) revivió esta genial obra musical que celebra y, a su vez, defiende el derecho de la naturaleza a cohabitar con nosotros este planeta sin ser destruida. Se trata de una reivindicación de la necesidad de escuchar y aplicar un claro mensaje: el mundo es nuestro, en tanto nos reconozcamos como parte de la naturaleza y aprendamos a vivir en tal armonía. 

Conformada por la vocalista Amanda Palmer, el guitarrista Sean Ono Lennon y la chelista Zoe Keating, la banda ha lanzado el sencillo en colaboración con la escritora Maria Popova y el Consejo de Defensa de Recursos Naturales en Estados Unidos, para recaudar ingresos a partir de las descargas y utilizarlos en beneficio de la naturaleza.

Aquí puedes escuchar esta nueva y preciosa versión en vivo:

 

¿Y tú cómo actúas contra la destrucción del planeta?