“La comida rápida atonta nuestras capacidades para disfrutar experiencias placenteras”: Universidad de Toronto

Estudios demostraron que la comida rápida afecta los niveles de paciencia, y por consiguiente, nuestra capacidad de disfrutar.

Desde hace aproximadamente una década, varios estudios han demostrado las consecuencias negativas de la comida rápida en el cuerpo humano. Esta oleada de datos científicos en pos a la salud física ha ido esparciéndose por el mundo: de boca en boca, en películas, en diversas revistas, etcétera. No obstante, pocas investigaciones se han hecho respecto a la influencia de la comida rápida en la salud emocional de los individuos.

La Universidad de Toronto se encargó de hacer investigaciones científicas de cómo la comida rápida afecta los niveles de paciencia, y por consiguiente, también nuestra habilidad de disfrutar el mundo de nuestro alrededor.

¿Qué se investigó?

Los investigadores, Julian House, Sanford DeVoe y Chen-Bo Zhong, realizaron tres experimentos, cuyos resultados fueron:

–       Cuando había cerca establecimientos de comida rápida, las personas tendían a responder menos emocionalmente a experiencias placenteras.

–       Al tener dos grupos de control, en donde uno veía fotografías de comida rápida y el otro la veía de manera directa, y luego ambos observaban imágenes de la naturaleza, se encontró que el último grupo se sentía menos feliz después de ver las imágenes.

–       Las personas que se encuentran en constante contacto directo con la comida rápida, disfrutan menos de la música clásica: la consideran tediosa y larga.

De acuerdo con los autores, estos estudios tenían el objetivo de examinar las diferentes reacciones de la urgencia, apoyando la hipótesis de que la comida rápida induce a una impaciencia aún más fuerte. Lo que no quiere decir que la comida chatarra reduzca la felicidad, sino que “atonta” nuestra habilidad de experimentar ciertos tipos de placeres, como el del degustación y el de escuchar música.

¿Qué quiere decir esto?

En la actualidad, estamos en un mundo cuyo ícono es el ahorro del tiempo a través de la inmediatez. Como lo menciona Ben Schiller, escritor de Co.Exist, incluso encontramos este efecto en la intromisión en nuestras vidas de la tecnología:“Los dispositivos para ahorrar el tiempo sólo aumentaron las expectativas de aquello que podemos lograr en 24 horas, convirtiéndonos en unos tontos neuróticos”. En consecuencia, al perder la noción real del tiempo, disminuyó nuestra capacidad emocional para disfrutar experiencias placenteras que requieren paciencia y tiempo.

Con base en la filosofía tántrica, el humano tiene una necesidad intrínseca de la experiencia emocional, la cual la obtiene a través de las sensaciones y entusiasmos, del placer y de los fracasos comunes en toda la experiencia humana. De manera tal que, aquellas pulsiones naturales (malestares físicos o emocionales) nos inducen a actuar para buscar cierto bienestar y mejores opciones; no obstante, esto lleva tiempo para poder realmente disfrutarlo.

En el Tantra, el ser humano tiene que utilizar conscientemente esa energía natural para trascender y disfrutar de la felicidad. Es decir, tomar en consideración que el cuerpo es un templo, por lo que debe tratarse como tal: con respeto, atención, amor y adoración. Esa relación requiere tiempo y esfuerzo, ya que es necesario regresar a sentirse consciente de las acciones más mínimas, ser curioso, encontrarse emocionado por la vida, estar en competencia con uno mismo, entre otras cosas. Así que, para concluir, recordemos la frase de José Narosky: “Hay enfermedades que quitan la vida. Aunque no maten”.



El chile: antidepresivo natural (Estudio)

Un nuevo estudio revela que el chile es un remedio natural prometedor para combatir la depresión.

Para buena parte de América, el chile es el alma de la comida. Y es que el efecto exótico, caliente y sin duda picoso que comparte esta clase de pimiento no se compara con ningún otro.

Si bien dicen que los alimentos provocan ciertos estados minúsculos en el cuerpo que los consume, el chile es el ejemplo perfecto para  darnos cuenta de que es cierto. Incluso hay quienes afirman que ciertos chiles altamente picosos pueden llegar a alterar la conciencia de formas alucinógenas. De ahí que no sorprende la íntima relación entre las propiedades benéficas del chile y la depresión. 

La depresión no ataca únicamente a la mente; también perjudica al cuerpo y, por supuesto, al mundo que lo rodea. Insomnio, debilidad y fatiga son sólo algunos de los síntomas que afectan fuertemente a nuestra sensación de bienestar, sin mencionar que la transformación de la realidad por una más tormentosa es agobiante. 

Pero apenas hace no mucho se descubrió, en el rubro científico, que existen propiedades dentro del chile que resultan altamente favorables para aliviar los síntomas de la depresión. 

Un estudio de la Universidad Estatal de Kaduna, en Nigeria, reveló el poderoso efecto antidepresivo del capsicuum annum, nombre científico que engloba varias variedades de chile (como el serrano, el morrón y el jalapeño).

En el experimento, se buscó comparar los efectos del extracto de chile frente a antidepresivos farmacéuticos como la imipramina y el diazepam. Los resultados fueron sorprendentes: los ratones que consumieron el extracto presentaron una mejoría tan grande como los que recibieron medicamentos. 

Sus efectos curativos se midieron observando un efecto corporal típico de la depresión: la falta de energía. En general, las ratas que consumieron el extracto se mostraron mucho más activas.

Además, sus niveles de pánico se redujeron, lo cual prueba que el chile también puede ser una alternativa para tratar la ansiedad.

¿Por qué el chile es un tratamiento tan prometedor? 

Las pastillas que se recetan para la depresión tienen el respaldo de varias pruebas científicas, pero aún presentan muchos efectos secundarios. 

Según los científicos que llevaron a cabo este experimento, también son difíciles de predecir: no funcionan igual para todas las personas y sus efectos pueden demorar semanas o incluso meses.

Es por eso que nunca está de más acudir a alternativas naturales. El chile también tiene efectos antioxidantes y antiinflamatorios, al igual que un nivel de toxicidad más bajo que el de los farmacéuticos.

Una alimentación saludable es imprescindible para mejorar el estado de ánimo.

Además de añadir un poco más de picante a tus platillos, puedes seguir los siguientes consejos:

1. Evita los alimentos procesados. De acuerdo con un estudio publicado en Science Direct, reducir el consumo de alimentos procesados, como las harinas refinadas, se asocia a un menor riesgo de depresión.

2. Minimiza las grasas animales. La Universidad de Harvard recomienda consumir la menor cantidad posible de grasas animales, sobre todo si se trata de carnes rojas.

3. Come proteínas ligeras. Según ese mismo estudio, las proteínas que se encuentran en el pescado y en el yogurt se relacionan con una menor incidencia de depresión.

4. Prueba el azafrán. De acuerdo con la revista Psychology Today, esta hierba no es sólo un ingrediente delicioso; también equilibra los niveles de dopamina y serotonina en el cerebro, reduciendo los síntomas depresivos. 



Saudade, o de cómo los hablantes del portugués nombran lo ausente

Una palabra para nombrar la añoranza por lo que ya no está (y defender la fragilidad humana).

Sé entonces lo que es el presente, ese tiempo difícil: un mero fragmento de angustia.
                                                                                                                                            (saudade) 
Roland Barthes

 

El lenguaje nos articula con los otros y con la realidad y nos permite interpretar, así como ser interpretados. Por eso, nombrar se convierte en una afirmación de nuestro estar en el mundo que constantemente inventa y reinventa la existencia. Es así que, cuando nombramos lo que sentimos, realmente estamos invocando poderosas fuerzas creativas que escriben constantemente el guión de la existencia humana.

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En esta narrativa, la ausencia es sin duda una de las grandes protagonistas.

La ausencia despierta nostalgia, añoranza y melancolía, algo que en portugués se expresa como saudade, una palabra que transmite con desmesura la omnipresencia de la ausencia y los efectos de ésta sobre la realidad de quien la siente. No obstante, la palabra saudade es intraducible al español ―y al parecer, a cualquier otro idioma―, por lo menos en términos estrictamente literarios.

El ejercicio de la traducción no puede ser siempre literal. Y menos en lo que supone a las pasiones humanas.

Y es que, si algo es importante en el lenguaje es su vitalidad y dinamismo inherentes, producto de que las lenguas se construyan tanto racionalmente como por experiencias sensoriales y emocionales. Esto hace al lenguaje proclive a transformarse según los sentires y necesidades de quienes lo utilizan, haciéndolo en ocasiones “intraducible”.

Se vuelve imposible sintetizar en otro idioma los siglos de afectos detrás de una sola palabra. Porque tal expresión ―por ejemplo, saudade― sólo se entiende a partir de los afectos desarrollados por una colectividad a lo largo del tiempo. A ello habría que agregar que la ausencia es algo que todos sentimos, pero no todos la sentimos igual.

Cómo sintamos depende de la “sintaxis” de las relaciones humanas en una cultura dada. De cómo se escribió la historia de un pueblo, y cómo esos sentimientos, al parecer fragmentados en el curso de su existencia, llegan hasta nosotros. La palabra saudade tiene que ser, entonces, analizada y explicada pedagógicamente por los arqueólogos e historiadores de la condición humana, y no sólo por los lingüistas.

 

¿Qué significa realmente saudade?

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Saudade es una especie de añoranza o nostalgia melodramática por lo que ya no está.

Una ubicuidad de la ausencia ―ya sea del ser amado, de objetos o experiencias― que se siente y se presiente; que se transmite a través del espacio que nos rodea, a través de una persona o a partir de un súbito recuerdo. Es una emoción de simbiosis desmesurada entre el dolor y el deseo que, para los hablantes de la lengua portuguesa, es percibida como una emoción poéticamente positiva.

Un brasileño nos puede decir, por ello, é bom ter saudades, “es bueno tener saudades“, porque para la persona sentir saudades se vuelve un ejercicio memorístico. A partir de éste es posible vivir el presente añorando viejos tiempos, pero sin despreciar por ello el porvenir.

 

Sentir saudades frente a los elogios a lo insensible

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Afirmándose en un estado de saudade se defienden simultáneamente las añoranzas y las emociones profundas: aquellas que podrían parecer nocivas por “interponerse” a la felicidad, pero que en realidad potencian lo humano. Dejarse embargar por las saudades se convierte, entonces, en una defensa de la fragilidad y del derecho a ser sensible

Se coloca así el ser sintiente en un estado de indefensión consciente que, no obstante, es enfrentado con valentía. Y ello pese a que vivimos en una época que nos invoca a renunciar a lo sensible y perdurable, sustituyéndolo por lo insensible y fugaz.

Por eso, dentro de las culturas que hablan el portugués la palabra saudade ha tenido tal importancia. Se encuentra en canciones, libros y poemas por igual, tanto como en el léxico cotidiano. Y es que se le reconoció popularmente como una defensa de la identidad (portuguesa o brasilera), volviéndose así una gramática colectiva de culto a la emoción y al ser.

Por eso afrontar esa presencia de lo ausente es hacer un bello homenaje simultaneo: al pasado, a la identidad y a la fragilidad humana. Pues pese a la ambivalencia que implica sentir saudades­ ―incluso el origen de la palabra es aún incierto―, para los hablantes de la lengua portuguesa es un orgullo sentir y poder expresar esta emoción. Así se reconectan con el pasado a través de las emotividades colectivas y hacen frente a los elogios de lo insensible tan propios de nuestra época, donde los hombres no pueden llorar, donde no hacen falta cartas de amor y donde nos resistimos a ser envueltos por la ausencia.

 

*Imágenes: Sanja Marusic

Sandra Vanina Greenham Celis
Autor: Sandra Vanina Greenham Celis
Colaboradora del proyecto político Colectivo Ratio. Le gusta potenciar la depresión en su psique consumiendo productos culturales de las postrimerías del siglo XX. Cree teleologicamente en el arribo de la humanidad al comunismo.