Impresionante video muestra cómo la minería ilegal de oro está devastando la Amazonía

Estudios del Instituto Carnegie de Ciencias de Stanford y del Ministerio de Medio Ambiente peruano (MINAM) muestran el impacto ambiental que la explotación minera en la zona ha acabado con considerables recursos de la Amazonía.

En 1993, la banda inglesa de música neoclásica dark wave, Dead Can Dance, compuso la canción de “Tell me more about the forest”, explicaban la facultad natural de la tierra en proporcionarnos a los humanos su perla más hermosa, sólo si nosotros le regresábamos sus diamantes al tratarla bien. Esta metáfora nos recuerda la necesidad tanto de la Madre Naturaleza como del ser humano para vivir en armonía de respeto y cariño.

Sin embargo, no importa cuántas veces tratemos de hacer un llamado de atención a la explotación de los recursos naturales de nuestro planeta, la mezcla entre la necesidad de alimentos y de ambición ejerce una lucha constante contra la naturaleza. Si bien se han impuesto medidas civiles para dejar de abusar descaradamente de distintas floras y faunas en todo el mundo, aún falta por lograr el equilibrio de estas sobredemandas de ambos lados. Por ejemplo, la Amazonía, aquella vasta selva tropical de la parte central y septentrional de Sudamérica,  ahora es víctima de la sobreexplotación de minerales.

En 2011, esta selva fue declarada como una de las siete maravillas del mundo, ya que su extensión comprende desde Brasil, Perú, Colombia, Bolivia, Ecuador, Guyana, Venezuela y Surinam; además que se destaca por ser una de las regiones con mayor biodiversidad en el planeta. De acuerdo con los investigadores del Instituto Carnegie de Ciencias de Stanford y del Ministerio de Medio Ambiente peruano (MINAM), en una sola hectárea de la región hay más de 300 especies de árboles, las poblaciones de depredadores como los jaguares y primates son consideradas como las principales en todo el mundo, y también las reservas de carbono superan las 100 toneladas por hectárea.

Desgraciadamene, la Amazonía peruana ha empezado a tener estragos: extensas áreas de bosques tropicales han sido aniquiladas, los riachuelos se han convertido en cenagales, los arroyos se han teñido de un color rojizo para transportar toxinas y metales hacia diferentes pueblso y aldeas. Estudios señalan que esta superficie ocupada por la explotación minera en búsqueda de oro no sólo ha aumentado en un 400% entre 1999 y 2012, sino también que la tasa de deforestación se ha triplicado.

 

MINAM considera que el creciente impacto en el medio ambiente se acentuó en 2008, cuando la crisis económica en Perú provocó un auge en el comercio del oro. Esta problemática también incluye problemas de índole social como crimen, paupérrimas condiciones laborales, trata de personas y prostitución. Razón por la cual, este Ministerio del Ambiente de Perú y el Instituto Carnegie se han unido para estudiar y hacer un seguimiento en esta crisis ambiental. Sus últimos resultados se han publicado en la revista “PNAS”.

¿Cómo se realizaron el estudio?

El equipo utilizó el Observatorio Aéreo Carnegie (CAO, por sus siglas en inglés), un avión especializado en la monitorización con sensores de láser ópticos y químicos, y también el Sistema de Mapeo Aéreo Taxonómico (AToMS, por sus siglas en inglés). Estos elementos les permitieron crear mapas tridimensionales de alta resolución acerca de la estructura de la vegetación.

Los científicos esperan determinar no sólo las diversas especies en el ambiente, sino también la manera en que el mismo escosistema está respondiendo a la sequía del año pasado (la cual fue registrada como la peor en la Amazonía), a la deforestación y la degradación mineral.  Para ello, era necesario considerar que:

El oro extraído que subyace en la selva supone una amenaza para la biodiversidad y para el carbono secuestrado en las plantas y los suelos que cubren los depósitos. […]  Los sensores del CAO nos proporcionan una información detallada sobre los patrones de degradación que son específicos a la minería del oro; y lo hacen casi a tiempo real. […] Detectan extracciones de oro ilegales en la parte este de las estribaciones de los Andes (donde hay menos visibilidad) y también para detectar residuos químicos (sobre todo la presencia de metales pesados) en las aguas.

Entre otros resultados, el estudio mostró una fuerte proliferación en la explotación clandestina de minerales de la zona. Esta actividad ilegal constituye 51% del comercio total de la región, lo que provoca un impacto ambiental equiparable a las tres grandes minas de Perú, también conocido como Madre de Dios. No obstante, “la tasa de incremento y los impactos ecológicos siguen siendo poco conocidos y subestimados”.

Entre las soluciones propuestas por los investigadores se encuentran mejorar la legislación para proteger las selvas tropicales y los cursos de agua, ejercer un mayor control en el comercio de oro en los mercados financieros, profundizar en las investigaciones de campo, entre otros. No obstante, las poblaciones de la Amazonía siguen siendo afectadas por esta actividad ilegal que, al final, es consumida por diferentes personas de otras partes del mundo, excentas de sus consecuencias negativas. ¿Ustedes qué opinan al respecto?



¿El capitalismo promueve la escasez de los recursos naturales para venderlos como un producto?

La voracidad no tiene límites. A nosotros nos toca reinventar la manera en la que nos relacionamos con la naturaleza.

Los recursos naturales son finitos. Pero ahora, aunque somos una generación que está más consciente de ello que nuestros padres o abuelos, usamos la riqueza de la naturaleza a crédito: la explotamos a un grado tal que su biocapacidad para reproducirse y absorber nuestros deshechos se ha visto rebasada.

Ese crédito nos está cobrando ya los intereses. Nuestros bosques y selvas se desvanecen (en México perdemos cada año 500 mil hectáreas), y con ellos, también miles de especies animales. Los corales, milenarios habitantes del mar, están muriendo a consecuencia del cambio climático. Y en el futuro, 5 mil millones de personas sufrirán escasez de agua.

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Es verdad que nuestro consumismo es el correlato de esta grave situación. Pero no lo es menos el hecho de que los recursos naturales no sólo no han sido gestionados correctamente, sino que han sido vendidos. El extractivismo en el capitalismo es, en otras palabras, el uso privado de las riquezas biológicas: la némesis de la gestión comunitaria y sustentable de los recursos naturales, que muchas comunidades indígenas llaman a retomar como única salida viable ante la crisis medioambiental.

Así que el capitalismo no es tan irracional como se cree. Lo es, por supuesto, cuando pensamos en la manera en la que destruye a destajo sin mediar recuperación alguna. Pero según Andrés Barreda Marín, profesor de la UNAM, la escasez de los recursos naturales es una suerte de obsolescencia programada:el capitalismo está programando la escasez, provocándola y promoviéndola para encarecer los recursos naturales,al igual que lo hace con los gadgets o todo tipo de electrodomésticos y tecnología, a los que programa una “vida útil” para incrementar sus ventas.

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Es decir que la escasez es real, pero se está programando con fines específicos. Las transnacionales han llevado esto a la práctica desde hace mucho, y lo seguirán haciendo: la falta de agua llevará a su encarecimiento, al igual que la crisis agrícola está creando las condiciones para justificar y sobrevalorizar los productos transgénicos, que harán de los cultivos un monopolio de Monsanto, Bayer y algunas otras transnacionales.

Lejos de luchar contra esto, el capitalismo lo promoverá como una salida a las crisis económicas que ha enfrentado y seguirá enfrentando por lo contradictorio de su funcionamiento. Y por ello, muchas de las más grandes empresas seguirán en una férrea lucha por monopolizar los recursos naturales.

 

¿Es posible reaprender a relacionarnos con la naturaleza?

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Innegablemente, los seres humanos formamos parte del metabolismo de la naturaleza. Nuestra actividad no puede disociarse de ésta, y más aún, es imposible no provocar transformaciones en la naturaleza. Pero tal cosa no tendría que significar arrasar con ella. ¿Cómo, entonces, nos relacionamos con el medioambiente y los otros ecosistemas de maneras no dañinas?

Para ello necesitamos sin duda de un gran cambio a niveles incluso filosóficos, morales y epistémicos, pero también económicos y políticos. Generar una fuerza creativa por encima de las fuerzas inherentemente destructivas del capitalismo es una tarea impostergable. Plantearnos colectivamente cómo extraer las materias primas naturales, sean renovables o no, y cómo gestionar dicha extracción, así como la producción y el consumo de nuestras necesidades, es un quehacer pendiente que debe ser colectivo.

Porque sería utópico pensar en que podamos dejar de extraer los recursos naturales. La cuestión está en cómo nos relacionamos con el planeta y sus ecosistemas; en si los tratamos como seres vivos, con derechos, o como viles mercancías en el anaquel de un supermercado.

 

Imágenes: 1) Flickr darklorddisco; 2) Amy Talluto; 3) Tumblr



Planean explotación minera en la Luna con Google Lunar X-Prize

Entre los recursos más preciados en la Luna se encuentran el hidrógeno, oxígeno y helio-3, convirtiendo a este satélite en “la primera gasolinera en el cielo.”

Imagen principal: www.nasa.gov

Cuando en 1969, Neil Amstrong y Edwin “Buzz” llegaron a la Luna, se dijo que era un gran paso para la humanidad. Y ahora, casi 40 años después, la Fundación X-Prize –patrocinada por Google– planea alcanzar una “nueva era de explotación de los recursos lunares que empezaría con colonias de robots mineros.”

Entre los recursos más preciados en la Luna se encuentran el hidrógeno, oxígeno y helio-3, los cuales “podrían convertirse en diferentes reservas de combustibles listos para utilizarse directamente en el espacio, mientras que los llamados minerales de tierras raras –REM’S– serían útiles para la producción de artefactos ligados a las nuevas tecnologías.”

Y pese a que un tratado de la ONU de 1967 sentenció que “ninguna nación puede proclamarse como dueña de la Luna”, la Fundación X-Prize obtuvo tanto el permiso de EE.UU. para realizar la explotación minera, como el apoyo de algunos expertos en leyes quienes señalan que “realmente no hay detallado sobre los derechos de su explotación comercial, pues hay libre acceso sobre su territorio y uso del mismo.”

Todo comenzó en 2007, cuando la Fundación X-Prize lanzó la convocatoria a innovadores de todo el mundo para desarrollar métodos de explotación espacial robótica de bajo costo. Así, Google Lunar X-Prize reunió a 29 participantes de 17 países para que su rover llegue a la Luna, recorra 500 metros y transmita un video e imágenes de alta definición. Hasta la fecha quedan 16 equipos de todo el mundo, entre los cuales se encuentran Chile y Brasil en representación latinoamericana.

Todo parece indicar que la compañía estadounidense Moon Express, fundada por Robert Richards, podría obtener el primer lugar de la competencia, pues acaba de recibir la autorización del gobierno estadounidense para explorar la Luna en el 2017 y de establecer importantes alianzas comerciales con la NASA. Esto es particularmente sorprendente, ya que es la primera vez en la historia que una compañía comercial recibe el permiso de este tipo.

Según Robert Richards, el hidrógeno y oxígeno obtenido del hielo lunar podrían convertirse en combustibles listos para usarse directamente en la actividad espacial: “El agua es el combustible del Sistema Solar,  así que la Luna se podría convertir en una gasolinera en el cielo.” 

En la actualidad, estos minerales, como el europio y el tantalio, se refinan exclusivamente en China, usados principalmente en la producción de teléfonos celulares o computadoras. El problema es que este país podría terminar con sus reservas en un par de décadas, por lo que encontrar nuevas vetas de estos materiales sería indispensable.

Mientras que el helio-3, escaso en la Tierra pero abundante en el universo, puede ser usado para crear energía en la fusión nuclear, la cual podría ser la clave de las colonizaciones en otros planetas y en general de la exploración espacial en el futuro.

Mientras que el cofundador de Moon Express, Naveen Jain, considera que “es fundamental realizar este tipo de proyectos de bajo costo para su nueva conquista”. El proyecto en la Google Lunar X-PRIZE ha costado alrededor de 10 millones de dólares, lo cual es realmente más económico en comparación con otros proyectos de la NASA.