Esta sencilla modificación en los cruces de calles podría evitar cientos de accidentes entre ciclistas y automovilistas

El urbanista Nick Falbo propone este diseño para reducir sensiblemente la probabilidad de que ocurra un accidente entre una bicicleta y un automóvil que coinciden en un cruce de calles; una idea aparentemente sencilla que demuestra un lúcido entendimiento de la dinámica citadina.

En años recientes el uso de la bicicleta como medio de transporte cotidiano ha aumentado en numerosas ciudades del mundo. Si bien en lugares como Ámsterdam, Pekín, Shanghái o Nueva York existía ya, desde hace algunas décadas, la costumbre de trasladarse preferentemente en bici, a esta tendencia se han sumado otras metrópolis importantes como París, Buenos Aires o la ciudad de México. De hecho un par de estudios ha examinado el fenómeno según se ha presentado recientemente en Europa y América Latina, en donde parece ser que el automóvil pierde cada vez más usuarios frente a la bicicleta.

Con todo, son pocos los casos en que la planeación urbana se adapta pronto al creciente número de usuarios de bicicleta. Más allá de los programas de préstamo público de bicicletas o de las ciclovías que los gobiernos locales han construido para facilitar el tránsito citadino, los ciclistas todavía enfrentan importantes riesgos durante sus trayectos por la ciudad, muchos de ellos derivados del hecho aparentemente mínimo pero en última instancia vital de que hay momentos en que deben compartir la calle con los automovilistas. Por ejemplo, en las intersecciones.

Los cruces de calles se encuentran entre los puntos de mayor riesgo para un ciclista. En estas circunstancias es común que el conductor de un automóvil que se prepara a dar una vuelta pierda por un momento de vista a quien en su bicicleta sigue su camino en línea recta. Y, entonces, ocurre el choque. O igualmente el ciclista da vuelta y no alcanza a ver que peatones van a cruzar la calle, y también puede arrollarlos.

Para reducir la posibilidad de que ocurran estos accidentes, Nick Falbo, urbanista residente en Portland (EEUU), ha elaborado esta propuesta que parece sencilla pero demuestra un amplio entendimiento de la dinámica metropolitana. La idea de Falbo es instalar bahías o “islas de refugio” en las intersecciones de calles donde ya existan ciclovías.

En primer lugar, estas bahías obligarían al automovilista a dar una vuelta más amplia, casi de 90 grados y, por consiguiente, tendría más tiempo y oportunidad para ver tanto al ciclista que transita a su lado como a los peatones que cruzan la calle. Asimismo, para las bicicletas  facilita el cambio de dirección y la incorporación a un calle distinta de la que provienen. En cuanto a los peatones, en el diseño de Falbo se incluye una pequeña área para acercarlos al cruce de la calle pero, detrás de ellos, dejar libre el carril de las bicicletas, así, mientras ellos esperan el cambio de semáforos, los ciclistas pueden continuar su camino. Finalmente se propone una señalización favorable para ciclistas y peatones.

En este video Falbo explica su propuesta (en inglés, pero aun sin poder entender el idioma, los esquemas lo vuelven asequible).

En términos generales, Falbo plantea las condiciones para aumentar el tiempo de reacción de todos los involucrados en una intersección callejera —automovilistas, ciclistas y peatones—, con lo cual la probabilidad de que ocurra un accidente se reduce notablemente.

Aunque esto, claro, no exime a esos mismos involucrados de asumir la responsabilidad que les corresponde: manejar con precaución (automovilistas y ciclistas), viajar con la protección adecuada (en el caso de los ciclistas) y, en el caso de los peatones, mantenerse atentos cuando van por la calle.



La increíble historia de la bicicleta, el medio de transporte más ecológico del mundo

En 1813, el aristócrata alemán Karl Drais, presentó un artefacto construido con dos ruedas de madera y una silla de montar.

Sobre una silla de montar y dos ruedas, se presentó lo que hoy se considera la primera bicicleta en el mundo, un medio de transporte no contaminante que se ha convertido en todo un deporte de alto impacto.

En 1813, el aristócrata alemán Karl Drais, presentó un artefacto construido con dos ruedas de madera y una silla de montar, pesaba 20 kilogramos, se dirigía con un sistema rudimentario de manillar y el impulso se lograba con los pies. Fue bautizado como Draisine o hobby horse (caballos de batalla), ya que fue una alternativa a los caballos que transportaban carga.

Algunos aristócratas londinenses adquirieron este invento como un medio de transporte, sin embargo, años más tarde se prohibió su uso debido a que se consideraba un peligro para los peatones.

La bicicleta regresó al mercado en 1860 con el nombre de “velocípedo”, la cual contaba con un mecanismo de dos ruedas de acero, pedales y un sistema de engranaje. El alemán Karl Kech se atribuyó la invención, pero el francés Pierre Lattent fue quien consiguió la patente.

En Latinoamérica, la bicicleta tardó algunos años en llegar, pero poco a poco fue sustituyendo en algunas regiones a los caballos, burros y mulas como transporte. Incluso, se convirtió en una herramienta muy útil de trabajo para algunos oficios, como vendedores de pan, carteros y repartidores de periódicos.

bicicleta

A lo largo de los años, la bicicleta ha sufrido varios cambios, especialmente en el tamaño de las ruedas y los materiales para su fabricación. Al inicio de su comercialización era un artefacto caro, sin embargo, su producción masiva ha reducido los costos al público.

El nacimiento del ciclismo como un deporte popular se remite al 31 de mayo de 1868, cuando los hermanos Olivier se asociaron con la empresa fabricante Michaux para organizar una carrera de “velocípedos” en Saint Cloud, París. Se presentaron 7 ciclistas para recorrer 1,200 metros de distancia. El ganador fue el británico James Moore que hizo el recorrido en 3 minutos y 50 segundos. Años más tarde, el primer Tour de Francia se efectuaría en 1903 y contaría de un trayecto de 2,428 kilómetros.

Actualmente, la bicicleta es una opción de transporte ecoamigable, ya que no emite gases contaminantes y disminuye la presencia de vehículos en las calles, por lo que reduce congestionamientos viales. Además, montar en bici es una actividad física que trae consigo excelentes beneficios a la salud, como fortalecer el sistema cardiovascular, bajar de peso y reducir el estrés.

Te invitamos a rodar entre la naturaleza, ya que es una experiencia muy relajante y divertida.

 

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La evolución de la bicicleta en 6 siglos de historia (Infográfico)

En su sobriedad y simpleza, este invento ha revolucionado notablemente la vida humana.

Hay inventos complejos que revolucionan la vida y el pensamiento humano, como el internet. Existen también otros que parecieran de lo más sencillos; pero que desde su simpleza, desde hace siglos y hasta hoy, siguen revolucionando la cotidianidad de millones de personas.

Uno de los más icónicos ejemplos de lo anterior es la bicicleta. Con su antecedente más arcaico en 1493, este invento consiguió que miles de personas con pocos recursos pudieran hacerse de un medio de transporte efectivo más allá de su par de piernas.

Una velocidad media en bicicleta es de 16 km/h, en contraste con una caminata promedio que es de 6 km/h. Lo anterior significó un cambio revolucionario en la manera en que miles de personas se movían. Hoy, en la era del automóvil, miles están volviendo a usar la bicicleta como un medio más efectivo de transporte en las ciudades, ya que no contamina, te hace más feliz, aumenta tu tiempo de vida y te mantiene más delgado y sano. Lo anterior aunado a que estas suelen ir más rápido que cualquier automóvil en los embotellamientos viales cotidianos.

Por todo lo anterior, la bicicleta ha sido uno de los inventos más revolucionarios de la humanidad. Hoy te presentamos un infográfico elaborado por VisitIOM que nos devela la historia detrás de este cotidiano medio de transporte, tan querido y aprovechado por tantas personas por más de 600 años.

 

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