En cuatro minutos aprenderás cómo los lobos pueden cambiar el curso de un río

Este video pone en cuestión lo que la mayoría de las personas piensan acerca de los depredadores feroces, y de paso ilustra la maravillosa narrativa del sistema alimenticio del planeta.

Nada, absolutamente nada, es lo que parece. Este video es un gran testimonio de ese antiguo axioma. Aquí vemos cómo los lobos, que fueron reintroducidos al parque nacional de Yellowstone (después de haber estado ausentes por casi setenta años), crearon el fascinante fenómeno denominado “cascada trófica”, y a partir de ello cambiaron el curso de un río.

La cascada trófica es una serie de efectos indirectos amplificados que los animales que están en la cima de la cadena alimenticia ejercen sobre aquellos organismos que están en niveles inferiores. Mucho tiempo se ha pensado que los grandes depredadores, debido a que son pocos, no afectan demasiado la biodiversidad que los rodea. Hoy, sin embargo, sabemos que no sólo producen cambios en el comportamiento de sus presas, sino que también influyen decisivamente sobre los depredadores más pequeños. Esto, a su vez, aumenta el número de herbívoros y produce una disminución de biomasa vegetal. Las cascadas tróficas, en otras palabras, regulan la densidad de sus presas y el bienestar del ecosistema. En la naturaleza todo está íntimamente relacionado y cualquier animal que quite da de regreso mucho más de lo que toma. Baste ver el documento.

Lo más destacable de este video es que hace de los lobos, los ciervos y la cascada trófica que los atañe, una narrativa maravillosa que nos muestra las entrañas del perfecto sistema alimenticio de la Tierra. Nos recuerda de paso el desequilibrio que nosotros los humanos hemos logrado imponer en nuestro sistema de vida.



Una entrañable lección de la naturaleza, cortesía de los lobos: el sentido comunitario

Entre otras cosas, estos indómitos canes nos enseñan cómo trabajar en equipo.

Tanto los lobos como todas las demás especies de canes son animales muy inteligentes. Pero la diferencia entre los que están domesticados (como el perro) y los agrestes (como el lobo), se ha hecho más grande con el pasar de los siglos. Si embargo, de los agrestes podemos aprender sorpresivas lecciones de vida. Y es gracias a que, su estado indomable, les ha permitido proseguir bajo el ritmo del universo, sin que el ser humano intervenga en sus procesos de vida. 

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El lobo es un animal en esencia comunitario: vive en jaurías, a veces nómadas, que sólo pueden sobrevivir bajo una estricta organización jerárquica. Un estudio comprobó, por ejemplo, que la comunicación de los lobos para mantener esa cohesión es más compleja de lo que se cree, intercediendo en ella un lenguaje corporal muy exacto. Así mismo, también se ha investigado qué tanto utilizan los lobos la comunicación a través de la mirada, y se ha comprobado que sus melancólicos aullidos significan que extrañan a un miembro de su jauría.

Pero tratándose de depredadores tan salvajes, es increíble el nivel de cooperación que los lobos pueden llegar a tener, sobre todo en lo que a la caza se refiere. Un estudio de Wolf Science Center, de la Universidad de Viena, hizo una prueba para comprobar la diferencia de comportamiento entre perros y lobos, en un reto que requería del trabajo en equipo para conseguir un pedazo de comida.

Sin entrenamiento alguno, 5 de 7 parejas de lobos lograron obtener la comida,

mientras que sólo 1 de 8 parejas de perros lo lograron

 

No obstante, los perros tienen mejores capacidades para otras tareas. Por ejemplo, andar en patineta, algo que jamás se le ha visto hacer a un lobo –aunque vale la pena recordar, se tratan de actividades enseñadas por el hombre–. Según el doctor Marshall-Pescini, uno de los encargados del estudio en Viena, los perros tienen más talento para ejecutar tareas individuales, mientras que los lobos están acostumbrados a solucionar sus problemas con el trabajo en equipo. De esto se concluye que los perros se han individualizado durante el proceso de domesticación, pues aunque consideren a sus familias humanas como tribus, han adquirido hábitos de supervivencia individual. Algo parecido a lo que le ha pasado al propio ser humano.

Así, es indudable que la domesticación ha afectado el comportamiento y la inteligencia de los perros. Pero el ADN de éstos es el mismo que el de los lobos. Por eso, siguen siendo animales inherentemente comunitarios, un legado genuino, cortesía de su antepasado, el lobo.

 

*Referencias: Wolf vs Dog Intelligence Test – Bang Goes The Theory – Brit Lab – BBC



Así fue el cambio de los lobos en el Parque Nacional de Yellowstone

En la cadena alimenticia de la Naturaleza, se le da nombre de ciclo de la vida al hecho de que especies consuman especies para su supervivencia brindando un equilibrio en cada ecosistema del planeta. Desgraciadamente, a esta práctica de la naturaleza asumirse en ocasiones violenta, agresiva o innevesaria. Sin embargo, ¿lo es?  Se dice que cuando una […]

En la cadena alimenticia de la Naturaleza, se le da nombre de ciclo de la vida al hecho de que especies consuman especies para su supervivencia brindando un equilibrio en cada ecosistema del planeta. Desgraciadamente, a esta práctica de la naturaleza asumirse en ocasiones violenta, agresiva o innevesaria. Sin embargo, ¿lo es? 

Se dice que cuando una especie se extingue, impacta tanto en los depredadores, depredados  y la geografía del ecosistema. Este hecho se evidenció cuando en el Parque Natural de Yellowstone, en EE.UU., se reintrodujeron una manada de locos después de casi 70 años de su desaparición en la zona. Como consecuencia, los lobos fueron capaces de desviar el cauce de los ríos. A este fenómeno se le nombró “Cascadas Tróficas generalizadas”, el cual se define como “el proceso ecológico que comienza en la parte más alta de la cadena alimenticia y va llegando hasta el final de la misma.” 

Antes de ello, existía un gran número de ciervos y alces que, pese a los esfuerzos humanos para controlarlos, continuaba creciendo, provocando a su vez la reducción de la vegetación y la posibilidad del pastoreo que dificultaba la coexistencia de otras especies. En 1995 se reintrodujeron lobos en el Parque de Yellowstone, y poco a poco la región comenzó a adquirir nuevos cambios: al disminuir con gran parte de las manadas de ciervos, alces y coyotes, estas zonas comenzaron a regenerarse y los arbustos dieron más frutos en su proceso de expansión. 

Es decir que en Yellowstone se volvió a poblar de arboledas que quintuplicaban su altura en los últimos seis años; las partes desnudas de los valles, se convirtieron en bosques de álamos y sauces, que dieron hogar a pájaros cantores y aves migratorias, a castores y otras especies. De hecho las presas que construían los castores, como los ingenieros del ecosistema, permitieron forjar nuevos hábitats para nutrias, ratas de río, patos, peces de río, anfibios y reptiles. Y dado que los lobos también redujeron el número de coyotes, aumentaron el de los conejos, ratones, y éstos a su vez el de águilas, comadrejas, zorros y mofetas. 

La cadena alimenticia continuó en Yellowstone: los cuervos y águilas calvas solían bajar para alimentarse de la carroñña que los lobos dejaban; los osos se alimentaban de ella aumentando su población y permitiendo la regeneración de arbustos. Inclusive se observó que la población de los osos aumentó de 139 ejemplares en 1975 a 600 en 2007, lo cual fortaleció la teoría de que los lobos salvaron la extinción de esta especie. 

Este ejemplo brindó una importante lección: la relación entre los depredadores y el equilibrio de un ecosistema es más complicada e interdependiente de lo que se creía. Pues de hecho con la reintroducción de los lobos, los ríos consolidaron su curso reduciendo su erosión, estableciendo el suelo y recuperando la vegetación en la ladera de los valles. Se podría decir que bastaba un depredador para que el ecosistema de una gigantesca área verde recuperara su fortaleza, vitalidad y vida.