Bili-Uele, hogar de una comunidad de chimpancés con comportamientos y costumbres únicas en su género (VIDEOS)

El investigador Cleve Hicks publica grabaciones de este grupo de primates en su medio ambiente.

Ubicado al norte de la República Democrática del Congo (DRC), el bosque de Bili-Uele alberga una peculiar comunidad de chimpancés. Para llegar a ellos, los investigadores encargados del estudio  se adentraron en terrenos inexplorados: peligrosos por cazadores furtivos y milicias rebeldes. Y colocando cámaras en áreas estratégicas, descubrieron la organización tan singular de estos primates.

El primatólogo Cleve Hicks comenta a The Guardian que esta comunidad es probablemente la más grande que exista en África: “Estimamos [que hay] alrededor de mil individuos, quizás unos diez mil, en un área de 50 000 km”. Con base en su investigación, el autor explica que este grupo es el último que aún prospera de una manera “mega-cultural”: una brigada de machos se encarga de patrullar su territorio, las madres les enseñan a sus hijos cómo utilizar ciertas herramientas para comer multitudes de insectos, tienen banquetes cuyos alimentos son leopardos, construyen nidos más seguido que otras comunidades, y además tienen un gusto peculiar por los gigantes caracoles africanos.

Entre otros hallazgos, los investigadores se dieron cuenta que en las grabaciones no había una sola presencia humana, lo que significaría que la región es una de las últimas naturalezas vírgenes en África. Por el otro lado, aunque el número de primates parece estable, el número de elefantes ha disminuido considerablemente: desgraciadamente el comercio ilegal de marfil ha llegado a  Bili-Uele. En el video, Hicks menciona que han encontrado cráneos quemados de elefantes en un campo de cazadores.

Uno de los miedos latentes de los investigadores es que esta tierra virgen pueda convertirse en el nuevo centro de cacería. Y aunque los chimpancés están protegidos por la ley de la RDC por encontrarse en peligro de extinción, Hicks se preocupa porque “sólo se trata de una ley en un papel”, ya que considera tanto a las fuerzas oficiales de seguridad como a la milicia las verdaderas fuentes del peligro. No obstante, Cleve Hicks sigue cumpliendo su misión en conocer más a profundidad estos animales para poder protegerlos.



Crece la lista de especies en extinción a 26 mil (aquí algunos de los casos más lamentables)

Muchas de estas especies están ya en peligro crítico. ¿Qué hacer?

Cada vez que se pierde una especie se está rompiendo una sagrada cadena de vida, única e insustituible, que ha evolucionado por más de 3 millones de años. Actualmente, 26 mil especies podrían correr esta suerte, en lo que es sin duda una acelerada e inédita extinción masiva que, en su mayoría, está siendo ocasionada por el ser humano.

Las que ahora se unen al lamentable acervo de las especies en mayor peligro de extinción son:

  • Tres especies de lombrices japonesas
  • El zorro volador negro de Mauricio
  • La palma de Bankoualé
  • El sapo “Sméagol” de Gollum

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Estas, entre otras especies, forman parte de la última lista roja de la International Union for Conservation of Nature.

En total la lista contiene 26,197 plantas y animales, según el último reporte de esta ONG.

Otras especies que se han sumado a la lista son la población de reptiles de Australia, pues un total de 975 –casi todos los nativos de sangre fría de dicho país– están en peligro, entre otras cosas debido al cambio de temperatura, que podría provocar su paulatina extinción desde ahora y a lo largo de los próximos 30 años.

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El informe incluye algunas precisiones que ayudan a entender cuáles son las causas de fondo que ponen al borde de la extinción a estas especies. En el caso del zorro volador negro de Mauricio, es la deforestación la que está afectando su hábitat, mientras que las tres especies de lombrices japonesas se enfrentan a las condiciones radiactivas que dejaron tras de sí los estallidos de bombas nucleares en la segunda guerra mundial y el accidente nuclear de Fukushima.

De igual forma, árboles como la palma de Bankoualé se enfrentan a una probable extinción debido a la deforestación y a la destrucción de bosques para la agricultura y la redirección de canales acuíferos, en tanto que el anfibio denominado “sapo Sméagol” –nombrado en honor a Gollum, de El señor de los anillos– está amenazado por la contaminación que provocan los turistas en Malasia.

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Todo esto forma parte de la extinción masiva que están provocando nuestras formas de vida actuales, las cuales han ocasionado que el ritmo de las extinciones se acelere 100 mil veces, según algunos biólogos, y que otras 19 especies de mamíferos estén en un peligro crítico de extinción, lo que significa que la esperanza de poder salvarlos se apague cada día un poco más.

No obstante se puede hacer algo, por lo menos a partir de nuestros hábitos alimenticios y de consumo en general. No comer carne es quizá una de las cuestiones que pueden marcar una diferencia más grande, pues el consumo de este alimento ha sido la causa de 30 extinciones recientes. A la par, es vital cuidar el agua –pues la obtención y manejo de este recurso causa deforestación y destrucción de la biodiversidad–, así como procurar no usar plástico –por ejemplo, evitando las bolsas desechables–.

Así podemos contribuir lo menos posible a este mortífero y desalentador panorama que es la extinción de especies y la pérdida de biodiversidad que conlleva, misma que también es una sentencia de muerte para nosotros.

 

* Imágenes: 1) John Pickrell; 2) ICUN; 3) Jules Farquhar



Los chimpancés duermen en una cama más limpia que la tuya

Los científicos han comparado los microbios en las áreas de descanso de humanos y chimpancés. Los hallazgos pueden sorprenderte.

Una cama diferente por día. Así funcionan los chimpancés, y este proceso les protege de que bacterias y parásitos comiencen a acoplarse a su espacio de sueño. Esto los convierte en una de las especies más limpias; por supuesto, más limpias que los humanos.

En comparación con las camas humanas, los nidos de chimpancé tienen una variedad mucho mayor de insectos; sin embargo, solo el 3.5% de las especies de bacterias presentes provienen de la piel, saliva o heces de los chimpancés.

Este dato es diferente a lo que ocurre con los humanos. Según un estudio llevado a cabo por la Universidad Estatal de Carolina del Norte, EEUU, aproximadamente el 35% de las bacterias en camas humanas provienen de nuestros propios cuerpos, incluidas las bacterias fecales, orales y de la piel.

 

Dormir en el planeta de los simios

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Las camas se usan por una sola noche y luego se abandonan. Los grandes simios, como los gorilas, bonobos y orangutanes, comparten este ritual.

Cada día construyen complejos nidos de árboles, con ramas y hojas que contienen menos bacterias corporales que las camas de la mayoría de los hogares humanos.

Si van a defecar, hacen un esfuerzo por inclinarse al lado de sus nidos. Por lo tanto, tiene un poco de sentido que sus lugares para dormir tengan concentraciones más bajas de bacterias asociadas al cuerpo.

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Foto: Cyril Ruoso/National Geographic

Si tomamos en cuenta que una persona lava las sábanas de su cama al menos tres veces al año, el contraste con los simios resulta bastante antihigiénico.

Lo interesante de esta información está en reflexionar cómo, a pesar de que el ser humano hace continuos esfuerzos por mejorar su calidad de vida, incluida la vivienda, ello parece no ser suficiente o tan eficaz como lo sería en este caso una cama, en comparación con un nido que ‘se lava diario’.

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Foto: Kathelijne Koops

“De alguna manera, nuestros intentos de crear un ambiente limpio para nosotros mismos realmente pueden hacer que nuestro entorno sea menos ideal”, afirma Megan Thoemmes, quien dirigió la investigación en Tanzania.

 

Dormir en el planeta de los humanos

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Y esto porque al dormir los humanos en la misma cama durante un largo período, se propicia el entorno para que sobrevivan y se cultiven más bacterias o parásitos.

En la cama no sólo habitan cantidades excesivas de ácaros que se alimentan de la humedad del sudor; también, restos de células cutáneas muertas, flujos vaginales y uretrales, excreciones anales, cosméticos de belleza y contaminación.

Además, “es asqueroso y todo, pero sentarse en sus propios microbios no es generalmente un problema para la salud”, dice el microbiólogo Jonathan Eisen para National Geographic; lo que sí es un riesgo “es estar expuesto o expuesta a los microbios de otra persona que ha dormido en esa cama”.

Entonces, en lo que respecta a la salud, la parte más sucia para los humanos sería dormir en camas en las que muchas otras personas han dormido.

Si estás libre del pensamiento obsesivo-compulsivo, entonces no te preocuparás tanto de la vida microscópica que habita en tu cama mientras duermes.

Sin embargo, si eres esclavo de ese pensamiento la recomendación es lavar más seguido el colchón, las almohadas, las sábanas y las cobijas (al menos una vez por semana). Al despertar, deja la cama sin tender, para que el sol deshidrate a los ácaros.