La belleza efímera de los animales transparentes

En el reino animal hay pocas cosas más extrañas y estéticas que las criaturas transparentes, y existen muchas más de lo que imaginamos. Aquí te explicamos por qué son traslúcidos y que función tiene esta cualidad.

Sin duda es extraño que existan criaturas transparentes y vivas. Al verlas no podemos más que preguntarnos “¿por qué? y “¿cómo es que logran esto?”. Al parecer lo que sucede para que los organismos sean transparentes es que las partes traslúcidas no están absorbiendo luz o reflejando color hacia nosotros; esas partes están permitiendo que la luz pase a través de sí y entonces estamos viendo el color rebotando de los objetos que están detrás del animal transparente, como la mariposa “alas de cristal”.

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Pero ¿por qué son así estos animales?

De acuerdo con científicos, esto se debe a la evolución. La transparencia, según estudios, es una especie de camuflaje en hábitats donde escapar de predadores visuales es virtualmente imposible, como en el océano abierto, que no tiene estructuras para esconderse o camuflarse.

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Todo esto, de cualquier manera, es muy extraño: la mayoría de los animales traslúcidos dejan ver alguna parte de sí, como un intestino, en el caso de las meduzas, o un pedazo de cerebro, en el caso de algunos peces. Valdría la pena estudiar más al respecto, pero sin embargo son criaturas bellísimas y efímeras que dejan ver paisajes a través de sí.

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(Para saber más puedes ingresar aquí.)



Sólo existe una falla con la que tienes que aprender a lidiar, según el zen

Nada más que una falla podría estar provocando que no logres encontrar por dónde fluir.

Hay muchas razones por las cuales nos paralizamos ante la simple idea de fracasar y no poder lidiar con nuestras fallas. La ansiedad nos domina con sólo pensarlo. ¿Y si no se vuelve a presentar la oportunidad? ¿Qué tal que hago el ridículo? ¿Y si decepciono a alguien?

Los pensamientos persisten y se vuelven obsesivos cuando no sabemos cómo lidiar con ellos ni, por tanto, con las fallas. No podemos evitar intentar vislumbrar el futuro ―lo cual no es malo―, pero no lo hacemos de una manera previsora, más intuitiva, sino dando por hecho que sólo nos aguardan equivocaciones. Vamos a fallar, nos aseguramos. Nada volverá a ser igual.

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Y entonces fallamos, porque la mente ―e incluso las posturas de nuestro cuerpo― pueden precondicionarnos a ello: liberar hormonas y neurotransmisores cuyo influjo en nuestro comportamiento es realmente poderoso.

¿Por qué no podemos fluir sin las ataduras del fracaso?

El maestro zen más importante de Occidente, Taisen Deshimaru, pensaba que el problema reside en que buscamos la libertad en el lugar equivocad. La libertad es la meta a la que todos aspiramos, pero para el maestro Deshimaru era claro que la ambición y el deseo llevan a los individuos, en la sociedad moderna, a fetichizar la libertad: a confundirla con cuestiones como el éxito personal.

Como es imposible alcanzar la libertad a la que refiere el zen mediante ambiciones materiales, es recurrente que nos encontremos frente al fracaso.

La verdadera libertad está en la mente [… ] Incluso cuando mis proyectos fallaran, incluso si toda mi misión fracasara, todavía tendría mi kolomo (ropaje) y mi cabeza rasurada, y podría dormir a un lado del camino.

Buscar la libertad más allá de la propia psique, la cual nos conecta con los otros y con el cosmos, es lo que nos conduce a un irracional miedo al fracaso. No quiere decir que debamos aislarnos para no fallar, sino que debemos construir lo que somos en el mundo material sobre un sólido trabajo subjetivo. 

Sólo así nos podemos dar cuenta de que la única falla importante que podemos cometer es creer que podemos fallar.

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Porque en realidad fallar es algo tan relativo como el tiempo. Lo que percibimos como una falla tenemos que retomarlo como una oportunidad para reflexionar. Fallar debe servirnos para fortalecer la psique, y como un momento para redireccionar nuestras intenciones.

Ray Bradbury lo sintetizó lucidamente en su libro Zen in the Arts of Writing:

No deberías ver hacia atrás para concebir el trabajo que has hecho como una falla. Fallar es rendirse. Pero estás en el medio de un proceso en movimiento. Nada falla entonces. Todo sigue. El trabajo está hecho. Si es bueno, aprenderás de él. Si es malo, aprenderás aún mas. El trabajo hecho es una lección para ser estudiada. No hay falla a menos que uno se detenga.

Las fallas no existen: son sólo una ilusión que nos sirve de barómetro, que pueden ayudarnos a sobrevivir. Pero que sobre todo tienen que impulsarnos a seguir: a fluir.

*Imágenes: Anna Sudit



Increíblemente las ballenas beluga pueden imitar sonidos humanos (AUDIO)

Por primera vez los científicos han presentado pruebas de audio de un cetáceo –un ballena beluga llamada NOC– que sorprendentemente puede imitar el sonido del habla humana.

En una grabación de pocos segundos, se puede comprobar la capacidad que estos animales poseen para recrear los sonidos que los humanos producimos. Durante décadas, los biólogos marinos han narrado sobre cómo este fenómeno de mímesis fonética se da tanto en delfines y ballenas. La cadencia, la entonación y el tono son las principales características que pueden imitar. De hecho los delfines han sido entrenados para tal fin, pero, ¿la imitación espontánea de la voz humana?

Este audio fue grabado por NOC, la ballena beluga que por años fue atendida por los investigadores de la Marina de los Estados Unidos. Por desgracia, NOC falleció en 1999, dejándonos un gran legado: una grabación de sus vocalizaciones que han dado pie a diversas investigaciones sobre tales sonidos parecidos a los del ser humano.

Según el investigador marino Sam Ridway, los sonidos que se escuchan en la grabación no solo son inusuales para una beluga, sino que para NOC son particularmente difíciles, ya que tuvo que modificar su mecánica vocal para llegar a tal resultado. Para llegar a tal resultado, los investigadores conectaron sensores de presión tanto en la cavidad nasal como encima de la misma. Ridway y sus colegas determinaron que la ballena genera el sonido por presión de aire modular en el interior de su tracto nasal, provocando una estructura conocida como “labios fónicos” que producen vibraciones y sonidos similares a los de las cuerdas vocales humanas.

Los resultados del estudio son numerosos, por lo que, a sabiendas de que los cetáceos son criaturas muy inteligentes, una prueba de su capacidad para imitar el habla humana abre posibilidades increíbles sobre nuevas investigaciones que van desde la cognición humana hasta la comunicación entre las especies.

El hecho de que los cetáceos tengan una aguda inteligencia, conlleva a una serie de consideraciones morales: ¿necesitamos una Declaración de Derechos de los Cetáceos? ¿En qué medida el potencial científico de estas criaturas justifica su mantenimiento en cautiverio?

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