Un recorrido virtual por las fuerzas globales que crean una camiseta

“Dinero planetario hace una camiseta” decidió, no sólo hacer una camiseta desde cero, sino rastrear todo el procedimiento y acompañar a la camiseta alrededor del mundo durante su fabricación.

Las historias detrás de la ropa que llevamos puesta no son muy populares, la mayoría de las personas prefieren no dedicar tiempo a leer acerca de esto porque es largo y casi siempre desalentador. Es por ello que Planet Money de NPR decidió mostrar en lugar de decir.

El fascinante proyecto multimedia que armaron trata acerca de las cadenas de abastecimiento que se dedican a fabricar nuestras prendas baratas. En lugar de contarnos acerca de las condiciones en fábricas, el equipo de NPR hizo algo más simple: decidió hacer una camiseta e, inteligentemente, utilizar las preventas para financiar a 10 periodistas que rastrearon la camiseta en su viaje desde su comienzo, en una granja de algodón en EU, y luego a darle la vuelta al mundo para regresar a EU.

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Por medio de imágenes, video, texto y gráficas, “Dinero planetario hace una camiseta” contó la historia de la camiseta en una amigable aplicación web. Aprendemos acerca de la automatización de las máquinas, la ingeniería genética de semillas, el poquísimo dinero que cuesta la mano de obra en Indonesia –donde mujeres trabajan demasiadas horas por un sueldo ridículo–, la industria de traslados en contenedores, y el dinero que cuesta todo el trabajo y el viaje alrededor del mundo por cada camiseta: 10 centavos de dólar.

Vale la pena ver la serie completa, que está muy bien realizada, y no te tomará más de 15 o 20 minutos. Te hará pensar dos veces acerca de lo que conlleva comprar la vestimenta que usas. La pieza, sin embargo, no es moralista. Es sólo una historia que te abre los ojos a entender las implicaciones e historias detrás de las decisiones que tomamos acerca de lo que compramos y la demandas de producto que generamos.



¿Cómo se ve (y siente) un sueño lúcido?

Algunos factores a tener en cuenta para distinguir si estás soñando lúcido (y cómo aprovechar la experiencia onírica).

Construyo mis sueños para no despertar.

-Georges Méliès

 

Si realmente quieres tener un sueño lúcido vas a tenerlo. La mente humana, más que el mundo real, influye en la creación de este tipo de sueños; una valiosa aproximación de la conciencia al interior inconsciente.

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En anteriores momentos, Ecoosfera ha hablado sobre cómo es viable controlar a nuestro favor la experiencia onírica, e incluso volverlo un espacio para el aprendizaje de ciertas prácticas que nos podrían ser de ayuda en la vigilia, o arrobadoras lecciones karmicas para entender nuestro propio yo de una forma más intuitiva. Creas o no en lo anterior, los seres humanos tenemos la certeza de que los sueños son “reales”, pues todos los hemos experimentado, y la ciencia, cada vez está más cerca de afirmar su propósito en nuestras vidas. 

Tenemos, por ejemplo, la tecnología onírica de investigadores japoneses, que básicamente está trabajando por reconstruir los sueños y traducirlos en una pantalla con imágenes de internet.  O los recientes estudios de la neurociencia que afirman cabalmente que los sueños pueden ayudar a sanar heridas psicológicas. Y por si no fuese suficiente, hay investigaciones rudimentarias y bastante serias que han descubierto que la improvisación musical actúa bajo un proceso cerebral similar al de un sueño

Todas estas aseveraciones científicas son importantes para alimentar la creencia, sin embargo, nunca serán más confiables que la experiencia misma. Así, en pleno siglo XXI, uno puede empezar a hacer vital la práctica de la experiencia onírica lúcida, es decir, hacernos conscientes de que estamos soñando y hacer, ahí, lo que para esta época es imposible.

El arte de educar a través de la alucinación (o la psicología)

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Algo similar al sueño pudo haber sido el cine, cuando los hermanos Lumière pusieron, por vez primera, la experiencia cotidiana frente a los ojos de los hombres. El cine podía parecer aterrador para quien experimentaba la imagen de un tren que viajaba a toda velocidad hacia él, o incluso una experiencia imposible a la que podría llamarse una alucinación. Aún así, el cine ha sido un potente educador de la conciencia –no hace falta mencionar que el propio Hollywood ha utilizado la gran pantalla para introducir modas, estilos de vida, conceptos sociales o incluso posturas políticas para educar a las masas–, tanto o más como lo fue el teatro en su época, (otra de las herramientas artísticas más astutas para educar a los pueblos). En esencia, se trata de la representación de la experiencia humana, puesta enfrente para su entendimiento. El sueño no está lejos de esto, y es a través de los complejos procesos cerebrales que podemos comenzar a incentivar un sistema neurológico educativo, o al menos en lo que concierne al aprendizaje sobre quiénes somos, por qué pensamos de esa forma y cómo interactuamos frente a estímulos. 

Ver un sueño lucido

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Quienes hemos tenido la fortuna de experimentar uno o varios sueños lúcidos, sabemos que siempre se sienten diferentes: un sentimiento de horror miedo, e inclusive dolor, pueden aparecer ahí; por otro lado, el entusiasmo, felicidad y asombro pueden manifestarse… Todo lo que se siente ahí será obra nuestra, si así lo deseamos. 

Pero existe una constante en ellos, y es, a grandes rasgos, el hecho de que uno puede pasearse, volar, o hacer aparecer ciertos hechos a voluntad, e inclusive sentirles como reales, a pesar de saber que estamos soñando. 

Según algunos estudiosos de este fenómeno, en el sueño lúcido predominan una serie de características claramente notables:

Conciencia de ubicación

Si se está soñando lúcido, el enfoque se amplia cabalmente. El sentido del espacio abre su cauce y el soñador, a diferencia de cualquier otro sueño normal, puede distinguir en dónde está o qué acción está realizando.Al mismo tiempo, quienes han experimentado uno aseguran haber estado en lugar específicos, que no habían visitado jamás, durante la vigilia. 

Conciencia de que se está soñando

Es el rasgo más común. En cualquiera de los casos la persona puede despertar si así lo decide porque está consciente de que es un sueño. 

La memoria

En el mundo de los sueños la memoria no actúa como en la vigilia, puesto que algunas partes del cerebro se encuentran inactivas. Esto quiere decir que difícilmente podemos hacer uso de ella, a largo plazo. 

Movimientos oculares

Este es uno de los más fascinantes. Cuando una persona persigue una pelota o cualquier objeto con la mirada, ésta hace un movimiento que se le conoce como de “seguimiento suave”. Dicho movimiento no se puede fingir, puesto que sólo si el cerebro está detectando movimiento con la vista puede llevarse a cabo. Recientemente se descubrió que cuando una persona entra en un sueño lúcido, los movimiento oculares de “seguimiento suave” durante éste, son muy similares a los que ocurren durante la vigilia, mientras que es cualitativamente diferente del seguimiento sacádico que tiene lugar cuando imaginamos. Dicho de otra forma, para el cerebro, la experiencia visual que ocurre durante el sueño es más parecida a la percepción de objetos reales que a la imaginación, demandar que para nuestra mente, el sueño es verdadero y no producto de la fantasía. 

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Y entonces, ¿cómo se siente un sueño lúcido?

Como tú quieras que se sienta. Si bien es cierto, cuanto más trabajes en tus sueños más fácil te será controlar las sensaciones a tu favor –porque, de entrada, no estamos calificados para controlar cada aspecto del sueño si no trabajamos en ello. Para lograrlo, entonces, necesitas hacer uso de la constancia y tener una una gran expectativa. A muchos les funciona hacerse preguntas durante el sueño.

Un consejo para estimular la experiencia lúcida es asegurarse de dormir bien (estas infusiones para inducir el sueño podrán ayudarte), comer ciertos alimentos que estimulen el sueño (aquí hay algunos) y por supuesto, mejorar hábitos para que el cuerpo influya en la mente (prueba haciendo ejercicio, respirando bien y mejor, comiendo bien y eliminando los factores más estresantes de tu vida con diez minutos de meditación). Todos estos factores son una especie de aleación para que tu cuerpo-mente se concentre en lo que es importante, y finalmente poder acceder con maestría a ese otro universo, el de la mente. 

 

*Arte: Amy Friend

 

*Referencias científicas:

Nature Communications

Psychology Today

Dream Studies Org

How To Lucid



Las “niñas sumangali” de India, las manos que cosen la moda barata americana

La reportera Dana Liebelson viajó a la India en busca de información acerca de quién fabricaba su ropa. Encontró la historia de las “niñas sumangali”.

“Sumangali” es una palabra hindú que significa “mujer casada”. Refiere a una forma de trabajo infantil que, aunque prohibido, es practicado en India, particularmente en la industria textil de Tamil Nadu. En este sistema se contrata a una niña por tres o cinco años, durante los cuales ella gana un salario y después se le paga una suma total para pagar por un dote. En la India una mujer es auspiciosa porque está casada. De no estar casada en sus veintes, es rechazada por su comunidad y su familia. Para poder casarse, una mujer debe tener al menos tres soberanos de oro británicos, el equivalente de alrededor de $1,200 dólares americanos. Las familias promedio de Tamil Nadu ganan poco más de $400 dólares al año.

Este sistema de explotación comienza con un reclutador visitando la casa de potenciales trabajadoras, que casi siempre son mujeres muy jóvenes y pobres. Ahí convencen a los padres y les ofrecen beneficios falsos como más dinero, aire acondicionado, tiempo para estudiar, la posibilidad de casarse cuando terminen el contrato. Todas las fábricas de este estado trabajan para compañías como Walmart, H&M, Gap, Abercrombie, Mothercare y otras compañías de moda barata, y el 80% emplea a niñas sumangali. Así, la próxima vez que veamos “hecho en India” en la etiqueta de nuestros pantalones, lo más seguro es que esté hecha por las manos de niñas sumangali bajo condiciones deplorables por decir lo menos.

La reportera Dana Liebelson viajó a Tamil Nadu este año y regresó con una historia devastadora sobre lo que sucede con las “niñas sumangali”. Allá tuvo la oportunidad de entrevistar a varias de ellas después de haber trabajado años en alguna de las fabricas de textiles del estado. La mayoría habían trabajado de 12 a 20 horas al día los siete días de la semana; vivido en “hoteles” que alojan a 12 niñas y sus hijos por cuarto; habían sido abusadas verbal o sexualmente por sus supervisores; se les había pagado menos de la mitad de lo que prometieron los empleadores en el contrato.

“No encontrarás un manufacturero de ropa occidental que apruebe abiertamente del trabajo sumangali”, apunta Liebelson, “pero tomar medidas al respecto es otra cosa. Ello es porque las cadenas de abastecimiento son vastas, confusas y complejas. La camiseta hindú promedio comienza en un campo de algodón en estados del oeste como Gujarat y Maharashtra, donde pelotas acolchadas del tamaño de una ciruela son cosechadas por trabajadores que generalmente provienen de castas bajas. De ahí, las bolas son enviadas en camiones a fábricas y vendidas a fábricas de hilado, donde máquinas (como la que cortó la mano de Arunda [una de las niñas sumangali que entrevistó]) procesan las bolas crudas en hilo. Después trabajadores tejen el hilo en tiras, las pintan y las mandan a fábricas que hacen el proceso final”.

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Dana Liebelson intentó llegar a una de estas fábricas pero fue violentada por algunos hombres que le pidieron que borrara las fotografías que tomó del lugar, y la fueron a buscar al hotel donde se había quedado para amenazarla con llevarla a la cárcel por tratar de meterse donde nadie la había llamado. “traté de ver se dónde provenía mi camiseta, y la fábrica mandó mafiosos a buscarme”. Su artículo es una llamada de atención para las compañías de ropa que manufacturan en India, donde casi seguramente (aunque no lo sepan, o no quieran saberlo) están explotando a niñas con la promesa de que pueden casarse algún día, y una llamada de atención a todos nosotros que compramos ropa bonita y barata sin saber las historias que llevan detrás y sin saber que estamos contribuyendo a un sistema podrido de abuso y de mentiras.