Un recorrido virtual por las fuerzas globales que crean una camiseta

“Dinero planetario hace una camiseta” decidió, no sólo hacer una camiseta desde cero, sino rastrear todo el procedimiento y acompañar a la camiseta alrededor del mundo durante su fabricación.

Las historias detrás de la ropa que llevamos puesta no son muy populares, la mayoría de las personas prefieren no dedicar tiempo a leer acerca de esto porque es largo y casi siempre desalentador. Es por ello que Planet Money de NPR decidió mostrar en lugar de decir.

El fascinante proyecto multimedia que armaron trata acerca de las cadenas de abastecimiento que se dedican a fabricar nuestras prendas baratas. En lugar de contarnos acerca de las condiciones en fábricas, el equipo de NPR hizo algo más simple: decidió hacer una camiseta e, inteligentemente, utilizar las preventas para financiar a 10 periodistas que rastrearon la camiseta en su viaje desde su comienzo, en una granja de algodón en EU, y luego a darle la vuelta al mundo para regresar a EU.

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Por medio de imágenes, video, texto y gráficas, “Dinero planetario hace una camiseta” contó la historia de la camiseta en una amigable aplicación web. Aprendemos acerca de la automatización de las máquinas, la ingeniería genética de semillas, el poquísimo dinero que cuesta la mano de obra en Indonesia –donde mujeres trabajan demasiadas horas por un sueldo ridículo–, la industria de traslados en contenedores, y el dinero que cuesta todo el trabajo y el viaje alrededor del mundo por cada camiseta: 10 centavos de dólar.

Vale la pena ver la serie completa, que está muy bien realizada, y no te tomará más de 15 o 20 minutos. Te hará pensar dos veces acerca de lo que conlleva comprar la vestimenta que usas. La pieza, sin embargo, no es moralista. Es sólo una historia que te abre los ojos a entender las implicaciones e historias detrás de las decisiones que tomamos acerca de lo que compramos y la demandas de producto que generamos.



Una ilustración del siglo XIX sobre cómo se ven las alucinaciones que produce la migraña

¿Qué son estos rayos y destellos que auguran cuando nos va a dar migraña?

La migraña con aura es un dolor de cabeza muy agudo que “advierte”, con una serie de alteraciones sensoriales (aura) previas, que está por aparecer el dolor. Estas pueden ser sonoras, táctiles e incluso visuales. Desde un sentimiento “extraño” en todo el cuerpo, como un hormigueo, hasta sonidos sutiles pero muy peculiares, y diversas perturbaciones ópticas como rayos y destellos estridentes, líneas en zigzag, estrellas brillantes o simplemente luces. La migraña con aura puede incluir alucinaciones aún más complejas, que implican la distorsión de colores y tamaños de la realidad.  

Una migraña que provoca auras visuales no necesariamente demuestra la gravedad o la intensidad del dolor, pero sí asegura que, por lo menos, tendrás que pasar algunos días sin ver la luz, en un sitio tranquilo. Pese a las múltiples investigaciones realizadas a lo largo de la historia médica, aún no se conoce con exactitud las causas que desencadenan las crisis migrañosas, aunque sí puede augurar que algo en tu cuerpo no anda bien. Pero mientras la ciencia logra descubrir qué es lo que ocurre en nuestro cerebro cuando aparece una migraña o qué causa las alucinaciones, un médico de 1870 nos dejó esta precisa (y muy bella) ilustración sobre lo que experimentó al ser víctima de una migraña con auras visuales.  

Al parecer, el médico inglés Hubert Airy, buscó imprimir su propia experiencia visual de una migraña. De acuerdo con un artículo de National Geographic, Aire se dio cuenta de su enfermedad en el otoño de 1854, cuando notó un pequeño punto ciego que interfería con su capacidad para leer:

Al principio, se parecía al lugar que se ve después de haber mirado el sol o algún objeto brillante.

Pero el punto ciego crecía y sus bordes tomaban una forma de zigzag que le recordaba a los bastiones de una ciudad medieval amurallada; una especie de imagen en movimiento con colores de todo tipo:

Todo el interior de la “fortaleza”, por así decirlo, estaba hirviendo y girando de la manera más maravillosa, como si fuera un líquido espeso, todo vivo…

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Cuando esto ocurrió, Airy apenas era un estudiante. Pero más tarde, la descripción del “aura” que había experimentado –esos síntomas alucinantes que auguran la migraña–, se convirtió en este dibujo que ha sido un icono en el estudio de la Neurología, luego de haberse publicado en las Transacciones filosóficas de la Royal Society, en 1870. Pero, lo más fascinante de este dibujo, es que logró imprimir, de manera perfecta, la forma en la que está organizada la corteza visual medio siglo antes de que se lograra obtener un mapa concreto de esta área del cerebro, encargada de procesar lo que vemos. 

Tal vez Hubert Airy no era un gran dibujante, pero atesorar e inmortalizar lo que alucinó durante su primer migraña en este simple dibujo consiguió, de la nada, imprimir un reflejo vivo de su cerebro. 

 

También en Ecoosfera: Tus migrañas podrían ser un mecanismo de tu cuerpo para proteger el cerebro



Las “niñas sumangali” de India, las manos que cosen la moda barata americana

La reportera Dana Liebelson viajó a la India en busca de información acerca de quién fabricaba su ropa. Encontró la historia de las “niñas sumangali”.

“Sumangali” es una palabra hindú que significa “mujer casada”. Refiere a una forma de trabajo infantil que, aunque prohibido, es practicado en India, particularmente en la industria textil de Tamil Nadu. En este sistema se contrata a una niña por tres o cinco años, durante los cuales ella gana un salario y después se le paga una suma total para pagar por un dote. En la India una mujer es auspiciosa porque está casada. De no estar casada en sus veintes, es rechazada por su comunidad y su familia. Para poder casarse, una mujer debe tener al menos tres soberanos de oro británicos, el equivalente de alrededor de $1,200 dólares americanos. Las familias promedio de Tamil Nadu ganan poco más de $400 dólares al año.

Este sistema de explotación comienza con un reclutador visitando la casa de potenciales trabajadoras, que casi siempre son mujeres muy jóvenes y pobres. Ahí convencen a los padres y les ofrecen beneficios falsos como más dinero, aire acondicionado, tiempo para estudiar, la posibilidad de casarse cuando terminen el contrato. Todas las fábricas de este estado trabajan para compañías como Walmart, H&M, Gap, Abercrombie, Mothercare y otras compañías de moda barata, y el 80% emplea a niñas sumangali. Así, la próxima vez que veamos “hecho en India” en la etiqueta de nuestros pantalones, lo más seguro es que esté hecha por las manos de niñas sumangali bajo condiciones deplorables por decir lo menos.

La reportera Dana Liebelson viajó a Tamil Nadu este año y regresó con una historia devastadora sobre lo que sucede con las “niñas sumangali”. Allá tuvo la oportunidad de entrevistar a varias de ellas después de haber trabajado años en alguna de las fabricas de textiles del estado. La mayoría habían trabajado de 12 a 20 horas al día los siete días de la semana; vivido en “hoteles” que alojan a 12 niñas y sus hijos por cuarto; habían sido abusadas verbal o sexualmente por sus supervisores; se les había pagado menos de la mitad de lo que prometieron los empleadores en el contrato.

“No encontrarás un manufacturero de ropa occidental que apruebe abiertamente del trabajo sumangali”, apunta Liebelson, “pero tomar medidas al respecto es otra cosa. Ello es porque las cadenas de abastecimiento son vastas, confusas y complejas. La camiseta hindú promedio comienza en un campo de algodón en estados del oeste como Gujarat y Maharashtra, donde pelotas acolchadas del tamaño de una ciruela son cosechadas por trabajadores que generalmente provienen de castas bajas. De ahí, las bolas son enviadas en camiones a fábricas y vendidas a fábricas de hilado, donde máquinas (como la que cortó la mano de Arunda [una de las niñas sumangali que entrevistó]) procesan las bolas crudas en hilo. Después trabajadores tejen el hilo en tiras, las pintan y las mandan a fábricas que hacen el proceso final”.

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Dana Liebelson intentó llegar a una de estas fábricas pero fue violentada por algunos hombres que le pidieron que borrara las fotografías que tomó del lugar, y la fueron a buscar al hotel donde se había quedado para amenazarla con llevarla a la cárcel por tratar de meterse donde nadie la había llamado. “traté de ver se dónde provenía mi camiseta, y la fábrica mandó mafiosos a buscarme”. Su artículo es una llamada de atención para las compañías de ropa que manufacturan en India, donde casi seguramente (aunque no lo sepan, o no quieran saberlo) están explotando a niñas con la promesa de que pueden casarse algún día, y una llamada de atención a todos nosotros que compramos ropa bonita y barata sin saber las historias que llevan detrás y sin saber que estamos contribuyendo a un sistema podrido de abuso y de mentiras.