El Jardín Botánico de Nueva York digitaliza la exquisita historia de la biodiversidad

Más de dos millones de plantas están ahora en línea, y retratadas poéticamente.

Mucha de la historia de la biodiversidad está encerrada en colecciones de historia natural. Es decir, está ahí afuera pero es difícil o toma tiempo acceder a ella. Precisamente para abrir el acceso a esta orgánica cámara de maravillas, el Jardín Botánico de Nueva York, uno de los herbarios más grandes del mundo, está convirtiendo su impresionante colección en una base de datos con fotografías.

Los curadores de la digitalización, que comenzaron en 1990, no sólo toman especímenes de la colección del Jardín, sino que salen al mundo a recolectar especies. La colección incluso tiene una especie de musgo de Charles Darwin.

La presentación de las plantas es lo más notable de todo: cada una está presionada entre dos cristales y luego fotografiada para su digitalización. El resultado es una colección poética de historia natural; una de las más completas y bellas del mundo.

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Oliver Sacks: los jardines y la naturaleza son más poderosos que los medicamentos psiquiátricos

El famoso neurólogo solía llevar a sus pacientes de paseo al Jardín Botánico de Nueva York, constatando los efectos sanadores de la naturaleza sobre ellos.

En diversas filosofías alrededor del mundo se cultiva el hábito de cuidar o visitar jardines: la cercanía con la naturaleza y el propio cuerpo en movimiento parecen favorecer el pensamiento. Así lo afirma Voltaire al final de su famoso Cándido, cuando aconseja “cultivar nuestro propio jardín”, o los monjes zen que se dedican a la contemplación del vacío entre los elementos de un jardín de arena.

Otro notable amante de los jardines y el pensamiento fue Oliver Sacks, posiblemente el neurólogo más famoso del mundo, a quien tal vez recuerdes por libros como El hombre que confundió a su mujer con un sombrero y otros fascinantes estudios sobre cómo el cerebro procesa la música y la memoria

No es de extrañar que, rumbo al final de su vida, Sacks escribiera esto:

en 40 años de practicar la medicina, solamente encontré dos tipos de ‘terapia’ no farmacéutica de vital importancia para pacientes con enfermedades neuronales crónicas: la música y los jardines.

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No perder de vista la corbata vegetal del doctor Sacks (Imagen: YouTube)

 

Cultivar la contemplación para sanar el cuerpo

Para Sacks, los jardines fueron un espacio fascinante desde temprana edad, y su prodigiosa memoria podía recordar con gran nitidez las especies vegetales que observó de niño. Cuando estudiaba en Oxford, Inglaterra, fue un asiduo visitante del Jardín Botánico de dicha universidad, y le complacía pensar que “Boyle, Hooke, Willis y otros personajes de Oxford caminaron y meditaron ahí en el siglo XVII”.

Y es que en los jardines no sólo se cultivan árboles y plantas, sino visiones enteras del mundo. Los jardines botánicos de muchas ciudades europeas datan del siglo XVI; se formaron para albergar las muestras vegetales provenientes de las navegaciones europeas por América y Asia.

El jardín botánico puede leerse como un álbum de recortes o colección provisional, siempre incompleta, de los tesoros naturales del otro lado del mundo: imago mundi del conquistador, pero también del científico.

En el terreno terapéutico, Sacks pudo constatar el efecto curativo de un simple paseo por la naturaleza cuando trabajaba en el hospital Beth Abraham de Nueva York. Sobre la vida en la Gran Manzana, Sack dijo: “solamente es soportable para mí gracias a sus jardines. Y esto aplica también para mis pacientes”.

Sacks relata que el hospital donde trabajó se encontraba frente al Jardín Botánico de Nueva York, por lo que a menudo aprovechaba para llevar a los pacientes enclaustrados de paseo, paseos en los cuales “ellos hablaban del hospital y de los jardines como si fueran dos mundos diferentes”.

¿Qué es lo que hacen exactamente los jardines en nosotros? Ni siquiera Sacks parecía saberlo con certeza, pero no dudaba ni un segundo de que este efecto es real:

No puedo explicar exactamente cómo es que la naturaleza ejerce su efecto tranquilizador y organizador en nuestros cerebros, pero he visto en mis pacientes los poderes restaurativos y sanadores de la naturaleza y los jardines, incluso para aquellos profundamente discapacitados neurológicamente. En muchos casos, los jardines y la naturaleza son más poderosos que cualquier medicación.

Pacientes afectados por la enfermedad de Parkinson, quienes ya no reconocían a sus familiares ni sabían utilizar un tenedor, súbitamente escalan rocas, plantan semillas, y por un momento dejan de ser “pacientes”. Sacks comenta que tuvo pacientes incapaces de atarse los zapatos, “pero a quienes nunca vi plantar algo de cabeza”.

 

Terapia de naturaleza

Además de la biofilia (el amor a la naturaleza y las cosas vivas) y la hortofilia (el amor a los jardines), Sacks creía que nuestra fascinación por la naturaleza tiene que ver también con el hecho de que estudiamos, trabajamos y vivimos en cubículos, recluidos en edificios con poca ventilación e iluminación, con breves accesos a áreas verdes en los trayectos.

A pesar de eso, no dudaba en afirmar que:

Los efectos de las cualidades de la naturaleza sobre la salud no son solamente espirituales y emocionales, sino físicos y neurológicos. No tengo duda de que reflejan profundos cambios en la fisiología del cerebro, y tal vez incluso en su estructura.

Mientras los neurólogos del futuro toman (o no) por válida esa valiosa pista dejada en el camino, nosotros podemos entretenernos en la contemplación de la vida inhóspita y a la vez domesticada que se nos ofrece en toda su magnificencia al atravesar un jardín o parque, al sentarnos un momento entre la hierba y dejarnos absorber por lo que nos rodea.

No es la ciudad ni somos nosotros: por un momento somos simplemente seres vivos en su (verdadero) hábitat natural.



Plantas sensoriales: tienen 15 sentidos más que los nuestros

El neurobiólogo Stefano Mancuso explica cómo el reino vegetal accede a mundos completamente ajenos a nuestros sentidos.

 Foto: plantas.facilisimo.com

En los últimos años, numerosos estudios científicos han ido develando que el reino vegetal es una inminente fuente de perfección y complejidad. Las plantas son capaces de comunicarse para alertar del peligro a otras, incluso si viven a kilómetros de distancia. También producen sustancias específicas para provocar algunos efectos en el cerebro de los insectos; por ejemplo, que las recuerden para polinizarlas.

Nosotros, que estamos acostumbrados a pensar los sentidos sólo en el universo de los nuestros (olfato, gusto, vista…), quizá ignoramos que existen sentidos inefables e inalcanzables para nuestra especie en el mundo de las plantas.

Stefano Mancuso, fundador y director del Laboratorio Internacional de Neurobiología Vegetal, en una entrevista para La Vanguardia, nos recuerda esto.

Según este investigador las plantas tienen 15 sentidos más que nosotros, pues tienen capacidades suprasensoriales en comparación con las nuestras. Pueden percibir los cambios eléctricos, el campo magnético, el gradiente químico, la presencia de patógenos… También perciben las gradaciones de la luz y las vibraciones sonoras, las moléculas químicas, e incluso tienen tacto: “basta ver en cámara rápida cómo palpa una planta trepadora”.

Sus capacidades van aún más allá. Mancuso explica cómo es que envían mensajes de peligro:

Si un insecto le está comiendo las hojas, la planta produce al instante determinadas moléculas que se difunden kilómetros y que avisan que hay un ataque en curso.

¿Tienen, además, empatía?

Mancuso recuerda un impactante estudio hecho en Canadá, en el que: “Se aisló a un gran abeto del acceso al agua, y los abetos de alrededor le pasaron sus nutrientes durante años para que no muriera”.

Todo lo anterior  hace que las plantas sean capaces de percibir dimensiones a las que nosotros no tenemos acceso, muchas intangibles, que llevan quizá mensajes mucho más profundos, a los que somos ajenos, ignorantes desde nuestros limitados cinco sentidos.