El árbol que vuelve a las hormigas adictas a su nectar

El árbol acacia necesita de las hormigas para que lo defiendan de otros enemigos, y por ello las esclaviza a él dándoles un nectar que las vuelve adictas.

Mucho tiempo se pensó que la hormiga Pseudomyrmex ferruginea y el árbol acacia vivían en una relación simbiótica. El árbol proporcionaba su dulce néctar y las hormigas lo protegían de hierbas y otros animales. Pero ahora sabemos que, más bien, la relación es totalmente unilateral.

Screen shot 2013-11-13 at 4.49.04 PMEl árbol no sólo causa que las hormigas se vuelvan adictas a su néctar, sino también daña a las hormigas de manera que no puedan digerir ninguna otra comida. Martin Heil, investigador de la Unidad Irapuato en México encontró que las hormigas nacen con la habilidad de digerir un número variado de azúcares pero luego pierden su enzima invertasa, la cual ayuda a romper los azúcares.

Así, después de haber probado el dulce néctar del acacia, las hormigas dañadas sólo pueden vivir de él. El árbol las ha esclavizado para que lo protejan de sus enemigos, y a cambio les regala su néctar, sin el cual ellas sufrirían delirium tremens y después morirían.



Otra forma de civilización es posible: lecciones de democracia, cortesía de las hormigas

Otra forma de civilización es posible: las hormigas utilizan la memoria colectiva para sobrevivir y, aunque tienen reina, no necesitan de nada semejante a un gobierno.

Muchos insectos son capaces de hacer cosas que nosotros, en nuestra vanidad, creemos ser los únicos capaces de hacer. Las abejas, por ejemplo, parecen ser capaces de comprender el concepto del 0, mientras que las termitas son arquitectas de complejos túneles subterráneos.

Pero quizá uno de los insectos más asombrosos sean las hormigas: no sólo son grandes arquitectas también, sino que inventaron la agricultura antes que nosotros y saben utilizar antibióticos naturales, algo que los humanos aprendimos a hacer hace menos de 1 siglo. Y por si fuera poco, las colonias de hormigas son un ejemplo de que otras formas de civilización son posibles.

 

Lecciones de democracia directa, cortesía de las hormigas

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Una colonia de hormigas opera sin un control central: son más como un cerebro que como una sociedad humana. Cada hormiga es como una neurona y juntas, intercambiando información entre sí, forman una suerte de memoria colectiva que es de suma importancia para la supervivencia de la colonia entera.

Este mecanismo varía de especie a especie. La colonia de hormigas de madera roja, por ejemplo, recuerda el sistema de senderos que la lleva a los mismos árboles a los que cada año debe ir para conseguir alimento. Pero las hormigas por separado no son capaces de llegar hasta los árboles.

La bióloga Deborah Gordon es quien ha llegado a estas conclusiones. Entre otras cosas, Gordon realizó una serie de experimentos en los cuales perturbó el orden habitual de un grupo específico de hormigas trabajadoras al interior de una colonia. Al hacerlo, la actividad del grupo perturbado se vio modificada, mientras que la actividad de otros grupos no paró, pero se modificó a partir de la interrupción en otro espacio de la colonia. Esto demuestra el grado de organización en las colonias de hormigas, y cuán específico es el rol de cada hormiga al interior de éstas.

Además, Gordon repitió el experimento varias veces, lo que generó una memoria colectiva sobre las perturbaciones que hizo que las hormigas cambiaran sus tareas de la manera más óptima cada vez que la perturbación volvía a ocurrir.

Individualmente, las hormigas no generaban la memoria de lo sucedido, pero colectivamente sí.

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Otro hallazgo de Gordon fue que las hormigas más viejas reaccionaban a las perturbaciones de manera más estable, concentrándose en su trabajo más que en responder a las perturbaciones directamente. En cambio, las hormigas jóvenes reaccionaban de manera más visceral y no siempre precisa, lo que demuestra que siempre es necesaria la sabiduría de los que han estado más tiempo en este mundo.

De esta manera, algunos de los insólitos comportamientos de las hormigas nos demuestran que una sociedad puede ser más horizontal, con un mecanismo que no vaya de arriba hacia abajo, sino que se base en el apoyo mutuo y que se sustente en la memoria colectiva. Algo así deben ser las bases de una democracia directa, lo que nuestra civilización debe poner en práctica cada vez más si es que queremos sobrevivir y, más aún, si queremos evolucionar colectivamente.



Lecciones de resiliencia orgánica: las hormigas inventaron la agricultura (y encontraron un antibiótico natural)

Hasta 3 distintas especies de hormigas llevan millones de años creciendo hongos y protegiéndose con simbiontes de Actinobacteria, sin crear resistencia.

Los seres humanos nos jactamos de haber inventado la agricultura hace nada menos que 12 mil años, lo que nos supuso una ventaja evolutiva fundamental, sin la cual el mundo que hemos construido hasta ahora no existiría. También nos gusta presumir del uso de antibióticos a partir del siglo pasado, los cuales nos alivian de enfermedades que hace 100 años diezmaban poblaciones enteras. Pero nuestros logros como especie parecen modestos comparados con los de las hormigas.

Según un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, las hormigas han estado cultivando hongos desde hace unos 60 millones de años. El riesgo que conllevan estos cultivos es el de desarrollar parásitos que podrían diezmar las colonias de hormigas; por ello, algunas especies llevan un “traje” hecho de Actinobacteria, un simbionte que funciona como antibiótico natural y que las protege de los parásitos.

Una hormiga cubierta con un “traje” de Actinobacteria

 

El profesor Christian Rabeling, de la Universidad Estatal de Arizona, afirma que:

Los humanos aprendieron a emplear antibióticos con propósitos médicos hace menos de 1 siglo, mientras las hormigas han estado utilizando las secreciones antibióticas de bacterias desde hace millones de años para controlar sus jardines de hongos.

 

Antibióticos naturales

Los investigadores lograron este impresionante descubrimiento al observar las “criptas” que una especie de hormigas desarrolló en República Dominicana. Estas criptas parecen bolsillos similares a los de las hormigas actuales, para llevar consigo a las benéficas Actinobacterias. El descubrimiento fue posible gracias a que se encontraron algunos ejemplares de entre 15 y 20 millones de años conservados en ámbar.

Los investigadores combinaron información genética de 69 especies de hormigas actuales para reconstruir su árbol evolutivo a través del genoma, lo que los llevó a la conclusión de que el uso de Actinobacteria data de hace al menos 50 o 60 millones de años. Además, no se trata de la particularidad de una sola especie, sino de un caso de evolución convergente, donde el rasgo aparece en al menos tres especies.

Este descubrimiento podría tener gran relevancia en el futuro de los humanos (quienes, al parecer, tomamos todas las buenas ideas de la naturaleza), pues a lo largo de tantos millones de años no se encontraron signos de resistencia a los antibióticos en las especies analizadas. El traje bacteriano de hormigas que vivieron hace millones de años podría ser la clave para superar la grave crisis de resistencia a los antibióticos que se vive en el mundo, la cual cobra 700 mil vidas humanas cada año