Científicos descubren una causa más de la muerte masiva de abejas (y no son buenas noticias)

MIentras se sigue buscando la raiz del problema de la muerte de las abejas a nivel mundial, un reciente estudio encontró otro elemento causante de que no puedan sobrevivir a la infección de un parásito.

Por muchos años los científicos han tratado de descubrir por qué mueren tantas abejas. Ha habido algunos descubrimientos parciales, pero la fuente principal no se ha encontrado.  El fenómeno llamado “problema de colapso de colonias” que ha acabado con un estimado de 10 millones de colmenas en los últimos seis años, ha sido atribuido a los pesticidas, parásitos con enfermedades y nutrición pobre. Pero un reciente estudio de la Universidad de Maryland junto con el Departamento de Agricultura de EU identificó una terrible mezcla de pesticidas y fungicidas contaminando el polen que las abejas recolectan para alimentar sus colmenas. Precisamente la mezcla se sustancias químicas (y no cada una por separado), que además se utiliza en la mayoría de los plantíos de alimento, es la que pone a las abejas en peligro.

Así, el descubrimiento es peor y mucho más complejo de lo que pensábamos. El problema de esta específica mezcla de fungicidas y pesticidas es que las abejas son más proclives a ser infectadas por el parásito que causa el problema de colapso de colonias, en el cual una colmena entera muere en un segundo. Queda por descubrir cuál es este parásito que las infecta, pero mientras tanto sabemos que el uso de químicos en las plantas las está debilitando al grado de quedar infectadas y morir de un instante al otro.



Las colonias de abejas toman decisiones como un cerebro humano

Un estudio publicado en ‘Scientific Reports’ ha dado a conocer este hecho, que podría impactar incluso en el desarrollo de inteligencia artificial.

Las abejas son seres colectivos que desde hace mucho nos fascinan, casi tanto como nos desconciertan por su enigmático comportamiento. No sólo son grandes arquitectas, vitales para nuestro entorno; además son de los pocos seres vivos que crean sociedades, como los seres humanos.

Pero a diferencia de nuestras sociedades, los llamados superorganismos de las abejas no son previamente pensados por ellas, sino que se conforman a partir del instinto de las propias abejas y de su “programación”. No obstante, un estudio realizado recientemente por la Universidad de Sheffield del Reino Unido comprobó que las colonias de abejas actúan de manera similar al cerebro humano, estando sincronizadas de tal manera que toman decisiones como un ser humano lo haría a nivel intuitivo. 

Las abejas, en ese superorganismo que es su sociedad, tienen un papel como el de las neuronas en nuestra materia gris

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Sorprendentemente, este estudio no fue hecho bajo métodos de la neurociencia, sino de la psicofísica, una rama de estudio que precisamente ha sido delegada por la neurociencia, pero que ha resultado útil para saber más de los superorganismos del reino animal.

La psicofísica se encarga del estudio de los estímulos y cómo éstos funcionan en el cerebro humano. Sus leyes nunca habían sido aplicadas al estudio de superorganismos, pero el director de dicha investigación, Andreagiovanni Reina, pensó que la psicofísica era ideal para aproximarse a cómo funciona la colectividad de las abejas; algo que la neurociencia no podría hacer, pues las abejas no son realmente neuronas, ni sus colonias son cerebros. Pero, como Reina le contó a Newsweek:

Recientemente, numerosos estudios ya habían mostrado que una gran cantidad de organismos con diversos grados de complejidad también obedecen estas leyes [de la psicofísica].

Esto es así porque las leyes de la psicofísica aplican a todo el cerebro, y no sólo a las neuronas, lo que la hace un mejor método que la neurociencia para estas aproximaciones. La diferencia radica en el método: la psicofísica se basa en la observación y en la comparación, y no en sofisticados estudios con base en la tecnología, como los de la neurociencia, con los que se busca estudiar las funciones del cerebro.

Por ello, con la psicofísica se pudo observar que las colonias de abejas, al tomar decisiones, actúan bajo las mismas leyes que el cerebro, que son:

Ley de Piéron

Los seres humanos hacen decisiones más rápidamente cuando tienen información de alta calidad. De esta forma se elige entre algo que parece mejor y algo potencialmente peor, de lo que no se tiene mucha información.

Ley de Hick-Hyman

Mientras más opciones se tienen, más difícil es tomar una decisión.

Ley de Weber

Mientras menos distinción haya entre la calidad de dos opciones, más difícil es tomar una decisión.

 

¿Por qué el comportamiento de las abejas podría aplicarse al desarrollo de inteligencia artificial?

Así como las neuronas, las abejas son estimuladas por diversos factores de su entorno. Algunas de ellas están encargadas de salir a investigar las condiciones de su medio, para saber dónde se construirá su panal. Después regresan a la colonia para comunicar la información que han recopilado, lo que es procesado a su vez por toda la colonia. Esto fue estudiado por los investigadores en colonias de abejas europeas que estaban decidiendo dónde construir su panal y que, como observaron los científicos, actuaban conforme a las leyes de la psicofísica.

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Con estos descubrimientos, Reina, quien labora como investigador en robótica colectiva, espera poder avanzar en la comprensión del cerebro y su funcionamiento, lo que podría servir no sólo en estudios biológicos o psicológicos, sino incluso para ser aplicado en el desarrollo de inteligencia artificial. Sólo esperamos que estos avances no sean usados para hacer abejas droides, como las de Monsanto, con las que se pretende suplantar a las abejas que se están extinguiendo en gran medida por su culpa.

Que las abejas sean seres tan sofisticados como para enseñarnos sobre el cerebro humano es una muestra más de que, si la naturaleza tiene límites, estamos todavía muy lejos de comprenderlos.

 

*Imágenes: 1) Flickr Andria; 2) pngtree; 3) Flickr Vipin Baliga



¿Sabías que las abejas son vitales para nuestro entorno?

Uno de los insectos más conocidos son las abejas. También llamadas antófilos, son notorias por la producción de miel y otros bienes consumidos por el humano. Existen cerca de 20,000 especies conocidas, muy distintas unas de otras. No todas producen miel y además varían en tamaño y color. No obstante, la mayoría presenta coloración en tonalidades […]

Uno de los insectos más conocidos son las abejas. También llamadas antófilos, son notorias por la producción de miel y otros bienes consumidos por el humano. Existen cerca de 20,000 especies conocidas, muy distintas unas de otras. No todas producen miel y además varían en tamaño y color. No obstante, la mayoría presenta coloración en tonalidades negras y amarillas u doradas. Éstas están presentes en todo el mundo, excepto la Antártida y se encuentran con frecuencia en lugares donde abundan la vegetación rica en flores. Se alimentan de polen y el néctar de las flores, aunque hay especies que tienen una dieta un poco distinta.

Además, las abejas son reconocidas por su capacidad de organización; sus colonias están formadas por miles de individuos y cada uno cumple una función específica. Habitan agujeros o colmenas construidas por ellas mismas. En cada colmena o panal hay tres clases diferentes. La única abeja reina es la encargada de poner huevecillos y su función primaria es meramente reproductiva. Le siguen las obreras; hembras estériles que se encargan de limpiar el panal, poner todo en orden y cuidar a las crías. Los machos o zánganos, se encargan de aparearse con la reina. Las abejas cumplen una función primordial para el equilibrio de los ecosistemas; la polinización. Éstas son las responsables de la polinización de cerca del 70% de todas las plantas, de las cuales, la tercera parte sirve de alimento al humano. La polinización consiste en el paso del polen de los órganos masculinos a los femeninos en las plantas; aunque existen otros animales e insectos que la realizan, las abejas son el principal grupo que participa en este proceso. En sus cuerpos hay electrostática, lo que permite que el polen se adhiera a sus ellos y sea transportado hasta otras flores.

En la actualidad, el número de estos insectos se ha reducido drásticamente; la urbanización, la destrucción de sus hábitats, el uso de insecticidas y pesticidas, las torres eléctricas u otros campos magnéticos; todos ocasionan desorientación y su muerte. También contribuye el temor que ha desarrollado el humano a su picadura, aunque ésta es prácticamente inofensiva. Se cree que, si llegaran a extinguirse, todas las plantas con flores desaparecerían con ellas, por lo que su preservación es de vital importancia. Hagamos lo que esté en nuestras manos para salvaguardar la integridad de estos insectos, pues nuestra supervivencia también depende ellos.

 

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