¿Es la alimentación crudista el elixir de la eterna juventud?

Susan Reynolds, de 29 años, no ha comido alimentos cocidos en siete años. En lugar de ello basa su alimentación en nueces, semillas, frutas y verduras crudas y ha mantenido una juventud envidiable tanto física como anímicamente.

La delgada mujer come docenas de porciones de frutas y verduras cada vez, e incluso ha creado varias recetas que incluyen una sopa fría hecha con espinaca, muchas diferentes hierbas y una lechuga completa, para hacer sus comidas más interesantes.

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Su sana dieta es en respuesta a sus días de universidad en los cuales confiesa haber comido bufets chinos y sándwiches de pollo de McDonald’s casi todos los días. Todo eso cambió cuando viajó a la India y se interesó en el yoga. Regresó a casa y decidió volverse vegetariana y entrenó para ser maestra de yoga antes de toparse don la dieta crudista.

“Los beneficios de esta dieta incluyen claridad mental, positivismo, salud, energía, brillo y habilidad para tomar decisiones”, apunta Susan. “Otras cosas que ha comentado la gente es que huelo bien, tengo un piel suave y parezco mucho más joven de lo que soy”. Susan acaba de abrir un negocio en Edimburgo llamado Twist and Sprout que ofrece retiros saludables en donde se enseña a los participantes a introducir una dieta crudista a sus propias vidas.



Clínica en Nueva York ofrecerá transfusiones de “sangre joven” a adultos ricos: ¿estafa médica o fuente de la eterna juventud?

La polémica compañía Ambrosia Medical ya cuenta con una lista de espera para sus clientes, sin que existan estudios que respalden la efectividad del tratamiento.

La historia parece salida de una novela de vampiros, pero se trata de una startup muy real: Ambrosia Medical ofrecerá transfusiones de sangre joven a adultos adinerados, prometiendo “positivas” ventajas para la salud.

Su fundador, Jesse Karmazin, médico de Stanford, fue responsable del primer estudio clínico en Estados Unidos para saber qué ocurre cuando la sangre “vieja” de adultos es sustituida por sangre de jóvenes. A pesar de que los resultados clínicos no han sido publicados, Karmazin ha dado entrevistas en las que afirma la efectividad de este tratamiento. Durante el estudio que realizó en 2017, según sus palabras:

Algunos pacientes recibieron sangre joven y otros sangre vieja, y pude sacar algunas estadísticas de ello, y los resultados eran fantásticos. Y pensé que este es el tipo de terapia que desearía que estuviera disponible para mí.

Según Karmazin, “muchos” de los aproximadamente 150 involucrados que recibieron el tratamiento notaron “diversos” beneficios en su salud, que van desde mejoras cognitivas en cuanto a atención, memoria y concentración, hasta mejores ciclos de sueño, sin contar el factor estético: apariencia y tono muscular mejorados.

Los pacientes de la prueba clínica pagaron $8,000 dólares por participar, pero los resultados del estudio permanecen en esa frontera entre el misterio de la confidencialidad de los pacientes y el entusiasmo que Karmazin y sus socios muestran sobre el proyecto.

De hecho, Ambrosia ya cuenta con una página web, donde los interesados pueden inscribirse a una larga lista de espera, para cuando la primera sede de la empresa abra sus puertas en la ciudad de Nueva York. La página también ofrece un correo electrónico de contacto para los potenciales inversionistas.

 

Sangre: ¿fuente de vida o de codicia?

Solamente en Estados Unidos, cada año se realizan más de 14.6 millones de transfusiones de sangre (40,000 al día, si quieres hacer la cuenta), por lo que el procedimiento en realidad no supone mayores riesgos para la salud, ni se necesita mayor aprobación de las autoridades sanitarias.

Sin embargo, la falta de evidencia clínica de los beneficios de la transfusión sanguínea en pacientes sanos, y el hecho de que se comercialice de manera tan agresiva, han motivado una oleada de críticas contra la compañía.

Erzsébet Báthory, la tristemente célebre “condesa sangrienta”

El neurólogo de Stanford Tony Wyss-Coray también ha investigado los efectos de las transfusiones de plasma en ratones de diferentes edades. En sus estudios, el médico afirma que no puede saberse si las supuestas ventajas de las transfusiones se deben a la “edad” de la sangre o al hecho de que dos organismos estén conectados durante la transfusión, por nombrar solamente una de sus críticas.

A diferencia de Karmazin, sus resultados están disponibles en la prestigiosa revista Science. Para Wyss-Coray:

Simplemente no existe evidencia clínica [de los beneficios del tratamiento], y básicamente estarías abusando de la confianza de la gente y del entusiasmo público en torno al tema.

Según la mitología griega, “ambrosía” era la bebida de la cual se alimentaban los dioses y que los mantenía sanos, frescos e inmortales. El mito de los vampiros y casos extremos de la cultura popular como el de la condesa Erszébet Báthory, quien se hacía bañar con sangre de jóvenes vírgenes, también han contribuido a darle al líquido vital un aura mística y cercana a las fuentes de la eterna juventud.

Sin embargo, cabría hacer algunas preguntas en torno a la ética del tratamiento propuesto por Ambrosia. Si los supuestos beneficios de las transfusiones no están disponibles, ¿no se trata solamente de una moda para gente rica? ¿No se trata de un mercado potencial que puede dañar la salud de jóvenes que “pesquen el anzuelo” y vendan su sangre en lugar de donarla a hospitales, donde las transfusiones pueden salvar vidas?



El arte japonés de la moderación: una forma de cambiar tus hábitos alimenticios expandiendo la conciencia

Tener una mejor nutrición puede no ser tanto cuestión de dietas como de espiritualidad, tal como lo demuestra la sabiduría oriental.

La manera en la que nos alimentamos puede decir mucho de nuestra sociedad, y es a la par una expresión individual de nuestra espiritualidad, así como de la forma en la que navegamos la existencia. Porque los hábitos alimenticios de cada cultura son una reminiscencia de prácticas y creencias milenarias, las cuales subyacen tras las modificaciones que el pasar del tiempo ha impuesto en la nutrición de cada comunidad humana.

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Alimentarnos es, así, mucho más que el simple acto de comer. Ínfimas cuestiones como pueden ser el tipo de vajilla que elegimos o cuántas veces masticamos un bocado, reúnen el total de rituales que giran en torno a la nutrición, mismos que trascienden el momento de comer y que pueden tener un impacto –positivo o negativo– en el resto de nuestras prácticas.

Incluso pueden incidir en nuestra longevidad

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Por eso, un principio básico de la filosofía japonesa –desde el zen hasta Confucio– es el de la moderación: una norma que permea todos los aspectos de la vida, incluido el de la alimentación. Pero por moderación no debemos entender una restrictiva dieta hipocalórica, sino una visión multidimensional de la vida, misma que parte de la nutrición y que confía a la sabiduría de nuestro organismo el destino de nuestro bienestar en el plano material.

Y como siempre en la filosofía oriental, no hay pensamiento disociado de la práctica. Esta es la base del hara hachi bu, un principio del confusionismo que instruye a la gente a comer hasta que estén llenos en un 80% de su capacidad, lo que significa una ingesta de entre 1,800 y 1,900 calorías al día. 

En cambio, el mexicano promedio puede llegar a consumir hasta 3 mil calorías por día, pues solemos comer mucho más allá de la saciedad.

El principio del hara hachi bu es desarrollado a lo largo de los textos del confusionismo. En el libro 7 de las Analectas de Confucio, una sentencia nos dice:

Cuando el Maestro estaba cerca de alguien que estaba en duelo, nunca comía hasta la saciedad. 

Y en el libro 10: 

Aunque su arroz sea de la mejor calidad, no come en exceso; aunque su carne esté finamente picada, no la engulle.

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Hara hachi bu

¿Cuánto no cambiaría si adoptásemos nuevos hábitos alimenticios desde un enfoque filosófico y práctico como el del confusionismo? Podría parecer exagerado, pero una autotransformación sólo puede empezar desde la base. Y esa base, en el confusionismo, son los alimentos y la manera en la que nos relacionamos con ellos desde la conciencia.

Así que no se trata solamente de contrarrestar lo que los malos hábitos alimenticios ocasionan –cientos de enfermedades producto de la obesidad, o una “mala” apariencia física–. El objetivo no es ni siquiera vivir más tiempo –como los japoneses: la población más longeva de la Tierra, gracias a sus hábitos alimenticios–. Esas son, digamos, metas secundarias; se trata, en realidad, de que toda práctica se sustente en una conciencia expandida: desde cómo comemos y qué comemos, hasta cosas aparentemente más importantes como el cuidado que prodigamos a nuestros proyectos personales.

Por supuesto que, adicionalmente a poner en práctica el mantra hara hachi bu antes de ingerir cualquier comida, vendrán a la par todos los beneficios que podríamos esperar de cualquier dieta, e incluso más en términos de salud. Pero ello estará sustentado en una primigenia reconexión con las bases mismas de la vida, que es lo que fundamentalmente nos enseña la filosofía oriental.