Elefanta permanece junto a un amigo muerto por varias horas antes de despedirse: emotiva imagen de John Chaney

Como parte de un concurso fotográfico de National Geographic, John Chaney tomó esta imagen de una elefanta que permaneció durante varias horas junto al cadáver de un amigo muerto, ahuyentando carroñeros y predadores y al final realizando un emotivo gesto de despedida.

Los elefantes se encuentran entre los animales con mayor capacidad cognitiva del reino animal. Estudios recientes han confirmado que su desarrollo cerebral es suficiente como para que posean conciencia de sí mismos, una cualidad que se expresa, por ejemplo, en la expresión de dolor y sufrimiento.

Recientemente el fotógrafo John Chaney participó en la competencia 2012 National Geographic Traveler con esta imagen en la cual se observa una hembra elefante custodiando respetuosamente el cuerpo de un amigo. Los términos en que se describen parecen excesivamente humanos para caracterizar su relación, pero según un testimonio de Chaney, así fue: al ver a su compañero de especie muerto, la elefanta se mantuvo al lado del cádaver durante varias horas, ahuyentado a los depredadores y carroñeros que se acercaban para intentar hacerse de los restos. Al final el animal enrrolló su trompa al cuerpo de su amigo, como si se estuviera despidiendo.

La imagen fue tomada en Botswana, en 2007, y también nos sirve para recordar la precaria situación que viven los elefantes del mundo, particularmente las amenzas provenientes de la caza furtiva y los ataques a sus hábitats naturales.

 



Los elefantes merecen ser tratados como personas (aquí te explicamos por qué)

Como nosotros, los elefantes sienten, se comunican de forma compleja y forman lazos sociales.

Según un ensayo publicado por el doctor Don Ross en la revista Aeon, los elefantes tienen todo el potencial para ser considerados personas; si no lo expresan, es porque carecen de las herramientas para hacerlo. Esta aseveración no surge de la mente de algún romántico o de un loco: está basada en décadas de estudios científicos.

Al igual que un puñado de otros animales (entre ellos los cuervos, delfines, chimpancés y gorilas), los elefantes poseen una sensibilidad impresionante que los separa del resto del reino animal. Aunque claramente no pertenecen a la especie humana ni escribirán tratados filosóficos pronto, sí que cumplen con las características que los hace merecer el respeto y la empatía que conferimos a las personas.

 

 

¿Por qué podrían ser como personas? 

Si todo esto parece un poco absurdo, tal vez serviría considerar la definición de persona. Legalmente, se trata de quien puede adquirir derechos y contraer obligaciones. Bajo esa idea, ni los niños ni los humanos con capacidades intelectuales diferentes son considerados personas según la ley.

La legalidad no es lo único que define a quiénes tratamos con el cuidado que merece una persona. ¿Cuál es la clave, entonces? 

Los atributos principales de una persona que menciona el doctor Ross, basándose en la antropología y la filosofía, son el uso del lenguaje y la hipersocialidad. Para ser considerados personas, los elefantes deben poseer un lenguaje complejo, además de la capacidad (y necesidad) de utilizarlo en sociedad. 

 

Los elefantes se comunican de forma compleja

Usan una serie de bufidos, golpes en el suelo y caricias para transmitir mensajes variados. Su habilidad comprensiva es impresionante: pueden entender las reglas de la lotería (y jugarla) y saben distinguir entre las tribus de humanos que los cazan y aquellas que los dejan vivir en paz. 

Según lingüistas como Charles F. Hockett, estas cualidades no son suficientes para considerar que su forma de comunicación clasifica como un lenguaje tan complejo como el humano, pero los elefantes sí podrían cumplir con una importante característica: son capaces de hablar sobre eventos que no han ocurrido todavía.

El doctor Ross relata que los elefantes planifican sus viajes a través de manadas diferentes: le comunican a otros elefantes los peligros que podrían encontrar una vez que crucen ciertas fronteras. 

Esta manera de comunicarse tiene que ver con el fenómeno de la evolución. Los elefantes saben comunicarse tan bien porque han crecido en conjunto y se han visto en la necesidad de crear lazos sociales. Esto nos lleva al siguiente punto…

 

Ellos también padecen traumas (y los superan)

Como nosotros, los elefantes parecen tener cierta conciencia de sí mismos: incluso se reconocen en los espejos. Esto podría apuntar a que tienen el potencial de actuar más allá de su instinto. 

Se ha demostrado que los elefantes pueden padecer traumas que afectan su modo de actuar. Cierto grupo de machos, después de ver como asesinaron a sus padres enfrente de ellos, atacaron con violencia inexplicable a un grupo de rinocerontes. Las hembras, también huérfanas, sufrieron síntomas de estrés postraumático y se volvieron más retraídas.

Ambos comportamientos mejoraron ante la presencia de una figura adulta que se insertó de manera natural en sus manadas, lo cual revela que los elefantes elefantes forman entre sí lazos sólidos de cooperación que los ayudan a sanar.

 

¿Son como nosotros?

Aunque pueden ser entrenados para delinear diseños predibujados, los elefantes no cuentan con una producción creativa que perdure a través del tiempo. Según Ross, esto podría deberse a dos factores: no tienen las herramientas para hacerlo, o simplemente no les interesa.  

Se podría objetar que tampoco razonan en el mayor sentido de la palabra, pero hacer esta afirmación es más difícil de lo que parece. Los humanos tampoco racionalizamos cada una de nuestras actividades.

Según algunos filósofos de Harvard, muchas de las grandes decisiones de nuestra vida no las tomamos tras una extensa deliberación metafísica, sino porque se adhieren a lo que nuestras sociedades esperan de nosotros. Esta manera de actuar no se aleja tanto de la de los elefantes.

Estamos de acuerdo en que no hay forma de saber qué es lo que ellos harían si pudieran razonar. Tal vez aún haya dudas sobre qué tan parecidos son a nosotros, pero está clarísimo que son seres sensibles, conscientes de sí mismos, capaces de comunicar un amplio espectro de cariño y de experimentar dolor psicológico.

Esto quizá arroja una luz sobre una cuestión muy relevante para la vida: ellos merecen la bondad y la empatía que le debemos a todos los seres, aunque no sean humanos

 

* Imagen 2): Haut de Gamme



Aliviar el sufrimiento animal es nuestro imperativo ético y moral

Nuestra conciencia empática hacia los animales ha evolucionado, pero jamás habían sufrido tanto por causa nuestra. ¿Qué está pasando?

Cada generación es responsable de pensar y solucionar los problemas a los que se enfrenta. Entendiendo eso como un imperativo que nos concierne a todos, cabe decir que la humanidad jamás había tenido que hacerle frente a tantos problemas, contando, no obstante, con tan pocas soluciones.

Uno de nuestros más grandes dilemas es el sufrimiento animal.

Lo estamos exacerbando casi con cada cosa que hacemos; un ejemplo concreto está en la relación entre las dietas altas en proteína animal y la extinción de ecosistemas enteros, lo cual está acelerando la extinción de especies.

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Pero si pensamos en clave histórica, nunca ha sido tan importante como hoy aliviar el sufrimiento animal. No porque antes los animales no sufrieran, sino porque fueron necesarias decenas de disquisiciones filosóficas sobre la sensibilidad, la voluntad y la conciencia de los animales para hacer avanzar la conciencia colectiva de los seres humanos.

Sin embargo,, aunque en la actualidad estas cuestiones no están resueltas –y cabe preguntarse si acaso lo estarán alguna vez–, nuestra época se caracteriza por haber superado la absurda necedad de justificar el sufrimiento animal bajo el argumento de que los animales no son iguales a nosotros. Por supuesto que no lo son, aunque compartamos casi el mismo ADN; las diferencias son muchas, y saberlo es un paso más en nuestra evolución.

Porque se trata de saber que, por más distintos que seamos, podemos compartir el mundo.

Así, y cada vez más, hemos descentralizado el anthropos de nuestra visión del mundo. El antropocentrismo está volviéndose obsoleto, y sobre él se erigen nuevas formas de conciencia y de empatía, incluida la empatía hacia los animales, que es mucho más parecida a la que ya se practicaba en los pueblos originarios de América y Asia.

Porque es indudable que la empatía y el respeto hacia el reino animal han existido durante siglos, y prácticamente se han manifestado en todas las culturas desde el Neolítico. Pero como señalaba el psicólogo humanista Erich Fromm –quien en varios de sus libros incluyó la cuestión animal dentro de sus reflexiones–, la paradoja está en que hoy en día podemos generar empatía con un animal dado y pensar que comerlo sería aberrante, mientras que comer un animal al que no conocimos no nos genera problemas.

Esto demuestra que el tipo de empatía que sentimos hacia los animales se ha transformado en el curso de la evolución humana. Por eso tantos filósofos modernos se dedicaron a estudiar la cuestión animal, en lugar de simplemente respetar a los animales sea cual fuere su condición.

Por eso ahora, somos responsables de pensar en clave de empatía y de evolucionar nuestro concepto actual de este sentimiento. Porque, hoy más que nunca, sabemos que los animales son capaces de experimentar sufrimiento; incluso los peces sienten dolor, aunque, debido a lo distinto que es su sistema nervioso del nuestro, esto se negó durante siglos.

Sin ir más lejos, no necesitamos más que echar un vistazo a lo que pasa en nuestro mundo para percibir el dolor por el que pasan los animales. ¿Qué se ve en los ojos y en la postura de este oso polar captado el invierno pasado en el Ártico? Nosotros diríamos que sufrimiento en estado de pura inanición:

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Afortunadamente, imágenes como esta han removido cientos de conciencias, lo cual comprueba que hemos derribado los prejuicios de épocas anteriores. La empatía hacia los animales, vistos como seres distintos a nosotros pero que merecen respeto, es hoy más fuerte que nunca. El problema es que jamás les habíamos ocasionado tanto sufrimiento.

¿Por qué?

Para Fromm, el problema reside en que el capitalismo es incompatible con la vida y con la naturaleza: su supervivencia depende de que se siga depredando cada rincón del planeta. Es, en definitiva, un sistema de muerte y donde la empatía no puede florecer.

Por eso aliviar el sufrimiento animal es hoy un imperativo ético, pero también es un imperativo moral, que sólo podrá cumplirse si las mayorías se involucran. Porque es la primera vez que de estos imperativos dependen la felicidad y el bienestar no sólo de los animales, sino de la humanidad en su conjunto.

Parafraseando a Fromm en su libro The Sane Society, que el sufrimiento animal se termine está supeditado a que detengamos la lógica de uso entre las personas (lo que en el capitalismo es la explotación). Y nosotros añadiríamos que debemos surpimir también el uso (la explotación) de los animales por parte el hombre.

Sólo así, la evolución será completa. Sólo así pararemos el sufrimiento animal y el de todos los seres vivos.

 

* Imágenes: 1) Blake Guidry; 2) Jianan Yu; 3) Andreas Weith