El pueblo indígena que creó su propia red de telefonía móvil

Conocido con el pueblo que derrotó a Carlos Slim, Talea de Castro construyó su propia red telefónica con la ayuda de dos extranjeros.

Talea de Castro es un pueblo pequeño que se encuentra a unas cinco horas de la ciudad de Oaxaca. Hace seis meses, en vista de que las compañías de telefonía celular consideraron demasiado costoso llevar el servicio a sus 2,500 habitantes, los taleanos, ayudados por dos extranjeros, crearon su propia red telefónica.

Los extranjeros fueron Peter Bloom, un estadounidense que habla perfecto español y Xabi, un italiano que lleva un año paseando por el sur de México. Ellos, después de seis meses de planeación, instalaron una antena financiada por la cooperativa local, que abastece de red telefónica móvil a toda la comunidad.

En una reunión que organizaron los aldeanos para ver los detalles de su nueva implementación se dijo que solamente se permitirían cinco minutos para llamadas locales, para no saturar las líneas. “Si es una llamada muy urgente, algo para lo que no puedo salir de mi casa, pues tomo el celular y llamo”, apuntó uno de los habitantes.

Las llamadas locales son gratis, así como los mensajes de texto, que además son ilimitados. Las llamadas fuera de la comunidad tienen cargo, pero incluso llamar a Estados Unidos cuesta menos que una llamada local en una compañía normal.

“Yo he hablado con un familiar a Estados Unidos y en cinco minutos si acaso me he gastado cuatro pesos. Anteriormente, en una caseta telefónica me venía gastado 30 o 40 pesos”, dice  dice Wilfrido Martínez, secretario municipal.

Según los cálculos de Peter Bloom, una red telefónica que puede valer unos US$250.000, finalmente costó US$25.000, es decir el 10%. “Y la idea, en el futuro, es reducir aún más los costos. Alrededor del mundo hay unos 700 millones de personas sin acceso a teléfonos celulares. Tiene que ver, sobre todo, con que viven en áreas remotas. Creo que en México las grandes compañías no ven el campo como una opción viable en términos económicos. Es muy costoso para ellos venir, montar y mantener una red telefónica. Este puede ser un modelo para otras poblaciones pequeñas en México, Centroamérica o incluso del mundo”, asegura.

Con esta red de telefonía celular las personas de Talea de Castro pueden ser autónomas, autosuficientes y autosustentables. Incluso pueden operar el equipo de la antena.

Es un gran ejemplo para que otras comunidades se organicen y repliquen el modelo, que al parecer está funcionando de maravilla.



Nuestros padres y abuelos vivían sin plástico, ¿qué podemos aprender de ellos?

Si queremos saber cómo vivir sin plástico, debemos voltear al pasado.

El plástico sintético lleva mucho tiempo entre nosotros. O por lo menos eso aparenta, ya que su presencia es tan omnipresente que pareciera haber estado ahí desde siempre. No obstante, a mitades del siglo XX este material era visto todavía como toda una novedad, y la gente ―nuestros padres y abuelos― se las arreglaban para vivir sin plástico.

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Ahora el plástico es un material cualquiera. Es sin duda muy poco estético: tan feo y corriente que ya sólo lo asociamos con la basura ―ya que el uso que más se le da a este material es para la fabricación de objetos desechables que terminan, la mayoría, en el mar.

Pero no podemos imaginarnos vivir sin plástico, ¿cierto?

¿Cómo reemplazar bolsas, envases, piezas de motores, materiales de construcción, fibras textiles, muebles y todo lo que se hace con este feo material?

Muchas veces buscamos soluciones a nuestros problemas viendo hacia el futuro. En el caso del problema de la contaminación plástica, existen muchos esfuerzos por creas sustitutos al plástico, innovando con tecnología y mucha creatividad ―incluso existen cubiertos comestibles y otros objetos biodegradables por el estilo.

Pero, ¿y si la solución está mirando hacia atrás, al pasado?

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Nuestros padres ―y sus padres antes que ellos― sabían vivir sin plástico. ¿Cómo lo hacían? No necesitaban de mucha tecnología ni de grandilocuentes inventos. Así que podríamos aprender mucho de quienes supieron vivir sin plástico toda su vida ―y también de los que ya están viviendo sin plástico en el presente.

El autor Mark Blackburn, del blog One Brown Planet, pensó en esto, y por eso le preguntó a su madre cómo era su vida sin plástico. Ella le contó cómo eran algunos de sus hábitos en 1950, cuando vivía con una familia de siete en Blackpool, Reino Unido, y el plástico apenas estaba usándose en algunos tejidos y muebles.

De este diálogo pueden surgirte, sin duda, muchas ideas para sustituir objetos de uso diario:

¿Qué tipo de alimentos estaban disponibles y cómo se empaquetaban?

“La mayoría de los alimentos frescos, como papas, zanahorias, guisantes y demás, fueron cultivados localmente y estaban disponibles por temporada. También se podían obtener platano y otras frutas del extranjero durante la mayor parte del año. Cuando un vegetal no estaba en temporada, teníamos que comprarlo en una lata o sustituirlo. También había una gran cantidad de alimentos secos disponibles, generalmente vendidos en grandes recipientes. Lo que sea que necesitaras, lo pesabas en una bolsa de papel marrón. Los artículos de ultramar, como el arroz y la pasta, también eran pesados ​​y luego empacados en una bolsa de papel.

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Para las bebidas, la leche era entregada a la casa en una botella de vidrio. El lechero recogería la botella vacía al día siguiente y la reutilizaba. Las botellas de cerveza y las botellas de refrescos también estaban hechas de vidrio y cuando las devolvías a la tienda obtenías algo de dinero. ¡Siempre andábamos buscando botellas para volver!

También había un hombre de carne que venía con carnes frescas, una vez más envueltas en papel.

En cuanto a los bocadillos y los postres, no había tanta disponibilidad como hoy, pero había papas fritas, galletas y dulces. Nuevamente, venían en grandes recipientes: podías tomarlos y ponerlos en una bolsa de papel o envolverlos en papel de aluminio. También comprábamos conservas y mermeladas en recipientes de vidrio, pero nos asegurabamos de guardarlas para luego usarlas para hacer nuestras propias mermeladas”.

¿Había “comida rápida” disponible?

“Donde vivíamos solo estaba el pub y la tienda Fish & Chips. Todo en la tienda de pescado y papas fritas estaba envuelto en papel a prueba de grasa con periódico en el exterior. Recuerdo que, si guardabas todo el periódico de la semana y lo llevabas a Fish & Chips, ¡te daban una bolsa de papas gratis! ¡Era grandioso!

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¿Hacían muchas cosas en casa o lo compraban todo en la tienda?

“Hacíamos mucho nosotros mismos. Comida, obviamente, pero también ropa. De hecho, tenía casi 13 años antes de que mi madre comprara mi primer vestido nuevo en una tienda. Antes de esto, toda nuestra ropa y ropa interior se fabricaban en casa con el material comprado en la tienda. También tejíamos bufandas y jumpers y sombreros. Las únicas cosas nuevas que comprábamos todos los años eran los zapatos. Tenía un par de zapatos escolares, un par de botas y un par de zapatos deportivos para deportes. Si las suelas se desgastaban, papá las reparaba para que yo pudiera seguir usándolas hasta el próximo año.

Mamá también hacía sus propias mermeladas y conservas, con frutas como moras y ciruelas recolectadas de todo el pueblo. Las mermeladas se almacenaban en los frascos de vidrio que habíamos recolectado durante todo el año”.

¿Y la limpieza de la casa y personal?

“En aquel entonces todos los productos de limpieza venían en cajas de cartón o botellas de vidrio. Usábamos barras de jabón para limpiarnos y el champú venía en baquelita o botella de vidrio. ¡Teníamos que tener cuidado de no romperlos! Recuerdo que incluso nuestra laca para el cabello venía en una botella recargable que llenábamos en la tienda local”

Entonces, ¿qué pasa con el desperdicio, a dónde se iba todo eso? ¿Y cuánto había?

“Bueno, todo el papel de la comida se colocaba en la chimenea y se quemaba para mantener la casa caliente en el invierno o para calentar la caldera de agua para los baños. En ese entonces, solíamos tomar solo un baño a la semana y, por supuesto, ¡teníamos que luchar para conseguir el agua limpia!

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Como mencioné anteriormente, todas las botellas de vidrio se devolvían por dinero en efectivo y teníamos nuestras propias bolsas de compras que reutilizábamos cada semana.

Nuestras sobras de alimentos nunca se desperdiciaron, se usaban principalmente para hacer caldos de verduras o carne. Todos los huesos sobrantes se los dábamos al perro o los quemábamos en el fuego.

Las latas se aplastaban y se ponían en el contenedor, porque no podíamos reciclarlas. Recuerdo que el papel, que originalmente envolvía el pan, se usaba para envolver los sándwiches. Luego lo quemábamos, pero con las cenizas del fuego solíamos hacer senderos, o en el invierno lo usábamos como arenilla para evitar derrapes.

Una familia como la nuestra de 7 personas tiraría alrededor de la mitad de un contenedor por semana de cosas que no podían usarse o devolverse.”

 

 

 

 

 

 



4 ciudades que imaginaron los mejores sistemas de transporte del mundo

Estos son los cuatro finalistas del concurso de transporte sustentable del 2014, llevado a cabo por el Instituto de Políticas de Transporte y Desarrollo de Nueva York. El primer lugar es nada menos que Buenos Aires.

Como hemos dicho aquí en varias ocasiones, el movimiento por reducir la dependencia del automóvil está en un momento fértil y urgente. Las ciudades que están quitando el foco de atención en los coches en su planeación urbana esperan crear lugares más sostenibles y sanos, y acotar los tiempos de trayecto entre un punto y otro. Las siguientes son las cuatro ciudades que fueron elegidas por El Instituto de Políticas de Transporte y Desarrollo, una organización en Nueva York que cada año otorga premios al trasporte sustentable. Estas fueron las elegidas en el 2014.

 

Buenos Aires, Argentina

9 de Julio Corridor

La capital de Argentina, una ciudad con tres millones de habitantes, introdujo recientemente dos servicios de autobuses de tránsito rápido. La vieja Avenida 9 de julio (la avenida más ancha del mundo) solía tener 20 carriles, y ahora sólo 10 se pueden utilizar para autos. El resto está abarcado por un tren superficial que combina los aspectos del servicio de autobús convencional con la comodidad de un metro. “Solía tomar más de 40 minutos atravesar la ciudad. Ahora toma un aproximado de 14”, apunta la IPTD.

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Suwon, Corea del Sur

Suwon, South Korea Source ICLEI

Suwon organizó un festival que duró un mes para ayudar a los residentes a imaginar lo que un ambiente sin autos sería. El Festival de EcoMovilidad Mundial del 2013 le pidió a la gente que dejara sus autos por ese periodo y que dejaran más espacio para peatones y ciclistas, “demostrando cómo las necesidades básicas pueden ser satisfechas sin ser dependientes del automóvil”. Desde entonces ha guardado algo de la infraestructura e introdujo fines de semana sin auto en el barrio donde se llevó a cabo el festival; otras áreas piensan hacer lo mismo.

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Lanzhou, China

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Lanzhou, al noroeste de China, también introdujo un autobús de tránsito rápido en el sistema más largo (el segundo de Asia), en 2013. La IPDT lo consideró porque integró un sistema de renta de bicicletas, estacionamiento de bicicletas y camellones verdes en su corredor de 10 kilómetros.

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Indore, India

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“Como muchas ciudades indias, debido al creciente uso de automóviles, Indore está enfrentando un crecimiento de población, aumento de congestión vial y degradación ambiental”, apunta el IPDT. El BRT iBus de 9 kilómetros es el comienzo de un sistema mucho más grande, que abarcará 115 kilómetros. Algunos políticos no están convencidos de quitarle espacio a los autos,  pero el instituto argumenta que “continuará mejorando las condiciones de tráfico en la ciudad y realzar la calidad general de vida para los residentes”.