El derrame de petróleo seguirá afectando al fondo del mar por décadas

El derrame masivo de petróleo en el Golfo de México, ocurrido en 2010, no ha terminado de afectar al mundo. Reciente estudio revela que sus estragos en el ecosistema del fondo del mar tomarán décadas en disiparse.

El pasado septiembre, Reuters reportó que el ecosistema de las profundidades del mar alrededor del derrame masivo de petróleo podría tomar décadas en recuperarse de los efectos del desastre. Esto por supuesto es muy lógico, pero es difícil de imaginar. El derrame tuvo su mayor impacto en el ecosistema de un área de alrededor de 24 kilómetros cuadrados alrededor de la fuente, pero efectos moderados fueron vistos a 158 kilómetros cuadrados.

La rica biodiversidad del fondo del mar fue inmensamente reducida por las oleadas de petróleo, las cuales fueron de 183 metros de ancho y 1.9 kilómetros de longitud.

“Dadas las condiciones de las profundidades del mar, es posible que la recuperación del hábitat del suelo suave y las comunidades vecinas asociadas tomarán décadas o más”, concluyó el reporte.

El caso de Macondo fue el caso de derrame costa afuera más grave de toda la historia de E.U., y la contaminación se expandió tanto en el espacio (el mar) como en el tiempo (las décadas que tardará en recuperase).

Haríamos bien en recordar las terribles consecuencias del evento, que estamos, directa o indirectamente, viviendo ahora mismo.



A sólo 4 años del catastrófico derrame petrolero, British Petroleum vuelve al Golfo de México

Las secuelas por el derramamiento de petróleo en el Golfo de México aún son tangibles, solamente un año y medio perduró la veda que impedía al consorcio explorar petróleo en esta zona.

El petróleo, ese viscoso líquido convertido en el oro de la era industrial, ha ido cobrando sus costos, esencialmente, por las emisiones de carbono lanzadas a la atmósfera al ser consumido como combustible. Si echamos un vistazo a nuestra casa, nos sorprenderá la cantidad de productos que están formados a base de petróleo: casi todo artículo sintético es elaborado con  este fluido.

Llevamos poco más de un siglo empleando el petróleo en procesos industriales, y pese al corto periodo ha iniciado una crisis ambiental evidente. Si bien la percepción colectiva sobre el petróleo es cada vez más negativa, en gran medida por el padecimiento de los ciudadanos a la contaminación en las ciudades, las empresas petroleras persisten en sus proyecciones de  extracción. Países como Estados Unidos, Noruega y Canadá quieren explotar el petróleo en Alaska. En contraparte, múltiples naciones se han comprometido a reducir sus emisiones de CO2 en los próximos años.

En un escenario en el que el petróleo adquiere cada vez peor fama, el derrame petrolero del 2010, en el Golfo de México, pervive hoy en el imaginario social. Sus repercusiones a cuatro años del incidente, según Green Peace, persistirán por décadas.

Aún con la gran cobertura mundial del accidente y la crítica constante por parte de organizaciones internacionales -que cada vez cobran más peso como Green Peace- se ha revelado que British Petroleum (BP), la empresa responsable del derramamiento de petróleo en 2010, invertirá 41 millones de dólares en derechos para explorar y extraer petróleo en el Golfo de México.

Cuando ocurrió el derrame, BP fue impedida para adquirir cualquier contrato en la zona por 16 meses, una infracción que aparece ridícula en comparación con los daños causados al ambiente. Aparentemente los consorcios petroleros internacionales se erigen como enemigos colectivos, y quizá lo positivo es que al menos el adversario está ubicado. Las revoluciones han demostrado ser utópicas, pero en las nuevas luchas sociales, gracias a la información, sabremos hacia dónde dirigir la presión general.



Lo que las nutrias nos pueden enseñar sobre los derrames petroleros

25 años después del derrame Exxon Valdez, uno de los peores accidentes petroleros de la historia, el ecosistema natural de la zona sigue luchando por recuperarse y por reclamar el espacio como suyo.

En 1989 un buque petrolero de Exxon Valdez derramó 30,000,000 galones de petróleo en Prince William Sound, Alaska. El estrecho era el de hogar de miles de nutrias marinas y presumía un ecosistema diverso; sin embargo todo cambió después del derrame —los voluntarios de emergencia recuperaron más de mil cadáveres de mamíferos marinos y se estima que cerca de 3,000 nutrias murieron de inmediato.

Todavía una década después las nutrias se negaban a regresar a las zonas que habían sido afectadas por el derrame. Un estudio federal que siguió la recuperación del ecosistema después del suceso, determinó que las nutrias no podrían sobrevivir en la zona aun si aparentemente ya no había residuos en la superficie porque el fondo del mar estaba cubierto con un sedimento nocivo. Es en el fondo donde se encuentran las almejas que las nutrias consumen.

Además de poner en peligro el alimento de las nutrias, el derramé las afecto directamente al cubrirlas con petróleo. El pelaje de las nutrias es grueso e aislante, una vez que el pelaje está cubierto de petróleo pierde sus propiedades y no las protege del frío del agua; además, una nutria cubierta de una sustancia nociva debe acicalarse y, al hacerlo, consume la misma sustancia.

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De acuerdo al estudio no fue sino hasta el 2009 que la población de nutrias alcanzó el número que tenía antes del derrame. “Una de las lecciones que podemos aprender de esto es que los efectos crónicos del petróleo en el medio ambiente pueden persistir por décadas”, apuntó la autora principal de estudio, Brenda Ballachey.

Este  descuido, nos recuerda exactamente cuan nocivo puede ser el petróleo y nos advierte que debemos cambiar los métodos de extracción y mejorar la manera en que lo transportamos.