La historia de las ballenas está escrita en la cera de sus oídos

Nuevas investigaciones descubrieron que se puede saber la edad y la salud de una ballena estudiando la cera de sus oídos.

Tal vez las ballenas también tangan algo de árboles, y no solo por su paz y su tamaño, sino porque van registrando el paso de sus años en añillos al igual que ellos. Solamente que los anillos de las ballenas se forman en la cera de sus oídos, capa por capa. De acuerdo publicado en NPR, estas columnas de cera de oídos (de treinta centímetros, aproximadamente) contienen un registro de la contaminación de los océanos.

El estudio usó la cera extraída del cadáver de una ballena azul que encalló en las costas de California en 2007. Cada capa, descubrieron, corresponde a seis meses de la vida de una ballena, así que al multiplicarlos se puede saber su edad, como con un árbol. Pero la investigación se centró más bien en estudiar que los residuos de DDT y productos ignífugos están afectando a las ballenas.

Y aunque hayamos descontinuado el uso del DDT hace más de treinta años, aun está presente en altas concentraciones, apuntan. También se determinó que un porcentaje significativo de exposición a contaminantes viene de la leche de la madre, cuando los ballenatos son muy jóvenes.

Estas investigaciones pueden proporcionar el mejor entendimiento que hasta ahora se ha tenido de los posibles impactos de los químicos en ballenas. Y de cómo ha habido daños irreversibles en los océanos que hayamos descontinuado siguen teniendo efecto en las criaturas marinas. Un indicio más para proteger al océano cuanto antes.

 



Factores contaminantes que afectan a las ballenas

Varias especies de cetáceos se encuentran en grave peligro de extinción a causa de las actividades industriales humanas. La regulación de éstas es la única manera de disminuir el daño hecho.

* Por: Valeria Jasso Rodríguez

 

Hasta hace poco tiempo, el hombre creía que debido a la inmensidad y profundidad de los océanos, podía verter basura y sustancias químicas en cantidades ilimitadas sin que esto tuviera consecuencias, incluso tenían un eslogan: La solución a la contaminación es la dilución”. Botello (2009) expone que el mar cubre el 71% de la superficie de la Tierra, tiene 2.7 kilómetros de espesor (promedio) y 1,400,000 kilómetros cúbicos que se distribuyen en toda la superficie terrestre. La magnitud de estas cifras ha contribuido al mito de que el mar tiene una capacidad de dilución infinita y que, por lo tanto, puede servir como un gigantesco vertedero para todos los desechos producidos por el hombre. Este mito estaría justificado si los desechos se dispersaran y diluyeran instantáneamente, pero en el mar los procesos físicos no actúan tan rápido, de manera que en algunas zonas los desechos se pueden acumular y, en consecuencia, dañar al medio.

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La contaminación marina se define como:

la introducción, directa o indirecta, de sustancias o energéticos en el medio marino, la cual acaba por dañar los recursos vivos, poner en peligro a la salud humana, alterar las actividades marinas, entre ellas la pesca y reducir el valor recreativo y la calidad del agua del mar

(Joint Group of Experts on the Scientifics of Marine Pollution, 1972)

Aunado a esto, factores como el cambio climático, la destrucción de la capa de ozono, la sobreexplotación de los recursos marinos, las alteraciones de los sistemas costeros y oceánicos, y la contaminación química y acústica, son algunas de las amenazas a las que están sometidas las poblaciones de cetáceos alrededor del mundo.

El Centro de Conservación Cetácea expuso en 2002 que la contaminación ambiental producida por las actividades humanas afecta directamente a todas las especies marinas. Si dichas amenazas se consideran a manera individual, éstas son preocupantes tanto para las poblaciones de ballenas en la actualidad como para el futuro de los océanos en general. Este ensayo analiza el efecto directo que tienen los contaminantes derivados de las actividades humanas en el océano sobre los cetáceos más vulnerables.

Siglos atrás, todas las especies de ballenas grandes, excepto la ballena franca pigmea, se cazaron sistemáticamente en el Atlántico Sur. En algunas épocas, especialmente entre los siglos XVII y XIX, los cetáceos fueron víctimas de la cacería más indiscriminada, reflejándose ello en la reducción de sus poblaciones. Debido a esto, la Comisión Ballenera Internacional prohibió la caza comercial de cetáceos en 1986 para evitar su extinción, a pesar de que países como Japón lo continúan haciendo bajo la polémica justificación de “caza científica”.

Hoy en día, de las 83 especies de ballenas que existen en todo el mundo, las especies más amenazadas son:

Ballena jorobada (Megaptera novaeangliae)

Ballena boreal (Balena mysticetus)

Cachalote (Physeter macrocephalus)

Beluga (Delphinapterus leucas)

En cuanto a la contaminación marina, diferentes formas de contaminación invaden los mares.

 

Contaminación sónica

La contaminación sónica es el primer factor que más afecta a las poblaciones. Esto se debe a que los mamíferos marinos son criaturas altamente orientadas por los sonidos, y al ser expuestos a grandes niveles de ruido, las ballenas y los delfines sufren daños en su audición, e inclusive, otras formas de daño físico y psicológico. Actividades tales como la exploración petrolífera y de gas, la construcción de plataformas petroleras, los sonares activos y las pruebas militares con explosivos, el uso de aparatos acústicos para ahuyentar a los mamíferos marinos de las redes de pesca y de los criaderos de peces, los experimentos marinos que causan grandes niveles de ruido y el creciente nivel de ruido de motores de barcos pueden tener consecuencias severas y de debilitamiento a largo plazo en las ballenas, son todas fuentes de contaminación para estos mamíferos.

De acuerdo al Consejo de la Defensa de los Recursos Naturales (1999), la explotación marina ha aumentado el nivel de ruido del océano desde la Revolución Industrial. De hecho, se estima que entre 1950 y mediados de la década de los 70, el ruido generado por actividades humanas en las costas y mares ha elevado el nivel de ruido ambiental del océano en 10 decibeles.

 

Residuos sólidos

Más allá de la contaminación acústica, los cetáceos se encuentran también expuestos a otros tipos de contaminación. El segundo en importancia serían los residuos sólidos como bolsas, espuma y otros desechos vertidos en los océanos desde tierra o desde barcos en el mar que acaban siendo con frecuencia alimento de mamíferos marinos, peces y aves que los confunden con comida, con consecuencias a menudo desastrosas. Las redes de pesca abandonadas permanecen a la deriva durante años, y muchos peces y mamíferos acaban enredados en ellas. En algunas regiones, las corrientes oceánicas arrastran billones de objetos de plástico en descomposición y otros residuos hasta formar remolinos gigantescos de basura.

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Cambio climático

En 1997, IWC dedujo que la temperatura en la Antártida aumentará más que en otras regiones del planeta, con la posible excepción del Ártico. Sin embargo, los registros de De la Mare, W. K., sugieren que la masa de hielo antártico ha disminuido un 25% entre 1950 y mediados de 1970, lo que significa una reducción de masas de hielo durante el invierno, pudiendo tener esto impactos negativos en la disponibilidad de alimento de la cadena alimenticia.

 

Contaminación química

En 1998, la Agencia Ambiental Europea publicó que, solamente en 1995, la producción mundial de productos químicos alcanzó 400 millones de toneladas. La situación es preocupante si se considera la falta de monitoreo e información sobre estos productos, su nivel de concentración en el aire, agua, sedimentos, suelos, especies y alimentos, y sus efectos están literalmente contaminando los tejidos de las ballenas. La HIS sospecha que algunas muertes y encallamientos de ballenas son causados por fallas del sistema inmunológico, resultado de la exposición de tejidos; otros productos tienden a acumularse en el cerebro, órganos vitales y grasa de los animales, y su efecto es acumulativo a través de la cadena alimenticia.

Recientes análisis de ADN indican que la venta de carne de ballena en los mercados asiáticos, obtenida a través de la denominada caza científica, ha posibilitado un activo tráfico ilegal de especies de ballena protegidas actualmente por la CBI y la CITES. Desde 1986, más de 1,000 toneladas de carne ilegal destinadas al mercado japonés han sido confiscadas. La reapertura del comercio de productos de ballena podría incrementar las operaciones de caza pirata y las oportunidades de comercializar ilegalmente carne y productos de especies protegidas, como la ballena de Bryde o Minke, entre otras.

Las soluciones viables para detener la declinación de la industria pesquera son aliviar la presión sobre las poblaciones de peces capturados y eliminar la sobreexplotación actual. Cualquier sugerencia distinta es sólo un intento de la industria pesquera de evadir su responsabilidad en la desaparición de los recursos pesqueros, evitar tomar las medidas necesarias para la recuperación de las poblaciones de peces sobreexplotados y promocionar internacionalmente la reapertura de la caza comercial de ballenas.

En conclusión, las investigaciones muestran que las regulaciones en cuanto al manejo de desperdicios químicos y otros contaminantes, al igual que la contaminación sónica y la pesca masiva, no tienen ningún impacto en quienes las practican alrededor del mundo. Para las diferentes poblaciones de cetáceos, estas y demás actividades humanas hacen que la recuperación sea mínima o casi nula y algunas especies estén al borde de la extinción. Quizá con el paso del tiempo, lejos de encontrar una solución o ver una mejoría, los cetáceos afectados hayan utilizado diferentes rutas migratorias, hayan desarrollado nuevas enfermedades y algunas especies hayan desaparecido.

 

Bibliografía

Botello, A. V. (2009). Instituto de Ciencias del Mar y Limnología, UNAM. Recuperado de: http://www.posgrado.unam.mx/publicaciones/ant_omnia/23/07.pdf.

Conf 9.24 de la CITES. Recuperado de: http://www.cites.org/esp/resols/9/9_24.shtml.

De la Mare, W. K. (1997). Abrupt mid-twentieth-century decline in Antarctic sea-ice extend from whaling records. Nature, vol. 389. Pp. 57-59.

EEA/UNEP. (1998). Chemicals in the European Environment: Los Doses High Stakes? Report by the European Environment Agency/Unites Nations Environment Programme.


HUMAN INTERNATIONAL SOCIETY. (2009). Ballenas en problemas. Recuperado de: http://www.hsi.org/spanish/issues/ballenas_en_problemas.html.

IWC. (1997). Report N ̊47 of the IWC. Workshop on Climate Change and Cetaceans.


Mathews-Amos y E. A. Benson. (1999). Turning Up the Heat: How Global Warming Threatens Life in the Sea. Report prepared by the Marine Conservation Biology Institute
.

P. A. Fair y P. R. Becker (2000). Review of Stress in Marine Mammals. Journal of Aquatic Ecosystem Stess and Recovery, no. 7. Pp. 335-354.

The Natural Resources Defense Council. (1999). Sounding the Depths: Super-tankers, Sonar and the Rise of Undersea Noise.

México Sostenible
Autor: México Sostenible
Somos una organización de jóvenes comprometidos con la conservación de la riqueza natural y cultural del país. Integramos un equipo interdisciplinario capaz de analizar diferentes temas de la agenda ambiental, con el fin de generar acciones para fortalecer la capacidad de adaptación de las sociedades frente al cambio climático e incentivar su desarrollo sostenible.


Una manada de ballenas adopta a un narval (y todo es hermoso)

Lecciones animales de inclusividad: una manda de belugas lleva un par de años incluyendo a un miembro distinto, un narval.

Mientras un grupo de investigadores seguía a una manada de ballenas beluga cerca del río St Lawrence, en Canadá, notaron que uno de los integrantes era distinto. Su lomo grisáceo, que contrasta con el tono claro de las belugas, lo delataba; y es que en realidad se trataba de un narval (llamado “unicornio marino” y presente en múltiples mitos y leyendas), que aparentemente lleva un par de años formando parte de la pandilla de cetáceos.

La inclusión de un narval en la manada de ballenas ha sorprendido a los científicos, sobre todo considerando el nivel de aceptación que tiene entre sus compañeros. El peculiar grupo fue documentado por la organización Group for Research and Education on Marine Mammals (GREMM), y su director Robert Michaud advierte:

Se comporta como uno de los chicos. Es como una gran banda de jóvenes que se la pasan en juegos sociales y sexuales.  

Aunque son de la misma familia (Monodontidae) y particularmente sociables, es raro encontrar este grado de conexión entre miembros de distintas especies. Sin embargo, las belugas parecen aceptar plenamente la presencia del joven narval. En palabras del biólogo marino Martin Nweeia:

Creo que no debería sorprendernos tanto. Creo que muestra la compasión y la apertura de otras especies para hacer sentir bienvenido a otro miembro que tal vez no sea o se comporte igual. 

En pocas palabras, estamos ante una hermosa muestra de inclusividad cortesía de otras especies; curiosamente, se trata de una cualidad que el ser humano, incluso a estas alturas, todavía está luchando por dominar.

Así que cuando creas que el paisaje es poco alentador y que quizá no hay esperanza en el planeta, regresa unos segundos a esta imagen de una manada de ballenas más un narval y recuerda que las cosas son suficientemente inspiradoras como para no decretar una derrota definitiva.