La forma en la que comes es tan importante como el propio alimento

Cuando nos proponemos comer mejor, pocas veces enfatizamos en la forma en la que nos alimentamos, más allá del tipo o calidad de los propios alimentos.

 

En la última década se ha desatado una masificación de la conciencia alimenticia. La popularización de los alimentos orgánicos, las múltiples denuncias ante las prácticas industriales de producción, y diversas modalidades de dietas, entre otros indicadores. Sin embargo, cuando nos proponemos comer mejor, pocas veces enfatizamos en la forma en la que nos alimentamos –más allá del tipo o calidad de los propios alimentos.

Dentro de distintas tradiciones, sobretodo orientales, se da enorme importancia no solo a llevar una dieta saludable, sino a la manera en la ingerimos la comida. Por ejemplo, la cocina ayurveda te recomienda masticar lentamente cada alimento, lo cual permitirá una mejor digestión. En el caso del Zen, aplicando la misma perspectiva que emplea para cualquier actividad, te sugieren vivir plenamente el instante, idealmente en silencio, y haciendo conciencia en cada movimiento.

A continuación una serie de recomendaciones que permiten transformar una comida, cena, o desayuno, en una verdadera sesión meditativa. Lo anterior conlleva múltiples beneficios, por ejemplo evitar desórdenes alimenticios o problemas gastrointestinales, aprovechar mejor los nutrientes activos de cada alimento, gozar de una digestión ágil, y combatir el sobrepeso, la diabetes, y otros males.

La atención

Al igual que con cualquier otra actividad que lleves a cabo, lo ideal es fijar tu atención plena en el comer. Así, inevitablemente, iras registrando cada sabor y textura, la temperatura y la consistencia de cada alimento. Lo anterior probablemente enriquezca la experiencia misma, y facilité la comunión entre tú y aquello que estás ingiriendo.

El ritmo

Procura ingerir tus alimentos despacio. El masticar entre diez y quince veces cada bocado permitirá a tu estómago procesar con mucho mayor facilidad la comida. Además, el alimento tendrá tiempo de hacerse sentir en tu estomago antes de que hayas terminado de comer, lo cual evitará que comas más de lo necesario.

El silencio

En la medida de lo posible, procura al menos algunas de tus comidas, realizarlas en silencio, e idealmente sin distracciones como el teléfono, la televisión, o incluso la lectura. “Saborea el silencio junto con tus alimentos”, dicen algunos.

El agradecimiento

En muchas culturas se acostumbra, a modo de ritual introductorio, dar gracias o bendecir los alimentos. Esto, más allá de hábitos religiosos o modismos neo-místicos, facilita el que valoremos la posibilidad de acceder a las viandas que tenemos delante –y en todo caso hay buenas razones para pensar que el agradecimiento es, en cualquier contexto, un sano recurso existencial.

Twitter del autor: @ParadoxeParadis

Javier Barros del Villar
Autor: Javier Barros del Villar
Editor digital. Toma té y vive parte del tiempo en las montañas.


Maestros zen nos explican cómo lidiar con los pensamientos obsesivos

¿Has tenido pensamientos que no quisieras tener? La filosofía zen tiene algo que decirte.

¿Podemos ser intrusos de nosotros mismos? Parece que sí. Los pensamientos obsesivos o intrusivos implican una complejidad angustiosa para quien los fabrica. Reflexiones, fantasías e incluso escenarios desgraciados, que más allá de quitarnos el aliento obligan a la mente a soltar su raíz.  Muchas personas se apegan a ellos con resistencia, y como un desequilibrio entre el binomio ser y deseo, se alejan, poco a poco, de una paciencia necesaria para no perder el equilibro.

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Según el doctor Rick Hanson, fundador del Wellspring Institute for Neuroscience and Contemplative Wisdom, la mente se concentra naturalmente en los pensamientos negativos, y descarta aquellos que provocan un grado de bienestar. Se trata de una medida de supervivencia, pues tener presentes las cosas malas ayuda también a lidiar con ellas –imaginemos esta cualidad hace miles de años, cuando el humano se enfrentaba a un mundo aún más misterioso y salvaje–. Esto no justifica los malos pensamientos; pero nos hace saber el motivo de que estén ahí. Y, tratándose de un complejo proceso neuronal que ha evolucionado con nosotros, es imposible deshacerse de ellos, pero hay maneras de sobrellevarlos, y el primer paso está en hacerse consciente de ellos.

Cómo explica el pensamiento un maestro zen

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Los maestros zen han comprendido esto desde hace siglos. Si bien no por vía de la neurociencia, han utilizado métodos como la meditación para calmar las aguas de su pensamiento. Realizar meditación es emprender la búsqueda de uno mismo, el entendimiento de ese ser universal que olvidamos la mayoría del tiempo, pero que en esencia somos. Involucra una gran fortaleza espiritual, pues se debe lidiar, entre otras cosas, con nuestro espejo oscuro; es decir, con esos pensamientos intrusivos, así como con nuestros errores, miedos y escenarios reales poco deseables.

De ahí que el maestro zen Eihei Dogen acepte firmemente que:

“La vida de un maestro zen es una continua equivocación.”

Mientras que para el maestro Taisen Deshimaru, quien difundió el pensamiento zen en Europa y África —y que tuvo más de cien dojos a su cargo— se trata de ver la existencia más allá de las dualidades:

Lo espiritual es material y lo material se vuelve espiritual. El espíritu existe en cada una de nuestras células y, finalmente, el espíritu es el cuerpo, el cuerpo es el espíritu. Está también la actividad, la energía, que no son dualistas.

Sobra decir que estos maestros ejemplifican el poder de la meditación para lidiar con este proceso. De ahí que el zen es también llamado la vía de en medio. Se trata de apuntar hacia los equilibrios, y no sólo de “desechar” aquello que no nos gusta (como los pensamientos intrusivos). Todo el sufrimiento y la ansiedad sólo pueden desaparecer si se cortan sus raíces, aquellas que mantienen la conexión entre el ego y el mundo material, y que son constantemente fortalecidas con el poder de la mente, la voluntad. 

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“El ego sufre por él mismo, sin ego no hay sufrimiento.”

¿Y qué es el ego? Algo que todos sentimos, porque, nos dice este maestro:

“Aunque no se quiera pensar, los pensamientos surgen.”

Pero…

“Nadie es encerrado en una prisión por tener malos pensamientos.”

Los maestros zen, como Taisen Deshimaru y Eihen Dogen, ponen en práctica el zazen –el desarrollo del ser que éste involucra–, y nos invitan a aceptar nuestros pensamientos cualquiera que sea su naturaleza, pero siempre buscar ir más allá de todo aquello que nos determina en el plano material. A fin de cuentas, lo deseemos o no, los pensamientos negativos son parte de nuestra psique como explica la neurociencia, y son parte de nuestro espíritu en su desenvolvimiento en el mundo, como explica el pensamiento zen.

Esto hace al zen, no un camino rumbo a la perfección, sino a la vida de un ser libre. Y a su filosofía un antídoto reflexivo y muy sensato para combatir los pensamientos intrusivos pues, como decía Allan Watts,“una persona que piensa todo el tiempo, no tiene más en qué pensar que en los pensamientos mismos, de esta manera pierde el contacto con la realidad y está destinado a vivir en un mundo de ilusiones”.

 

*Referencias: Dogen Quotations
Preguntas a un maestro zen



7 tips para lograr comer más saludable poco a poco

De lo que te alimentes dependerá cuánta energía tengas, por lo cual tu dieta es de vital importancia para tu día a día.

Comer es regresar siglos de cultura en cada bocado que damos. A veces olvidamos eso, lo cual nos lleva a interiorizar malos hábitos que en realidad tienen muy poco tiempo de existir. Pero reflexionar sobre ello nos puede llevar a ser más conscientes de lo que implica en sí el acto de comer y lo importante que es hacerlo de manera saludable.

El problema de nuestra cultura en torno a la comida es que se basa en las necesidades del trabajo llamado “productivo”, por lo cual surgieron conceptos como el de la “fast food” y muchas formas de comida procesada que se puede hacer en minutos pero que guarda muchos secretos que algunos no quieren que sepas. Ello nos ha llevado a dietas mal equilibradas y, a la mayoría, a saber muy poco de preparación de alimentos, lo que a la postre se ha rodeado de mitos acerca de “lo difícil que es cocinar”, cuando en realidad puede ser muy fácil y resultar en una práctica relajante y placentera.

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Tomando todo esto en cuenta hemos hecho este breve listado para que te sea más sencillo comer bien y energetizar tu cuerpo.

Aprende a cocinar apoyándote del internet

Tenerle miedo a la cocina es lo peor que puedes hacer si quieres comer más sano. Pero ten en mente que actualmente es mucho más fácil aprender a cocinar —por lo menos lo más básico—, apoyándote en las recetas que circulan por internet. Este es un beneficio relativamente nuevo al cual podemos sacarle mucho provecho, pues hay decenas de videos que contienen recetas deliciosas de dificultad variable para que te vayas entrenando.

Haz una lista de variaciones con los mismos ingredientes

¿Te gusta la pasta? ¿El arroz? ¿Los emparedados? Pues de todos estos platillos hay decenas de variaciones, así que lo que cocines no tiene por qué aburrirte jamás. La pasta y el arroz son bases perfectas para cientos de recetas, y puedes hacerlos incluso pensando en la comida internacional que más te guste, como por ejemplo un ramen con verduras.

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También te sorprenderías de la variedad de emparedados que puedes hacer combinando ingredientes: pescado, carnes frías, quesos, huevo, hongos (en todas sus variedades como portobello, setas o champiñones), vegetales (como la berenjena) y todo ello en infinitas combinaciones. También puedes consultar los menús de tus restaurantes favoritos para sacar ideas.  

Cocina lo que vayas a comer en tres días o más

La comida rápida y más “práctica” que venden en los congeladores de los supermercados debe ser tu última opción, incluso si consideras que en verdad te ayuda a tener más tiempo libre para otras actividades. Si quieres hacer algo realmente práctico y rápido, cocina una vez para varios días. Familiarizate con la caducidad de los platillos que hagas y guárdalos en envases herméticos y bien ordenados. Recuerda que el congelador es tu aliado para guardar quesos, pan, pescado y otros productos, lo que te puede ayudar a disminuir el tiempo que le dedicas a hacer compras.

No olvides preparar una que otra salsa o aderezo para que no sientas insípida tu comida (en esto tus mejores aliados son verduras frescas para salsas, y aceite de olivo y vinagre balsámico para aderezos). También puedes comprar muchas especias para variar sabores, así como granos y semillas como el ajonjolí o la linaza, mismos que, además de saludables, sazonan increíblemente lo que prepares con sólo espolvorearlos sobre los platillos.

El snack saludable

El bocado entre comidas es el dolor de cabeza de muchos. Muchas veces optamos por barritas o galletitas que no son siempre tan sanas, y que podríamos variar con opciones más saludables. Puedes traer contigo frutas que sean fácilmente transportables, como manzanas o ciruelas, y acompañarlas con yogur natural o queso cottage y granola, o preparar frutas secas deliciosas con el toque exacto de dulzor para el antojo.

comer saludable

O para un snack salado, en vez de papitas puedes optar por zanahorias y apio con aderezo, que puedes comprar ya preparado o preparar a base de jocoque o yogur y condimentos como hierbas finas u orégano. Otra opción deliciosa y proteica es el hummus, un aderezo a base de garbanzo que es exquisito y puedes preparar con diversos ingredientes. Te recomendamos comerlo con zanahorias en lugar de galletas, pues están llenas de vitamina A. 

Cocina asado en lugar de frito

Muchas personas son atraídas por la comida frita, pues el aceite proporciona un sabor que estalla en el paladar de manera increíble. Pero aunque no lo creas, esa sensación la puedes sustituir asando la comida, lo que funciona con carnes y vegetales de manera espectacular, como en el caso de los nopales, que son una gran fuente de fibra y se pueden preparar asados.

Con una buena sartén de teflón puedes cocinar sin preocuparte de que se pegue lo que prepares, incluso huevos estrellados o carne. El secreto estará en cómo sazones lo que prepares. Y si quieres un sabor muy parecido al de lo frito, prueba asando queso, pues su grasita natural lo hace tener un sabor a frito que es delicioso en emparedados, sincronizadas y guisos de verduras o carne. Te recomendamos especialmente el queso panela asado, que además es de los más bajos en grasa pero que aun así adquiere un sabor exquisito. 

Un gran aliado: el aguacate

Este fruto es todo un regalo divino. Llamado la “mantequilla de la naturaleza”, el aguacate no sólo contiene muchísimos nutrientes y vitaminas como la mayoría del complejo B, Calcio, Hierro, Magnesio, Manganeso, Fósforo, Sodio y Zinc, sino que además es delicioso y puede ser sustituto de muchas comidas malsanas, como la ya mencionada mantequilla.

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Es práctico y lo puedes llevar entero para cortarlo en donde estés, pues hasta con las manos lo puedes hacer si está suficientemente maduro. Acompáñalo de rebanadas tostadas de pan negro, mezclado con otras verduras o como aderezo con bastones zanahoria y salsa de soya. Hay muchas recetas fáciles y deliciosas que además van a satisfacer cualquier antojo, pues el aguacate es todo un estallido de sabor para el gusto.

Piensa en antojos y haz la versión fácil

Esto es muy bueno porque retomar comida de otras culturas nos ayudará a equilibrar nuestra dieta con nuevos y sanos ingredientes. Quizás te gusta mucho el sushi por ejemplo, pero piensas que es muy difícil de hacer. Bueno, pues nada más fácil que pensar en los ingredientes que lleva y prepararlo de manera un poco menos complicada. No será el mismo sabor ni textura, pero así puedes perder menos tiempo sin sacrificar demasiado. El sushi por ejemplo es base de arroz y siempre lleva alga nori, aguacate, pepino y algún pescado, aderezado con ajonjolí y salsa soya. Todo eso puedes prepararlo y cortarlo, poniéndolo en un tazón, revolviéndolo y listo. 

Otro ejemplo es el de la comida china. Los rollitos primavera por ejemplo, pueden ser muy laboriosos pero si sólo haces la verdura, cortada en juliana, hirviéndola un poco y luego asandola con cebolla, aceite de sésamo y un toque de jengibre y canela, obtendrás el mismo sabor de los rollitos pero evitando la pasta china frita. Puedes acompañar esta mezcla con arroz y añadirle salsa agridulce de la que venden en tiendas especializadas de comida japonesa para satisfacer el antojo. Y además tendrás para más de una porción.

Además de estos tips hay otros que te recomendamos ir incorporando a tu dieta, como el uso de ingredientes integrales y la reducción en el consumo de azúcar, aunque para no hacer muy complicado tu ingreso al mundo del comer sano y consciente puedes intentar poner estos en práctica antes que nada.