Estas fotografías de agua te harán enamorarte de nuevo del recurso natural

Estas hermosas fotografías del agua y la acuacultura fueron tomadas para estimular nuestra noción de este líquido vital, que puede darnos vida y también quitárnosla.

Algunas veces se nos olvida lo bello que el líquido vital que constituye al planeta. Los paisajes acuáticos de Edward Burtynsky están ahí para recordárnoslo. Sus impresionantes fotografías aéreas capturan tanto su belleza como su fuerza y vulnerabilidad.

Nuestra demanda de agua está afectando severamente la distribución en muchas partes. En su serie titulada simplemente “Water”, Burtynsky captura el agua desde su hábitat natural, entre montañas, ríos y mares, hasta su industrialización.

“Mientras intentamos acomodar las crecientes necesidades de una civilización expendiéndose y muy sedienta, estamos moldeando la Tierra en términos colosales. En este nuevo y poderoso rol sobre el planeta, también somos capaces de construir nuestro propio deceso. Tenemos que aprender a pensar más a largo plazo sobre las consecuencias de lo que estamos haciendo. Mi esperanza es que estas fotos estimularán un proceso de pensamiento acerca de algo esencial para nuestra sobrevivencia; algo que a menudo damos por sentado, hasta que se acabe”, apuntó el artista.

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El agua proviene del espacio exterior y es más antigua que el sol y la luna

El agua habría llegado a la Tierra en forma de hielo, mucho antes que la luna se formara y el sol se enfriara.

El astrónomo Carl Sagan decía que la Tierra es “un pálido punto azul” en un rincón perdido de la Vía Láctea. Ese azul característico de nuestro planeta se debe al 70% de agua que lo conforma. Pero, aunque parezca increíble, los científicos aún no saben a ciencia cierta de dónde vino el agua, o incluso si es que el agua es nativa del planeta Tierra.

Una de las últimas teorías al respecto afirma que “nuestra” agua en realidad llegó en forma de hielo, a bordo de asteroides que colisionaron contra el naciente planeta Tierra durante el eón Hádico en la primera fase de la era Precámbrica, hace unos 4.6 mil millones de años.

Esto implicaría que el agua de la Tierra es más antigua que el sol de nuestro sistema solar.

La autora de esta teoría es la doctora Natalie Starkey, geoquímica de la Universidad de Edimburgo y de la Open University, quien describió en un nuevo artículo de la prestigiosa revista New Scientist la investigación que llevó a cabo con muestras del núcleo y el manto terrestres.

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Según Starkey, las rocas del centro de la Tierra contienen pequeñas bolsas de gas, las cuales funcionan como “cápsulas de tiempo” para saber cómo era la atmósfera hace miles de millones de años. Mediante un espectrómetro de masa de precisión, la doctora Starkey y su equipo lograron separar y medir los isótopos de oxígeno en muestras de rocas terrestres y lunares, con el objetivo de buscar las evidencias de agua más antiguas.

Al comparar las muestras de roca lunares y terrestres, se dieron cuenta de que ambas están hechas de los mismos componentes, lo que refuerza la teoría de que la luna se formó al desprenderse un fragmento de la Tierra durante una colisión con otro cuerpo celeste.

Sin embargo, el verdadero descubrimiento llegó cuando los investigadores dedujeron que el 70% del agua de la Tierra ya estaba presente antes de la colisión que formó la Luna.

Para Starkey y su equipo, estos descubrimientos sólo abren la puerta a nuevas interrogantes:

Esto nos lleva a la sorprendente conclusión de que el agua de nuestro planeta no solamente es más antigua que la luna. [El agua] debe venir del espacio interestelar, lo que significa que es más antigua que el sol mismo. Es difícil desentrañar cómo sobrevivió al entrar al Sistema Solar. Pero una vez que has eliminado lo imposible, te lleva inevitablemente a esta conclusión.

Tal vez el futuro de nuestro planeta (así como la respuesta a los inminentes problemas que enfrentaremos con la escasez imperiosa de agua) dependa de comprender el pasado del agua, así como su origen interestelar. No cabe duda de que el agua, así como la vida que es posible gracias a ella, es un milagro.



Estamos consumiendo casi el doble de lo que el planeta puede proveer

¿Cuánto tiempo hará falta para que la humanidad acabe con los recursos naturales?

Desde 1970 empezamos a ser deudores de la naturaleza y a utilizar sus recursos a crédito. Pero aunque ahora parece que nos basta con usar lo que está reservado para el futuro, sin que parezca haber consecuencias –tal como sucede con las tarjetas de crédito–, es indudable que el planeta pronto nos cobrará los intereses. Y éstos serán impagables.

La extinción animal rebasa la velocidad natural; los bosques desaparecen a un ritmo de 500 mil hectáreas en México; el plástico ha invadido –y contaminado– cada rincón del planeta, y los ecosistemas marinos se pierden a la velocidad con que se extinguen los arrecifes de coral.

Un cálculo estima que, de seguir a este ritmo, en el 2100 podría haber una extinción masiva.

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Según Global Footprint Network, una ONG que calcula los recursos de la Tierra y cómo se gestionan, la población mundial ya está en deuda con el planeta este 2018: oficialmente, hemos agotado los recursos de todo el año. Se trata de una fecha casi inédita, pues hace más de 40 años que no nos excedíamos así.

Somos una antítesis de la naturaleza.
Somos todo menos una especie resiliente.
Somos una disonancia que choca con los más primigenios fundamentos de la vida.

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Earth Observed

Pero cabe preguntarse: ¿por qué hemos llegado hasta este punto? Otro interesante dato de Global Footprint Network arroja que si todos los habitantes del globo vivieran como se vive en Estados Unidos, necesitaríamos cinco planetas para sobrevivir. En cambio, si todos viviéramos como en la India, requeriríamos sólo una fracción de 0.7 de nuestro planeta para sobrevivir.

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¿A qué debemos aspirar como humanidad?

Más que pensar con ayuda de conceptos económicos y de mercado (deuda, crédito, recursos), deberíamos comenzar a pensar la naturaleza en términos filosóficos y preguntarnos qué modos de vida son realmente los más resilientes, orgánicos y sanos según una reflexión más amplia.

Porque es verdad que las soluciones individuales se presentan como posibles y necesarias: comer menos carne aplaza nuestra deuda personal por 6 días, y usar energía renovable hasta por 3 meses. Pero son limitadas en tanto no cuestionemos lo que hay detrás de esta crisis ecológica de alcances planetarios.

Como recalca Michael O’Heaney, director de la campaña The Story of Stuff, para HuffPost:

Esto no es un problema de consumo individual. Hay un problema sistémico; tenemos un sistema que mastica recursos, crea productos usando esos recursos, los escupe y los hace no durables, para que la gente los tenga que tirar.

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NASA Earth

Y es verdad: nadie pidió vivir así. Pero ahora se ha vuelto una imposición que incluso hemos interiorizado; hemos dejado de ser críticos ante los procesos productivos y ante nuestro propio consumo. Así, la obsolescencia programada –que los productos no sean durables– es algo que damos por sentado: vivimos condicionados por gastos que en realidad sólo tendríamos que hacer una o dos veces en la vida.

Por ello resulta necesaria una visión multidimensional, macro y microscópica, donde aquello que necesitamos no sea sólo gestionado por gobiernos o empresas sino por nosotros mismos, de manera más colectiva que individual. Ejemplos hermosos de ello ya existen en México, donde comunidades enteras gestionan sus propias fuentes de energía solar.

Porque no podemos dejar de extraer los recursos naturales. Pero podemos y debemos reconocer los derechos de todos los seres vivos –de todo lo biológico–. Entablar nuevas relaciones con la naturaleza y recuperar nuestra dignidad perdida regresando a nuestros orígenes resilientes, de manera que nuestra existencia no sea una antinomia que nos conduzca irremediablemente a la extinción.

¿Crees que sea posible todavía? ¿Tú qué propones?

 

* Imagen principal: The Objective, edición Ecoosfera