El inmenso impacto de la cantidad de alimentos desperdiciados en el mundo (y consejos para ayudar)

El mundo cada año desperdicia el equivalente a la extensión de China o Mongolia en alimentos y esto afecta terriblemente al planeta. Te ofrecemos algunos consejos para ayudar a reducir el impacto.

El mundo desperdicia un tercio de lo que produce (¡un tercio!), o, lo que es lo mismo, 1.4 billones de toneladas al año. Y lo que lo hace peor es que desperdiciamos mucha energía, agua y tierra al mismo tiempo.

Food Wastage Footprint: Impacts on Natural Resources [La huella del desperdicio: impactos en recursos naturales] es el primer estudio en analizar los impactos del desperdicio global de comida desde una perspectiva medioambiental, mirando específicamente sus consecuencias para el clima, el agua, el uso de tierra y la biodiversidad.

Principales resultados del estudio:

Cada año, los alimentos que son producidos pero no ingeridos engullen un volumen de agua equivalente al flujo anual del río Volga, en Rusia, y es responsable de añadir 3.3 billones de toneladas de gases de efecto invernadero a la atmósfera del planeta. Además de esto, las consecuencias económicas ascienden a $750 billones de dólares al año.

La mayoría del desperdicio ocurre durante la producción, la cosecha y el almacenamiento de alimentos, pero el desperdicio de pequeñas empresas y del consumidor son más altas en países más ricos.

El director de FAO, José Graziano da Silva apuntó: “Todos nosotros –agricultores y pescadores, procesadores de alimentos y supermercados, gobiernos locales y nacionales, consumidores individuales—tenemos que hacer cambios en cada eslabón de la cadena alimenticia humana para prevenir que el desperdicio de comida suceda, en primer lugar, y re-usarla o reciclarla cuando no podamos”.

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Reducir y prevenir:

  • Una de las acciones más importantes para evitar tanto desperdicio es desarrollar mejores métodos de cosecha, almacenamiento, proceso, transporte y venta.
  • Los sectores públicos y privados necesitan incrementar las inversiones que se dediquen a mejora estas fallas.
  • Nuevas tecnologías pueden ayudar también. En Filipinas, las bolsas mejoradas para guardar el arroz han ayudado a reducir pérdidas en un 15 por ciento. El África, secadores solares para extender el tiempo de almacenamiento de frutas y tubérculos está funcionando para reducir pérdidas después de la cosecha.
  • Apoyar a agricultores por medio de cooperativas o asociaciones profesionales pueden realmente ayudar a reducir el desperdicio.
  • Tanto negocios como hogares necesitan implementar un mejor monitoreo para saber exactamente cuánto se desperdicia y en dónde.
  • Mejor comunicación entre todos los participantes de la cadena de abastecimiento es crucial. En particular entre proveedores y establecimientos para empatar la demanda y la venta.
  • El empaquetamiento reducido o mejorado también juega un papel importante en esto. Los paquetes excesivos (que son casi todos) no son sustentables.
  • Mejores hábitos de consumo. Cuando estés en un restaurante pide porciones más pequeñas o llévate las sobras a casa. No desperdicies nada en el plato. Y al igual, cuando hagas tus compras, compra sólo lo que estás seguro que vas a comer, no compres de más; mejor, si te hace falta algo, vuelve a la tienda por él.
  • Cuando no es posible la digestión de productos, la mejor manera de desechar las sobras en haciendo una composta y utilizarla para tus plantas. No quemes comida, los gases emitidos son altamente peligrosos para el planeta.

Incluimos un video realizado por la ONU, que explica en términos didácticos la emergencia ante el desperdicio desmedido de comida (en inglés).

[Unep.org]



Más allá de reducir calorías, retoma el diálogo con tu alimentación

Seguir estas recomendaciones tiene mejores efectos que una dieta rigurosa basada en reducir calorías.

Es importante recordarnos que la reducción de calorías no debe girar en su totalidad sobre la idea de perder peso. Antes que nada, se debe tener bien claro que las calorías son la energía que nuestro cuerpo necesita para funcionar naturalmente. Pero sobre todo, que las hipótesis en torno a la salud y al consumo de alimentos han variado muchísimo a lo largo del tiempo. 

En este sentido, conviene recordar las francas palabras de Hipócrates, uno de los médicos más lúcidos de la antigua Grecia: “que tu alimento sea tu medicina”. La nutrición, vista en la Antigua Grecia como un complejo sistema que involucra metabolismo y bienestar, es hoy reducida a un hábito más en la vida; una necesidad de supervivencia. De ahí que nuestra más cercana solución a procurarnos alimento sea consumir en supermercados o en el peor de los casos, en establecimientos de fast food.

Y a propósito: ¿Sabes qué ingieres cuando comes fast food?

Paradójicamente, nuestra relación con la comida se ha convertido en algo nocivo que toca extremos, ya sea por el incremento de la obesidad o por el lado de los trastornos alimenticios. 

Frente a este panorama, en la actualidad podemos encontrar múltiples investigaciones que sugieren que reducir la ingesta diaria de calorías podría ser bueno para la salud, algo que, no obstante, debe ser tratado con cuidado y responsabilidad. Muchos científicos han puesto de manifiesto que se trata de un tema complejo, pero han logrado comprobar que reducir el consumo calórico puede ser benéfico, no sólo por el hecho de perder peso, sino por todo lo que ello implica.

Reducir calorías no necesariamente implica que aprenderás disciplina

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Un estudio publicado en Jama Network analizó a dos grupos de personas cuyos índices de masa corporal eran distintos, pero ninguno propiamente obeso. Uno de los grupos mantuvo su dieta habitual mientras que el otro redujo su consumo calórico en un 25 % durante dos años. El grupo que redujo su consumo calórico vio resultados positivos a los 12 meses en cuanto a estados de humor y sueño, y remarcadamente en su vigor y vida sexual, mientras que en el otro grupo no hubo diferencias significativas. No obstante –y pese al rigor que implicó mantener una dieta baja en calorías durante dos años–, al terminar el estudio todos los participantes volvieron a sus prácticas alimenticias habituales, lo que demostró lo difícil que puede ser desarraigar algunos hábitos.

Por otro lado, investigadores como Robert Butler, han probado que reducir el consumo de calorías en exceso puede contribuir al decaimiento del libido y a una falta de energía en general.

Retomemos el diálogo con nuestra alimentación

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Pero más allá de estos estudios, que resultan contradictorios entre sí, lo más importante debería ser el entender qué relación hay entre lo que elegimos comer y los efectos que produce este alimento en nosotros; ¿será que nuestra alimentación es capaz de moldear nuestra salud a niveles, incluso, emocionales? Tal vez la respuesta esté en retomar un diálogo con nuestra alimentación; aprender a diferenciar los efectos físicos y anímicos de cada alimento y ser honestos con nosotros mismos sobre el resultado. En este sentido, conviene retomar las lecciones de Hipócrates sobre la posibilidad de que la alimentación sea, también, una herramienta para estimular el proceso natural de sanación y bienestar en el cuerpo humano, y cómo es que la cualidad primordial de la alimentación podría ser de corte “preventivo”, es decir, que funge como una especie de escudo invisible frente a los agentes externos de la vida, aquellos que podrían hacernos entrar en desequilibro (o enfermedad). 

Vale la pena poner en la mesa algunas recomendaciones que ha hecho la OMS para reducir calorías de manera saludable. Esta organización propone, entre otras cosas, que el consumo calórico esté en resonancia con el gasto de energía del individuo, y se tome en cuenta el índice de masa corporal de cada persona dependiendo la estatura, así como la edad y el género. Las grasas no deben superar el 30 % de la ingesta calórica total para evitar un aumento de peso y éstas deben ser de origen natural, como las de aceite de olivo o aguacate. Estar atentos también a la cantidad de sodio que ingerimos es importante; está comprobado que la sal, por ejemplo, puede ser sustituida por el chile,  mientras que el potasio, presente en verduras y en frutas como el plátano, puede mitigar los efectos negativos del sodio.

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Te aseguramos que seguir estas recomendaciones tendrá mejores efectos que una dieta rigurosa basada en reducir calorías, que para muchos es imposible de seguir. Reducir calorías no debería ser la meta, en su lugar te proponemos buscar la calidad en los alimentos que consumes, al fin y al cabo, los beneficios (o perjuicios) los notarás haciendo efecto en tu vida diaria.

*Referencias: The Benefits of Calorie Restriction



¿Cómo dejar de desperdiciar tanta comida? 5 claves

Dejar de desperdiciar comida no sólo es bueno para el planeta, sino que además puede ser delicioso.

Tu aliado para dejar de desperdiciar comida es el ingenio y el tenedor. Sí, porque la mayoría de lo que se tira es aún comestible. Por eso, una revolución puede empezar en tu cocina y en la mesa de tu casa.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), globalmente se desperdician al año 1,300 millones de toneladas de comida (de esto 6% corresponde a América Latina y el Caribe). Esto se traduce en 30% de cereales, entre 40 y 50% de raíces, frutas y verduras, 20% de carne y 35% de pescado que bien podrían alimentar a dos millones de personas.

comida-no-desperdiciar-claves Flickr Gunnar Grimes

En el caso de la carne, por ejemplo, ese 20% anual implica que de las 315 toneladas que se produjeron aproximadamente en 2015, se desperdiciaran más de 60 toneladas. Esto tiene un fuerte impacto ambiental, pues para  la producción de carne se necesita deforestar vastos territorios, utilizar millones de litros de agua y, además, lanza cantidades exuberantes de contaminantes a la atmósfera. Por eso, está comprobado que un día a la semana sin carne equivale a quitar un auto de circulación durante un mes.

La carne a su vez supone un incremento en la producción de cereales (un 80% se usa para la alimentación del ganado), mientras que el 70% de la pesca es usado también para eso. Así, cada desperdicio es una cadena de otros desperdicios que hacen a cada cifra más terrible de lo que parece. Pero si bien es innegable la necesidad de la producción a gran escala, los desperdicios podrían evitarse por completo. Y aunque muchos de estos problemas corresponde a los gobiernos y empresas paliarlos, también hay pequeños gestos que nosotros podemos hacer para coadyuvar a que el problema no crezca (y son de mucha ayuda).

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Mira aquí algunos consejos que puedes incorporar a tu vida cotidiana.

Confía en tus sentidos y no tanto en la fecha de caducidad

Muchas personas se han vuelto quisquillosas en lo que refiere a la caducidad de los productos. Pero éstas siguen muchas veces razonamientos de mercado que están orientados a indicar una fecha de caducidad anterior a la que es en realidad para evitar que la gente se pueda intoxicar, sobre todo en alimentos microbiológicamente muy perecederos (por eso en unos dice “consumo preferente antes de”). O también basados más en la pérdida del sabor original, más que en el hecho de que puedan ocasionar algún daño, como indica Dana Gunders, científica de comida del Consejo para la Defensa de Recursos Naturales en Estados Unidos.

comida-no-desperdiciar-claves-caducidad Flickr Cajón de sastre

Y es que la caducidad es algo difícilmente calculable, por lo cual lo mejor será que te bases en tu sentido del gusto y del olfato para saber si algo todavía sirve, y no tanto en la fecha de caducidad exacta. Claro, cuando hagas tus compras fíjate en las fechas, para poder calcular la duración de tu despensa sin que se desperdicie un solo alimento. En caso de que el alimento no esté en estado óptimo, pero tampoco te haga daño, esto es lo que puedes hacer:

Reutiliza de forma creativa

Cosas como el arroz o el pan pueden ser reutilizados, en caso de que no estén echados a perder pero que ya no te apetezca comerlos así nada más. Ambos puedes usarlos, por ejemplo, para empanizar con huevo unas ricas tortitas. Lo mismo puedes hacer con frutas y verduras, utilizándolas en batidos y postres, como mermeladas. Hasta el pan lo puedes usar en postres, como la famosa capirotada mexicana, cuya base es pan duro reposado en dulce de piloncillo (o panela).

Deshidrata

Así como estos innovadores mexicanos encontraron una solución masiva al desperdicio a través de la deshidratación con secadoras que funcionan mediante energía solar, tú puedes solucionar el desperdicio de frutas y verduras en tu hogar deshidratándolas. En esta versión sirven como un delicioso y nutritivo snack.

Hay tres formas para deshidratar alimentos: por calor solar, por el uso de deshidratadores comerciales eléctricos, o bien mediante estufas y hornos.

Así que puedes comprar uno, o incluso fabricar el tuyo como se muestra en este video

Organiza tus comidas y piensa integralmente tu menú

También es importante que antes de las compras pienses muy bien en las cantidades. Por eso existe la mencionada diferencia entre “fecha de caducidad” y “consumo preferente antes de”, porque de esta manera pueden funcionar como guías (aunque no absolutas) para cuando realices tus compras. Lo mejor será que organices un menú en una libreta o en tu celular, en el cual incluyas todas las porciones y te ayude a pensar en la duración de cada alimento para saber en cual día de tu menú lo utilizarás.

Y para conservar alimentos, además de deshidratar lo que sobre, hacer salsas, empanizados o postres, también puedes hacer de tu congelador un gran aliado:

Congela todo lo que puedas

Muchas cosas como las verduras y el pan se pueden congelar para mantenerse por más tiempo, pues muchas de las veces que tiramos comida es porque se encuentra levemente  oxidada o, como en el caso del pan, endurecido, cosas que la congelación evita que sucedan. Existen mitos como el que lleva a pensar que aquello que no fue congelado el mismo día de la compra ya no se puede congelar, pero no es así. Sólo fíjate en la fecha de caducidad y no habrá problema.

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Son muchas cosas las que se pueden congelar, entre ellas también el queso (excepto el blando, pues adquiere una consistencia extraña), así como la leche e incluso guisados de carne que, una vez puestos en la sartén recuperaran su sabor y textura originales. Únicamente debes cuidar que tus alimentos no pasen más de tres o cuatro meses en congelación, pues más allá de echarse a perder pueden verse afectados en su sabor por los cristales que genera el enfriamiento.

*Referencias: El informe FAO 2015
Losses and food waste in Latin America and the Caribbean

*Imágenes:1) Flickr Gunnar Grimes; 2) Flickr Cajón de Sastre