¿México autorizó la comercialización de maíz transgénico de Monsanto?

En las últimas horas ha circulado un comunicado de prensa de la Secretaría de Agricultura de México en el que supuestamente se autoriza la comercialización de semillas transgénicas a Monsanto: todo indica que el documento, sin embargo, es falso.

monsanto

El día de ayer se dio a conocer un comunicado de prensa falso a nombre de Monsanto, creado por el grupo de activistas Sin Maíz No Hay Vida. En dicho comunicado se afirma que la compañía recibió del gobierno mexicano la autorización para sembrar 250 mil hectáreas con maíz genéticamente modificado en el norte de México.

Más allá de ello, el comunicado enumera una serie de iniciativas falsas que Monsanto llevaría a cabo en México, como la conformación de un “archivo” llamado Bóveda Nacional de Maíz, donde las variedades de maíz endémicas serían preservadas. Además de ello, el comunicado falso afirma una serie de programas culturales que la gente de relaciones públicas de la verdadera Monsanto calificaron de “no realizables” e “hiperbólicas.”

Robert T. Fraley, encargado de tecnología e investigación de Monsanto a nivel mundial, afirmó que “Monsanto está comprometida con ayudar a los agricultores comerciales a transformar sus tierras en el producto económicamente más sustentable que sea posible”, afirmando que sólo los “ecologistas priorizan la biodiversidad sobre los problemas del mundo real.”

A pesar de que la pérdida de biodiversidad por causa humana nos pone frente a un panorama bioético como nunca antes en la historia, lo cierto es que las tácticas de desinformación de “Sin maíz no hay vida”, aunque simbólicas, se inscriben en un contexto donde el gobierno mexicano en realidad analiza autorizar la siembra de cultivos genéticamente modificados en el campo. Iniciativas similares se desarrollan en otros países y más recientemente en África, apoyados por la fundación no lucrativa de Bill Gates –pues se sabe que las ONG no proporcionan tantos dividendos como los GMOs.

[Disinfo]



El desastre ambiental del #huachicoleo y por qué urge frenar nuestro pánico colectivo

Es clave que sepamos los porqués de esta situación, que mantengamos la calma y sigamos informándonos.

Desde que comenzó el desabasto de gasolina el día de ayer, ha habido caos y molestia en la sociedad civil, que está viviendo una auténtica crisis. Pero, ¿está realmente justificada esta medida? ¿O qué tanto contribuyeron las fake news al pánico colectivo? ¿Y cuándo volverá todo a la normalidad?

Según afirmó Andrés Manuel López Obrador en su conferencia de prensa de hoy, los ductos de Salamanca-León fueron cerrados para poder detectar las redes alternas clandestinas que se han construido para sustraer el hidrocarburo de manera ilegal. Esto es lo que ha provocado el desabasto. Pero no solamente: la noción colectiva es que también podría deberse a que la medida no fue bien planeada.

 

¿Qué desató el pánico?

Hasta ahora parece que las fake news y las cadenas de WhatsApp son las que han promovido el caos, así como la información de boca en boca que hizo a la gente prevenirse. Lo malo es que esto último ocasionó filas literalmente kilométricas en las gasolineras de la CDMX (40 de las cuales ya suspendieron servicios), así como en gasolineras de otros estados, como Veracruz, Morelia y el Estado de México.

Pero el gobierno insiste en que no hay desabasto, sino atraso:

Apoyar esta medida podría ser importante para el medioambiente…

Otro dato que aportó AMLO en su conferencia matutina respecto al desabasto de gasolina y a otras medidas que está tomando su gobierno contra el huachicoleo, es que gracias a éstas ha habido una caída insólita en el robo de hidrocarburos. El día martes 8 de enero sólo fueron robadas 27 pipas, cuando la cifra estándar había sido de 1,000.

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Esto es importante para el medioambiente, pues algo de lo que poco se habla es de la huella ambiental del huachicoleo. Según los datos sobre sustentabilidad de Pemex, recogidos por HuffPost:

El huachicoleo provocó el crecimiento de 13.5% de las zonas contaminadas
por Petróleos Mexicanos de 2012 a 2015.

Y es que esta práctica de sustracción ilegal, que es realizada por una compleja red de diversos sectores involucrados, provoca el deterioro de los ductos. Durante el mismo período analizado en el Informe de Sustentabilidad 2015 de Pemex, este deterioro se incrementó un 23%.

Además, el derrame de estos combustibles durante su extracción ilegal puede dañar los suelos, provocando que pierdan sus propiedades físicas. Y su combustión en el aire al ser liberados lleva a un importante aumento en la emisión de gases de efecto invernadero, de acuerdo con José Víctor R. Tamariz Flores, investigador de la Benemérita Universidad de Puebla.

Evitar la huella ambiental que ha provocado el huachicoleo en los últimos años sería una buena razón para que, como ciudadanos, tengamos paciencia con la cuestión del desabasto de gasolina. Como sea, no debemos dejarnos llevar por fake news ni cadenas de dudosa procedencia: la información, en estos casos, es nuestra aliada, tanto para nuestra acción inmediata como para hacer cualquier reclamo a los políticos.



¿Por qué es tan necesario que la agricultura y los bosques se unan a favor de la conservación?

Aunque suelen percibirse como enemigos, existen formas de coexistencia sustentable enre el cultivo del campo, el bosque y la ganadería.

La agricultura, sobretodo a gran escala, se ha convertido en una amenaza de la biodiversidad. La expansión desmedida e irresponsable de las áreas de cultivo ha provocado la pérdida de miles de hectáreas de bosques y atentado contra la diversidad biológica que se concentra abundantemente en estos territorios. Según cifras de la FAO, alrededor de 4,400 millones de hectáreas en el mundo son destinadas al cultivo y esta superficie constantemente gana terreno a los ecosistemas originales.

Sin embargo, la agricultura es la base alimentaria del mundo desde épocas inmemorables. En el caso, por ejemplo, de México, el cultivo de la tierra tiene, y ha tenido, un rol crucial en el sustento, estilo de vida y cosmovisión de sus habitantes.

Debido a que ambos, agricultura y bosques, son esenciales para el futuro de las poblaciones del planeta, su alianza a favor de una coexistencia sostenible se presenta como algo imprescindible.

La problemática

Al igual que en otros lugares, en México ocurre un frecuente cambio de uso de suelo, de bosque a campo de cultivo, por la falta de incentivos en torno al aprovechamiento de recursos forestales frente al cultivo de, por ejemplo, aguacate o palma africana. Esto se debe en buena medida a que las comunidades, que por cierto poseen buena parte de las tierras boscosas, no encuentran en el bosque una fuente de ingresos, misma que si hallan en el campo.

Lo anterior tiene que ver con políticas que desincentivan la rentabilidad sustentable de los bosques. Por ejemplo, en México existen los pagos por servicios ambientales (PSA) que se otorgan a los dueños de las tierras ejidales, y que se tornan en una especie de compensación “pasiva” que no estimula a las comunidades a emprender como una empresa forestal comunitaria económicamente rentable, ni mucho menos a conservar su ecosistema con una correcta gestión del bosque y sus recursos. Esto en muchas ocasiones incentiva más bien la conversión de bosques en tierras agrícolas o la concesión a otros mecanismos de aprovechamiento, no sustentable, como lo son la minería o el desarrollo urbano.

Soluciones

A raíz de estas problemáticas han surgido planteamientos, desde la filosofía del manejo forestal comunitario, como el de practicar la agroforestería comunitaria –una especie de agricultura climáticamente inteligente– para impulsar la variabilidad de la diversidad biológica dentro de los bosques.

Como bien señala el Consejo Civil para la Silvicultura Sostenible, se ha comprobado que la agroforestería o agrosilvicultura es un sistema efectivo en el manejo sostenible de los suelos forestales. Básicamente se trata de conjugar, bajo un mismo terreno, dos, o incluso tres, de los actores en disputa: agrocultivo, bosque y ganado. En México esta técnica de cultivo inteligente, y otras más como la agricultura orgánica y la silvicultura comunitaria, han demostrado sus incontables beneficios, tanto para las economías locales como para la mitigación del cambio climático.

La importancia de sustituir las prácticas agrícolas contaminantes, por otras más sustentables, adquirió mayor fuerza en el país a propósito de la última convención sobre Diversidad Biológica, la COP13.

 

En México, la agricultura y el bosque podrían aliarse a favor de la conservación

En México, históricamente se ha incentivado, por medio de subsidios y alicientes, la agricultura y la ganadería a costa de la superficie forestal. Lo anterior se traduce en uno de los principales motores de deforestación, en buena medida por falta de políticas y regulaciones que eviten que se termine subsidiando el derribo de los bosques para producir carne, aguacates o aceite de palma.

Con los acuerdos emitidos en esta cumbre realizada en Cancun, México concretó dos importantes convenios que podrían, en caso de aplicarse correctamente, facilitar la relación entre agricultura y bosques en el país de manera sostenible:

Por un lado se encuentra el acuerdo de colaboración entre SAGARPA y SEMARNAT, que enuncia una nueva etapa en la coordinación de sus sectores correspondientes. Se trata de una alianza para promover estrategias conjuntas y evitar que más zonas forestales sean convertidas en agropecuarias o ganaderas. Aunque todavía no se especifican los métodos para lograrlo, se ha acentuado principalmente la prohibición de proyectos que intenten trasmutar tierras forestales en agrícolas, como ha sido el caso del cultivo del aguacate, que es responsable de la pérdida de millones de hectáreas forestales en México. Mediante este acuerdo, básicamente se prevé una compatibilidad entre desarrollo económico, sustentabilidad alimentaria y preservación del medioambiente, tres conceptos que remiten a la silvicultura y agroforestería y que, esperemos, se encuentre dentro de las metas a impulsar.

Por otro lado, durante la COP13 se acordó un convenio entre SAGARPA y CONAFOR, que versa sobre la posibilidad de mitigación de cambio climático en áreas rurales, por medio del buen manejo de incentivos agropecuarios y forestales, –ya que éstos no se encuentran en equilibrio–, los sistemas agroforestales y la inclusión de políticas y programas para el desarrollo de actividades sustentables en el campo.

Son más de 8 mil comunidades forestales las que habitan en México. Personas con conocimientos de campo, preparadas y dispuestas a aprovechar sus recursos de una manera rentable y sustentable. La solución al cambio climático bien podría estar en manos de estas comunidades que ya comienzan a practicar la agricultura y manejo forestal inteligentes a favor de la conservación, solo hay que garantizarles la oportunidad.