Las plantas absorben menos ozono durante las olas de calor

Durante las olas de calor, las plantas tienden a absorber menos contaminación del aire; esto conlleva un mayor riesgo para la población humana de desarrollar enfermedades respiratorias.

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Un estudio publicado en la prestigiosa Atmospheric Chemistry and Physics encontró que durante las olas de calor, las plantas tienden a absorber menos contaminación del aire; esto conlleva un mayor riesgo para la población humana de desarrollar enfermedades respiratorias. Lisa Amberson y sus colegas creen que hasta 460 personas pudieron morir durante la oleada de calor que sacudió al Reino Unido durante el 2006.

El estudio describe la función de las plantas para limpiar la contaminación del aire: las plantas absorben ozono, y aunque el ozono es bueno en la atmósfera para contrarrestar los rayos que vienen del espacio exterior, cuando el ozono se queda en la superficie de la Tierra es el principal componente del smog y fuente de enfermedades respiratorias.

El ozono se produce en la superficie debido a la oxidación fotoquímica de dióxido de carbono, metano y otros compuestos orgánicos –en otras palabras, nuestros combustibles y emisiones industriales. Usualmente las plantas ayudan a contener las emisiones de ozono a través de las stomata, pequeñas ranuras en las hojas; pero durante las olas de calor las plantas cierran sus stomata para evitar perder el agua necesaria para seguir vivas. Mientras más seco el suelo, más cuidarán las plantas su agua, cerrando las stomata.

El peligro de esto es que al absorber menos ozono, las plantas no evitan que el ozono inunde las poblaciones. Es preciso contener y limitar al máximo las emisiones de dióxido de carbono, especialmente durante la temporada de calor.

[NatGeo]



Conoce al científico mexicano que descubrió el agujero de la capa de ozono

Mario Molina estudió, desde los años setenta, el himen que permite la proliferación de la vida: la capa de ozono posibilita la fotosíntesis, el origen de la diversidad.

Hoy, el consenso sobre el calentamiento climático es un hecho. Lo que pareciera una obviedad, tomó décadas para que fuese considerado seriamente. En el descubrimiento de este dramático hecho, un mexicano jugó un esencial eslabón: Mario Molina, ganador del Premio Nobel por sus estudios sobre la capa de ozono.

Antes de Molina se desconocía que la atmósfera tuviera una capa de gases que nos protegía de los rayos ultravioleta, mucho menos se sabía de la formación de un agujero que nos expondría a los rayos del sol. Molina desde 1975, realizó una serie de estudios sobre la capa de ozono, que hoy son imprescindibles para dimensionar la importancia de este fenómeno en el aumento de enfermedades como cáncer de piel.

La capa de ozono es el filtro entre las radiaciones nocivas y las benéficas. La fotosíntesis y por lo tanto la vida en el planeta es consecuencia de la radiación ultravioleta que llega a la superficie terrestre en dimensiones justas gracias a la capa de ozono.

El calentamiento global está relacionado estrechamente con la capa de ozono. El mejor llamado cambio climático es provocado por los gases de efecto invernadero que se quedan en la atmósfera (metano, dióxido de carbono, óxido nitroso y gases fluorados) que son los responsables de la apertura en la capa de ozono. La retención de estos gases impide que los rayos ultravioletas, que de por sí entran con mayor intensidad por el agujero de la capa de ozono, no salgan de vuelta al espacio. De esta manera se está promoviendo un aumento en la temperatura mundial: se prevé que este siglo la temperatura aumente de 3 a 4 grados.

Gracias a Mario Molina se atendió un problema que será cada vez más ineludible. Mientras el mundo juzgaba de fanatismo el cambio climático, el cosmos científico ha reconocido la inminente necesidad de disminuir los gases que llegan a la atmósfera, en gran parte, gracias a los descubrimientos de este mexicano y su persistencia ante un escepticismo generalizado.



Descubren cuatro nuevos gases que están destruyendo la capa de ozono

A pesar de las restricciones ambientales, investigadores del tema han detectado cuatro nuevos gases, generados por el ser humano, que están destruyendo esta capa.

La capa de ozono, aquella protección que goza el planeta en contra de los rayos ultravioleta que provocan cancer en la piel y cataratas en los ojos, se ha recuperado poco a poco de su ruptura química desde hace más de 30 años. En aquel entonces se tomaron medidas para evitar que la destrucción continuara: se prohibieron ciertos químicos como aerosoles para el cabello, espumas y refrigerantes.

Sin embargo, y a pesar de las restricciones ambientales, investigadores del tema han detectado cuatro nuevos gases, generados por el ser humano, que están destruyendo esta capa. Un estudio reciente señala que este suceso se debe a los productos industriales, como pesticidas y refrigerantes; los cuales se encontraron en el hielo de Groenlandia, y en el aire de Tasmania, Australia.

El autor del estudio, Johannes Laube, de la Universidad de East Anglia, en Inglaterra, explica que:

Las concentraciones no son todavía un riesgo para la capa de ozono. Sin embargo, se encontraron tres tipos de CFC (clorofluorocarbón) y un HCFC (hidroclorofluorocarbón); primero en Groenlandia, después en Tasmania. Esto indicó que los gases se produjeron en el hemisferio norte y luego volaron al sur. Estamos planeando investigar más a profundidad, tomar muestras de aire alrededor del mundo, quizá eso pueda ayudarnos a encontrar las fuentes.

De acuerdo con el periódico Nature Geoscience, se estima que se han liberado en la atmósfera más de 74 000 toneladas de estos gases; de los cuales, ninguno se encontraba en la Tierra durante la década de los 60. Mientras que Laube menciona que las emisiones del gas CFC ha incrementado rápidamente en los últimos 20 años.

Por el otro lado, el mismo autor también aclara que estos mismos también pueden ser potentes gases del efecto invernadero, aunque sea en pequeñas cantidades: “El CFC es cien veces más poderoso que el dióxido de carbono al atrapar el calor en la atmósfera.”

Por consiguiente, y aunque aclaren que estos gases no son tan nocivos (por el momento), es importante mantener el dedo en el renglón en la cuestión de investigación e impacto ambiental. Es más factible prevenir el problema que contenerlo durante la crisis.