La genética explica por qué algunos pavos salvajes son sexys y otros no

Aunque creemos que la apariencia es sólo un aspecto de la vanidad humana, la naturaleza y sus extrañas formas de expresión en ocasiones privilegian la apariencia de un individuo no para beneficio propio, sino de la especie. En un estudio de Judith Mank y sus colegas, biólogos del University College de Londres, se analiza el […]

wildturkey
He aquí un pavo sexy.

Aunque creemos que la apariencia es sólo un aspecto de la vanidad humana, la naturaleza y sus extrañas formas de expresión en ocasiones privilegian la apariencia de un individuo no para beneficio propio, sino de la especie.

En un estudio de Judith Mank y sus colegas, biólogos del University College de Londres, se analiza el “cortejo cooperativo” que llevan a cabo algunas especies animales, entre ellas el pavo salvaje. A pesar de que todos los miembros de la especie comparten el mismo material genético, algunos machos muestran un plumaje exhuberante, mientras otros desarrollan uno más “modesto”, por llamarlo de alguna manera.

La diferencia para Mank es que, aunque todos los machos compartan el mismo código genético, algunos individuos lo expresan y otros no. ¿En qué consiste esta expresión? Lo único que puede dar pistas a los investigadores es que los pavos machos luchan entre ellos para dominar el grupo durante el invierno, justo antes de alcanzar su madurez sexual.

El vencedor se convertirá en el macho alfa durante la primavera, desarrollará el plumaje más elaborado y los otros machos le ayudarán a conseguir hembras. Esta subordinación de algunos miembros de la especie en el grupo social y su relación con el comportamiento del grupo son una línea de investigación que permitirá a los investigadores comprender mejor cómo se produce la expresión genética en los individuos de una especie, basándose en el comportamiento del individuo y en su función dentro del grupo más que asumir que todas las características genéticas contenidas en un individuo se desplegarán naturalmente durante la vida de este.

[PopSci]



El origen es el destino: ¿es cierto que el futuro está en nuestros genes?

La genética se ha vuelto un polémico campo de estudio. Ahora se cree que el ADN es un vidente.

El mundo está construido, en gran parte, sobre ilusiones. Y el futuro es una de ellas.

Si algo demuestra nuestra obsesión con ese tiempo que aún no es –y lo poco que sabemos habitar el presente–, es nuestro fetichismo por la predicción, una habilidad por la cual nos sentimos inevitablemente atraídos.

Al parecer, esta es una habilidad que realmente poseemos. Según la neurociencia, nuestro cerebro es capaz de detectar eventos futuros, lo que supone que no todo en el ámbito de la videncia es mera superstición o irracionalidad. Se trata de una increíble gama de actividades cognitivas anticipatorias que, aparentemente, existen por razones evolutivas.

 

Pero, ¿el destino está escrito en los genes?

genes-futuro-prediccion-adn-genetica-determinismo-biologico

La genética también se ha interesado en las capacidades predictivas que pueda tener nuestro organismo, pero lo ha llevado a un límite extremo. La premisa del nuevo libro del genetista Robert Plomin, Blueprint, es que el ADN es una suerte de vidente, ya que en nuestros genes está inscrito nuestro futuro.

El problema es que Plomin se basa en una idea ya anacrónica –y muy problemática a nivel filosófico–: que no hay mejor herramienta para saber quiénes somos que mediante los genes; éstos son tan importantes que seguramente tienen inscrita nuestra evolución individual. Esta es una afirmación sumamente categórica, e incluso determinista. Para Plomin, lo único que importa es el ADN, y no las condiciones externas que nos rodean.

Pero precisamente porque es un problema de índole filosófica, un pensamiento tan determinista también tiene implicaciones éticas y morales. Afirmaciones categóricas como las de Plomin pueden ser peligrosas, porque el determinismo biológico ha llevado a clonar animales, a “diseñar” bebés y a modificar los cultivos, como en el caso de Monsanto, que incluso está experimentando con cultivos de marihuana.

Este determinismo también ha conducido a la eugenesia y a la polémica distinción de capacidades intelectuales según la raza, un argumento que no ha aguantado la prueba del tiempo, pues una gran cantidad de investigaciones realizadas por genetistas apuntan a que todos somos mestizos y lo esencial no está en los genes.

Predecir el futuro a través de los genes podría ser la base de alguna ficción distópica.
Pero no está sustentado científicamente.

De hecho, algunos detractores de lo que también se ha llamado “darwinismo social” afirman que esta visión sólo contribuye a justificar conductas racistas, individualistas y egocéntricas. Autores como Jörg Blech han defendido la idea contraria a la de Plomin: el destino no está escrito en los genes –así, de hecho, se llama uno de los libros de Blech–.

Estos autores llaman a prestar atención a que vivimos en una sociedad que está formada por un crisol de culturas y tradiciones que, evidentemente, tienen un impacto en nuestra evolución, así como en quiénes somos y en quiénes seremos. Lo cual es una importante reflexión que bien podemos hilar con otra: debemos aprender a vivir el presente. Porque, ¿en verdad importa si algo nos puede decir nuestro destino? ¿De que serviría?

Como decía el escritor uruguayo Eduardo Galeano: “somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”. Nada está escrito.



Espontáneos retratos de animales salvajes en la oscuridad

George Shiras revela lo desconocido y da fe de la belleza de un mundo en el corazón de la noche.

Para retratar la naturaleza salvaje hace falta una fotografía salvaje, una imagen que tenga una relativa falta de control en la composición y que se arriesgue en el proceso experimental.

Así es la fotografía de George Shiras, el padre de la fotografía de la vida silvestre nocturna. Shiras fue el primero en utilizar el flash para retratar a los animales salvajes en la oscuridad, revelando lo desconocido y dando fe de la belleza de un mundo en peligro de extinción.

animales salvajes en la oscuridad
George Shiras y su asistente John Hammer a bordo de su canoa equipada en el Lago Whitefish, región del Lago Superior, Michigan, 1893

En la colección George Shiras: In the Heart of the Dark Night, los animales quedan paralizados por la luz  que emite la cámara. Las imágenes fueron recolectadas en las aguas del Lago Superior de Michigan, EE.UU., durante la noche, cuando los sonidos, las formas y los movimientos parecían más misteriosos y dramáticos.

Poco a poco Shiras fue retratando ciervos de cola blanca, un búho nevado, un alce en la niebla y un mapache, entre otros animales silvestres.

En cada imagen lograba cazar a estos animales en sus rutinas nocturnas donde se detenían a observar, darse la vuelta o correr.

animales salvajes en la oscuridad 9
George Shiras

Las imágenes documentan una especie de intervención y registran la interacción humana y animal. Para fotografiar de noche, Shiras imitaba una técnica de caza que aprendió de la tribu ojibwa llamada jacklighting, cuando el fuego se coloca en una bandeja en la parte delantera de una canoa, y el cazador se sienta en la proa del bote.

Así como a Shiras, la noche ha inspirado a grandes artistas e intelectuales, como Charles Baudelaire, que encontraba inspiración en los búhos y los gatos, animales salvajes en la oscuridad y emblemas de su encanto.

animales salvajes en la oscuridad 2
George Shiras
animales en la oscuridad 3
George Shiras
animales en la oscuridad 4
George Shiras
animales en la oscuridad 6
George Shiras
animales en la oscuridad 5
George Shiras
animales en la oscuridad 8
George Shiras