Espléndidas casas de árbol en el mundo (FOTOS)

Doce fantásticas casas construidas en los árboles que algún día habría que visitar.

Muchos de nosotros tuvimos el sueño de tener una casa en un árbol alguna vez cuando éramos niños. Lo asombroso es que no sólo los niños sueñan con esto, sino que arquitectos renombrados y adultos creativos también; con la diferencia de que ellos pueden llevarlo a cabo más allá de unas tablas de madera y unas cuantas telas (sin restarle belleza a eso).

Pero, ¿qué es lo que nos lleva a querer estar arriba de un árbol? Quizá sea la aventura, o una especie de conexión con nuestro humano primitivo, pero también cabe la posibilidad de que estar allá arriba, entre el follaje de un árbol, nos haga sentir la frescura de la naturaleza como pocas otras cosas lo hacen. Y eso es suficiente para construir una de estas.

Aquí te presentamos algunas de las más hermosas y envidiables casas en árboles de alrededor del planeta. Tal vez, además de servir de inspiración, nos recuerden que cualquier sueño es realizable y que las emociones de la niñez bien se pueden recuperar y sublimar cuando somos adultos.

Vía Visualnews



Como nosotros, los microorganismos se unen por un bien común

Los microorganismos de nuestro cuerpo dan pauta para pensar lo inevitable: nacimos para generar comunidad.

Gracias al descubrimiento de la simbiosis, ahora sabemos que los organismos cooperan para beneficiarse mutuamente. Esta visión biológica contribuyó a reafirmar una idea que tanto la filosofía como la ciencia llevaban madurando durante bastante tiempo: la vida es una unidad y todo está conectado.

Así como los ecosistemas sirven de hogar y sustento para una infinidad de especies, incluida la nuestra, el ser humano es también morada de diversos organismos. Desde nuestro nacimiento adquirimos bacterias que benefician nuestra salud de distintas formas, pues ayudan a regular la digestión y protegen el sistema inmunológico. Así, el cúmulo de lo que nos conforma como seres vivos no se reduce sólo a nuestro cuerpo, sino que incluye a las especies que lo habitan y que han evolucionado junto con él durante miles de años.

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Hechos como este han propiciado un debate dentro de la ciencia que bien podría aplicarse a las sociedades humanas: ¿los organismos se unen por un bien común o explotan las contribuciones de otros para beneficio propio? La evidencia parece inclinarse más por la primera opción. Como apunta el profesor Chris Thompson, del University College de Londres:

La cooperación es fundamental para el éxito de la mayoría de los organismos del planeta, desde microbios hasta humanos.

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En efecto, la tendencia a unirse en comunidad existe en la naturaleza hasta el grado más insospechado. Por ejemplo, la ameba conocida como Dictyostelium discoideum habita el fango como una entidad unicelular, pero al quedarse sin comida decide unirse a otras para formar un cuerpo fructífero que produce esporas para perpetuar la especie.

Sin duda estamos conectados a los seres que comparten este planeta, pero también al planeta mismo. Nuestros cuerpos responden a lo que ocurre en nuestro entorno: basta con recordar la sincronía natural que existe entre el ritmo biológico que regula naturalmente nuestros ciclos de sueño y los días que transcurren en el exterior. Bajo esta concepción, la idea de que todos evolucionamos en conjunto con la naturaleza no resulta descabellada.

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Así como la naturaleza se reinventa en constantes relaciones de unión, también las barreras entre los seres humanos pueden difuminarse cuando nos enfocamos en el espacio-tiempo que nos acoge como especie. La reconfiguración de las sociedades en el marco de la globalización es un claro ejemplo de que las divisiones rígidas (como las fronteras que dividen a los países) son cada vez menos relevantes. El geógrafo Peter Merriman propone cuestionar la separación entre los humanos y el espacio en el que existen. El movimiento, las sensaciones, la energía y el ritmo que envuelven a ambos en un constante devenir son cruciales para comprender el funcionamiento de la vida. 

Más allá de las particularidades que pueden llegar a fragmentarnos, la formación de comunidades es un ejercicio que hemos practicado desde tiempos remotos. Ya sea que se trate de cuidar el medioambiente, combatir injusticias o construir un lugar para intercambiar ideas, la necesidad de generar espacios para la unión es una característica vital que está codificada en toda la naturaleza. Así como los organismos evolucionan en conjunto, la cooperación constante es aquello que permite aumentar nuestra fuerza de obrar y transformarnos en aras de un bien mayor. 

 

* Imágenes: 1) A Cabinet of Curiosities; 2) Sarah Schönfeld; 3-4) Daily Overview



Recorre la casa del árbol más grande del mundo (Video)

Un mandato de Dios inspiró al ministro Horace Burgess a construir la casa del árbol más grande del mundo.

Arquitectura surrealista edificada a 30 metros de altura a lo largo de seis árboles diferentes. Así es la Casa del árbol del Ministro en Crossville, Tennessee; la casa de árbol más grande del mundo, que tardó 15 años en construirse.

Un roble de 24 metros es la estructura principal que sostiene toda la casa. La base es de 3 metros y la fachada masiva es impresionante, cubre 80 cuartos. Su nombre, la Casa del árbol del Ministro (Minister’s Tree House), se debe al ministro Horace Burgess, quien la construyó.

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La Casa del Ministro, o el producto de la inspiración divina

Burgess no era arquitecto, cuestión que hizo que la casa no fuera del todo funcional o segura. Sin embargo eso la hacía divertida.

El geógrafo y fotógrafo Chuck Sutherland afirma:

Había puertas que no te llevaban a donde pensarías, las escaleras estaban en lugares inesperados, había una canasta de básquetbol en el cuarto central, donde también se hacían misas los domingos.

El origen de la Casa del Ministro es curioso, ya que Burgess, un predicador local, se desempeñó como el único diseñador, ingeniero y constructor de la estructura.

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Según cuenta Burgess, comenzó la construcción en 1993 después de que Dios lo visitó mientras oraba y le dio la instrucción de construir una casa en el árbol, prometiéndole que nunca se quedaría sin recursos.

Al final, el mandato se hizo realidad. Burgess pasó las siguientes dos décadas con $12,000 USD trabajando en su obra arquitectónica y, como se predijo, nunca se quedó sin suministros.

Tiempo después, la inusual arquitectura de la Casa del Ministro la convirtió en un destino popular para los turistas, cuestión que provocó que fuera clausurada en el 2012.

Quizá esa visión religiosa podría ser la inspiración que llevó a que se crearan algunas otras de las estructuras más famosas del mundo, como la Sagrada Familia de Gaudí, la Basílica de San Pedro en el Vaticano o la Mezquita Azul en Turquía, ¿o no?