Alfredo Moser: inventor de foco a base de agua y cloro que ha cambiado un millón de hogares

Desde el 2002, esta innovadora idea ha cambiado la vida de miles de personas viviendo en la pobreza, dándoles una fuente de luz alternativa.

El mecánico brasileño Alfredo Moser descubrió que una botella de plástico con agua y cloro pueden iluminar el interior de una casa durante el día, así remplazando el uso de energía eléctrica. Estas lámparas funcionan con la refracción de la luz solar, utilizando cloro para evitar que el agua se torne verde por moho o algas. Luego de llenar la botella con agua y un poco de cloro, se hace un hoyo el en techo y la botella se mete a presión, después de fija con una resina para evitar goteras. Según Alfredo, se estima que dependiendo de la cantidad de sol durante el día, la luz puede alcanzar de 40 a 60 watts.

El “Método Moser” ha sido utilizado en todo el mundo, por ejemplo en las Filipinas en donde la organización MyShelter ha instalado este tipo de foco desde el 2011 y además, ha enseñado a las personas a instalarlas,  así creando empleos. El método se emplea en otros quince países, que incluyen India, Bangladesh, Argentina y Fiji, entre otros.

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En términos de energía y sustentabilidad, una lámpara moser no emite CO2, mientras que un foco de 50 watts encendido por 14 horas al día emite casi 200 kg de CO2 en un año; las botellas que se utilizan siempre son recicladas y vienen de la misma comunidad, por lo que no se utiliza energía para transportarlas.

Moser continúa viviendo de manera sencilla a pesar de haber cambiado la vida de muchas personas que utilizan su invento para iluminar viviendas, pequeñas tiendas y granjas hidropónicas caseras. Describe su invento de la siguiente manera: “Es una luz divina. Dios le dio el sol a todos, y la luz es para todos. Si alguien la quiere utilizar, puede hacerlo y ahorrar dinero… Un hombre instaló estas lámparas y en un mes había ahorrado suficiente para pagar las cosas esenciales para su hijo, que estaba apunto de nacer. ¿Se lo pueden imaginar?”

Este invento además de ser inspirador, demuestra que hay opciones sustentables al alcance de todos.

[BBC]



Concebir la energía eléctrica como derecho humano: una lección indígena

En Bolivia la energía eléctrica ya no es un servicio, sino un bien común al que todos podrán acceder.

Para los aymaras ­–la principal comunidad indígena de Bolivia– existe una relación profunda entre el mundo invisible y el mundo visible. Al primero le llaman ukhu pacha y al segundo kay pacha. La energía pertenece al mundo invisible e intangible, al ukhu pacha, y es el alimento del espíritu, o ayju. Este mundo invisible, donde se mueven las fuerzas energéticas, está lleno de poderosos simbolismos, y es el que provee de un equilibrio a las relaciones entre las comunidades y la naturaleza, propias del mundo visible o kay pacha.

Esta rica cosmovisión ancestral es la que está moldeando toda una nación. Porque Bolivia es hoy un país dirigido en su mayoría por indígenas, los cuales se han adaptado de maneras muy resilientes y originales a las dinámicas de la vida contemporánea, sin dejarse absorber por nociones incompatibles con sus creencias.

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Así, las concepciones religiosas, éticas y productivas de los indígenas bolivianos están transformando muchas nociones. Incluso están redefiniendo la manera como nos relacionamos con “servicios” como la energía eléctrica.

Porque los pueblos indígenas en Bolivia han hablado: la energía eléctrica debe ser un derecho humano y formar parte del buen vivir.

Desde 2009 existe una nueva constitución en el país andino, la cual fue el resultado de un largo proceso constituyente en el que la sociedad se vio realmente representada. En la nueva constitución del Estado Plurinacional se estableció a la energía eléctrica, junto con otros servicios básicos, como un derecho humano.

Pero esto ha pasado de la tinta a ser una realidad concreta: los costos del bien común energético han bajado tanto que la tarifa eléctrica en Bolivia es la más baja de Sudamérica.

Y es que desde 2006 –y tras algunas dificultades técnicas– se implementó la Tarifa Dignidad: un decreto que logró que sectores marginados –sobre todo rurales– pudiesen acceder a un consumo eléctrico de 70 kWh por casi la mitad de la tarifa que se había mantenido hasta entonces. Es decir: más energía a menor precio. Desde entonces la cobertura ha crecido un 20%, pues en 2005 ésta alcanzaba sólo al 70% de la población.

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Ahora, 90% de los bolivianos cuentan con energía eléctrica.

Y se prevé que para 2025, el 100% de la población cuente con el bien común eléctrico.

Aún hace falta incrementar la producción de megavatios sin que eso implique subir los costos, así como fomentar que la energía eléctrica no dependa de ninguna fuerza económica, de manera tal que su abasto no se vea afectado por ninguna crisis. Por eso, otro objetivo será diversificar la matriz energética, pasando de la producción de energías subterráneas –a base de carbón– y de termoeléctricas, a energías sustentables como las eólicas y solares; esto como parte de una agenda que priorizará también el combate a la crisis climática.

Esto es expresión, una vez más, de una cosmovisión milenaria: porque para los aymaras la tecnología tiene que ser más orgánica, siguiendo los ritmos de la naturaleza y no de la eficiencia económica

La ONU reconoció a Bolivia como país líder en inversión en energía eólica.

Se espera que para 2030, el 80% de la energía provenga de fuentes renovables.

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La radical lección de los indígenas bolivianos es que la energía no puede ser una mercancía, y ni siquiera sólo un subsidio, como se ha insistido en las economías neoliberales. Se ha comprobado que algo tan fundamental como la energía eléctrica no puede dejarse en manos del azar –o en términos técnicos, de los flujos del precio y la demanda–, sino que debe ser gestionado por el Estado y la sociedad.

Es así que la energía tiene que considerarse un bien común y un derecho al que todos deben tener acceso. Porque la nuestra es una cultura de la energía desde tiempos inmemoriales. Y en la actualidad, es gracias a su forma eléctrica que hemos podido reproducir nuestra existencia con una facilidad extraordinaria, cambiando nuestra forma de trabajar, de alimentarnos e incluso acelerando el aprendizaje colectivo a través de la tecnología.

Y a algo así no se le puede poner precio. No se puede comerciar con la energía eléctrica, pues al hacerlo estamos comerciando con la necesidad de la gente. Porque hoy, quien no cuenta con acceso a la energía eléctrica se vuelve una especie de exiliado de la sociedad: a quien se le niega la energía eléctrica se le está marginando e incluso violentando, colocándosele en desventaja frente a otros.

Por eso, y una vez más con su ejemplo vivo, los pueblos indígenas están iluminando el camino hacia la sociedad del futuro.

Sandra Vanina Greenham Celis
Autor: Sandra Vanina Greenham Celis
Colaboradora del proyecto político Colectivo Ratio. Le gusta potenciar la depresión en su psique consumiendo productos culturales de las postrimerías del siglo XX. Cree teleologicamente en el arribo de la humanidad al comunismo.


Esta pintura creará energía solar en casas y edificios

Esta innovadora pintura es capaz de absorber la energía solar para ayudar a casas y a edificios a producir su propia energía.

En los últimos años, la energía ecosustentable no se ha convertido en una herramienta indispensable para la la transición hacia un bienestar ecológico. Una manera de lograrlo es el desarrollo de dispositivos y tecnologías inovadoras. 

Entre los programas que actualmente se encuentran formándose, se encuentra el uso de páneles solares que dan vida a una nueva generación de energía mediante la pintura. Este proyecto ha estado a cargo de un grupo de investigadores de Royal Melbourne Institute of Technology –RMIT–, el cual creó una pintura que puede ser usada para generar energía limpia. 

La pintura combina óxido de titanio y sulfuro de molibdeno sintético, la cual actúa como gel sílice que encapsula con productos protectores la humedad. De acuerdo con el reporte de RMIT, el material absorbe tanto energía solar como humedad en el aire, separándolo después en moléculas de oxígeno y nitrógeno y resguardando el hidrógeno para en células semejantes a un pánel solar para brindar energía a un vehículo. 

En palabras de Torben Daeneke, el investigador principal, “la simple adición de un nuevo material puede convertir una pared de ladrillos en energía y producción de combustible.” Se espera que esta pintura alcance un precio accesible para el uso cotidiano en una variedad de climas, ambientes y humedades: “Cualquier lugar que tenga vapor acuático en el aire, incluyendo las remotas áreas de cuerpos de agua para que se pueda producir combustible.”

Puede ser usada para cualquier tipo de superficie, permitiendo que se transforme la pared en una estructura de productora de energía. Se trata de una tecnología con una tendencia innovadora hacia el cuidado del medio ambiente y del bienestar de la humanidad.