Usos y abusos del lenguaje de la publicidad en alimentos

Preguntarnos qué es lo que consumimos (si el producto o si el mensaje de ventas) nos permitirá tomar mayor conciencia de nuestros hábitos de compra.

El lenguaje de la publicidad no es ni por mucho neutral: está pensado para fijar o introducir realidades en la mente de los consumidores, realidades que pueden o no estar directamente relacionadas con los beneficios de los productos.

El auge de los productos naturales, orgánicos, sin conservadores, sin GMOs, así como el ala de la tecno-comida, la nanonutrición y todos sus derivados ha producido, desde principios de los 90, un lenguaje de publicidad que ha dado a ciertas palabras un sentido que puede confundir a los consumidores.

Órganos de gobierno como la FDA en Estados Unidos o la Cofepris en México son los responsables de vigilar que el lenguaje de la publicidad acerque efectivamente a los consumidores a los beneficios que las marcas reportan para sus productos, además de vigilar que tales beneficios sean reales.

En el libro Food Politics: How the Food Industry Influences Nutrition and Health, Marion Nestle (no relacionada al parecer con el gigante suizo, Nestlé) evalúa no solamente el lenguaje de la publicidad para alimentos procesados, sino también cómo esos lenguajes van dado forma a realidades confusas en la percepción de los consumidores. El valor de la comida, para Nestle, “se ve reducido a un simple ingrediente funcional”, una lógica que nos hace creer que un producto sirve para perseguir un sólo fin nutricional, creando incluso una lógica suplementaria en la economía calórica.

Durante los 90, por ejemplo, con el auge de las bebidas carbonatadas “light”, la gente comenzó a sustituir determinadas proporciones calóricas por otras. La periodista Michelle Stacey escribió sobre la economía calórica que “la primera razón para la existencia de la soda de dieta es para compensar por otros pecados –es una ecuación, una transacción numérica, y tal vez un pequeño juego que jugamos con nosotros mismos.”

¿Bacterias en beneficio de la salud?

Otro nicho utilizado por el lenguaje de la publicidad es el de los productos que están en la frontera entre los alimentos y la medicina. Yakult, por ejemplo, se comercializa desde hace décadas con la bandera del lactobacilo casei Shirota, nombre que recibe del científico japonés que aisló la bacteria presente en Yakult (que al parecer ayuda a prevenir enfermedades y a fortalecer la flora intestinal) e inventó el producto. Incluso las porciones de Yakult se comercializan en porciones individuales, como si de una dosis diaria de medicamento se tratara.

Productos como este o como Activia de Danone, otro yogurt probiótico, son consumidos enteramente por la creencia en sus probables beneficios para la flora intestinal o para la digestión, más allá de su sabor u otras características presentes en la comercialización de la comida.

La última tendencia en la ingeniería de alimentos involucra la nanotecnología (todo aquello que mida menos de un billonésimo de metro), encapsulando nutrientes de un tipo de comida en otra, o “mejorando” las características naturales de los alimentos. Pero habría qué preguntarse qué tanto la nanotecnología actúa en beneficio de la salud de los consumidores y qué tanto en realidad beneficia los procesos de producción de los alimentos procesados, permitiendo que un tipo de comida con ciertos beneficios naturales se promueva como la punta de lanza de la nutrición.

Algunos de estos corto-circuitos cognitivos en la comida se dan por ejemplo en la publicidad para niños. Los Froot Loops Marshmallow de Kellog se anuncian como una “buena fuente de vitamina D”, a pesar de que contienen 48% de azúcar.No sólo las enormes etiquetas al frente de los productos crean la percepción de que un alimento puede ser más nutritivo de lo que realmente es: la tabla de contenidos nutricionales, presente por ley en todos los alimentos comercializados a través de tiendas de conveniencia y aprobados por las instancias de salud de los distintos países, también fallan en aportar una correcta interpretación de los contenidos nutrimentales de la comida, por un lado, y sobre la forma en que se producen, por otro.

Consumo de percepción

El lenguaje de la publicidad también genera expectativas incorrectas sobre lo que un producto ofrece. Por ejemplo, la marca Vitaminwater se promociona como una bebida de alta tecnología para un mercado de ejecutivos y deportistas de alto rendimiento. Su fórmula consiste en añadir algunas vitaminas y minerales para vender agua al doble del precio comercial del agua embotellada sin estos añadidos, sin contar los 32 gramos de azúcar extra por botella.

La marca, propiedad de Coca-Cola, añade también una expectativa suplementaria al diferenciar los subproductos de Vitaminwater como “Revive”, “Energy”, “Focus” o “Defense”, acompañado de una leyenda de ventas que preconiza los beneficios que uno podría esperar de la bebida (tener mayor energía, ayudar al sistema inmunológico, etc.)

Al final de lo que se trata es de hacer de nuestros hábitos de consumo un asunto de decisión basada en información. El lenguaje de la publicidad apela sobre todo a las decisiones de compra espontáneas; pero si ponemos un poco más de atención en las motivaciones de nuestro consumo tal vez logremos cuestionar nuestro lugar como mercado meta de las marcas y empezar a responsabilizarnos más directamente de nuestros hábitos de compra.

[Salon]



Mira la parodia del anuncio más exitoso en la historia de Coca-Cola sobre sus verdaderos daños

1971 es el año en que salió el anuncio comercial más exitoso que ha tenido Coca-Cola en su historia.

En la historia de Coca-Cola el anuncio comercial que mayor éxito ha tenido es uno de 1971. Esta pieza sonaba la canción de “Quisiera al mundo darle hogar” que con un tono sentimental movió a muchas personas y el éxito comercial de este trabajo audiovisual fue enorme.

Con el tiempo y mayores estudios se han ido descubriendo los verdaderos efectos del consumo de refresco liderado por esta marca que como una gota sistemática ha originado grandes estragos de obesidad sobre todo en países con un bajo nivel educativo pero con una población expuesta a grandes cantidades de publicidad.

Solo en México (un ejemplo fundamental por ser el principal consumidor de refresco en el mundo), el consumo de refresco por persona al año es de 163 L y cada año 24 mil personas mueren por causas relacionadas por el consumo de bebidas con alto contenido de azúcar.

Cabe apuntarse que este comercial nos recuerda las exitosas estrategias comerciales de marcas de la envergadura de Coca-Cola. Reflexionar al momento de topar su publicidad es esencial para ser críticos con este tipo de manifestaciones que se nos imponen como un eje cultural casi ineludible.

Este video de una parodia con la misma melodía que hace más de treinta años tuvo un alcance importante fue hecho en una alianza de colaboración entre el Centro para la Ciencia en el Interés Público (CSPI) y la organización El Poder del Consumidor. 

Twitter de la autora: @anapauladelatd



Estos son ejemplos de Coca-Cola violentando el derecho a la salud en México

En la historia reciente del país hay capítulos evidentes de las artimañas de la empresa pese a la salud pública.

La obesidad en México está desbordada, al menos el 73% de los adultos y 35% de los niños la tienen, lo que representa el 52% de la población. Esta condición viene de décadas de bombardeo mediático, la poca cultura de sanidad de la población, la gran disponibilidad de los alimentos chatarra, aunado a los pocos ingresos de la población.

En este escenario, la empresa Coca-Cola ha tenido un rol crucial. México es el mayor consumidor de refresco y las estrategias publicitarias de la marca incluso han llegado a enfermar a las comunidades indígenas de lugares milenarios. 

Aunque la industria argumente que la responsabilidad de consumo recae en las personas  y no en los consorcios, existen claros indicios de la intervención de las empresas chatarras para mantener sus ganancias pese a la salud colectiva. 

Algunos claros capítulos recientes de Coca-Cola en México en contra de la salud colectiva son los siguientes: 

  • Desde que se promovió la ley que prohibe la venta de comida con alto contenido de azúcares simples, harinas refinadas, grasas o sodio al interior de las escuelas preescolar, primaria, secundaria y media superior, Coca-Cola ha sido uno de los férreos oponentes.
  • A través de su embotelladora Corporación del Fuerte ha promovido un amparo para tumbar la ley anterior, aunque solo logró que fuera derogada en el rubro de la educación media superior. 
  • Por medio de el Consejo Mexicano de la Industria de Productos de Consumo (ConMéxico) se ha opuesto incluso a recomendaciones anti obesidad antes de las leyes anteriores.
  • Según el activista Alejandro Calvillo, la representación en México de Coca-Cola ha sido también uno de los principales promotores del etiquetado actual de los productos chatarra en México, el cual dijo “nadie entiende”, y que lleva al consumo de grandes cantidades de azúcar. “Coca Cola ha logrado frenar, junto con otras empresas, un etiquetado realmente orientador, e imponer un etiquetado que nadie entiende”.
  • Ingresaron amparos en contra de los impuestos nuevos a comida chatarra, aunque en este caso perdieron. 
  • Han incrementado estrategias de publicidad como nunca antes, como la impresión de nombres propios en las latas, la estrategia comercial más exitosa en muchos años […] además de la estrategia de meter presentaciones de dos litros y medio, de tres litros, a precios muy baratos, e incluso poniendo el [refresco] Sidral más barato que el agua simple, resultaba más barato comprar el refresco que comprar el agua”, afirmó Calvillo, para el sitio Sinembargo.
  • Han estado impidiendo cualquier legislación que endurezca las medidas contra la obesidad. Hace unos días, en solo un día, los legisladores desecharon 5 iniciativas por la presión de ConMéxico y Concamin