Los niños entienden la importancia de alimentarse sanamente si se les explica por qué

Nuevos estudios revelan que la mejor fórmula para que los niños coman más vegetales es explicándoles por qué deben hacerlo, sin miedo a que no comprendan el concepto (sí lo hacen).

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Con frecuencia las personas asumen que las explicaciones complejas de conceptos abstractos son demasiado confusas para que los niños las entiendan. Pero lo cierto es que los niños tienen una curiosidad natural y quieren saber cómo funcionan las cosas. Generalmente entienden perfectamente los argumentos razonables, y además tienen la intuición de su lado para saber qué es importante y qué no lo es.

 Contando con esto, Gripshover y Markman, académicos de Stanford, crearon cinco  libros narrativos que tratan el tema de la alimentación. Los libros enfatizan en conceptos clave sobre la comida y la nutrición, incluyendo la importancia de la variedad; cómo funciona la digestión; los diferentes grupos de comida,; las características de los nutrientes y cómo los nutrientes ayudan al funcionamiento del cuerpo.

 “Buscamos promover la curiosidad creando un marco de trabajo para guiar a los niños a comprender más a fondo por qué deben comer una variedad de alimentos nutritivos”, apuntaron.

 Un libro distinto fue leído cada semana en dos clases de preescolar durante la hora del lunch por alrededor de tres meses, mientras otras dos clases tuvieron su hora del lunch sin intervenciones.

 Los científicos encontraron que los niños que escucharon la lectura sobre nutrición doblaron su ingesta voluntaria de vegetales durante el recreo, y la cantidad de vegetales que comieron los niños que no escucharon las lecturas se quedó igual.

 “Lo que hace a nuestro material distinto de los demás es el cuidado que pusimos en explicarles a los niños por qué sus cuerpos necesitan diferentes tipos de comida saludable. No entrenamos a los niños a comer específicamente más verduras”, añadieron.

 Este estudio reconfirma la idea de que los niños pueden manejar la información de manera óptima, y se puede llevar a la practicar en la comodidad del hogar. Los niños comprenden mucho más de lo que los dejamos comprender algunas veces.

[Stanford News]



Por qué una educación sin conciencia ecológica tiene ya poco sentido

Por estas razones, toda pedagogía puede (y debe ser) una ecopedagogía.

Construir sociedades más conscientes de la crisis ambiental a la que nos enfrentamos es un reto. Sin embargo, no es imposible, pues hoy en día gozamos de múltiples herramientas de comunicación y conocimiento para lograrlo; por ejemplo, la educación, ya sea como institución o como una formación de valores adquiridos en casa. 

Decía el pedagogo Paulo Freire que “la cabeza piensa donde los pies pisan”, y en este sentido, podríamos pensar que si una cabeza piensa, con conciencia, en dónde está parada, probablemente lo primero que perciba será la tierra, su entorno natural. Por el contrario, una pedagogía que no genera conciencia ecológica sobre el medio en que se desenvuelve la sociedad carece de todo sentido. La conciencia de este hecho es lo único que puede salvarnos de una catástrofe, y la conciencia, sin duda alguna, sólo puede cultivarse a partir de la educación.

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Es ahí donde surge la necesidad de hacer las preguntas correctas y cambiar nuestros paradigmas educativos. Pero, para ello, la  sustentabilidad, la sensibilidad ecológica y el llamado a la acción deben estar asociados a los programas educativos y a las formaciones familiares (la Tierra como un nuevo paradigma). De estos parámetros fue que nació la ecopedagogía que, según la epistemología de Freire, busca que tanto las personas responsables de la formación educativa como los alumnos contemplen: 

1. La diversidad e interdependencia de la vida
2. La preocupación por todos los seres del planeta
3. El respeto a los derechos humanos
4. El desarrollo sustentable
5. La justicia, equidad y comunidad
6. La prevención de lo que puede causar daño

Una opción que se encontró en Venezuela para llevar estos puntos adelante fue la de crear Escuelas Ecológicas Alternativas, que se han articulado desde el 2009 a los planes de estudio de todos los niveles y que han generado una respuesta reflexiva, crítica y ética en los alumnos, respecto al medioambiente. Por otro lado, existen loables ejemplos que han tenido éxito en estos objetivos, como la escuela en Bali, Indonesia, un modelo de sustentabilidad integral que está formando agentes de cambio conscientes del entorno ambiental y social.

Por qué una educación sin conciencia ecológica tiene ya poco sentido

Pero, ¿cómo involucrarse?

Estamos ante un reto que no sólo involucra a los diversos Estados sino a los individuos de todos los países, pues la educación empieza en casa. Así que debemos empezar por involucrar, de entrada, a los más pequeños, pues en las edades más tempranas es cuando se puede “moldear” la conciencia del individuo, al mismo tiempo que va adquiriendo conocimientos que le serán útiles de por vida. Por otro lado, las personas que queremos involucrarnos activamente y no sabemos cómo, podemos comenzar de la siguiente manera:

 

Leer al respecto

No podemos combatir el problema si no conocemos sus pormenores. Encontrar material para autoeducarnos o para educar a los niños es fundamental, pues sólo así podremos empezar desde la raíz, que es discutir las causas que generan, por ejemplo, el cambio climático (y reconocer el impacto que tenemos como individuos), las medidas que cada persona puede tomar en su calidad de ciudadano o individuo y desarrollar la sensibilidad ecológica en la familia, lo que puede comenzar por hacer conscientes a los más pequeños del cuidado que requieren tanto las plantas como los animales. Estas medidas también pueden llevarse más lejos e impulsarse en las escuelas, algo que los padres de familia deben buscar que suceda.

 

Ligarlo con nuestra vida cotidiana

A veces, una palabra como “crisis climática” resulta demasiado abstracta y suena lejana a nosotros. Pero si nos detenemos un segundo, veremos que los impactos de dicha crisis se hacen presentes y nos perjudican día a día. Un ejemplo es la polución en las ciudades, por la cual sufrimos de alergias e irritaciones y, en el peor de los casos, enfermedades pulmonares. Asimismo, los fenómenos naturales se han transformado y resultan más constantes y cada vez más mortíferos, como los tsunamis, huracanes y terremotos.

En ese sentido, la conciencia se activará cuando veamos que somos también afectados por la crisis ambiental, lo que puede disparar procesos no sólo de toma de conciencia sino de acción, tanto individual como colectiva.

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Acercarnos a organizaciones locales

Nos referimos a locales porque, existen organizaciones internacionales ambientalistas que surgieron desde los años 50 del siglo XX con el fin de proteger reservas naturales, pero que en realidad usan el discurso ecológico para privatizar y extraer recursos de grandes áreas naturales como la Amazonía. A eso se le llama “capitalismo verde”, y es sumamente peligroso por su doble moral.

Así que lo mejor que puedes hacer es buscar en tu país organizaciones independientes que puedas conocer de primera mano y que se dediquen al cuidado de la naturaleza, a su defensa y a la educación ecológica. Por ejemplo, las organizaciones que llevan a cabo programas de reforestación, las que defienden las semillas autóctonas (como el caso del maíz en México), las que se dedican a la defensa del agua contra la privatización o a denunciar grandes proyectos de infraestructura que contribuyen a romper el equilibrio ecológico y despojar a comunidades originarias.

 

Jamás dejar de poner el ejemplo

Indudablemente esto es básico: sólo la congruencia puede hacernos dignos educadores y alumnos de otros. Así que siempre debes intentar llevar a tu vida cotidiana hábitos ético-ecológicos, como el reciclaje, el cuidado del agua o incluso cuidar lo que consumes, pues la producción de muchos productos contribuye a la debacle ambiental. También, sembrar una planta y acompañar su crecimiento puede vincularnos afectivamente con la naturaleza.

Sólo así podremos arribar a lo que el director del Instituto Paulo Freire de Brasil, Moacir Gadotti, llama la “pedagogía de la tierra”, y que destaca como la única educación que puede salvar nuestro futuro.

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Bibliografía

Pedagogía de la Tierra y cultura de la sustentabilidad
Proyecto de escuelas alternativas, escuelas ecológicas



6 formas de ahorrar cuando se trata de niños

¿Qué tan caro es criar a nuestros hijos? Ciertamente más de lo que debería

Tener hijos supone una responsabilidad enorme, pues requieren de muchos cuidados y atenciones. Aunado a ello, los gastos que esto implica son muchos y en varias ocasiones pueden ser impredecibles. No obstante, existen muchas formas en que puedes ahorrar cuando se trata de niños. Evitar gastos, por ejemplo, de cosas que para nada son necesarias, pero que la cultura del consumo ha venido impregnando en el imaginario actual como si lo fuesen. Objetos que no deciden la felicidad de tus hijos y no necesariamente son sinónimo de una mejor calidad de vida.

Por supuesto, las recomendaciones que aquí te daremos pueden funcionar mejor si también concientizas a tus niños de la importancia que tiene el no formarnos como seres consumistas, así como la importancia de reciclar, la costumbre de comprar solo lo necesario y, sobre todo, de comprender que a casi todo en la vida habría que ponerle más creatividad y menos dinero, porque esta pequeña acción incrementa nuestra calidad de vida y sin duda a la larga es una opción más sustentable.

Se trata, también, de engendrar procesos en los cuales podemos enseñarles a nuestros hijos a valorar lo que tienen; a que sean conscientes del mucho esfuerzo que puede llegar a costar, por ejemplo, pagar la colegiatura o el famoso regreso a clases. Enseñarles esto no con el afán de hacerlos sentir una carga o culpables de nada, pero sí confiando en que son más inteligentes y comprensivos de lo que a veces pensamos.

Te compartimos 6 ideas para ayudarte a ahorrar un poco sin poner en cuestión la salud y felicidad de los pequeños:

Evita comprarles juguetes nuevos, de moda o muy aparatosos

“Se venden por separado” es la frase típica del marketing que hay detrás de los juguetes de moda para que tengamos que seguir comprando y comprando; es el cambio extra de la muñeca o cosas por el estilo que nos hacen desembolsar más dinero, lo que es brutal para nuestras carteras y para nuestras casas, pues pronto acaban infestadas de juguetes regados que ya aburrieron a los niños. Peor aún si se trata de esos juguetes aparatosos, como cochesitos o casas de jardín, que son costosos y sólo duran la emoción efímera de unos días.

Ante este tipo de gastos siempre es mejor pensar, por ejemplo, en generar un intercambio de juguetes con otros padres, o quizás comprar en línea juguetes usados. Además, si tenemos claro qué le gusta a nuestros hijos (qué serie, que película o caricatura), los sabremos escoger, y no importará que no sean nuevos, sino que sean lo que el niño realmente quiere.

Modera las compras de videojuegos

No le compres a tu hijo todos y cada uno de los nuevos productos de videojuegos. Su argumento para que lo hagas será que todo mundo lo tiene y que es lo mejor del mundo; pero no debes claudicar. Los famosos tapetes para bailar o los juegos de guitarra que después tuvieron hasta batería están hechos para que despilfarremos dinero. Todo eso equivale a gastos enormes y que se deben hacer muy seguido para que el niño pueda seguir jugando, acorde también a las exigencias que implica el poder jugar en línea con otros niños y estar al corriente con los tipos de juego.

Pero si tú también fuiste o haz sido “gamer”, o conoces un poco de cómo es este mundo, puedes decirle que una sola consola tiene un mundo de posibilidades, que hay muchos juegos y retos en ellos. Puedes sentarte a jugar con él y demostrarle que una consola y un par de controles son más que suficiente para horas de diversión. O mejor aún: puedes negociar y decirle que prefieres pagarle clases en un arte marcial o alguna actividad más recreativa que los videojuegos; no te ahorrarás mucho dinero, pero estarás fomentando algo mucho mejor para él o ellos.

Reduce entradas a parques de diversiones o “ciudades” para niños

El problema de ir a un parque de diversiones o a esas nuevas “ciudades” para niños es que el costo por entrada puede ser muy caro. Y si tenemos más de un pequeño, el costo se dispara. A eso se suma el costo del transporte y de la comida, que suele subir considerablemente de precio al interior de estos lugares.

La opción siempre a la mano son las cientos de actividades gratuitas que hay. Es cierto que no siempre podremos convencer a nuestros hijos de ir al teatro o a una exposición al museo —aunque es deseable intentarlo—, pero también hay cientos de ofertas de talleres y montones de parques en la ciudad cuya entrada es, obviamente, gratuita. Y por ejemplo, puedes optar por gastar en un barquito o coche a control remoto, o en patines, para que los usen en salidas al parque, lo cual equivale a un gasto en una sola exhibición que puede perdurar por más tiempo, haciendo de las idas al parque algo más habitual, lo que además fomenta que se alejen de las pantallas.

Evita las comidas solo para niños

Esto definitivamente se debe evitar, por todas razones. El mejor ejemplo de cómo coercionan a los padres para gastar en sus hijos es la “cajita feliz”, en la cual más bien nos están vendiendo el juguete. Aquí lo importante no es sólo ahorrar, sino convencer a tus hijos de que este gasto podría utilizarse en otra cosa que a él/ella le guste. Y si lo que quieren es el juguete, cómprales un juguete que no incluya esa nociva comida.

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Enseña a tus hijos a vivir sin gadgets

Son delicados y están hechos para dejar de servir después de un determinado tiempo: sin duda los gadgets y la tecnología en general no es una buena inversión, además de que supone una dependencia muy peligrosa de nuestros hijos por las pantallas que debemos evitar.

Si le compras un celular a tu hijo, explícale que es por su seguridad, porque ya está grande y puede hacerse cargo de esa responsabilidad. Pero no le compres uno demasiado “novedoso”, que pueda perder o romper y el cual tengas que reponer. Lo mejor en ese caso es poner el ejemplo… ¿para que nosotros nos compramos celulares tan caros? La mayoría de las veces no usamos sus aplicaciones, ¡nuestros hijos menos lo harán!

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Te recomendamos que optes por gastar todo eso que gastarías en celulares y iPads en algún instrumento musical y clasespara aprender a usarlo, algo que también representa un gasto fuerte pero que a la larga será menos costoso y mucho más provechoso para tus hijos.

No compres ropa cara

No fomentes algo en tus hijos que hasta en los adultos es malo. Aprovecha que los niños muchas veces son extrovertidos y les gusta vestir con ropa colorida, de rayas, con estampados, y que no tienen conciencia de lo que es la moda. Tus hijos no querrán verse como los maniquíes de las tiendas a menos que tu fomentes eso; si no lo fomentas, cada “look” será menos caro, pues podrás conseguir ropa en establecimientos más baratos —y a veces de mejor calidad—, o comprarla seminueva.

Prueba además con ver qué les gusta: los niños siempre tienen personajes a los que se quieren parecer, y puede ser un momento de sana convivencia el buscar ropa parecida a la de sus personajes favoritos. Tampoco temas reciclar ropa que te puedan dar amigos con hijos mayores, porque de hecho no sólo ahorras sino que realizas un acto sustentable. Algo que es un ejemplo para los niños también.

*Imágenes: 1) Pxhere 2) hernanbassobadano 3) Pxhere 4) Charo Alvargonzalez 5) Pxhere / CC