Aunque parezca difícil de creer, a pesar de las temperaturas cercanas a 0, la acidez, la irradiación solar y el mínimo valor nutricional, en la nieve habitan varios seres vivos. Más de 60 especies de alga residen ahí y, por mucho, la más común es la Chlamydomonas nivalis, que colorea la nieve de rojo o rosa.

El verano es el mejor momento del año para ver estas algas, pero sólo se observan en regiones elevadas o climas árticos con bancos de nieve, pues se rehúsan a rendirse al sol. Lo sorprendente es que las C. nivalis no son rosas si se miran en un microscopio; son, más bien, bastante verdes (aquí hay un video donde se pueden apreciar). Lo que las hace rosas es una suerte de bloqueador de sol que se “ponen” para proteger su clorofila.

Sin este bloqueador, que es un carotenoide (el mismo que protege nuestros ojos de los rayos UV), las nivalis no sobrevivirían por mucho tiempo. Así que cuando ocurre derretimiento, erosión o evaporación y las algas se concentran en la superficie, la nieve se sonroja.

“Por razones obvias, la nieve rosa a veces es llamada ‘nieve sandía'”, apunta la científica Jennifer Frazer. “¿Entonces por qué no deberías averiguar si también sabe a sandía? Hay una muy buena razón para no hacer esto”, concluye; “es un laxante”.

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