La arquitectura de los pájaros: fotografías de nidos abandonados

La artista Bianka Tuckwell, en su serie The Growth That is Owr Own Cradle, nos muestra el diseño de docenas de nidos abandonados por pájaros ingleses.

Pocos de nosotros, sobre todo si vivimos en una ciudad, tenemos la oportunidad de ver las pequeñas arquitecturas que dejan los pájaros cuando aprenden a volar. Y nos perdemos de mucho. Por ello la artista Bianca Tuckwell nos ofrece una mirada cercana a una selección de nidos de pájaros británicos que ha ido recolectando a lo largo de algunos años en Surrey.

Su serie se titula The Growth That is Owr Own Cradle [El crecimiento que es nuestra propia cuna], y enfatiza en el delicado diseño de cada una de las piezas, que parecen una perfecta casita, fuerte y cómoda, y una muestra de la mejor arquitectura natural.

 



Los pájaros tienen brújulas en los ojos (y pueden ver los campos magnéticos)

Por fin, la respuesta a una pregunta que no había tenido respuesta: ¿cómo se orientan las aves?

Las aves son seres que nos han fascinado durante siglos. No sólo por esa sublime estética de apabullantes colores, formas y sonidos que las caracteriza, sino porque ellas pueden hacer algo que nosotros no: volar.

Esa capacidad –y la grácil manera como la realizan– nos ha inspirado a hacer todo tipo de artefactos para poder conquistar los cielos. Porque los desplazamientos y trayectorias que los pájaros constituyen una maravilla natural de milimétrica perfección. Su anatomía y plumaje es lo que los dota de la aerodinámica esencial –algo a lo que Charles Darwin dedicó horas de estudio– que, desde hace mucho tiempo, hemos buscado imitar.

Pero existe un misterio en torno a la habilidad de volar de estos seres, que es quizá el elemento más importante: ¿cómo se orientan?

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Hasta hace poco, se sabía que algunos pájaros –entre ellos, las palomas mensajeras– podían sentir los campos magnéticos de la tierra, es decir, tenían cierto grado de magnetorrecepción, que sin es duda mayor al nuestro.

La magnetorrecepción, se intuía, era posible en los pájaros debido a los cristales de magnetita –una suerte de imanes microscópicos– que debían de estar alojados en el citoplasma de las células. Esto parece ser así en otros animales, como las abejas. Pero una nueva investigación develó que el caso de los pájaros podría ser diferente al de cualquier otra especie.

Al parecer, los pájaros tienen brújulas en los ojos: pueden ver los campos magnéticos.

Según los nuevos hallazgos, esto podría deberse a una proteína llamada Cry4, alojada en la retina.

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Los hallazgos fueron realizados durante el desarrollo de dos estudios distintos. En uno se analizó al mirlo, y en otro al diamante cebra. La proteína ocular Cry 4 encontrada en sus ojos es parte de una clase de partículas fotorreceptoras y sensibles a la luz azul, que se encuentra tanto en plantas como en animales. Es parte de una clase proteica esencial que regula los ritmos circadianos.

Con esta proteína, los pájaros pueden detectar los campos magnéticos (verlos, en sentido metafórico). Así es como pueden orientarse a la hora de surcar los cielos.

Ya antes se había comprobado que la luz azul está relacionada con el sentido de orientación de los mirlos, lo que confirma que este sentido primordial proviene de la visión y, concretamente, es posibilitada por la proteína Cry4. Porque además, de acuerdo con los biólogos, esta proteína se mantiene estable, lo que la hace tener capacidades magnetorreceptivas, a diferencia de otras de su clase.

Adicionalmente se encontró que la proteína ocular se incrementa en los mirlos durante la migración, lo cual es una señal más de que este hallazgo de la biología podría ser la respuesta a cómo se orientan los pájaros, que apunta a que estos seres alados tienen, literalmente, brújulas en los ojos.



Espontáneos retratos de animales salvajes en la oscuridad

George Shiras revela lo desconocido y da fe de la belleza de un mundo en el corazón de la noche.

Para retratar la naturaleza salvaje hace falta una fotografía salvaje, una imagen que tenga una relativa falta de control en la composición y que se arriesgue en el proceso experimental.

Así es la fotografía de George Shiras, el padre de la fotografía de la vida silvestre nocturna. Shiras fue el primero en utilizar el flash para retratar a los animales salvajes en la oscuridad, revelando lo desconocido y dando fe de la belleza de un mundo en peligro de extinción.

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George Shiras y su asistente John Hammer a bordo de su canoa equipada en el Lago Whitefish, región del Lago Superior, Michigan, 1893

En la colección George Shiras: In the Heart of the Dark Night, los animales quedan paralizados por la luz  que emite la cámara. Las imágenes fueron recolectadas en las aguas del Lago Superior de Michigan, EE.UU., durante la noche, cuando los sonidos, las formas y los movimientos parecían más misteriosos y dramáticos.

Poco a poco Shiras fue retratando ciervos de cola blanca, un búho nevado, un alce en la niebla y un mapache, entre otros animales silvestres.

En cada imagen lograba cazar a estos animales en sus rutinas nocturnas donde se detenían a observar, darse la vuelta o correr.

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George Shiras

Las imágenes documentan una especie de intervención y registran la interacción humana y animal. Para fotografiar de noche, Shiras imitaba una técnica de caza que aprendió de la tribu ojibwa llamada jacklighting, cuando el fuego se coloca en una bandeja en la parte delantera de una canoa, y el cazador se sienta en la proa del bote.

Así como a Shiras, la noche ha inspirado a grandes artistas e intelectuales, como Charles Baudelaire, que encontraba inspiración en los búhos y los gatos, animales salvajes en la oscuridad y emblemas de su encanto.

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