Escultura hiperrealista de una ballena encallada conmueve a los transeúntes de Londres

El colectivo Captain Boomer crea una ballena falsa de diecisiete metros para generar conciencia ecológica.

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La conciencia ecológica es muy difícil de transmitir. El síndrome moderno de frivolizar la información importante tiene que ver con esto. Recibimos tanto de todas partes que ya nada (o muy pocas cosas) llegan a conmovernos, y en consecuencia no hacemos mucho para mejorar las condiciones ambientales del mundo. Percatados de esto, el colectivo belga de arte Captain Boomer decidió llevar una ballena de plexiglás de diecisiete metros a los bancos del río Támesis, en Londres.

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Hay pocas cosas más tristes que una ballena encallada. Y esa tristeza normalmente va acompañada de un sentimiento de culpa por la raza humana en general. Es la contaminación y el tráfico de barcos lo que normalmente lleva a una ballena a encallar. Para generar aún más realismo, la instalación, que abrió un día antes de la inauguración del Festival Internacional de arte de Greenwich y Docklands, estuvo acompañada por actores que se hicieron pasar por científicos que recorrían el cadáver y llevaban a cabo una “investigación”.

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De acuerdo con los artistas, “el arquetipo psicológico de un pescado gigante muerto conmueve a todos por igual. Moviliza y mueve a la comunidad local. Las personas se comunican entre ellas, especulan, se preguntan cosas. El cachalote les gusta a todos sin importar sus antecedentes sociales o culturales”.

En el lugar estuvieron presentes algunos biólogos marinos para responder a las preguntas de la gente, que estaba realmente preocupada por hacer algo al respecto (no es fácil ignorar una tristeza tan grande frente a ti). Les informaron por qué encallan los cachalotes y qué se puede hacer en el caso de encontrarse con uno.

[Co. Exist]



Una manada de ballenas adopta a un narval (y todo es hermoso)

Lecciones animales de inclusividad: una manda de belugas lleva un par de años incluyendo a un miembro distinto, un narval.

Mientras un grupo de investigadores seguía a una manada de ballenas beluga cerca del río St Lawrence, en Canadá, notaron que uno de los integrantes era distinto. Su lomo grisáceo, que contrasta con el tono claro de las belugas, lo delataba; y es que en realidad se trataba de un narval (llamado “unicornio marino” y presente en múltiples mitos y leyendas), que aparentemente lleva un par de años formando parte de la pandilla de cetáceos.

La inclusión de un narval en la manada de ballenas ha sorprendido a los científicos, sobre todo considerando el nivel de aceptación que tiene entre sus compañeros. El peculiar grupo fue documentado por la organización Group for Research and Education on Marine Mammals (GREMM), y su director Robert Michaud advierte:

Se comporta como uno de los chicos. Es como una gran banda de jóvenes que se la pasan en juegos sociales y sexuales.  

Aunque son de la misma familia (Monodontidae) y particularmente sociables, es raro encontrar este grado de conexión entre miembros de distintas especies. Sin embargo, las belugas parecen aceptar plenamente la presencia del joven narval. En palabras del biólogo marino Martin Nweeia:

Creo que no debería sorprendernos tanto. Creo que muestra la compasión y la apertura de otras especies para hacer sentir bienvenido a otro miembro que tal vez no sea o se comporte igual. 

En pocas palabras, estamos ante una hermosa muestra de inclusividad cortesía de otras especies; curiosamente, se trata de una cualidad que el ser humano, incluso a estas alturas, todavía está luchando por dominar.

Así que cuando creas que el paisaje es poco alentador y que quizá no hay esperanza en el planeta, regresa unos segundos a esta imagen de una manada de ballenas más un narval y recuerda que las cosas son suficientemente inspiradoras como para no decretar una derrota definitiva.  



Esta especie mexicana está en peligro de extinción y sólo tú puedes evitarlo

En honor del botánico mexicano Atanasio Echeverría, la planta de hojas verdeazuladas se encarga de almacenar grandes cantidades de agua

En los últimos años hemos sido testigos de la popularidad de las plantas, flores, frutas, verduras y hierbas en el hogar. Como un llamado de atención tanto al cuidado del medio ambiente como a la economía personal, esta integración de la vida urbana y rural ha marcado el estilo de vida de varias personas.

Esta popularidad de los vegetales ha creado una alta y desregulada demanda de estos productos. Las consecuencias son evidentes: la extinción de algunas de estas plantas. Un ejemplo es el de la Echeverría (también conocida como conchita, uña de señorita o uña de secretaria).

En honor del botánico mexicano Atanasio Echeverría, la planta de hojas verdeazuladas se encarga de almacenar grandes cantidades de agua. Desgraciadamente, se ha considerado en peligro de extinción a esta especie debido a su venta desregulada:

 

De acuerdo con el Jardín Botánico IBUNAM existen alternativas para reducir el riesgo de extinción de esta especie, desde el método en que se extrae de la tierra hasta en la toma de conciencia del lugar donde se compra.