“The Farmery”, la granja sustentable que está transformando la manera en que consigues tus alimentos

Mezcla de ingeniería sustentable y ecomarketing, The Farmery permite que los consumidores elijan sus alimentos directamente de los cultivos del productor.

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Entre el momento en que una fruta o verdura está madura y el momento en que la comemos pasa demasiado tiempo –si su procedencia es industrial, al menos habrá tenido que ser recolectada, almacenada, transportada, congelada, empacada y expuesta a la venta, sin contar las mermas del propio trayecto.

Con el objetivo de disminuir esa odisea, el emprendedor Ben Greene ha diseñado el proyecto “The Farmary”, una granja autosustentable que es también la tienda de alimentos más frescos que puedan imaginarse.

“Farmary” es la mezcla de las palabras “farm” (granja) y “grocery” (tienda, como en grocery store).

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La idea de Greene fue construir un lugar donde la granja y la tienda compartieran el mismo espacio, dando lugar a un proyecto de arquitectura y agricultura sustentable donde los compradores pueden elegir su comida directamente de las plantas.

El invernadero y la tienda comparten el mismo lugar, lo que, además de permitir acceder a comida orgánica directamente del productor, ahorra el gasto energético de transportación, empaque y distribución de las grandes cadenas de comida; además, debido a su escala pragmática y bajos costos de producción, es viable que poco a poco comencemos a ver “Farmerys” en distintos lugares del mundo.

[The Farmery]



¿Por qué el futuro depende de que camines?

¿Quieres salvar el mundo, o por lo menos no contribuir más a su destrucción? Sólo tienes que dar algunos pasos.

Muchas ciudades del mundo, por su tamaño y densidad poblacional, son ya prácticamente inhabitables. Quienes viven en las grandes megalópolis tienen que acostumbrarse a su ritmo siempre veloz y tumultuoso, el cual a la larga se vuelve insalubre.

En estas ciudades no hay tiempo para caminar. En ellas la vida entera depende de vehículos motorizados para transportarse lo más rápido posible. Pero el problema es que estos vehículos nos están llevando al borde de la catástrofe medioambiental, mientras que la contaminación atmosférica a la que contribuyen está provocando la muerte de 6.5 millones de personas al año.

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Hacer ciudades más caminables es por eso un imperativo si queremos salvar el mundo.

Aquellas ciudades donde caminar se ha vuelto parte de la cultura –es decir, donde existe una cultura peatonal– son definitivamente más habitables. Porque sus habitantes no sufren la ciudad, sino que la disfrutan. Gozan de hasta un 40% más de áreas verdes, un aire mucho más limpio y promueven la convivencia.

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Además se ha comprobado que caminar nos hace más inteligentes y creativos, y que es un momento de vital introspección que puede desvanecer todo trastorno emocional –como la depresión o la ansiedad.

Si a esto sumamos que caminar y usar la bicicleta son los dos medios de transporte menos contaminantes –y más reconfortantes–, y que además promueven el fortalecimiento de las economías locales, no cabe duda: el futuro depende de que caminemos.

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En síntesis: caminar puede salvarte a ti y al mundo (de paso).

Si en tu ciudad no existe una cultura peatonal, se propositivo e incentívala tú mismo. Haz todo trayecto posible a pie, y promueve entre tus compañeros, familia y amigos los beneficios microcósmicos y cósmicos que tiene dar algunos pasos en lugar de encender un motor.



Este extenso estudio comprobó lo que ya sabíamos: la agricultura ecológica es mejor

Explotar a la naturaleza ya no es opción, ni siquiera para los que sólo quieren usarla para producir masivamente.

La naturaleza y su biodiversidad han sido expoliadas para que podamos seguir produciendo lo que nuestros vertiginosos estilos de vida reclaman. En ese frenesí, pocas cosas han resultado más dañadas que la propia tierra, el suelo del cual brotan los alimentos que nos sustentan.

La agricultura negligente que sobreexplota los campos se presenta como una amenaza global por su forma de manejar los recursos naturales. Esto ha causado la degradación de la tierra debido al sobrepastoreo, el uso excesivo de pesticidas y el mal manejo del agua, entre otras cosas. Además, esta práctica contribuye enormemente al cambio climático, el cual a su vez provoca el detrimento del cultivo de la tierra.

El 80% de los suelos agrícolas de México se han degradado.

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Por eso es urgente volver a otros esquemas y métodos de agricultura ecológicos y sustentables. Contrario a lo que muchos piensan, ello no será un retroceso, sino una evolución.

 

Alta productividad de cultivos sustentables 

No sólo el campo puede ser 100% sustentable, sino que bajo una agricultura ecológica puede ser más productivo. Esto se comprobó en un estudio reciente realizado por 17 universidades, en el cual se analizaron sistemas de agricultura sustentable que no sólo son mejores para el ambiente, sino que incrementan la producción de cultivos (y por ende, de comida).

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Lo que pudieron comprobar las distintas instituciones participantes en esta investigación es que la llamada “intensificación sustentable de la agricultura” está rindiendo frutos en donde se está aplicando, es decir, en 163 millones de granjas en el mundo. Esto marca un nuevo paradigma para la agricultura mundial, y podría ayudar a la soberanía alimentaria de comunidades y países enteros.

La agricultura ecológica busca un equilibrio entre productividad y y sustentabilidad. Sus modelos son diseñados según las necesidades del ecosistema, e incluso toman en cuenta el entorno social. De esta forma las granjas pueden poner en práctica técnicas alternativas de agricultura (por ejemplo, de control de pestes, microirrigación, rotación de cultivos, mantenimiento manual de la tierra, etc.) y generar un equilibrio efectivo entre trabajo, gastos y productividad que termina siendo favorable para los agricultores sin dañar al medioambiente.

Además, los cultivos producidos en granjas donde se utiliza la agricultura ecológica son más saludables que los de la agricultura convencional.

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Estas son buenas noticias (que ya sabíamos, o por lo menos intuíamos). Pero cabe seguir profundizando en la cuestión y pensar en que las nuevas formas de relacionarnos con la naturaleza deben venir de una renovada concepción de ésta, así como de una aproximación que parta de los conocimientos ancestrales de los que nos hemos alejado y que tienen como eje rector respetar los ciclos naturales de la tierra.

Por eso decimos que se debe volver a paradigmas sustentables.

Asimismo, se deben cuestionar otros paradigmas contemporáneos, como el del progreso y la productividad: ¿en verdad hace falta producir más comida? Si sabemos que más del 40% de la comida se desperdicia, ¿no habrá que cambiar también otras prácticas, como la manera como se distribuye la comida, o la manera en la que la consumimos?

Estas son preguntas para la reflexión colectiva, cuyas respuestas nos pueden llevar a una ecoevolución consciente.

 

* Imágenes: 1) Jimmy Tran; 2) El Economista; 3 y 4) Eva Verbeeck