Países con más fumadores en el mundo

Descubre las cifras del tabaquismo alrededor del mundo.

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Los países con mayor población de fumadores se encuentran en Europa oriental; Serbia, Bulgaria, Grecia y Rusia encabezan la lista, ya que consumen más de 2 mil cigarros por persona anualmente.

En Noruega, Australia y Gran Bretaña los precios del tabaco son los más elevado. Para un noruego, una cajetilla de Marlboros cuesta más de $15 dls ya que el gobierno ha aumentado considerablemente los impuestos sobre el tabaco con el objetivo de disminuir el consumo.

La gente en las naciones más pobres tiende a fumar mucho menos; Camerún, Chad y Etiopía son los países con  los grupos más reducidos de fumadores.

Estudios han demostrado que mientras fumar es menos popular en países con grandes ingresos, el consumo de tabaco se ha elevado en países con ingresos medianos o pequeños, particularmente entre hombres con un status económico bajo.

En Rusia 40% de la población es fumadora y el gobierno acaba de prohibir fumar en lugares públicos. En este país, durante los 90, la escasez de cigarros detonó algunas revueltas.

En Estados Unidos 19% de la población es fumadora, mientras que en Europa ocurre lo mismo con 29% de la población, donde el tabaquismo es la principal causa de muerte y enfermedad.

En Europa, en 2011 se lanzó una campaña contra el tabaquismo, que apelaba más a la vanidad de los fumadores que a su salud, prometiendo: “Los ex-fumadores se ven mejor, huelen mejor, se sienten mejor y tienen más dinero.”

Un análisis hecho en 2011 encontró que los anuncios que muestran los impactos negativos en la salud causados por el tabaco son los más efectivos para que la gente renuncie a éste.

El incremento del precio del tabaco también orilla a algunos a abandonarlo; por cada 10% que aumenta, de 2.5 a 5% de los fumadores dejan el hábito. Tal vez no sea mala idea que los impuestos sobre este vicio se eleven en todos los países.

[The Atlantic]



Y tú, ¿por qué fumas? Historia de la publicidad de la industria tabacalera

Quizá es momento de preguntarnos si un cigarro realmente nos convierte en alguien interesante, atractivo, popular, relajado y fresco.

El tabaco tiene sus orígenes desde la época prehispánica, donde, de acuerdo con los relatos de Fray Bartolomé de las Casas, era consumido por distintos grupos indígenas en sus ritos religiosos. Eventualmente fue llevado al continente europeo, difundiéndose a través de los marinos que estuvieron en el Nuevo Mundo. De ahí, y gracias a la revolución industrial, su popularidad fue ineludible.

La industria del tabaco se dedicó a vender productos derivados de esta planta con el fin de expandir su mercado. Desde principio del siglo XX, se usaron imágenes de mujeres atractivas, hombres viriles, personajes públicos de gran influencia poblacional y mensajes de afiliación social, para demostrar que las personas que fumaban eran deseables, irresistibles, libres de preocupación, famosos e interesantes.

La publicidad de aquel entonces, donde los retratos de rostros que sonreían convincentemente, encontraban un sinfín de razones para promocionar el producto: la guerra, la desigualdad de género, la popularidad, la adquisición de premios, entre otros.

La exposición de “Selling Smoke: Tobacco Advertising and Anti-Smoking Campaigns”, colección de anuncios, artículos y fotografías de la publicidad tabacalera de aquel entonces, pretende que el espectador tome consciencia de las razones por las cuales consumimos cigarros. Les compartimos algunas imágenes de esta exhibición:

 

Quizá es momento de preguntarnos si un cigarro realmente nos convierte en alguien interesante, atractivo, popular, relajado y fresco; o si lo somos sin la necesidad de tener entre nuestros labios pedazos de tabaco envueltos en un papel. 



Después de esta nota, no volverás a ver la hookah como antes

Gracias a este estudio, se han podido observar detalladamente los efectos subsecuentes de fumar hookah.

La hookah es uno de los instrumentos antiguos para fumar, cuyo origen data de la dinastía persa Safavid (1501-1736). Eventualmente, el uso de la hookah se expandió por India, Egipto y Levante Mediterráneo (durante el Imperio otomano). 

La palabra viene del término árabe huqqa, que es una pipa de agua con una taza para el tabaco en la parte superior. Cuando se inhala, el humo se extrae del tabaco humeante atravesando el cuerpo de la tubería y provocando que el agua, en el fondo de la pipa, burbujee. El contenedor del agua puede estar hecho de vidrio, metal o jade. 

Con el paso del tiempo, la fama de la hookah atravesó las fronteras temporales y físicas. Su uso se popularizó en América, Europa, Asia, Australia, Sudáfrica, Tanzania, entre otros lugares. La principal fuente de atracción era su aparente inocuidad…

Sin embargo, investigadores de la Universidad de California, en San Francisco, identificaron que la hookah contiene agentes cancerígenos. 

En el estudio se analizaron las muestras urinarias de 55 personas saludables, antes, después y al día siguiente de haber fumado la pipa de agua. Tras una noche de haber fumado, cada participante hizo uso, en promedio, de 0.6 recipientes de tabaco para la hookah, y pasó 74 minutos fumando la pipa. 

De ese modo, los investigadores encontraron que los niveles de nicotina y cotinina en la orina aumentaron hasta 70 veces más después de fumar la pipa de agua. Y en consecuencia, los niveles de productos químicos, conocidos por ser cancerígenos, también incrementaron en la orina; tales como NNAL (4-Metilnitrosamina-1-3-piridil-1-butanol) y otros componentes orgánicos volátiles.

Gracias a este estudio, se han podido observar detalladamente los efectos subsecuentes de fumar hookah. Incluso, otros estudios que apoyan los resultados de esta investigación, resaltan que fumar la pipa de agua se relaciona con altos niveles de toxinas en el cuerpo: “Los niveles biomarcadores que se reportaron en el estudio, representan exposiciones más realistas a sustancias tóxicas del tabaco.”

De acuerdo con los investigadores, algunas toxinas encontradas en la hookah también se observan, en niveles superiores, en un cigarro regular. Como por ejemplo el benceno, que incrementa los riesgos de leucemia, y el monóxido de carbón.