Nuevo estudio confirma la relación entre la contaminación y el autismo

La contaminación del aire podría estar ligada a los casos de autismo infantil, aunque las causas precisas aún continúan siendo evaluadas por los especialistas.

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El autismo continúa siendo un misterio para la neurobiología, la genética y la farmacología –ciencias que se encuentran frente a frente con la perplejidad de quienes lo padecen. Pero un nuevo estudio que toma la perspectiva ambiental en cuenta podría sugerir que existe una conexión entre el autismo y la contaminación del aire.

Estudios previos han sugerido que la contaminación ambiental podría estar involucrada en los casos de autismo, pero su muestra estadística había sido muy pequeña. El estudio que nos ocupa (publicado en el último número de la revista Environmental Health Perspectives) toma en cuenta a niños de los 50 estados de la Unión Americana; sus resultados muestran que la exposición a contaminantes como diesel, plomo, manganeso y mercurio en la etapa fetal incrementa el riesgo de autismo, especialmente en varones.

La metodología trató de observar la incidencia de contaminantes del aire presentes en el lugar y momento de formación en los lugares de nacimiento de los niños. Los investigadores admiten que sus modelos no son ni por mucho exactos: conocer los factores precisos de exposición según el tiempo que se pasa dentro de la casa o en el exterior, variaciones estacionales y factores meteorológicos son difíciles de tomar en cuenta. Sin embargo, el estudio nos demuestra que esta relación entre contaminación y autismo debe ser revisada con mayor cuidado por los investigadores de este misterioso padecimiento.

[Co.Exist]



La toxicidad del aire está reduciendo nuestro intelecto

Nuevo estudio concluye que la exposición prolongada a la contaminación atmosférica equivale a perder 1 año de educación.

La contaminación atmosférica mata a 6.5 millones de personas al año, lo cual es una paradoja si pensamos que a través de la respiración se debería promover vida y no muerte. Pero existe otra paradoja: al parecer, respirar el aire tóxico de las grandes urbes está reduciendo dramáticamente nuestra inteligencia.

En un estudio realizado en China, pero que sin duda es igual de válido en urbes como la Ciudad de México –donde la contaminación atmosférica equivale a fumarse 40 cigarrillos–, se realizaron 20 mil pruebas sobre lenguaje y aritmética por todo el territorio, entre el año 2010 y el 2014.

Los científicos compararon los resultados según los diversos momentos en los cuales habían sido hechas las pruebas, y descubrieron una correlación entre la contingencia ambiental –cuando los niveles de dióxido de azufre y de nitrógeno son mayores– y las pruebas con los peores resultados.

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Es decir, los peores resultados coincidían con una mayor exposición al aire tóxico. De acuerdo con los investigadores, las capacidades cognitivas que posibilitan el lenguaje parecen ser más vulnerables que aquellas que posibilitan las operaciones aritméticas.

Xi Chen, miembro del equipo de investigación, dijo a The Guardian:

El aire contaminado puede causar que todos reduzcan su nivel de educación lo equivalente a 1 año.

Pero además, el efecto parece recrudecerse en personas mayores de 64 años. Y si son hombres y tienen un bajo nivel de educación, los efectos del aire tóxico equivalen a la perdida de varios años de educación.

Esta investigación corrobora algo que ya se sabía: la contaminación atmosférica envejece el cerebro, lo cual también tiene que ver con el estrés oxidativo, la neuroinflamación y la neurodegeneración que ocasionan las partículas tóxicas del aire.

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Pero… ¿estamos condenados a que cada respiración nos haga un poco más tontos?

Para muchas culturas antiguas, el aire simbolizaba una fuente de energía vital; por eso, saber cómo respirar era –y sigue siendo– la base de milenarias prácticas orientales como el yoga, pues mediante la respiración podemos oxigenar el cuerpo y la psique para mantenernos en movimiento. Tal cosa ya ha sido corroborada por la ciencia: el ritmo de la respiración afecta al cerebro y los estados mentales.

Es por eso que no debemos normalizar esta situación. Es urgente que todos los países del mundo entren en sintonía para luchar contra la contaminación y así lograr disminuir los alarmantes niveles de partículas tóxicas en el aire. A esto podemos contribuir también individualmente, fomentando una cultura peatonal en nuestra ciudad, pues los coches provocan más del doble de esta toxicidad atmosférica.

 

Mientras esto sucede, no dejes de cuidarte

Procura consultar la calidad del aire en tu ciudad –lo que puedes hacer en tiempo real a través de Google–, para que puedas prevenirte. Y si quieres crear pequeños oasis de aire limpio, procura llenar tu hogar –o espacio de trabajo– con plantas para oxigenar.

 

* Imágenes: 1) Edición Ecoosfera; 2) Portada, edición Ecoosfera



Los autistas tienen gran potencial de desarrollar habilidades no imaginadas (Estudio)

Esta condición siempre ha sido vista como una discapacidad, pero la ciencia está develando las potencialidades de los autistas.

El autismo es una condición psíquica tan difícil de diagnosticar como de sobrellevar. Por un lado, el autismo abarca una amplia gama de síntomas y distintos grados de profundidad; por otro, es una condición que afecta la integración social de quien la padece, y sobre la cual pesan todo tipo de mitos.

En un estudio del 2017, la doctora Anna Remington, directora del Centre for Research in Autism and Education de Londres, entrevistó a 200 abogados para saber qué tanto sabían del autismo.

1/3 de los participantes relacionó el autismo con el incremento de violencia interpersonal.

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Investigadores como Remington se están encargando de concientizar a la sociedad sobre ese tipo de falacias que pesan sobre el autismo, así como de generar nuevas perspectivas en torno a una condición que no revela una discapacidad, sino la asombrosa diversidad y complejidad del cerebro humano.

Se calcula que el 1% de los niños en México tiene autismo.

Según Remington, la ciencia se ha aproximado siempre de manera negativa al autismo. Es desde ese enfoque que se han propagado toda clase de prejuicios respecto a esta condición, lo que ha provocado la exclusión de los autistas de la sociedad y un constante maltrato hacia dicha comunidad.

Por eso, Remington y sus colegas se han concentrado en estudiar las habilidades del cerebro autista.

Aunque cada persona autista es un universo en sí misma, de acuerdo con esta investigadora “la mayoría de los autistas tienen una gran facilidad para procesar información o aprender sobre un tema en concreto”. Por eso se cree que muchos genios en la historia, como Charles Darwin, Albert Einstein y hasta Andy Warhol, padecían algún grado de autismo no diagnosticado, lo que los hacía ser creativos, propositivos y enfocados.

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El doctor Judith Gould, director de Eliot House, un centro líder en investigación de autismo, sugirió que el amor de Warhol por la repetición y ciertos patrones son un claro síntoma de autismo.

Además, como Remington ha podido descubrir, los autistas tienen una capacidad auditiva potenciada, lo que ella ha llamado una “ventaja sonora”, pues el cerebro autista puede procesar mejor la música gracias a la habilidad intuitiva que tienen para las cuentas.

Esa habilidad matemática siempre ha sido señalada como la razón de que los autistas sean malos para socializar, pues al enfocarse en cosas “banales”, se vuelven incapaces de relacionarse de manera “normal”. Pero bien enfocada su atención, los autistas pueden mejorar sus capacidades perceptivas y realizar mejor muchas tareas que las personas sin autismo.

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Así que no sólo hay mucho que investigar sobre el maravilloso cerebro autista, sino muchos mitos que seguir desmontando para que esta condición no sea considerada una “discapacidad” sino una capacidad diversa y, en muchos sentidos, aumentada.

 

* Fotografía principal: Alison Scarpulla