Little Sparta, un jardín lleno de poemas y arte (FOTOS)

El artista escocés Ian Hamilton Finlay dedicó 25 años de su vida a construir un jardín donde el arte, la horticultura y la historia se fusionan para criticar el actual estado de la sociedad

La mayor obra de este poeta, escritor y artista comenzó cuando su esposa Sue heredó una granja en Pentland Hills a 25 km de Edimburgo en Escocia en la década de los sesenta. Lo que era una simple granja se transformó a través del trabajo de la pareja en una obra de arte viviente —un hermoso jardín autosustentable llamado Little Sparta.

El concepto que Finlay transmite en este sitio se basa en la idea de “Avant-Garden”, un jardín poema en el que se puede apreciar, como si en una galería, elementos de horticultura conviviendo con objetos individuales en madera, piedra y metal. El resultado es un enorme espacio en el que la naturaleza y el arte habitan complementándose, ofreciéndole al visitante una experiencia única en la que pueden explorar el espacio creado por Finlay y sus colaboradores.

Las obras que se pueden encontrar entre la maleza aluden al clasicismo y la guerra, poemas concretos que buscan evocar la relación entre la ciencia, los cuatro elementos y la filosofía utilizando una serie de imágenes, inscripciones en inglés, alemán y latín así como su ubicación dentro del jardín para ilustrar las ideas de Finlay. Un ejemplo de esto es un pedestal cerca de uno de los lagos que lee en latín:

HIC IACET

PARVULUM

QUODDAM

EX AQUA

LONGIORE

EXCERPTUM

“Aquí yace un pequeño extracto de un cuerpo de agua más grande”, palabras que invitan al visitante a involucrarse en una especie de meditación contemplativa. Finlay estaba consciente de que los jardines tradicionalmente han sido el escenario de discursos poéticos, filosóficos y políticos, por lo que no es coincidencia que estos temas sean la esencia del lugar. Su punto de vista en cuanto al funcionamiento de la sociedad actual es clara, en sus poemas visuales encontramos un buque de guerra llamado “FOUNTAIN”, un tanque en camuflaje llamado “PERGOLA”, un avión de combate “LYRE-BIRD”, de manera en que el texto altera nuestra percepción de los objetos de guerra y destrucción. También podemos encontrar el templo de Apolo, un tributo a Alberto Durero, un barco de papel (hecho de mármol) y muchas otras maravillas que llaman al visitante a perderse entre plantas, ideas, poemas, imágenes en un ambiente filosófico, lúdico, histórico y hermosamente verde.

En palabras del artista: “Little Sparta es en el sentido tradicional, un jardín. Quizá no es como otros jardines modernos, pero creo que otros tiempos no habrían tenido un problema con él.” De manera que este escocés logró innovar el arte y la jardinería al evocar el pasado, trayendo de vuelta la filosofía a los jardines, demostrando que un espacio verde tiene un potencial ilimitado para inspirarnos, crear y ser rebeldes pero con el fin de mejorar el planeta a través de una revolución sustentable. Para más información e imágenes del artista, visiten su página oficial.

Autor: Adriana Morales
Graduada de la Universidad de Edimburgo en Letras Inglesas con Historia del Arte. Publicada en el catalogo de exhibición de Guillermo Ruiz y la Escuela de Escultura y Talla Directa. Amante de la jardinería, viajes y animales.


Sobre por qué hoy es más importante que nunca estar cerca de un jardín

Los jardines han sido siempre espacios para cultivar la imaginación y los sentidos; hoy, además, podrían ser un recurso de supervivencia.

Un jardín es el más puro de los placeres humanos. 

Francis Bacon

La digitalización de la realidad

Nadie niega que el mundo digital tiene sus mieles, ni siquiera considerando las agendas y conductas que terminarían rigiéndolo. De hecho, en una de sus facetas, Internet es esa biblioteca infinita con la que muchos soñamos alguna vez. El problema es que si este espacio, por cierto cada vez más demandante, reemplaza nuestro contacto con la “realidad” asible, estamos entonces alimentando una posibilidad aterradora: perder por completo nuestro lazo con eso que podríamos llamar el origen –todo aquello que estuvo antes que nosotros, y que seguro nos verá pasar–.

Por fortuna, ante la pérdida de corporalidad, el desconcierto de una temporalidad poco humana y el influjo determinante de algoritmos, tres de los ingredientes de la digitalización de nuestra realidad, existen espacios de refugio y contrapeso. Estos rincones alimentan nuestro vínculo con, dicho de forma literal pero también figurada, lo palpable. 

 

Los jardines antidigitales

Si lo digital (redes sociales, mensajería instantánea, voyeur electrónico, hiperacceso informativo, narcisismo binario, ultraconectividad, etc.) domina buena parte de la cultura actual, ¿podrías imaginar algo más contracultural, más “equilibrante”, que cultivar y disfrutar de un jardín?

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Un jardín es un sitio en esencia sensorial; su naturaleza es rítmica (y su ritmo natural), obliga paciencia; un jardín provee una experiencia estética, incluso erótica, pero también demanda interacción física y dedicación; es un lugar mundano pero que propulsa la imaginación, tan básico como trascendental, accesible y naturalmente sofisticado.

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han, por cierto una de las voces críticas más interesantes hoy, advierte que tener un “jardín secreto” es lo que le ha permitido, entre otras medidas, refugiarse:

…durante 3 años he cultivado un jardín secreto que me ha dado contacto con la realidad: colores, olores, sensaciones… Me ha permitido percatarme de la alteridad de la tierra: la tierra tenía peso, todo lo hacía con las manos; lo digital no pesa, no huele, no opone resistencia, pasas un dedo y ya está… es la abolición de la realidad.

Bacon, Voltaire, Borges, Dickinson, Monet y Carroll son sólo algunos de los devotos de estos sitios; lo mismo que antiguos reyes árabes y los mayores maestros zen. Algo tienen los jardines que nos encandila desde siempre. Pero ahora no sólo figuran como proveedores de una exquisitez sensorial y una guarida estética; hoy los jardines se presentan como una suerte de bálsamo, como un generoso instrumento de supervivencia y re-humanización. De hecho, está comprobada una correspondencia entre la jardinería y estados como la relajación, la satisfacción y la calma.

 

Entre la información y la tierra

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“Si tienes un jardín y una biblioteca, tienes todo lo necesario”, decía Marco Tulio. Curiosamente, algo así es a lo que muchos podríamos aspirar hoy. A fin de cuentas no se trata de buscar un exilio digital, algo inviable para la mayoría. En cambio, se trata de simplemente ejercer una práctica arquetípica: la búsqueda consciente del equilibrio.

Tal vez si logramos envolver nuestro “yo digital”, con sus proyecciones narcisistas, sus ritmos antibiológicos y sus caudales de información, en flores de lavanda, helechos y contemplación de hormigas, entonces aprovecharemos lo mejor de dos mundos. Tal vez buena parte de las respuestas que estás buscando en este instante te estén esperando ahí, en un jardín. Y en ese caso, sería una tristeza no acudir a esa cita.

Javier Barros del Villar
Autor: Javier Barros del Villar
Editor digital. Toma té y vive parte del tiempo en las montañas.


Siembra una farmacia en tu jardín

La hermanas Heather y Melinda Ring retoman la idea de sembrar plantas medicinales en espacios públicos.

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Las selvas y los bosques son los pulmones del planeta, pero también en estos territorios se encuentran las farmacias y “boticas” (como alguna vez fueron llamadas) que sirven como los más antiguos lugares con remedios para curar enfermedades. La historia de los jardines, incluso, aguarda un espacio en el tiempo donde los hombres –especialmente los botánicos– dedicaron buena parte de su tiempo a cultivar especies con fines curativos.

Nuestra época no es la excepción, y el movimiento de huertos urbanos ha podido extenderse, además, con propósitos farmacéuticos, más allá de alimenticios. Cortezas, raíces, hojas, resinas, flores, extractos, semillas y un largo etcétera es lo que la naturaleza provee a través de los nodos verdes para que personas, e incluso animales, curen algunas de sus afecciones.

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En Indonesia la selva es la fuente de buena salud de sus aldeanos. Y para la comunidad Añangu, en Brasil, conocer las propiedades medicinales de las plantas es una tradición ininterrumpida que pasa de generación en generación.

Pero, el conocimiento sobre las ventajas de las plantas medicinales no solo se preserva en lugares como la Amazonia. En algunas ciudades se está llevando a la práctica. En Londres, por ejemplo, las hermanas Melinda y Heather Ring se propusieron informar y reeducar sobre el uso de herbolaria, en medio de la selva de concreto que significa la capital británica. 

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Su idea tomo forma en el proyecto Urban Physic Garden, una iniciativa abierta a seguir implementando todo lo necesario para que la ciudad tenga su propio jardín-farmacia. Esta es una idea que fácilmente puede trasladarse a otros lugares, como América, donde existe una larga tradición en el uso de plantas curativas.

Para los ingleses el culto y cultivo por los jardines no es nuevo. Melinda y Heather afirman que se inspiraron en una idea de crear jardines medicinales surgida desde 1673, y que ahora vuelve a tomar auge en el espacio público de Chelsea.

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La idea del Urban Physic Garden es brindar un espacio público para que las personas de los barrios aledaños puedan involucrare en los saberes y prácticas que involucra el cuidado y uso de las plantas medicinales. Así, el concepto de jardín se reivindica, y toma lugar ya no solo como un territorio ornamental de inigualable belleza, sino como un espacio activo en favor del bienestar colectivo. 

El Urban Physic Garden pone el ejemplo a otras ciudades y te invita a involucrarte a ti y a los más jóvenes, en esta actividad recreativa que promueva la medicina natural y la unión comunitaria. 

En este link puedes obtener más información al respecto de este proyecto. 

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*También en Ecoosfera: Rebeldía orgánica: evolución a través de la jardinería

 

*Imágenes: wayward.co.uk