Los ciclistas son una excelente fuente de ingresos para los negocios

Las bicicletas no sólo son buenas para el medio ambiente: también contribuyen a los negocios en las ciudades.

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Las ciclopistas comienzan a permear el paisaje urbano de muchas ciudades en el mundo, y mientras la circulación en dos ruedas alivia en alguna medida los problemas de tráfico vehicular en las principales arterias, parece que adoptar este medio de transporte no contaminante podría ayudar también a los negocios.

Según recientes estudios llevados a cabo en Portland, EU, los ciclistas tienden a gastar más que sus contrapartes automovilísticos en bares, restaurantes y tiendas de conveniencia.Un estudio del 2009 llevado a cabo en Toronto apoya esta teoría, afirmando que los consumidores que llegan a pie o en bicileta a las tiendas tienden a gastar más dinero.

Esto tiene sentido si consideramos todos los gastos que se ahorran al dejar de tener auto: además de la gasolina está la cuota de estacionamiento, el mantenimiento mismo del auto y las indeseables multas vehiculares.

Las ciclopistas parecen ser clave en este fenómeno. Así lo afirma el departamento de tránsito de Nueva York, quienes afirman que las ventas en la Novena Avenida se han incrementado 49% con la inclusión de una ciclopista. Es un dato a tener en cuenta para el desarrollo urbano en países en desarrollo: las ciclopistas y bicicletas no sólo ayudan al medio ambiente, sino que también promueven el comercio y la salud de los negocios.

[Tree Hugger]



Bicicletas que limpian el aire: ¿cómo funcionan?

Esta iniciativa podría no sólo incentivar el uso de la bicicleta, sino limpiar las atmósferas tóxicas de nuestras ciudades.

Entre los muchos artefactos que se han diseñado para eliminar la odiosa y mortífera contaminación atmosférica de las ciudades, el más original y estimulante es la bicicleta que filtra esmog y purifica el aire, creada por el diseñador holandés Daan Roosegaarde.

Se trata de una fase más del Smog Free Project, con residencia en Pekín y Rotterdam, el cual se ha dedicado a crear obras de ingeniería y tecnología para combatir la contaminación. Este proyecto no sólo busca limpiar la atmósfera, sino incluso el espacio exterior, que es lo que pretende otra fase muy estimulante llamada Space Waste Lab.

Pero dejando de lado las alturas cósmicas y la contaminación en el universo, y volviendo a nuestras ciudades y sus atmósferas tóxicas, lo cierto es que la bicicleta antiesmog parece ser el arma perfecta para combatir la contaminación. Porque es tan sencilla como útil, y cumple varios propósitos en uno.

¿Cómo funciona?

La bicicleta antiesmog funciona con la llamada “ionización positiva”, un proceso que remueve partículas del aire y las filtra para purificarlo.

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Con este invento no sólo se incentiva el uso de la bicicleta –el transporte más sustentable y liberador que existe–, sino que además se hace de los ciudadanos sujetos activos en el combate contra la contaminación, ya no sólo a partir de las acciones cotidianas que todos podemos adoptar, sino a través de un dispositivo tan sencillo como una bicicleta a la cual se le adapta tecnología purificante.

Así, cada pedaleada suma una bocanada de aire limpio.

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Roosegaarde y su equipo buscan innovar con estas bicicletas antiesmog en ciudades de China, donde paradójicamente, la cultura de la bicicleta está tan arraigada como alarmante es la contaminación atmosférica –que ocasiona más de 1 millón de muertes al año–. Aún no han logrado que el gobierno chino implemente su tecnología, pero según contó el diseñador a The Guardian, es muy probable que la adopten como parte de los programas de renta de bicicletas que se han implementado en todo el país.

O por lo menos, eso sería lo más sensato. De hacerlo, serán una inspiración de lo que el civismo tecnológico es capaz de hacer, en aras no sólo de la civilidad, sino también de la sustentabilidad.

 

* Imágenes: 1 y 2) Smog Free Project; 3) Gidaokeji



Explorador recorre en bicicleta uno de los sitios más remotos del mundo (VIDEO)

La bicicleta se posiciona como un vehículo para recorrer los parajes más insólitos como Kirguistán.

La república de Kirguistán es uno de los paisajes más remotos y alejados de la Tierra. Compartiendo fronteras con China, Kazajstán, Tayikistán y Uzbekistán, esta pequeña república fue el escenario de un épico viaje hacia lo desconocido por parte del aventurero Kyle Dempster.

“¿Cómo llegué aquí?”, se pregunta Dempster en una de las primeras escenas del documental The road to Karakol, donde podemos ver a Dempster atravesando las remotas llanuras de Asia a bordo de su bicicleta, atravesando ríos casi congelados en plena desnudez y dándose a entender con los pobladores de los lugares más escondidos del planeta.

El viaje estuvo patrocinado por Outdoor Research, una compañía de equipo para expediciones, los cuales pensaron que el viaje de 1,200 kilómetros de Dempster podría servir como un video corto; no imaginaron que el material que Dempster filmó durante su odisea serviría para que los cineastas Fitz Cahall y Austin Siadak dieran forma a un proyecto mucho más grande y ambicioso.

La soledad se vuelve apremiante entre la inmensidad: cada lugar donde el ojo se posa reviste una inusitada belleza, una complejidad, un problema al que nunca nos hemos enfrentado. Estamos viajando realmente hacia lo desconocido, con Dempster, solamente armados con una cámara de video, utensilios de sobrevivencia y un viejo mapa de Kirguistán.

Se trata de la experiencia de lo desconocido en grado sumo: de ponerse en un lugar de riesgo, que es el antiguo lugar de la aventura. Los exploradores del mar en los siglos XVI y XVII subían a los barcos sin una idea clara de lo que habrían de encontrar al otro lado del mundo. En nuestros días es fácil buscar “Kirguistán” en Google y hacernos una idea aproximada de ese lugar, pero visitarlo –incluso a través de los ojos de un explorador como Dempster– es una experiencia que compete solamente a nuestros sentidos, que modifica nuestras expectativas y que nos da un nuevo acercamiento a lo desconocido en nuestro mundo. Recorrerlo en bicicleta, además, confiere a este vehículo un valor que lo sitúa como uno de los inventos que más empata con la naturaleza.