Cassini toma estas impresionantes imágenes de tormenta que lleva años ocurriendo en Saturno (FOTOS, VIDEO)

Esta impresionante tormenta de más de 2 mil km de ancho y vientos 4 veces más veloces que el más potente de los huracanes terrestres lleva años y años manteniéndose en el polo norte de Saturno.

Si bien en nuestro planeta estamos más o menos habituados a las manifestaciones magnas del poder y la presencia de la naturaleza, en cierto modo estás son más bien menores en comparación con las que suceden en el espacio exterior, en donde las condiciones son notablemente más inclementes y al mismo tiempo más impresionantes.

Prueba de esto es una tormenta captada recientemente por la sonda espacial Cassini, que desde hace varios años tiene como misión explorar Saturno. Ahí, en el planeta anillado, tuvo lugar este sorprendente meteoro que según los científicos del proyecto tuvo 2 mil kilómetros de ancho (20 veces el tamaño del huracán Sandy) con vientos hasta 4 veces más veloces que los huracanes más potentes que ocurren en nuestro planeta.

Sin embargo, todavía más inquietante es el hecho de que, al parecer, esta tormenta ha estado “atorada” en el polo norte de Saturno desde hace varios años, no se sabe cuántos, pero Cassini estuvo a la espera por casi 7, hasta que pudo acercarse a 420,000 kilómetros de distancia para obtener estas imágenes.

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Al parecer tanto la formación como la duración del fenómeno se encuentran relacionados de una manera todavía desconocida con el hecho de que en el planeta no hay océanos, y el agua existente solo se encuentra en pequeñas cantidades en forma de vapor en la atmósfera hidrogenada.

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Una imagen de 2012

 

En este enlace, la información de la NASA al respecto.

 

[RT]



Espiritualizar el universo (de cosmovisiones y seres antropocósmicos)

Una reconciliación entre lo cósmico y lo humano es el germen teórico y científico que podría alentar nuestra evolución.

En los tiempos antiguos el término espíritu nunca estuvo lejos de las ciencias exactas. Las bases de la medicina y la química, la espagiria y la alquimia, encontraron importante la existencia de la materia invisible –la parte no corpórea del ser–, la fuente de vitalidad del reino animal y mineral. Un suspiro.

Los monjes budistas que se dedican a estudiar cosmología, relacionan la información científica con su filosofía milenaria en un todo: la naturaleza de la realidad. En la historia del conocimiento humano, el micro y el macrocosmos están, de cierta forma, conectados desde una entidad fantasma que sí, podríamos llamar espíritu. 

En este sentido, el cosmos –la bóveda celeste– ha sido musa para inspirar todo tipo de creencias místicas y sagradas, que comparten su realidad con la ciencia y las leyes de la física que construimos acá abajo.

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¿Podemos pensar en el universo como si fuese un dios?

Quizá sí, porque aquello de que somos polvo de estrellas es más que una metáfora: podría ser que casi la mitad de los átomos que componen nuestro cuerpo provengan de galaxias más allá de la que habitamos. Y es que las primeras estrellas y, por lo tanto, los primeros átomos, nacieron cuando se formó toda la materia en el universo, así como la energía que los transformó eventualmente en planetas y creó vida en ellos.

Esto, que ahora lo explica la astronomía moderna, era lo que tenía su explicación esencialmente en los mitos de las cosmogonías antiguas: las narraciones centradas en los orígenes del universo, como el Popol Vuh de los mayas, que buscaba la génesis de lo humano en el campo de fuerzas estelares. Pero además de las cosmogonías, las culturas mesoamericanas también sabían cómo hacerse a ellas mismas parte del relato universal. Por eso tenían una cosmovisión.

 

¿Qué es la cosmovisión?

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Las cosmovisiones, como las cosmogonías, forman en conjunto lo que el pensamiento humano ha sido capaz de filosofar y crear hasta ahora. Una cosmovisión es una “concepción del mundo”, con historia y tradición, que se reactualiza cada tanto pero a su vez mantiene cierta continuidad. En ese sentido, las cosmovisiones no pertenecen sólo a las concepciones de las culturas mesoamericanas u originarias: en realidad, “cosmovisión” es un concepto alemán (Weltanschauung).

Pero curiosamente, no hay concepción del mundo que merezca más ser llamada cosmovisión que la de las culturas mesoamericanas. Sus habitantes compartían muchos principios, pero también eran fundamentalmente diversos. Su mayor fortaleza era estar conscientes de ello y no escindir lo humano de lo cósmico, lo orgánico y lo místico. Algo que puede constatarse en la actualidad, en las comunidades indígenas contemporáneas.

Porque según el historiador Alfredo López Austin, los procesos míticos mesoamericanos se expresaban como “pasiones humanas”. No había una división tajante entre el tiempo-espacio “mítico” o divino, y el tiempo-espacio “mundano” o humano. Ahí lo “divino” no podía ser escindido de lo humano, porque nada podía  ser concebido mas que por las pasiones humanas que permiten experimentar el mundo. La conciencia sobre este hecho pareciera haber sido mucho mayor en el mundo mesoamericano que en cualquier otro.

 

¿Tenemos nosotros una cosmovisión?

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Los científicos contemporáneos están comenzando a comprender que ellos, y la humanidad en su conjunto, necesitan volver a sus raíces: hace falta una concepción del mundo que parta de nosotros (en plural). No lo requerimos por una suerte de impulso antropocéntrico o egocéntrico, sino antropocósmico. Porque los seres humanos somos la mediación y la finalidad de todo lo que existe para nosotros, pero a su vez debemos ser conscientes de que estamos en correlación con el cosmos y con sus otros habitantes.

Tal cosa sería como el humanismo que necesitamos en estos tiempos convulsos. Y no por nada, la ciencia se está dando cuenta de ello. La astrónoma de la NASA Michelle Thaller ha sintetizado este nuevo paradigma científico de una manera preciosa:

Nuestras mentes, nuestra percepción de lo bello, nuestra noción de las matemáticas y cómo las cosas encajan, funcionan muy bien con las leyes físicas del universo. Pero eso no es una coincidencia: porque evolucionaron adentro del universo.

Así, nuestras mentes se hicieron conscientes con estas leyes físicas y estas condiciones. Por lo que creo que podemos aprender más del gran universo estudiándonos a nosotros mismos.

Esta inédita reconciliación entre lo cósmico y lo humano es el germen teórico y científico que podría alentar nuestra evolución. Porque más que una marcha forzada a un mundo heterogéneo, es una forma de alimentar la unidad de la diversidad –lo individual y lo colectivo– desde aquello más general: la humanidad, por un lado, y el cosmos, por el otro. 

Por eso necesitamos una concepción que nos permita ser seres antropocósmicos: transitar el tiempo presente y pensar a futuro sin escindirnos del cosmos ni de la naturaleza. Algo así como una cosmovisión contemporánea.

 

* Imágenes: 1, 3 y 4) Philipp Igumnov; 2) Edición Ecoosfera



Una imagen de la Vía Láctea de 9 mil millones de pixeles

La fotografía contiene un verdadero carnaval de estética astral que nos muestra la convivencia de 84 millones de estrellas.

Más allá de que este majestuoso retrato de la Vía Láctea le permitirá a los estudiosos desentrañar la compleja formulación de nuestra galaxia –o al menos realizar considerables avances–, lo cierto es que la imagen formada por 9,000 millones de pixeles representa, por sí sola, una oda a la perfección estética del cosmos. 

Conformada a partir de miles de imágenes captadas por el telescopio infrarrojo VISTA, operado por el Observatorio Europeo del Sur, esta fotografía evidencia diez veces más estrellas que cualquiera anterior, pues registra poco más de 84 millones de estrellas que cohabitan en la Vía Láctea. 

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Las nuevas tecnologías ópticas que incluye el VISTA, que utilizan ondas infrarrojas, permitieron penetrar en los cúmulos de gas y polvo estelar para llegar al núcleo de la espiral galáctica. La nitidez de la imagen es tal que si fuese impresa a la calidad estándar que se utiliza para ilustrar un libro de arte, la fotografía cubriría fácilmente toda la fachada de un edificio de tres niveles.

Por cierto, si eres suficientemente valiente y no temes intoxicarte de data astrovisual, puedes bajar la imagen completa, con un peso cercano a los 27 GB, en este enlace.