Calcula la edad de tu perro: científicos concluyen equivalencia en años humanos según la raza canina

Investigadores de la Universidad de Georgia realizan un amplio estudio en el que confirman que la edad que puede alcanzar un perro varía notablemente en función del tamaño de la raza a la que pertenece. En Ecoosfera te ofrecemos una tabla de equivalencias para que calcules la edad de tu mascota.

beagle

Los perros han acompañado a la humanidad casi desde el inicio de la historia, de hecho puede decirse que las historias de ambos se cruzaron en algún punto (hace cosa de 36 mil años) para ya jamás separarse. En los testimonios de nuestro desarrollo evolutivo —los libros y los murales, las vasijas griegas, los frisos babilónicos, las coplas populares, los códices, y más— el perro es un personaje constante, una presencia familiar que no se aleja, una compañía que no cesa.

Por esta razón, comenzando por la experiencia sostenida y después por el conocimiento sistematizado, existe en torno a los perros una verdadera ciencia, una suerte de especialización que, en la faz más humana de nuestra especie, se destina a asegurar su bienestar y su cuidado.

Hace unas semanas un par de investigadores de la Universidad de Georgia ofrecieron una explicación sobre la manera adecuada de calcular la edad de un perro con respecto a la edad humana, una equivalencia que más allá de ciertas consejas populares no se tiene del todo clara.

Asimismo, cabe acotar que, contrario a lo que pudiera pensarse, este cálculo no intenta reducir las particularidades del envejecimiento canino al humano. Se trata, en buena medida, de una operación matemática y fisiológica que se recomienda para quienes piensan hacerse cargo de una mascota. En efecto: si sabes que un perro puede vivir 5, 10 o 15 años, debes preguntarte si estás en condiciones (en todos los sentidos) de comprometerte con él durante ese tiempo.

A partir de la explicación que dieron sobre este cálculo (la cual se detalla en este enlace), Daniel Promislow y Kate Creevy elaboraron esta suerte de tabla de equivalencias que compartimos en Ecoosfera, esperando que sea de utilidad para quienes disfrutan de la compañía de un perro.

 

Para los primeros dos años:

En razas pequeñas, 1 año del perro equivale a 12.5 humanos

En razas medianas, 1 año del perro equivale a 10.5 años humanos

En razas grandes, 1 año del perro equivale a 9 años humanos

 

De tres años en adelante:

En razas pequeñas, 1 año del perro equivale a estos años humanos:

Dachshund (Miniatura), 4.32

Border Terrier, 4.47

Lhasa Apso, 4.49

Shih Tzu, 4.78

Whippet medio, 5.30

Chihuahua, 4.87

West Highland White Terrier, 4.96

Beagle, 5.20

Schnauzer miniatura, 5.46

Spaniel (Cocker), 5.55

Cavalier King Charles, 5.77

Pug, 5.95

Bulldog francés, 7.65

 

En razas medianas, 1 año del perro equivale a estos años humanos:

Spaniel, 5.46

Retriever (Labrador), 5.74

Golden Retriever, 5.74

Staffordshire Bull Terrier, 5.33

Bulldog, 13.42

 

En razas grandes, 1 año del perro equivale a estos años humanos:

Pastor alemán, 7.84

Boxer, 8.90

 

Ejemplo de cálculo: si tienes un beagle de 4 años, en edad humana es como si hubiera vivido 35.4 años: 12.5+12.5 (por sus dos primeros años) + 5.20+5.20 (por los siguientes dos años) = 35.4

En este enlace, las razones anatómicas y fisiológicas detrás de esta equivalencia.

[BBC]



Los perros de Chernóbil: los habitantes olvidados de la zona de exclusión necesitan tu ayuda

Un grupo de voluntarios está cuidando de esta población canina (y tú puedes colaborar).

Más de 250 perros viven en el área de exclusión de Chernóbil, la ciudad ucraniana donde en 1986 se desató uno de los mayores y más graves accidentes nucleares de la historia. Fue tras este aparatoso suceso que los habitantes de Chernóbil y otras ciudades aledañas tuvieron que dejar sus hogares. Pero muchos de ellos dejaron atrás no sólo su vida como la conocían hasta entonces, sino también a sus mascotas.

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Los perros que hoy habitan en la planta nuclear son los descendientes de los perros abandonados tras el accidente. Y es que, pese al intento del ejército soviético de exterminar a todos los canes para evitar que propagaran la radiación, el ejército no pudo dar con todos. Algunos voluntarios de la organización Clean Futures Fund descubrieron esto en un viaje a Chernóbil, y decidieron lanzar la campaña Dogs of Chernobyl en 2017 con el fin de vacunar y dar atención veterinaria a todos estos perros, así como esterilizarlos para evitar que se sigan reproduciendo.

Ahora que el tema del accidente nuclear ha cobrado relevancia a partir de la serie Chernobyl de HBO, la campaña Dogs for Chernobyl ha aprovechado para animar a la gente a ayudar a los perros de Chernóbil. Lo mejor es que, estemos donde estemos, podemos colaborar con este esfuerzo donando cualquier suma de dinero directamente a la organización Clean Futures Fund, aquí.

Así que el éxito de Chernobyl podría traerle buena fortuna a estos perritos. Ahora que lo sabes, sólo necesitan de tu solidaridad.

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* Imágenes: Clean Futures Fund



¿Qué ve un perro en el espejo?

La respuesta nos hace pensar que los perros son más budistas que muchos de nosotros.

Seguro lo has intentado: hacer que tu perro se vea en el espejo. Muchas veces, pareciera que sólo están viendo una pared. Otras, parecieran reticentes a verse a sí mismos y desvían la mirada para todos lados. Y en muchas ocasiones, se enojan consigo mismos…

Pero, ¿acaso son conscientes de que son ellos los que están del otro lado del espejo?

La prueba del espejo se ha realizado en decenas de especies. Se trata de una prueba para comprobar hasta dónde llega la conciencia animal, y consiste en embarrar un poco de pintura en la cara del animal para ver si, al verse al espejo, intenta quitársela, lo que señalaría que es consciente de que está viendo su reflejo.

Los bebés humanos saben reconocerse a sí mismos en un espejo aproximadamente a los 18 meses de edad. Precisamente, ellos se tocan y se intentan quitar cosas que reconocen que les son externas. Este comportamiento también se ha visto en bonobos y orangutanes (primates), así como en delfines, orcas, elefantes, urracas y palomas.

Pero los perros no han pasado la prueba del espejo.

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El hecho de que haya animales que sí se reconocen en el espejo le hace creer a los expertos que existen especies conscientes de sí mismas. Pero entonces, ¿qué son nuestros perros? ¿una especie de autómatas?

Esto es algo que muchos científicos, incluido Stephen Hawking, han cuestionado. A partir de estudios sobre el funcionamiento de las redes neuronales se ha llegado a la conclusión de que la conciencia no está sólo en ciertas zonas del cerebro, sino en esos circuitos que todas las especies compartimos. Y esto no necesariamente implica que un animal se reconozca en un espejo, sino que tenga ciertos comportamientos que van más allá.

Así que más bien tendríamos que preguntarnos si no es necesario remodelar un poco nuestros conceptos de “conciencia” e “inteligencia”. Porque sabido es también que ecosistemas como los bosques funcionan de manera compleja: sus raíces son como neuronas, y la tierra como la red que conecta los circuitos. Y en cuanto a la conciencia, se trata de un concepto tan antiguo como nosotros mismos. Pero en Occidente, está más involucrado con el “yo” de la psicología que con la comunidad de la naturaleza.

¿Y si algunos animales, como el perro, no se reconocen en el espejo porque no piensan en términos individuales?

Pocos animales son tan leales como los perros. Y en general, las especies de cánidos dependen de vivir en jaurías en las cuales se generan intensos lazos, como en el caso de los lobos, cuya forma de procurarse unos a otros es realmente conmovedora.

Así que sería factible pensar que los perros no están pensando en sí mismos: esperan encontrar a alguien más en el espejo, y por eso siempre creen que lo que ven es a otro perro. Este es el caso de los elefantes, que sólo pasan la prueba del espejo la mitad de las veces que son puestos en dicha situación; y sin embargo, son seres cuya sensibilidad raya en lo poético. Esto haría de animales como los perros seres más cercanos al budismo que muchos de nosotros, pues no tienen una noción “yoica” tan arraigada como la nuestra, ni tampoco parece que les importe tanto su cuerpo –o sea, lo material–.

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Eso sí: algunas pruebas –por demás interesantes– han demostrado que los perros están más interesados en su propia orina que en la de otros perros. Estas pruebas han buscado encontrar señales de que los perros sí tienen nociones de identidad pero éstas podrían tener más que ver con otros sentidos, como el del olfato, mucho más desarrollados en ellos que en nosotros.

¿Qué pasaría si los perros nos hicieran pruebas de olfato? Quizá pensarían “A ese humano le falta conciencia” cuando vieran que nosotros no podemos detectar nada que no esté a unos cuantos metros de distancia. Porque quizá el concepto canino de conciencia esté en el olfato o en algún lugar insospechado en el que no buscamos por falta de imaginación, pero sobre todo, por falta de empatía.

 

Pero entonces, ¿qué ve un perro en el espejo?

Se cree que hay dos posibilidades. Una es que vean algo que se mueve pero que al no tener olor, no lo identifican como algo vivo. Otra es que crean estar frente a otro perro, pero que sea la falta de olor la que los haga comportarse más agresivos. Hasta ahora, esas son las dos hipótesis que se manejan. ¿Tú qué opinas?