Despertares: cómo funciona el activismo

Te proponemos algunas bases para reflexionar sobre el activismo y cómo cambiar el mundo desde tu vida cotidiana.

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Algunas veces, de una causa enorme y poderosa sale un efecto pequeñísimo, insignificante, e incluso ni eso siquiera; otras, una causa mínima produce un efecto colosal.

Kierkegaard

La palabra de donde parte activismo contiene la partícula act-, que implica acción, actividad, en suma, movimiento. Cuando pensamos en activismo muchas veces la palabra “movimiento” también está presente. Los movimientos como la encarnación del activismo buscan mover a las personas desde una creencia hacia otra. Pero el activismo implica también dos factores: militancia y crítica.

“Militancia” parece muy cercano a la milicia, a lo militar. Implica creer en una idea y efectivamente, luchar por ella. Pero la militancia sin crítica reproduciría solamente una tendencia o una inercia aprendida, una idea aprendida que repetimos y que bien puede ser equivocada.

La crítica en términos de activismo implica pensar en los huecos o puntos débiles de nuestro movimiento. Identificamos una causa en la que deseamos incidir (transgénicos, derechos humanos, derechos sociales, equidad de género, derechos animales, hay muchas causas pendientes…) y nos organizamos o nos unimos a una organización para tratar de hacer una diferencia. La crítica en esto es fundamental: entender las razones que han producido la situación que queremos cambiar es lo principal, de lo contrario tendremos soluciones insuficientes o francamente erradas para un problema que no comprendemos del todo. Por eso te proponemos tres puntos para un activismo efectivo.

Inspirar

La inspiración no es sólo para los artistas: mostrarle a alguien un mundo que ya existe y que es posible le permitirá pensar en su propio mundo de manera diferente. La manera más efectiva de inspirar a otros no siempre implica una gran movilización de recursos y gente: tu vida es el ejemplo más poderoso que tienes. En ocasiones es un trabajo “hormiga”, en el sentido de que si vives tu vida en la manera en que desearías que otros la vivieras será más fácil que ellos se den cuenta por sí mismos.

De nada sirve (y de hecho es un poco molesto) que trates de convencer con interminables monólogos de que el mundo que conocen está mal. La mejor manera es vivir según las ideas y las razones que tú consideres correctas. En el activismo, la vieja máxima de “predicar con el ejemplo” es fundamental: ¿de qué otro modo tendría credibilidad? ¿De qué serviría asistir a marchas en contra de las prácticas corporativas si utilizas envases de plástico y no separas la basura? Los grandes cambios empiezan con pequeñas acciones que se contagian.

A través de la inspiración ocurre el verdadero despertar: todos estuvimos ahí en algún momento, como saliendo de un largo sueño o de una larga mentira, llenos de energía, con una visión nueva… pero sin saber qué hacer.

Educar

Vivimos en la era de la información. De la demasiada información. Si has decidido abocar tu tiempo y energía a defender una causa, lo menos que puedes hacer es conocerla en todas sus aristas. Está muy bien compartir posts en Facebook o Twitter sobre todo lo que nos molesta que maten ballenas en el Ártico, por ejemplo, pero si investigamos un poco más veremos que los pueblos esquimales las han cazado durante miles de años, y que una sola ballena puede mantener con vida a una comunidad quienes, además, no desperdician nada.

Es muy común creer que nuestra opinión es correcta solamente porque es nuestra. Conocer posiciones radicalmente contrarias a la nuestra no sólo nutrirá nuestro conocimiento sino que nos permitirá conocer cómo piensan los otros. Tal vez a ti te molesten las corridas de toros (a mí también, claro), pero a pesar de que hay mucha gente que asiste a ellas por una cuestión de status social, hay otros genuinamente interesados en hacer que las tradiciones pervivan –como la tauromaquia cretense, en Grecia, desde el 500 antes de nuestra era, y de donde la leyenda del minotauro se nutre. No decimos que esté bien, sólo que es necesario conocer a fondo aquello que queremos combatir antes de hacerlo: educarnos a nosotros mismos es un buen lugar para empezar.

Armar

Disentir y no estar de acuerdo no es suficiente. Como dijimos al principio, el activismo no es nada sin la acción. Muchas veces la acción comienza con el argumento preciso en el momento indicado. De nada servirá ganar una discusión acalorada con tus amigos si la verdadera lucha está allá afuera, por ejemplo, en las miles de personas consumiendo alimentos transgénicos porque no tienen opción; discriminando personas diferentes a ellos porque no las conocen; desestimando expresiones artísticas o tildándolas de estúpidas porque no las conocen. Las luchas sociales se libran a través del conocimiento y de la acción.

Todos queremos cambiar el mundo, pero si no conocemos las razones por las que el mundo está como está, seremos parte del problema y no de la solución. Predicar con el ejemplo es lo más importante: si crees que una idea o movimiento es bueno para ti, vive acorde a ello y sé consecuente; eso nutrirá e inspirará a la gente que está cerca de ti, y como un efecto en cadena, bueno, ¿quién sabe?, tal vez el mundo cambie.



¿Cuántas personas se necesitan para iniciar una revolución de conciencia? (Video)

¿Se necesita un número específico de personas para hacer una modificación de creencias y crear un cambio social? La ciencia dice que sí.

¿Cuántos activistas se necesitan para cambiar el mundo? Esta es una pregunta que, hasta hace poco, nadie podía responder. Sin embargo, en un estudio reciente, investigadores de la Universidad de Pensilvania y la Universidad de Londres encontraron que el número más probable es 25%.

 

El 25% de activistas, o uno de los requisitos para un cambio social

Últimamente se han visto cambios en las opiniones de la sociedad, desde los derechos de los homosexuales hasta la igualdad de género, las posturas han cambiado drásticamente alrededor del mundo.

No obstante, nunca se ha definido si existe un número específico de personas que se requieran para impulsar estos cambios desde los márgenes sociales y convertirlos en una tendencia mundial.

Gracias al estudio publicado en la revista Science, ahora se estima que la participación necesaria para detonar un cambio es del 25% de un grupo. Según dicha investigación, esta es la porción de participación que se necesita para adoptar una nueva norma social y crear un punto de inflexión que provoque que todos los integrantes del grupo la sigan.

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Sobre el origen del número mágico para el cambio 

Durante el estudio, los investigadores crearon una serie de pequeñas comunidades en línea, de 20 personas, y les pagaron para ponerse de acuerdo en torno a una norma social (en este caso, era el nombre de una persona en una imagen).

Una vez que cada grupo estuvo de acuerdo, le pagaron a unas pocas personas selectas de esos grupos para impulsar el cambio. Este grupo varió en tamaño, pero se dieron cuenta de que si el 25% de los individuos presionaba por una nueva etiqueta, ésta iba siendo aceptada más rápidamente y en masa.

El resultado más interesante que arrojó el estudio es que la presión social para cambiar era tan grande que incluso el 75% de los miembros restantes, a quienes les pagaron el doble y el triple de la cantidad de dinero, sucumbían a la presión de grupo.

En otras palabras, compartir esa historia con una perspectiva personal en Facebook, Twitter o la vida real puede impactar más de lo que piensas. Porque la presión social es, de hecho, mensurablemente significativa. Y tú puedes ser la única persona que se interpone entre lo que la industria quiere y el cambio real que necesita el mundo.

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Por supuesto, en el mundo no digital, muchas otras variables pueden afectar el éxito de la minoría comprometida; pero aun así, el conocimiento de que basta con el 25% de la población para tener un efecto en el cambio social podría ser alentador y, a la vez, ligeramente atemorizante.

Para los activistas, esta noticia probablemente sea positiva. No necesitan transformar a toda una población para que comprendan su punto de vista; el 25% lo hará, y una sola persona puede iniciar y marcar la diferencia.



¿Por qué están muriendo tantos defensores ambientales en el mundo?

Proteger al medio ambiente y luchar por la tierra es vital; sin embargo, los ambientalistas se enfrentan, paradójicamente, a la posibilidad de morir por ello.

En los últimos años, la violencia contra los defensores del medio ambiente ha escalado considerablemente. El periódico The Guardian, en un intento por hacer visible esta terrible situación, ha generado un registro en línea en donde da cuenta de todas las muertes ligadas a la defensa del planeta y sus recursos naturales. Según sus estadísticas, es probable que en una sola semana mueran alrededor de cuatro defensores de la tierra.

Diversos países en América Latina se encuentran entre los más peligrosos para los defensores ambientales. La causa principal son las industrias que invierten en megaproyectos de explotación de la tierra. Buscando la conservación ambiental, activistas locales e internacionales realizan acciones pacíficas para llamar la atención de gobiernos y otras instituciones. Además de la protesta, se dedican a documentar lo que ocurre en cada localidad o a intervenir físicamente los espacios, para cerrar el paso a las empresas frecuentemente extranjeras que invaden el territorio.

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Como resultado, reciben amenazas, son víctimas de violencia física e incluso son asesinados. Los gobiernos de muchos de los países afectados no han efectuado acciones concretas para frenar esta situación. En su lugar, las concesiones otorgadas para la explotación desmedida de la tierra se siguen sumando.

La minería es la industria más letal en este sentido (y también de las más dañinas para el medio ambiente), seguida de la explotación forestal, la agricultura comercial, las hidroeléctricas y la caza furtiva. Los países más peligrosos, según The Guardian, son Brasil, Colombia, Filipinas y Honduras. Este último tiene la mayor cantidad de muertes por número total de habitantes. En México, en los últimos tres años, se ha registrado la muerte de más de 20 defensores de la tierra.

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Berta Cáceres, ambientalista hondureña asesinada.

Entre ellos se cuenta a Gabriel Ramos Olivera, un guardabosque del parque nacional de Chacahua en Oaxaca. Él fue presuntamente asesinado por cazadores furtivos. Ramos Olivera, era un biólogo dedicado a la protección y conservación de las lagunas encontradas en el parque, en donde habitan tortugas y cocodrilos, ambos en peligro de extinción. También relata The Guardian, el asesinato de Isidro Baldenegro López, campesino tarahumara y protector del bosque. Ganó el premio Goldman por sus campañas pacíficas en contra de la deforestación. La historia de Baldenegro siempre ha estado ligada al activismo medioambiental, pues su padre también fue asesinado por luchar en contra de la explotación forestal de la Sierra Madre de Oaxaca.

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Hacer visibles estas devastadoras historias es mucho más que un homenaje a la vida de los defensores de la tierra: es un llamado a la acción. Este llamado apela a las autoridades, responsables de aplicar estrategias para terminar con la violencia y  parar la impunidad con la que operan las industrias que explotan los recursos naturales; pero también nos habla a todos. La conciencia sobre lo que está ocurriendo en nuestros ecosistemas, nos invita a pensar en los recursos que estamos consumiendo. Cada uno de nosotros puede elegir productos fabricados con materias primas sustentables, extraídas de forma legal y socialmente responsable. Son muchos los que están defendiendo a la tierra, pero desafortunadamente son más los que continúan financiando la violencia que conlleva la explotación desmedida de nuestro entorno.

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También en Ecoosfera: 

Un recuento de activistas ambientales asesinados en América Latina

 

*Imagen principal:  Luis Cortés