Un albúm lleno de recuerdos: el mundo Ártico que pronto dejará de ser (FOTOS)

Mientras que las fotografías que Paul Souder ha tomado en los treinta años de su carrera celebran la biodiversidad de nuestro planeta, también son un recordatorio de todo lo que hemos destruido. En la galería pueden observar un álbum al que Souder se refiere como “libro de recuerdos lleno de fantasmas”. Mientras que el fotógrafo […]

Mientras que las fotografías que Paul Souder ha tomado en los treinta años de su carrera celebran la biodiversidad de nuestro planeta, también son un recordatorio de todo lo que hemos destruido. En la galería pueden observar un álbum al que Souder se refiere como “libro de recuerdos lleno de fantasmas”.

Mientras que el fotógrafo ha experimentado todo tipo de aventuras mientras que fotografiaba el mundo entero, en una reciente entrevista confiesa que ha perdido la esperanza por muchas especies, en especial las que habitan en los polos. Souder ha visitado en cuatro ocasiones la Antártida y ha sido testigo de cómo en el curso de una generación, enormes glaciares se han convertido en montones de nieve.

Sin lugar a dudas, las fotografías tocan cuerdas que despiertan intensas emociones y nos hacen querer evitar el cambio climático, mientras que nos recuerdan al mismo tiempo, que será demasiado tarde para muchas especies.

Sus fotografías nos muestran las sutiles naturalezas de los sitios que visita, especies sublimes que se esfuerzan por sobrevivir en un mundo cuyos cambios climáticos drásticos los han desplazado. Souder confronta el comportamiento de la raza humana, con un poco de asco y decepción al decir: “A veces me pregunto si no estamos simplemente creando un registro de todas las cosas que hemos, como especie, destruido.”

 Para ver más imágenes por el fotógrafo en este enlace.

[Co.Exist]



¿Cómo luciría el mundo 4 grados más caliente? Un aterrador presagio cartográfico

Tras el fastuoso anuncio de la ONU dado hace algunos días, este mapa cobra más vigencia.

Los mapas siempre han tenido una función clarividente: nos permiten planear el futuro de nuestros pasos. Pero algunos mapas tienen otra función: traer consigo presagios funestos.

Es el caso de este mapa hecho hace 8 años y publicado por primera vez en New Scientist, que muestra un mundo 4 grados más caliente.

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Este mapa forma parte también de la colección Strange Maps, de Frank Jacobs, un blog que incluye cartografías de territorios fantásticos y que, en palabras de su autor, busca mostrar el mundo desde una perspectiva distinta.

Entre su colección hay mapas de asombrosa belleza, que despiertan el encanto por una historia ―a veces ficticia― que es contada a partir de la cartografía. Pero con este mapa del mundo 4 grados más caliente está visto que también pueden contar la historia futura de manera aterradora ―y para nada ficticia―.

Y es que, como ya nos advirtió la ONU, la temperatura podría subir 3 grados para 2030 si no hacemos algo ya, lo que nos acerca peligrosamente a un mundo futuro como el presentado en este mapa.

Un mundo futuro donde algunas islas, como Micronesia, han sido engullidas por el mar, y en el cual el sur de la India, así como partes de México y Sudamérica, están abandonadas por ser inhabitables. Un futuro donde se habita la Antártida y nuevas ciudades son erigidas en Siberia para los refugiados del cambio climático, que huyen del nuevo y paradójico planeta en el cual las ciudades están inundándose mientras los ríos se desecan.

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No obstante, siendo parte de Strange Maps, este mapa del mundo 4 grados más caliente no es sólo un presagio del desastre. También presenta soluciones sobre cómo podría habitarse un mundo transformado por el cambio climático.

Existirían nuevas zonas de pastoreo en los territorios más álgidos, como indica el color verde en el mapa. El hemisferio norte sería la nueva gran ciudad de la humanidad. Los nuevos desiertos serían grandes parques solares, como señalan los puntos verdes, y para plantas geotérmicas, como indican los puntos rojos. Así, la tecnología será el adalid que nos ayudará a resarcir mucho del desastre provocado por nosotros mismos.

Pero más allá del optimismo tecnológico, quizá haga falta más seriedad. Porque es verdad que habría territorios que habitar: nosotros nos podríamos salvar ―no sin mediar, seguramente, cruentas guerras en el proceso―.

No obstante, el desastre ambiental ya estaría hecho. Se perdería la biodiversidad, y con ella millones de especies animales y vegetales afrontarían su extinción. Colapsarían las maravillas naturales que reencantan la existencia, y sin las cuales la vida ya no tendría mucho sentido.

 

¿Podríamos vivir en un mundo así?

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Más que una pregunta técnica, debería ser una pregunta ética. Una pregunta de conciencia, que nos haga ver este mapa no como una cartografía de lo que “podría ser” sino de lo que jamás debe ser. Que conduzca nuestros pasos a la reflexión sobre lo urgente que es evitar que la temperatura siga en aumento. Porque no deberíamos tener que cargar con eso en la conciencia colectiva.

La verdadera y única opción que tenemos es que no ocurra una elevación de la temperatura. Por ahí debemos empezar. Ya lo dijo portentosamente Harrison Ford: la naturaleza no nos necesita, nosotros necesitamos a la naturaleza.

Así que no planeemos nuestra supervivencia en un mundo 4 grados más caliente. Mejor evitemos que suceda cualquier aumento cambiando nuestros hábitos, de manera individual y colectiva, e irradiemos una revolución de conciencia cotidiana que permeé el presente y cambie ese futuro que luce aterrador.

 

* Imágenes: 1) Matt Amesbury; 2) CC



Esta artista retrata los efectos del cambio climático sobre las capas de hielo

Los bellos cuadros hiperrealistas de Zaria Forman muestran la majestuosidad de los glaciares que pronto podríamos perder.

El cambio climático continúa devastando nuestro planeta día con día. Las regiones que más han sufrido sus efectos  son también las de mayor belleza: los majestuosos glaciares del ártico funcionan como un medidor de la rapidez con la que nuestro entorno se modifica ante este fenómeno.

Consciente de esto, la artista visual Zaria Forman se embarcó en una misión aérea junto con la NASA para rastrear el desplazamiento de las capas de hielo. El resultado son cuadros elaborados a gran escala que combinan la suavidad de los pasteles con un hiperrealismo arrollador. 

El paisajismo es una manera óptima de visualizar el entorno desde nuevas perspectivas. Como tal, es casi imposible admirar estas pinturas sin conmoverse. El azul profundo de los mares contrasta con la claridad del hielo milenario que flota sobre ellos. Estas obras deslumbran por el minucioso trabajo que hay detrás, pero también por el mensaje que transmiten: urge tomar medidas para conservar estos paisajes que, como el material con el que se retratan, podrían borrarse en cualquier momento