Desafía tu comodidad (y a la industria alimenticia) con una hortaliza en casa

Las hortalizas caseras no sólo pueden convertirse en una fuente de salud; también representan una vía a la autonomía alimenticia e incluso, un manifiesto contracultural.

Mucho se ha hablado en años recientes sobre las lamentables prácticas de la industria alimenticia. A través de múltiples vías hemos comprobado que hace tiempo que la calidad de los productos, y su relación con nuestra salud, dejó de ser una prioridad para el mercado del alimento. Por el contrario, éste se rige por leyes de mayor producción en menor tiempo y a menores costos, con el fin exclusivo de hacer más rentable su negocio.

De la mano de esta ‘nueva conciencia’ se ha desatado una moda alrededor de nuestros hábitos alimenticios: el boom de la comida orgánica. Si bien existe un debate en torno a las reales ventajas de lo orgánico sobre el resto, polémica bastante compleja si tomamos en cuenta los enormes intereses comerciales que hay en juego, lo cierto es que, por un lado, sin duda los alimentos orgánicos son ‘más naturales’, tal vez más nutritivos, y sin duda tienen mejor sabor –o un sabor más real–. Pero por otro lado, no deja de ser un tanto chocante el hecho de que para proveerte de alimentos orgánicos tengas que pagar dos, tres o hasta cuatro veces más por el producto, y que generalmente tengas que asistir a minisupermercados boutique envueltos en un halo de ‘saludable frivolidad’.

Más allá de que con un poco de dedicación puedes enterarte de ciertas plataformas donde se comercializan alimentos orgánicos sin marcas o establecimientos intermediarios, en los que puedes adquirirle alimento directamente a pequeños proveedores (por ejemplo, en la Ciudad de México existe el Mercado el 100), lo cierto es que la verdadera solución parece estar en nuestro hogar: las hortalizas caseras.

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Por cierto, para muchos de nosotros la idea de dedicar tiempo a montar y cuidar una hortaliza en casa parecerá algo imposible. La agenda está saturada y nuestra rutina diaria simplemente no tiene cabida para una actividad de este tipo. En este sentido lo único que podría decir es que, si en realidad no tienes tiempo para garantizarte una alimentación digna y saludable, entonces lo más probable es que haya algo mal planteado en tu modelo de vida, y quizá hoy sea un buen día para comenzar a tomar medidas al respecto. Se dice fácil, no lo es, pero tampoco hay pretexto alguno que sea suficiente para no hacerlo.

Al implementar una hortaliza en tu patio, terraza, balcón o jardín, estás de algún modo estableciendo un compromiso activo con tu alimentación, pero también con tu autonomía. Al hacerlo no sólo tendrás que dedicarle un cierto esfuerzo a montarla y a cuidarla –lo cual seguramente te sensibilizará frente a los procesos naturales del cultivo–, te obligarás a “meter las manos a la tierra”, a observar sus ciclos de desarrollo, y a designar en tu agenda un espacio para esta actividad. Lo anterior en sí ya es una especie de metaalimento, de terapia, que indudablemente te aportará beneficios, y que probará ser bastante útil para combatir lo que a mi juicio es uno de los grandes enemigos de la actual sociedad urbana, la comodidad. Pero además, eventualmente estarás insertándote en un ritmo de autoabastecimiento, al menos parcial, y estarás satisfaciendo una necesidad vital sin la obligación de participar en la generación de ‘nuevos mercados’ –por ejemplo, el ‘ecoamigable’–.

En la medida que la implementación de hortalizas urbanas se popularice, no sólo nos permitirá combatir la aletargante comodidad y dotar de congruencia tangible nuestro discurso prosaludable o ecoinspirador, sino que también estaremos ejerciendo una presión significativa sobre la nociva industria que controla casi por completo la alimentación urbana alrededor del mundo, orillándola a revisar sus prácticas y su filosofía. Y lo estaremos haciendo a través de la única forma en que podemos llamar su atención: afectando sus volúmenes de venta, sus ganancias. Y por si no fuese suficientemente positiva la adopción de esta práctica, también estaríamos dando un paso interesante, o al menos un humilde ensayo, hacia la autonomía, en este caso alimenticia, frente a gobiernos y corporaciones (curiosamente, hoy montar una hortaliza podría considerarse más contracultural que incurrir en actos de vandalismo o publicar unos fragmentos de anarco-poesía).

Mete las manos a la tierra y date de comer.

 

Twitter del autor: @paradoxeparadis

 

Más información:

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Huertos ecológicos: una alternativa de alimentación sustentable

Javier Barros del Villar
Autor: Javier Barros del Villar
Editor digital. Toma té y vive parte del tiempo en las montañas.


La CDMX tendrá el huerto urbano sustentable más grande de América Latina

Con 24 300 m2, el Centro de Desarrollo de la Magdalena Mixhuca se convertirá en el huerto urbano sustentable más grande América Latina.

Desde los últimos años, el Gobierno de la Ciudad de México ha ido remodelando numerosas zonas del lugar. Entre las remodelaciones más promovidas se encuentran las áreas verdes y ciclopistas enfocadas tanto en la estética como la salud ambiental de toda la ciudad; y un ejemplo de ello es el huerto urbano sustentable que se ubicará en la colonia Magdalena Mixhuca. 

Con 24 300 m2, el Centro de Desarrollo de la Magdalena Mixhuca se convertirá en el huerto urbano sustentable más grande América Latina. Después de aplanar la tierra, pasar por un proceso de remodelación y reacondicionamiento de invernaderos y áreas frutales, este proyecto, conocido como Espiga, brindará un apoyo importante para la comunidad y el medio ambiente de la ciudad. 

Las autoridades han destinado alrededor de 10 millones de pesos para la primera etapa, en la cual se asegurará un espacio destinado al cultivo y producción para fortalecer la seguridad alimentaria de consumidores y productores. De acuerdo con el titular de la Secretaría de Desarrollo Social –Sedeso– de la capital, José Ramón Amieva, los objetivos de este proyecto serán contribuir “al mejoramiento de la seguridad alimentaria urbana y a la sostenibilidad de los sistemas locales; dotar de capacidades a las personas para que produzcan sus alimentos dentro del entorno urbano e instruir a los ciudadanos en temas ambientales y de nutrición.” Esto será adecuado para cambiar la vida de las personas de la zona, en la cual viven 103 550 personas en situaciones de pobreza, 5 762 en miseria extrema y 56 243 en carencia de acceso a la alimentación. 

Para el reacondicionamiento y ampliación de invernaderos y huertos frutales, se construirá un espacio de aeroponia –cultivo de plantas en un entorno aéreo de niebla sin hacer uso de suelo– y torres de hortalizas. De esa manera se impulsará la captación de lluvia, área de composteo y lombricomposta, camas de cultivo, reuso de agua tratada, sala de talleres o cursos y un bosque  con frutos comestibles; así como la instalación de once huertos para actividades recreativas, educativas y productivas por parte de las secretarías de Desarrollo Social, Desarrollo Rural y Equidad para las Comunidades y Medio Ambiente. 

 Este proyecto se realizará en función de los principios para políticas públicas orientadas a mitigar el deterioro ambiental y fortalecer la seguridad alimentaria, y así facilitar que “en cada casa de la población más pobre pueda haber producción de hortalizas.”

 


Cómo averiguar si tu producto es orgánico en dos minutos

Existe un estándar de la industria, que aunque no está dirigido directamente a los consumidores, es un indicador que puede revelarte datos importantes.

Cuando vas a un mercado de trato directo con los granjeros locales es mucho más sencillo que te asegures de que tus productos son orgánicos. Pero si estás inmiscuido como la mayoría de nosotros en la vida citadina y quizá tu sitio de compra más accesible es el supermercado, entonces ello se complica.

La especialista en mercado verde, Melissa Breyer, ha desglosado para TreeHugger una fórmula de lo más sencilla para que descubras qué productos del supermercado son orgánicos.

La fórmula, además, puede funcionar en muchas partes del mundo, pues se trata de un estándar internacional que no depende de los gobiernos nacionales. En realidad este código que nos invita Breyer a revisar, no está dirigido a los consumidores, sino a la misma industria (lo que quizá lo hace más seguro. Existe una fórmula para enterarte si el producto que buscas es realmente orgánico y es la siguiente:

Debes ubicar el PLU (Price Look Up) que obedece a un sistema global estandarizado por la Federación Internacional para Productos Estandarizados (IFPS por sus siglas en inglés). Sus códigos son de 5 dígitos y ha sido empleado desde 1990.

Si la serie comienza con un 9, entonces es un indicador de que el producto es orgánico.