22 de marzo de 2013: Día Mundial del Agua, una fecha para reflexionar sobre el impacto comunitario de nuestras acciones

El agua es el recurso natural que mejor demuestra la conexión secreta de todas las cosas y los seres vivos de este mundo: tomar conciencia de cómo la utilizamos es también tomar conciencia de nuestro propio devenir; este 22 de marzo, una fecha para reflexionar sobre esto.

India World Water Day

En términos reales pero también simbólicos, en un sentido literal pero también figurado, el agua es, indiscutiblemente, el recurso vital por excelencia, la fuente desde donde mana la vida y también el elemento que la preserva. “Las aguas, ese plural irreductible”, dice Roberto Calasso en su libro sobre mitología hindú Ka, en alusión a esa suerte de lecho primordial donde descansa el universo entero, sus potencias y sus habitantes, las fuerzas que dan vida al mundo.

Por esta razón, porque la importancia del agua en nuestra vida es insoslayable en varios sentidos, la ONU estableció un Día Mundial del Agua que en este 2013 se fijó el 22 de marzo. Una efeméride que además tiene un enfoque particular: el de la cooperación.

En efecto: el agua es quizá el elemento que mejor expresa la unión de todas las cosas en este mundo. Su naturaleza cíclica hace que, incluso en términos simbólicos, regrese a nosotros un poco en el mismo estado en que se fue la última vez que la tuvimos. Preservarla es preservarnos pero también preservar nuestro entorno o, en sentido opuesto, dañarla es también dañarnos a nosotros mismos. Explica la ONU:

La cooperación en la esfera del agua es crucial para la seguridad, la lucha contra la pobreza, la justicia social y la igualdad de género. La buena gestión y la cooperación entre los diferentes grupos de usuarios promueven el acceso al agua, la lucha contra su escasez y contribuyen a la reducción de la pobreza. La cooperación permite un uso más eficiente y sostenible de los recursos hídricos y se traduce en beneficios mutuos y mejores condiciones de vida.

Este énfasis en la cooperación se revela particularmente urgente cuando sabemos que, por ejemplo, en África niños y mujeres dedican más de 40 mil millones de horas anuales para recolectar el líquido, o que también cada año mueren más de 3 mil niños de menos de 5 años en el mundo por enfermedades relacionadas con la calidad del agua (diarrea en la mayoría de los casos).

Así, queda claro que esta fecha es una oportunidad excelente para tomar conciencia de que nuestros actos generan un impacto en nuestro entorno, mediata e inmediatamente, y, por lo mismo, vale la pena reflexionar sobre este mismo efecto: ¿queremos que sea positivo o negativo? ¿Benéfico o perjudicial? ¿Individualista o colectivo?

Por último, como cortesía del sitio Mamá Natural, compartimos estos sencillos consejos para cuidar el agua en nuestro hogar.

Toma duchas cortas (entre 5 y 10 minutos), cerrando la llave de la regadera cuando te enjabones.

Recoge con una cubeta el agua fría que sale antes de la caliente.

Al lavarte los dientes utiliza un vaso para engujarte la boca.

Si es posible, capta el agua de lluvia, misma que después puedes utilizar para regar tus plantas, la limpieza del hogar, etc.

Riega tus plantas por la noche.

Lava tu coche utilizando una cubeta de agua y una franela.

No desperdicies alimentos: tirarlos a la basura sin consumirlos significa desperdiciar también el agua que se utilizó para cultivarlos.

Si es posible, instala dispositivos ahorradores de agua en tu hogar: regaderas, tanques de WC ahorradores, etc.

En el caso del tanque del WC, también puedes poner al interior una botella de 1 litro llena de agua, para que así utilices menos en cada desagüe.

Repara las fugas de tu tubería lo más pronto posible.

No viertas sustancias tóxicas al drenaje público: colillas de cigarro, sustancias químicas tóxicas, aceite de cocina usado (para este utiliza botellas de plástico), etc.

Con información de The Huffington Post



¿Cuántas personas se necesitan para iniciar una revolución de conciencia? (Video)

¿Se necesita un número específico de personas para hacer una modificación de creencias y crear un cambio social? La ciencia dice que sí.

¿Cuántos activistas se necesitan para cambiar el mundo? Esta es una pregunta que, hasta hace poco, nadie podía responder. Sin embargo, en un estudio reciente, investigadores de la Universidad de Pensilvania y la Universidad de Londres encontraron que el número más probable es 25%.

 

El 25% de activistas, o uno de los requisitos para un cambio social

Últimamente se han visto cambios en las opiniones de la sociedad, desde los derechos de los homosexuales hasta la igualdad de género, las posturas han cambiado drásticamente alrededor del mundo.

No obstante, nunca se ha definido si existe un número específico de personas que se requieran para impulsar estos cambios desde los márgenes sociales y convertirlos en una tendencia mundial.

Gracias al estudio publicado en la revista Science, ahora se estima que la participación necesaria para detonar un cambio es del 25% de un grupo. Según dicha investigación, esta es la porción de participación que se necesita para adoptar una nueva norma social y crear un punto de inflexión que provoque que todos los integrantes del grupo la sigan.

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Sobre el origen del número mágico para el cambio 

Durante el estudio, los investigadores crearon una serie de pequeñas comunidades en línea, de 20 personas, y les pagaron para ponerse de acuerdo en torno a una norma social (en este caso, era el nombre de una persona en una imagen).

Una vez que cada grupo estuvo de acuerdo, le pagaron a unas pocas personas selectas de esos grupos para impulsar el cambio. Este grupo varió en tamaño, pero se dieron cuenta de que si el 25% de los individuos presionaba por una nueva etiqueta, ésta iba siendo aceptada más rápidamente y en masa.

El resultado más interesante que arrojó el estudio es que la presión social para cambiar era tan grande que incluso el 75% de los miembros restantes, a quienes les pagaron el doble y el triple de la cantidad de dinero, sucumbían a la presión de grupo.

En otras palabras, compartir esa historia con una perspectiva personal en Facebook, Twitter o la vida real puede impactar más de lo que piensas. Porque la presión social es, de hecho, mensurablemente significativa. Y tú puedes ser la única persona que se interpone entre lo que la industria quiere y el cambio real que necesita el mundo.

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Por supuesto, en el mundo no digital, muchas otras variables pueden afectar el éxito de la minoría comprometida; pero aun así, el conocimiento de que basta con el 25% de la población para tener un efecto en el cambio social podría ser alentador y, a la vez, ligeramente atemorizante.

Para los activistas, esta noticia probablemente sea positiva. No necesitan transformar a toda una población para que comprendan su punto de vista; el 25% lo hará, y una sola persona puede iniciar y marcar la diferencia.



¿El capitalismo promueve la escasez de los recursos naturales para venderlos como un producto?

La voracidad no tiene límites. A nosotros nos toca reinventar la manera en la que nos relacionamos con la naturaleza.

Los recursos naturales son finitos. Pero ahora, aunque somos una generación que está más consciente de ello que nuestros padres o abuelos, usamos la riqueza de la naturaleza a crédito: la explotamos a un grado tal que su biocapacidad para reproducirse y absorber nuestros deshechos se ha visto rebasada.

Ese crédito nos está cobrando ya los intereses. Nuestros bosques y selvas se desvanecen (en México perdemos cada año 500 mil hectáreas), y con ellos, también miles de especies animales. Los corales, milenarios habitantes del mar, están muriendo a consecuencia del cambio climático. Y en el futuro, 5 mil millones de personas sufrirán escasez de agua.

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Es verdad que nuestro consumismo es el correlato de esta grave situación. Pero no lo es menos el hecho de que los recursos naturales no sólo no han sido gestionados correctamente, sino que han sido vendidos. El extractivismo en el capitalismo es, en otras palabras, el uso privado de las riquezas biológicas: la némesis de la gestión comunitaria y sustentable de los recursos naturales, que muchas comunidades indígenas llaman a retomar como única salida viable ante la crisis medioambiental.

Así que el capitalismo no es tan irracional como se cree. Lo es, por supuesto, cuando pensamos en la manera en la que destruye a destajo sin mediar recuperación alguna. Pero según Andrés Barreda Marín, profesor de la UNAM, la escasez de los recursos naturales es una suerte de obsolescencia programada:el capitalismo está programando la escasez, provocándola y promoviéndola para encarecer los recursos naturales,al igual que lo hace con los gadgets o todo tipo de electrodomésticos y tecnología, a los que programa una “vida útil” para incrementar sus ventas.

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Es decir que la escasez es real, pero se está programando con fines específicos. Las transnacionales han llevado esto a la práctica desde hace mucho, y lo seguirán haciendo: la falta de agua llevará a su encarecimiento, al igual que la crisis agrícola está creando las condiciones para justificar y sobrevalorizar los productos transgénicos, que harán de los cultivos un monopolio de Monsanto, Bayer y algunas otras transnacionales.

Lejos de luchar contra esto, el capitalismo lo promoverá como una salida a las crisis económicas que ha enfrentado y seguirá enfrentando por lo contradictorio de su funcionamiento. Y por ello, muchas de las más grandes empresas seguirán en una férrea lucha por monopolizar los recursos naturales.

 

¿Es posible reaprender a relacionarnos con la naturaleza?

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Innegablemente, los seres humanos formamos parte del metabolismo de la naturaleza. Nuestra actividad no puede disociarse de ésta, y más aún, es imposible no provocar transformaciones en la naturaleza. Pero tal cosa no tendría que significar arrasar con ella. ¿Cómo, entonces, nos relacionamos con el medioambiente y los otros ecosistemas de maneras no dañinas?

Para ello necesitamos sin duda de un gran cambio a niveles incluso filosóficos, morales y epistémicos, pero también económicos y políticos. Generar una fuerza creativa por encima de las fuerzas inherentemente destructivas del capitalismo es una tarea impostergable. Plantearnos colectivamente cómo extraer las materias primas naturales, sean renovables o no, y cómo gestionar dicha extracción, así como la producción y el consumo de nuestras necesidades, es un quehacer pendiente que debe ser colectivo.

Porque sería utópico pensar en que podamos dejar de extraer los recursos naturales. La cuestión está en cómo nos relacionamos con el planeta y sus ecosistemas; en si los tratamos como seres vivos, con derechos, o como viles mercancías en el anaquel de un supermercado.

 

Imágenes: 1) Flickr darklorddisco; 2) Amy Talluto; 3) Tumblr