Cáncer, daño cerebral, ceguera: algunos de los daños a la salud provocados por el fluoruro

El documental Fluoridegade. An American Tragedy revela que el fluoruro no aporta nada a nuestra salud dental, pero sí merma nuestra salud. La razón por la que se promueve su uso es porque se trata de un desecho industrial que se produce en exceso.

El Dr. David Kennedy es Bioquímico y Fisiólogo, fue residente de la International Academy of Oral Medicine and Toxicology, está doctorado por la Universidad de Missouri, da una cátedra acerca de seguridad de los materiales dentales en el cuerpo humano a profesionales alrededor del mundo, incluyendo la Organización Mundial de la Salud. Este experto produjo y dirigió un documental acerca de los peligros del fluoruro, llamado Fluoridegade. An American Tragedy.

El objetivo de Dr. David Kennedy es comunicar que el fluoruro, que se ha estado utilizando para la prevención de caries, es un desperdicio industrial altamente tóxico, que no ofrece absolutamente ningún beneficio para la salud y que, debido al costo que representa para la industria la eliminación de esta sustancia, se deposita en los suministros de agua de EU.

El documental incluye varios testimonios de profesionales distinguidos, científicos, doctores y académicos. Entre ellos el Dr. Bill Marcus, antiguo jefe toxicológico de la Office of Drinking Water.

El gobierno estadounidense realizó un estudio sobre el papel del fluoruro en el cáncer y el Dr. Bill Marcus descubrió que los datos iniciales no coincidían con los resultados. Escribió un reporte para que se reabriera el estudio y se investigaran los huecos de dicho estudio. El reporte llegó hasta la prensa, lo que le costó el trabajo al Dr. Marcus.

Fluoridegade documenta que:

El floruro es un desperdicio industrial tóxico, es veneno para el cuerpo y de ninguna manera es un nutriente ni ofrece beneficios a la salud.

El fluoruro agregado a los suministros de agua puede ser contaminado con arsénico, radionucleoides, aluminio y otros contaminantes industriales.

El fluoruro se encuentra en el agua de la llave, en la mayoría de las pastas dentales y en muchos antibióticos, incluyendo los que son para animales, o sea que existen varios niveles de exposición.

La exposición a esta sustancia puede fácilmente alcanzar niveles tóxicos, por ejemplo, un cuarto de miligramo de fluoruro de la pasta de dientes provocaría intoxicación.

El fluoruro es un veneno acumulativo que aumenta la absorción de plomo, mata células, interrumpe la síntesis de colágeno, aumenta el tamaño de tumores cancerígenos, daña al sistema inmune, inhibe la producción de anticuerpos, daña el sistema endocrino, produce daño cerebral, daño muscular y ceguera.

[Waking Times]



Estamos tomando agua insalubre: ¿hay remedio?

Ya sea a partir de acciones individuales o colectivas, cambiar esta situación es posible.

El agua es una sustancia cuyos orígenes parecen estar más allá de los límites de nuestra atmósfera. Pero aunque siga siendo un misterio de dónde surgió este líquido, una cosa es segura: no podemos vivir sin él.

Es por eso que detrás del simple acto de tomar un vaso con agua, de darnos un baño o de regar nuestras plantas, subyace nuestro irrestricto derecho a este líquido vital. No obstante, el acceso al agua segura es hoy en día una suerte de privilegio, aunque pocos lo saben. ¿Cómo es que esto ocurrió? Saberlo en vísperas del Día Mundial del Agua parece necesario; más aún si queremos seguir conmemorando esta fecha, ya que salvaguardar nuestro acceso al agua segura también es cuidarla.

 

El agua del grifo, ¿insalubre en todo el mundo?

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En un actual y necesario artículo para la revista National Geographic, la presidenta del Natural Resources Defense Council, Rhea Suh, explicó cómo es que Estados Unidos ha sido en décadas recientes el escenario de severas crisis relativas a la sanidad del agua, y cómo es que a través del país es difícil encontrar agua apta para el consumo humano. No obstante, tanto en Estados Unidos como en muchos otros países, tomar agua de la llave y sin filtro sigue siendo una práctica normal, ya que los sistemas de saneamiento así lo permiten… o lo permitían.

En México también fue así en algún momento, antes de que las refresqueras aprovecharan la epidemia de cólera que sacudió al país en 1991, y que sentó las bases para embotellar el agua con la excusa de cuidar la salud colectiva. Tras este episodio la gente no dejó de beber agua embotellada, lo que nos convirtió a la postre en el mayor consumidor de este “producto” en el mundo, lo cual es un negocio redondo para las embotelladoras.

No obstante –y aunque embotellar el agua no es una solución–, tanto México como Estados Unidos y muchos otros países enfrentan en la actualidad un enorme problema: el agua del grifo también es insalubre. Como menciona Rhea Suh en su artículo para Nat Geo:

En todo el país los sistemas de agua son antiguos, casi no son mantenidos y necesitan ser modernizados; desde las tuberías de plomo en Milwaukee, Wisconsin y Newark, hasta los sedimentos y escombros en el agua potable después de las fuertes lluvias en Austin, Texas, hasta la contaminación fecal en el municipio de Penn, Pensilvania.

En México sucede lo mismo: sólo el 20% de las aguas residuales son tratadas, y el 70% de los cuerpos de agua dulce están contaminados con diversos químicos mortíferos. Además, 13 millones de mexicanos toman agua contaminada por falta de saneamiento, y la mayoría –tanto en zonas urbanas como rurales– toma agua cancerígena, pues las tuberías por las que transita son de asbesto, un material tóxico. Y por si no fuera suficiente, habría que pensar en el estado de nuestros propios tinacos y el material del cual están hechos.

 

¿Qué ocurre al tomar agua contaminada?

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Los efectos sobre nuestro organismo son, literalmente, mortíferos. Dependiendo de cuál sea la fuente de su contaminación y aquello de lo que esté más impregnada, el agua puede ocasionar problemas neurológicos, desbalances hormonales, cáncer, y toda clase de enfermedades en diversos órganos.

Todo ello sin contar que el agua embotellada tiene microplásticos tóxicos, cuyo efecto para la salud es aún esquivo, pero seguramente negativo.

 

Y… ¿podemos hacer algo?

Antes que nada, es importante que no nos obsesionemos con esta situación. Tomar agua es algo que debemos seguir haciendo. Pero no debemos perder de vista esta situación tanto como el hecho de que podemos solucionarla.

 

A nivel individual

Es importante que encontremos la mejor forma de purificar nuestra agua. En primer lugar, debemos comprar un tinaco nuevo, en caso de que el nuestro sea ya muy viejo y de algún material tóxico. Y debemos darle mantenimiento cada dos veces al año, desinfectándolo con cloro y asegurándonos de que esté herméticamente sellado. Si compartes tu tinaco con vecinos, intenta ponerte de acuerdo con ellos para cambiarlo y mantenerlo limpio.

En cuanto a métodos para purificar el agua, ninguno es infalible. Aunque quizá el mejor sea el de ósmosis inversa, ya que reduce la sal y la mayoría de parásitos y virus. Si compras un purificador con esta tecnología, y a ello agregas el uso de carbón activado –que puedes conseguir en línea–, tendrás quizá el agua más segura para beber.

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A nivel colectivo

Según Suh, todo debe empezar por la insistencia desde la ciudadanía por nuestro acceso al agua segura. No importa nuestro credo político –si es que lo tenemos–; lo que importa es que nadie tenga que resignarse a lo que tomar agua contaminada puede ocasionarle.

Se trata de crear presión a nivel nacional para que los gobernantes nos escuchen y traten el problema de la contaminación del agua en todos sus niveles (desde el saneamiento hasta la red de tuberías, pozos y tinacos), mismo que haga posible también poner a discusión la cuestión del agua embotellada, tanto a nivel de salud pública como de cuidado del medioambiente.

¿Tú qué opinas?

 

* Imágenes: 1) CC; 2) Innovators; 3) Allergy & Air