Top: 5 mitos sobre comer solo alimentos crudos, ¿es benéfico o dañino?

Hay varios grados de vegetarianismo, veganismo y uno de ellos es comer sólo alimentos crudos, pues es la “forma natural” o “al cocinar la comida se matan sus nutrientes o su espíritu vital”. ¿Qué tan benéfica es esta dieta?

veggies_4La dieta crudívora elimina toda posibilidad de cocinar. Ningún alimento debe ser calentado arriba de 40 °C, pero sí deshidratados o fermentados. Esto es porque “el calor disminuye los nutrientes, hace a los alimentos menos digeribles o más tóxicos, o elimina su energía vital”. Pero ¿qué tan cierto es eso? Revisemos 5 mitos sobre esta dieta.

Mito 1. El fuego destruye los nutrientes

Claro que la comida cruda es nutritiva, pero cocinar libera otros nutrientes que de otra forma no estarían a nuestro alcance. Cocinar espinacas libera más hierro y calcio. Las sopas están llenas de nutrientes que no se encuentran en una ensalada de zanahorias, cebollas y papas.

Al comer tanto alimentos crudos como cocidos “obtienes lo mejor de ambos mundos”, dice Jennifer Nelson, directora de la clínica Mayo.

Por otro lado, sobrecocer, tostar o quemar la comida sí puede ser un problema, hay que tener cuidado en no pasarnos de fuego.

Mito 2. El fuego destruye las enzimas.

Sí, es cierto. Pero los de todos modos el ácido del estómago destruye las enzimas. Además, los humanos tienen sus propias enzimas encargadas de romper las moléculas de la comida.

Mito 3. La comida cruda desintoxica

No hay comida ni hierbas que puedan sacar las toxinas de tu sangre u órganos. Lo más que hacen las dietas para desintoxicar es no introducir más moléculas dañinas en tu cuerpo por un día o dos para ayudar a tu hígado y riñones a procesar las toxinas más efectivamente, dice John McDougall, creador del programa McDougall.

Mito 4. El crudismo es saludable

Mantener una buena salud siguiendo una dieta crudívora es un reto. Muchos siguen una dieta así para perder peso, pero en la salud hay mucho más que perder kilos extra.

Muchos de los problemas de esta dieta son las deficiencias de vitaminas B12 y D, selenio, zinc, hierro y dos tipos de ácidos grasos omega. Sin la ingesta de suplementos, sería muy difícil o imposible de obtener la cantidad necesaria de estos nutrientes sólo de plantas crudas.

Otros de los problemas que se pueden presentar es acidez o erosión de los dientes.

Sin embargo, una dieta cruda sí puede ser más saludable que la dieta estándar de comida procesada.

Mito 5. Los alimentos crudos son naturales

“Ningún otro animal cuece su comida”, dicen los que siguen esta dieta. Pero tampoco hay animales que utilizan licuadoras ni animales que necesitan tanta energía para que el cerebro pueda jugar ajedrez.

Juzgar qué es natural es difícil. Civilizaciones humanas alrededor del mundo siguen dietas que consisten en granos, vegetales y carnes que te pueden llevar a unos 70 años de vida. Hay dietas animales confeccionadas por nativos de Siberia que son tan naturales como la alimentación de las tribus en el Amazonas. Por otro lado, no hay alguna cultura humana que haya intentado sobrevivir solamente con plantas crudas.

Cocinar abrió las puertas a un mundo de nutrientes y de calorías. El cerebro humano, después de todo, requiere mucha energía.

[MNN]

 

 



¡Veganos y carnívoros a juicio!

La ciencia nos dice que nuestra alimentación no sólo tiene un efecto en nuestro organismo, sino que además modifica nuestro entorno. 

Por: Erick Rodríguez y Sebastián Block

 

Comer es un ritual de convivencia muy importante en nuestra sociedad. En países megadiversos como México contamos con una infinidad de platillos de todo tipo y origen, algunos preparados desde épocas prehispánicas, que han sido transmitidos de generación en generación hasta llegar a nuestro tiempo. Esta riqueza forma parte de nuestra idiosincrasia e identidad como mexicanos. No obstante, la crisis ambiental que caracteriza a nuestra época ha provocado reflexiones cada vez más profundas acerca de las implicaciones de nuestro estilo de vida y, en particular, de nuestra alimentación. Nuestro sistema de producción alimenticio (muy exitoso, dirían algunos) nos ha llevado a estar dentro de los primeros cinco lugares de obesidad en este continente. Dos de cada diez niños sufren obesidad en México. La cifra aumenta al doble si hablamos de la población adulta. Además, hoy en día la ciencia nos dice que nuestra alimentación no sólo tiene un efecto en nuestro organismo, sino que además modifica nuestro entorno. 

El objetivo de este ensayo es disertar sobre las consecuencias de dos tipos de alimentación diametralmente opuestos: los veganos y los carnívoros. Advertimos al lector que los autores de este ensayo difieren en su tipo de alimentación, lo cual garantiza que nuestro acercamiento no esté sesgado hacia una de las vertientes. Para desarrollar la discusión, elegimos tres aspectos sobre los que consideramos que se debe centrar la discusión: la salud, el ambiente y la ética. 

 

Salud 

veganos-carnivoros-tipos alimentacion salud ambiente etica-0

Recientemente, mucha gente ha decidido volverse vegana después de ver un documental disponible en Vimeo y Netflix llamado What the Health. El documental señala que el consumo de carne y otros productos animales está detrás de muchísimas enfermedades, pero que nadie le presta atención a este problema debido a las campañas multimillonarias de lobbying financiadas por la industria productora de carne en Estados Unidos (el caso mexicano no es diferente). Como muchos documentales de este tipo, el tono es bastante amarillista y se mezclan indiscriminadamente hechos bien evidenciados con opiniones y posturas fuera de contexto. Por ejemplo, el conductor del documental muestra una indignación tremenda ante el hecho de que la carne procesada (como el jamón o las salchichas) ha sido clasificada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el mismo grupo de sustancias cancerígenas que el tabaco o incluso el asbesto y, sin embargo, su venta no está prohibida a menores de edad. El conductor dice que “es como si le diéramos cigarrillos a nuestros niños en el desayuno”. No obstante, esa clasificación de la OMS está basada en la certeza de que ciertos productos elevan el riesgo de cáncer, no en la magnitud del riesgo. Es decir, es prácticamente seguro que la carne procesada, y tal vez también la carne roja, aumentan el riesgo de cáncer de colon. Pero sólo aumentan el riesgo en un grado menor; en otras palabras, comerte un sándwich de jamón no es lo mismo que fumarte un cigarro o que inhalar asbesto. 

como cultivar vegetales-en casa facil germinar

No obstante, si eres carnívoro y dentro de tus preferencias abundan los embutidos y las salchichas, te podemos asegurar que estás consumiendo el peor tipo de derivado animal que existe en el mercando, debido a que los embutidos no contienen nutrientes y sólo tienen grasas saturadas. Según el Journal of Food Quality, comer carnes rojas no es malo siempre que no lo hagas en exceso, ya que si eliges alimentarte todos los días con carne estarás aumentando en un 17% tu probabilidad de desarrollar cáncer de colon, de acuerdo con The Lancet Oncology. Por si esto no es suficiente, un artículo publicado en Food and Chemical Toxicology sostiene que una dieta basada únicamente en carne aumenta significativamente tu probabilidad de desarrollar enfermedades cardiovasculares y adquirir diabetes tipo 2. Entonces, la pregunta obligada es: ¿Cuánta carne debo consumir? La respuesta, según varios nutriólogos, dependerá de la cantidad y calidad de la carne. Sin embargo, varios de ellos coinciden en que sólo 3 días a la semana es lo recomendable para llevar una dieta balanceada. En este punto, veganos y carnívoros coincidimos en que resulta urgente implementar políticas para generar una educación nutricional desde la primaria hasta edad adulta. 

veganos-carnivoros-tipos alimentacion salud ambiente etica

Es muy difícil llegar a conclusiones sólidas sobre los efectos en la salud de alimentos específicos, pues la salud es el resultado no sólo de tu dieta sino de otros factores particulares de tu genética, así como de tu estilo de vida. Es por ello que otros estudios más rigurosos que han vinculado los productos animales con enfermedades diversas (como el famoso Estudio China), también han sido criticados. Hasta ahora no hay suficiente evidencia para sugerir que una dieta vegana sea la más saludable posible, pero sí está claro que una dieta basada en plantas tiene muchos beneficios para la salud (por ejemplo, mira este artículo). Y sobre todo, está clarísimo que no necesitamos productos animales para sobrevivir pero, a fin de cuentas, aunque los productos animales fueran extremadamente tóxicos, cada quien es responsable de su propio cuerpo y tiene derecho a cuidarlo o destruirlo a su antojo. Claro, siempre y cuando no se afecte a terceros. Y eso nos lleva a las siguientes dos razones.

 

Ambiente 

consumo-carne-lacteos-impacto-planeta-huella-ambiental

Los productos animales requieren más recursos que los productos vegetales. Esto es un hecho basado en las leyes fundamentales de la termodinámica y de la biología. La fuente de toda la energía de los seres vivos es el Sol (sí, hay algunas excepciones en el fondo del océano, pero son irrelevantes para un ensayo sobre la dieta humana). Las plantas y otros organismos fotosintéticos (algas y algunas bacterias) capturan esta energía en las moléculas que conforman sus tejidos. Los animales comemos plantas y aprovechamos la energía capturada en ellas. No obstante, la segunda ley de la termodinámica nos dice que no puede haber ninguna transformación de energía perfecta sin que se pierda un poco en forma de calor. Y en biología, no es sólo un poco; es, en promedio, alrededor del 90%. Es decir, de toda la energía solar que capturan las plantas en sus tejidos, sólo el 10% se captura eventualmente en tejidos animales. Los números exactos varían, pues algunos animales son mucho más eficientes que otros. Pero siempre se pierde energía, así que producir animales siempre será más caro, energéticamente hablando. Por lo tanto, el área de tierra agrícola necesaria para alimentar a una persona con carne siempre será mucho mayor que para alimentarla con plantas. Por ejemplo, en las zonas más pobres de México (que, trágicamente, coinciden con las regiones con mayor biodiversidad) las personas tienen que talar una hectárea de selva para criar una vaca. Posteriormente, si tú deseas comerte un rico filete New York de ese animal, primero se tienen que gastar 7,000 litros de agua para poder producirlo. 

Dado que la deforestación es la principal causa de pérdida de biodiversidad y la agricultura es por mucho la principal causa de deforestación, si queremos minimizar la extinción de especies tenemos que minimizar el área necesaria para la agricultura y la producción de ganado. Además de la pérdida de biodiversidad, la deforestación también contribuye al cambio climático, pues los bosques almacenan millones de toneladas de carbono en la madera de los árboles. Todo ese carbono regresa a la atmósfera cuando los bosques se queman. Además, las bacterias que ayudan a digerir los pastos en los estómagos de animales rumiantes, como las vacas, producen muchísimo metano, un gas de efecto invernadero muy potente. Es por ello que, en términos de huella de carbono, las vacas son peores que otros animales. Considerando esto, sería recomendable que recapacites acerca de la cantidad de carne que consumes y, sobre todo, te preguntes: ¿de dónde viene la carne que hoy te vas a comer? Es muy probable que tus hábitos alimenticios estén fomentando la perdida de selvas y bosques en México. En este punto, nuestros diputados tienen una gran responsabilidad en el problema, ya que son quienes legislan para que los grandes consorcios de alimentos hagan público el origen y las condiciones en que se producen los alimentos que consumimos, entre ellos la carne. De igual forma, es urgente que en el mercado podamos diferenciar la carne que fue producida mediante técnicas ecológicas como el silvopastoreo. 

 

Ética 

empoderando-pequenas-empresas-proyectos-barrios-pacific-community-ventures-beth-sirull

Esta es la razón por la que la mayoría de los veganos son veganos. Como vimos, las razones de salud no están tan claras. Las razones ambientales están clarísimas. Sin embargo, la razón moral para no comer carne es menos tolerante con las acciones parciales. El argumento es el siguiente: Hay evidencia abundante y concluyente de que muchos animales (sobre todo mamíferos, pero también aves e incluso peces) tienen sistemas nerviosos capaces de generar un cierto nivel de conciencia y, sobre todo, sufrimiento. Cualquier persona que haya tenido un perro como mascota sabe lo intensas y evidentes que pueden ser sus emociones. Prácticamente cualquier persona se indignaría al presenciar a alguien golpeando o maltratando injustificadamente a un perro. En su momento, Mahatma Gandhi dijo: “Un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales”. Pues bien, las condiciones en las que viven la mayoría de los animales que acaban en nuestros estómagos les ocasionan un sufrimiento inimaginable.  

Muchos carnívoros reaccionan con desdén ante tal argumento, y por lo general responden con algo parecido a “Pero si es lo más natural, es parte de la vida, la naturaleza está llena de depredadores y presas”. Y sí, es indudable que la depredación está presente en la naturaleza. No obstante, a diferencia de los verdaderos carnívoros en la naturaleza, nosotros no dependemos de la carne para sobrevivir. Además, el sufrimiento de una presa al ser devorada por lo general dura sólo unos instantes, y esto es incomparable con la vida de sufrimiento a la que sometemos a los animales que nos vamos a devorar. Piensa el siguiente escenario: tienes la opción de ir a comer un filete de res a dos restaurantes: opción A y B. La opción A es más económica para tu bolsillo, pues la forma de producción no es sostenible; esto quiere decir que se deforestó la selva para alimentar al becerro en una primera etapa y después fue trasladado a un espacio de 2 metros cuadrados donde vivió 8 meses encarcelado para ser engordado en condiciones deplorables. 

hamburguesa carne medio ambiente alimentacion salud

Suena muy trágico ¿no? Pero así sucede. La opción B puede ser un poco más cara que la anterior, pero te garantiza que no se deforestó ninguna hectárea para criar tu filete; además, se permitió que el becerro creciera de forma natural y sin recibir hormonas; vivió en libertad y rodeado de sus compañeros antes de pasar al rastro, donde será ejecutado con una técnica que asegura un sufrimiento mínimo. Conociendo esto, ¿cuál de las dos opciones elegirías? Si eliges la primera opción podemos asegurarte que no eres una persona empática, además de que los problemas que genera el cambio climático te hacen lo que el viento a Juárez. Si eliges la segunda, eres un consumidor responsable, porque no sólo satisfaces tus gustos sino que te preocupas por el ambiente y por las consecuencias de tus actos. 

En conclusión, una decisión consciente, informada y racional de ser vegano (o carnívoro) dependerá del balance que hagamos entre nuestra salud, nuestra responsabilidad con el planeta y nuestra postura ante el sufrimiento de otros seres vivos. Las presiones al planeta han aumentado de forma directa con el crecimiento poblacional de los seres humanos y la alimentación es tan sólo una variable del problema, pero resulta ser una de las más importantes. Debemos atrevernos a imaginar un México más saludable, donde nuestros niños no padezcan obesidad y los adultos seamos propensos a ser diabéticos. La decisión del cambio está en nosotros: empecemos por nuestros estómagos. 

 

Erick Alberto Rodríguez estudia el Posgrado en Ciencias de la Sostenibilidad en la UNAM y Sebastián Block estudia el Doctorado en Ecología en el ETH-Zúrich. 

Ambos son docentes en México Sostenible A. C.  

 

México Sostenible
Autor: México Sostenible
Somos una organización de jóvenes comprometidos con la conservación de la riqueza natural y cultural del país. Integramos un equipo interdisciplinario capaz de analizar diferentes temas de la agenda ambiental, con el fin de generar acciones para fortalecer la capacidad de adaptación de las sociedades frente al cambio climático e incentivar su desarrollo sostenible.


¿Por qué deberías elegir las frutas y hortalizas de aspecto poco atractivo?

Los defectos morfológicos o fisiológicos no afectan en absoluto su calidad interna ni sabor.

Imagen: https://merveonur.files.wordpress.com

En los últimos años se ha evidenciado la poderosa influencia del cuerpo sobre la mente –y viceversa–; como por ejemplo, el impacto de nuestra dieta cotidiana en la calidad de sueño, estado de ánimo, autoconcepto y más. De hecho, científicamente se ha demostrado que una alimentación basada en azúcares, carbohidratos refinados o harina, resulta en ocasiones en trastornos emocionales como ansiedad, ataques de pánico o insomnio; mientras que una alimentación balanceada entre alimentos naturales, proteínas y nutrientes, reestablece el vínculo con la naturaleza y brinda una sensación de bienestar, plenitud y energía. Por ello se incita a vivir una dieta basada en productos más naturales; sin embargo, ¿cómo escoger las frutas, verduras y hortalizas de mejor calidad?

De acuerdo con la Food & Alimentation Organization –FAO–, los perfiles de consumo son diferentes según el país o región, el sexo, edad, nivel educativo y nivel socioeconómico; sin embargo, existen tendencias mundiales de expectativas más comunes del consumidor promedio. Como el aspecto externo –presentación, apariencia, uniformidad, madurez, frescura–; a diferencia, por ejemplo, de la calidad interna –sabor, aroma, textura, valor nutritivo, ausencia de contaminantes bióticos y abióticos–, la cual está más vinculada con aspectos generalmente no perceptibles. A continuación te compartimos las características con mayor predominancia a la hora de escoger frutas, verduras y hortalizas: 

calidad de frutas y verduras, food and administration organization, calidad de frutas

Si bien la calidad es una percepción compleja que depende de una visión subjetiva, en el momento en que escogemos la fruta elegimos la que inmediatamente se asocia –o compara– con experiencias pasadas, texturas, aromas y sabores almacenados en la memoria. Parece que con tan sólo mirar el color, el consumidor puede saber si un fruto está inmaduro o que no posee un buen sabor, textura o aroma; con tocar, se mide la firmeza u otras características perceptibles. No obstante, hay ocasiones en que la apariencia no es forzosamente sinónimo de componente de calidad: “La apariencia es uno de los subcomponentes más fácilmente perceptibles, aunque en general, no es un carácter decisivo de la calidad, a no ser que se trate de deformaciones o de defectos morfológicos. En algunos casos la forma es un indicador de la madurez y por lo tanto de su sabor.”

En muchos casos, los defectos no afectan realmente sus cualidades comestibles. De hecho, los defectos morfológicos o fisiologicos pueden resultar de diversas causas, como el clima, riego, suelo, variedad o fertilización, durante la etapa de crecimiento; los cuales no afectan en absoluto su calidad interna ni sabor. Por otro lado, cuando los defectos físicos se originan durante o posteriormente a la preparación para la comercialización y se manifiestan en los lugares de venta; tales como los daños mecánicos, lesiones o laceraciones debido al manipuleo del producto. Este último tipo de mallugaduras es la puerta a la mayor parte de los patógenos causantes de podredumbres durante la postcosecha: “El daño por frío y efecto del etileno en las especies sensibles así como la brotación y enraizamiento en bulbos y raíces, son respuestas fisiológicas a condiciones de conservación inadecuadas.”

Captura de pantalla 2016-07-11 a las 10.09.00

En palabras de la FAO: “Pruebe algunas frutas y verduras de aspecto poco atractivo y haga uso de alimentos que de otro modo podrían desperdiciarse. Las frutas o verduras de aspecto extraño a menudo se desechan porque no cumplen con los estándares estéticos. Pero, de hecho, su sabor es el mismo, si no mejor.”

¿Cómo elegir las frutas, verduras y hortalizas según su calidad interna? 

La FAO comparte las variantes que querrás tomar en consideración a la hora de elegir la fruta, verdura y hortalizas en el mercado: 

– La frescura. Es la condición de estar lo más próximo a la cosecha; es decir, cuando tiene una mayor turgencia, color, sabor y crocantez. 

– La madurez. Se refiere cuando la fruta está al punto de máxima calidad comestible, pero que en muchos casos se alcanza a nivel de puesto de venta o de consumo en la mayor parte de las operaciones comerciales. Las frutas almacenadas en atmósferas controladas alcanzan su calidad comestible al salir de la cámara, muchos meses después de haber sido cosechadas.

– El color. Es un indicador de madurez, aunque en algunos casos no hay cambios substanciales luego de ser cosechados; como en los cítricos, pimiento, berenjenas y cucurbitáceas. En los frutos que sufren cambios, el color indica el grado de madurez; como el jitomate, pera o plátano. 

– Brillo. Se encarga de realzar el color de la mayor parte de las frutas y verduras; tales como manzana, pimiento, berenjena, jitomate, uvas, ciruelas, cervezas. Mientras que en las hortalizas, el brillo está asociado con la turgencia: un verde brillante, como en berenjena, pepino y otros. 

–  Textura. Diversas sensaciones se perciben con las manos, tales como la firmeza, el tipo de superficie – pilosa, cerosa, lisa, rugosa, etcétera–. Por ejemplo, el jitomate sobremaduro es rechazado por su pérdida de firmeza y no por cambios importantes en el sabor o aroma. Aunque cada producto es valorado diferencialmente; ya sea por su firmeza –jitomate o pimiento–, ausencia de fibrosidades –espárrago, alcuacil–, su blandura –plátano–, jugosidad –ciruelas, peras, cítricos–, crocantez –apio, zanahoria, manzana–, terneza –arvejas–. 

– Firmeza. Es uno de los principales parámetros para estimar el grado de madurez de un fruto. A medida que este proceso continúa, se produce la sobremaduración, la última instancia de los tejidos y descomposición del producto. 

 ugly fruit, dieta ecosustentable, cuidados del medio ambiente, dieta saludable