¿Qué medidas ha tomado la Ciudad de México para mejorar la calidad del aire?

2012 trajo una enorme noticia para una de las ciudades más grandes del mundo: se registraron 248 días con un nivel de calidad de aire considerado bueno. ¿Qué medidas han tomado en los últimos 25 años para lograr esto?

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2012 trajo una enorme noticia para una de las ciudades más grandes del mundo: El gobierno del Distrito Federal registró 248 días con una calidad de aire considerada buena. “La ciudad, sin duda, ha dejado de ser el patito feo de la comunidad internacional”, dijo el antiguo Jefe de Gobierno, en su último informe, en diciembre, antes de ceder el puesto a Miguel Mancera.

Esto es resultado de programas a largo plazo: corredores de autobuses de cero emisiones como el Metrobús, que motivan a los conductores a dejar el coche en casa; Ecobici, un programa de préstamos de bicicletas que se volvió tan popular que hubo una lista de espera de 6 semanas; “Hoy No Circula”, un programa que restringe el uso de los coches un día entre semana, dependiendo de su número de placas.

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Es un gran cambio desde hace ya varias décadas, cuando los problemas de la ciudad se veían insuperables, producto de una geografía nada favorable y mala planeación urbana, pues la capital se encuentra a una altura muy alta en un valle que atrapa la contaminación.

El gobierno federal comenzó a tomar acciones para remediar la situación en los 80’s. Comenzó a registrar la calidad del aire con los grados IMECA (Índice Metropolitano de la Calidad del Aire). Los primeros resultados fueron aterradores, pues sólo obtuvo niveles buenos y que no representan riesgos a la salud 8 veces en 1992.

Hoy, por el contrario, han aumentado enormemente los días con buena calidad de aire: 181 días en 2008, 211 días en 2011 y 248 en 2012. Además desde mayo de 2003 no se han registrado días con índices mayores a 200 (en una escala de 500), una medida que representa que el gobierno debía cerrar las escuelas y la industria.

Hoy en día, la verificación de los automóviles también se ha vuelto más exigente y ya no es tan fácil de manipular.

Todo esto es resultado de una planeación a largo plazo, pues son programas que el Partido de la Revolución Democrática ha instaurado desde que ganó el poder en 1997, el primer año en que se realizaron elecciones (antes, el DF era gobernado por un regente que el presidente designaba).

Ahora, los nuevos retos son medir las partículas más pequeñas. “La calidad del aire ha mejorado en términos de ciertos contaminantes, pero el servicio de monitoreo que tenemos en la Ciudad de México no mide contaminantes menores a 2.5’’ (partículas que miden menos de 2.5 micrómetros de diámetro)”, dijo Gabriel Niño, coordinado en el Centro de Medio Ambiente.

Además, los subsidios del gobierno mantienen los precios de la gasolina menores que en otros países, lo que beneficia a los ricos y desmotiva a los conductores a dejar el volante, afirma Guillermo Velasco Rodríguez, coordinador de Proyectos en el Centro Mario Molina.

Aun así, ha habido enormes progresos en los últimos 25 años. “Es como correr un maratón”, dice Velasco, “Vamos a la mitad del camino”.

[GreenBlogsNYT]

 

 



La contaminación del aire: un sigiloso agente que está matando a más de 17 mil mexicanos al año

En el colmo de la paradoja, el aire nos está matando. ¿Por qué? ¿Y qué podemos hacer?

Para los habitantes de las ciudades y grandes metrópolis, escuchar la frase “aire puro” remite si acaso a la fantasía, o a parajes naturales como bosques y selvas, pero jamás a nuestros propios ecosistemas urbanos. El aire puro no es algo con lo que contemos cotidianamente, pese a que debería ser considerado un derecho humano.

Al momento que escribimos esta nota, la calidad del aire en el centro de la Ciudad de México verificada por Google en tiempo real es considerada “insalubre para grupos sensibles”, pues supera los 100 puntos, cuando apenas 150 ya se estiman como una contingencia ambiental:

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Es normal que los niveles de contaminación del aire sean todavía más altos que este nivel durante los 365 días del año, como asegura Greenpeace México, que pronto dará a conocer los resultados de un proyecto para medir los niveles de contaminación del aire en hora pico en la Ciudad de México.

Según activistas de esta organización, estamos respirando índices de contaminación del aire mucho más elevados de lo que es permisible según instancias internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS). Y nos recuerdan que esto ocasiona directa e indirectamente la muerte de 17,700 personas en México, pues en estados como Ciudad Juárez, Monterrey y Guadalajara el número de partículas finas se ha incrementado.

La mala calidad del aire no es exclusiva de la Ciudad de México, es un problema que afecta a todo el país y que debería ser atendido de inmediato.

(Paloma Neumann, coordinadora de la campaña Revolución Urbana)

Al momento que escribimos esta nota, la calidad del aire en el centro de la Ciudad de México verificada por Google en tiempo real es considerada “insalubre para grupos sensibles”

 

Hace 5 años, en la Ciudad de México se registraron 248 días con una calidad de aire “buena”, debido a programas de transporte limpio y a iniciativas como el “Hoy no Circula”. Pero desde entonces, comenzó elevarse la contaminación otra vez.

Un habitante de la CDMX fuma involuntariamente 40 cigarrillos al día

cuando la calidad del aire es mala.

No obstante, los programas de movilidad sustentable siguen desarrollándose (como Metrobus y Ecobici en la Ciudad de México), y el incremento poblacional no puede haber ocasionado el aumento desmedido de la contaminación del aire en tan poco tiempo. Nos enfrentamos entonces a que el cambio de paradigma debe ser de mucha mayor envergadura para enfrentar este problema. Y nos debe comprometer a todos, pues las consecuencias son realmente tóxicas.

Las partículas de metal en el ambiente

provocan enfermedades neurodegenerativas como Alzheimer.

Lamentablemente, en los centros de verificación la corrupción sigue siendo una constante, no sólo en la Ciudad de México, sino también en otras urbes del país. Esta práctica se multiplica debido a los bajos salarios de quienes ahí trabajan, como pudo verificar el portal Animal Político. Por ello, enfrentar la contaminación del aire en las ciudades depende de que elaboremos soluciones de conjunto que atiendan los problemas inmediatos, sociales y económicos de sus habitantes.

Es por eso que, aunque pareciera no estar conectado, elevar los salarios podría ayudar a disminuir los mortíferos índices de contaminación del aire, pues esto evitaría la corrupción en los centros de verificación y, por ende, la contaminación provocada por los automoviles, que es la más nociva, pues contribuye un 70% a la contaminación atmosférica.

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También es de vital importancia que tomemos acciones cotidianamente, realizando algunos cambios en nuestros hábitos que ayuden a disminuir la contaminación ambiental. Por ejemplo, reciclando basura, evitando el uso de plaguicidas y el consumo de tabaco, reduciendo el consumo de electricidad y utilizando la bicicleta (aunque en primera instancia parezca un gran reto).

Pero sobre todo debemos exigir (y más aún durante este período electoral) que se tomen medidas para proteger al medioambiente de nuestros ecosistemas urbanos, que sean tan amplias como lo es el problema y que lo resuelvan de raíz.

Porque el aire puro es un derecho no susceptible a negociaciones.

 

* Imágenes: 1) Violeta Amapola Nava; 2) Giphy; 3) City clock



Ver el cielo desde la ciudad te hace más feliz (un recordatorio para navegar tu día)

Reconectar con la naturaleza desde las ciudades es motivo para (red)diseñar ciudades cada vez más verdes y, por qué no, más felices.

Voltear a ver el cielo te hace más feliz. En diversas ocasiones se ha demostrado que estar en contacto con la naturaleza tanto como sea posible mejora la salud, pero sobre todo, es clave para recuperar y mantener la alegría; escuchar a un pájaro cantar, tener a la vista un árbol, o simplemente mirar al cielo frecuentemente son detalles imprescindibles para empezar a buscar la felicidad desde otros paradigmas. 

Los espacios verdes en zonas de gran densidad urbana son más que un adorno o una casualidad. Por salubridad y hasta para contrarrestar los efectos del hacinamiento, en las metrópolis los paseos arbolados comparten enormes bondades, tanto para el bienestar mental individual como el colectivo.

Especialistas de diversas áreas, tanto sociales como urbanísticas y médicas, se encuentran estudiando el impacto que tiene la ciudad en los seres humanos, y recientemente la gran influencia de los pequeños nodos verdes de las ciudades en la psique de sus habitantes. De a cuerdo a la investigación liderada por el King’s College London, para la revista BioScience, basta con pequeñas exposiciones al aire libre en medio de la vida laboral, para recobrar el ánimo. 

Diseño de ciudades para habitantes más felices 

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El urbanismo verde puede mitigar la presión que ejerce la ciudad en la vida de las personas, sean niños o adultos mayores, hombres o mujeres. Por eso el colegio King ha desarrollado este estudio. La idea del artículo del Colegio, más allá de redundar en los beneficios de reconectar con la naturaleza desde la realidad urbana, radica en alentar el diseño de las ciudades teniendo como fin primordial la creación de más y mejores áreas verdes que potencialicen la calidad de vida en las urbes contemporáneas.

La escritora Rebecca Solnit afirma en su libro Wanderlust que al caminar, el cuerpo, el pensamiento y el mundo encuentran ritmo y sintonía, incluso para una mente urbana el acto de aproximarse a un balcón o un espacio abierto incrementa la felicidad.

Y aprovechando la conectividad tecnológica, el King’s College London –en colaboración con J&L Gibbons,  Nomad ProjectsA&E, el Van Alen Institute y la Sustainable Society Network– desarrolló una aplicación para llegar a las conclusiones anteriores, y comprender cómo la vida urbana está afectando el bienestar mental. 

La app Urban Mind emite alertas durante el día al usuario para recordarle que reconecte con su entorno natural; por mínimo que éste sea, ya que el efecto de mirar por la ventana, salir a un parque o a respirar aire fresco por unos instantes, es restaurativo, y puede durar varias horas, hasta en los momentos de claustrofobia masiva en una ciudad o inclusive al regresar a tu cubículo del trabajo.

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Para entender cómo los diferentes aspectos del entorno urbano afectan el bienestar mental, Urban Mind recopila datos desde sus usuarios en tiempo real. Con base en sus resultados, las organizaciones involucradas en el proyecto esperan aportar, para el futuro compartido, un mejor planeamiento urbano y una política social orientada a mejorar el diseño y la salud de los habitantes. La última recopilación de datos se encuentra en el estudio presentado en BioScience, mismo que puedes consultar en inglés en este link.

Conforme la población siga creciendo en el planeta, el secreto para mantener las ciudades en equilibrio será defender y procurar que el asfalto no se quede sin paisaje.  Los huertos urbanos y la forestación vertical conformarán bancos de oxígeno, pero también puntos de encuentro, aprendizaje y esparcimiento.