EcoReceta: leche de amaranto

La bebida o leche de amaranto es una bebida para consumo en individuos sanos y los pacientes con algún tipo de desorden metabólico. Las bondades de esta bebida son:

La bebida o leche de amaranto es una bebida para consumo en individuos sanos y los pacientes con algún tipo de desorden metabólico. Las bondades de esta bebida son:

* Es rica en escualeno, sustancia que ayuda a disminuir el contenido de colesterol en la sangre.

* Es rica en calcio, elemento esencial de los dientes y los huesos, y en numerosos fluidos esenciales para la contracción muscular y la transmisión de la sangre.

Es rica en hierro, componente esencial de la hemoglobina (sangre). La deficiencia de hierro causa anemia como resultado de niveles bajos de hemoglobina en la sangre.

* La bebida tiene un sabor muy agradable 

LECHE DE AMARANTO

 Ingredientes:

2 cucharadas de amaranto en grano

1 ½ taza de agua caliente.

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Preparación:

Remojar el Amaranto al menos dos horas, llevar a hervor y cocinar a fuego mínimo unos minutos, colar con un lienzo y endulzar si es necesario.

Esta leche es utilizada en los países andinos para alimentar a los bebes. No resulta alergénica, siendo muy alcalina y proteica.

Twitter del autor: @lucia_mtz93



El arte japonés de la moderación: una forma de cambiar tus hábitos alimenticios expandiendo la conciencia

Tener una mejor nutrición puede no ser tanto cuestión de dietas como de espiritualidad, tal como lo demuestra la sabiduría oriental.

La manera en la que nos alimentamos puede decir mucho de nuestra sociedad, y es a la par una expresión individual de nuestra espiritualidad, así como de la forma en la que navegamos la existencia. Porque los hábitos alimenticios de cada cultura son una reminiscencia de prácticas y creencias milenarias, las cuales subyacen tras las modificaciones que el pasar del tiempo ha impuesto en la nutrición de cada comunidad humana.

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Alimentarnos es, así, mucho más que el simple acto de comer. Ínfimas cuestiones como pueden ser el tipo de vajilla que elegimos o cuántas veces masticamos un bocado, reúnen el total de rituales que giran en torno a la nutrición, mismos que trascienden el momento de comer y que pueden tener un impacto –positivo o negativo– en el resto de nuestras prácticas.

Incluso pueden incidir en nuestra longevidad

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Por eso, un principio básico de la filosofía japonesa –desde el zen hasta Confucio– es el de la moderación: una norma que permea todos los aspectos de la vida, incluido el de la alimentación. Pero por moderación no debemos entender una restrictiva dieta hipocalórica, sino una visión multidimensional de la vida, misma que parte de la nutrición y que confía a la sabiduría de nuestro organismo el destino de nuestro bienestar en el plano material.

Y como siempre en la filosofía oriental, no hay pensamiento disociado de la práctica. Esta es la base del hara hachi bu, un principio del confusionismo que instruye a la gente a comer hasta que estén llenos en un 80% de su capacidad, lo que significa una ingesta de entre 1,800 y 1,900 calorías al día. 

En cambio, el mexicano promedio puede llegar a consumir hasta 3 mil calorías por día, pues solemos comer mucho más allá de la saciedad.

El principio del hara hachi bu es desarrollado a lo largo de los textos del confusionismo. En el libro 7 de las Analectas de Confucio, una sentencia nos dice:

Cuando el Maestro estaba cerca de alguien que estaba en duelo, nunca comía hasta la saciedad. 

Y en el libro 10: 

Aunque su arroz sea de la mejor calidad, no come en exceso; aunque su carne esté finamente picada, no la engulle.

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Hara hachi bu

¿Cuánto no cambiaría si adoptásemos nuevos hábitos alimenticios desde un enfoque filosófico y práctico como el del confusionismo? Podría parecer exagerado, pero una autotransformación sólo puede empezar desde la base. Y esa base, en el confusionismo, son los alimentos y la manera en la que nos relacionamos con ellos desde la conciencia.

Así que no se trata solamente de contrarrestar lo que los malos hábitos alimenticios ocasionan –cientos de enfermedades producto de la obesidad, o una “mala” apariencia física–. El objetivo no es ni siquiera vivir más tiempo –como los japoneses: la población más longeva de la Tierra, gracias a sus hábitos alimenticios–. Esas son, digamos, metas secundarias; se trata, en realidad, de que toda práctica se sustente en una conciencia expandida: desde cómo comemos y qué comemos, hasta cosas aparentemente más importantes como el cuidado que prodigamos a nuestros proyectos personales.

Por supuesto que, adicionalmente a poner en práctica el mantra hara hachi bu antes de ingerir cualquier comida, vendrán a la par todos los beneficios que podríamos esperar de cualquier dieta, e incluso más en términos de salud. Pero ello estará sustentado en una primigenia reconexión con las bases mismas de la vida, que es lo que fundamentalmente nos enseña la filosofía oriental.



Menos es más: editar la vida para ser feliz con lo indispensable

Menos cosas, menos espacio y menos estrés. Más ahorro, más versatilidad y más conciencia ambiental.

¿Poseer es realmente lo que se necesita para tener una buena calidad de vida? La frugalidad es un concepto (y potencialmente, una filosofía de vida) que sugiere que se puede ser más feliz con menos. Menos es más.

Se ha puesto de moda mejorar la calidad de vida bajo la falsa creencia de que hay que ‘equiparse’ de objetos, outfits, accesorios y gadgets que contribuyan a mantener esa calidad de vida. 

Sin embargo, la frugalidad apunta a que reevalúes lo que tienes, dones lo que no usas, tires lo que no sirve, y guardes únicamente lo que es fundamental y magnífico. Lo que te durará años.

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Jeremy Lapak

De qué hablamos cuando hablamos de frugalidad

Tal vez no conocías el término, pero seguro has vivido la frugalidad: al acampar en la nada llevando sólo lo básico, al viajar y hospedarte en un hostal, o tal vez cruzando el mar en una lancha.

¿Te dio más libertad? ¿Sentiste que te rendía el tiempo? La fórmula es sencilla: menos cosas = menos espacio y por lo tanto menos estrés, menos daños al ambiente, más ahorro y más versatilidad en la vida.

La vida editada. La frugalidad te permite ver cuánto eres capaz de acumular en contraste con lo que realmente posees, y te podría ayudar a encontrar el equilibrio, que se traduce en comprar menos, pedir más prestado y, en general, apreciar lo que tienes.

Si has viajado con él, te has mudado con él y lo llevas a cualquier parte del mundo, probablemente tienes un objeto valioso.

Uno vale, pero ¿qué pasa cuando son muchos? ¿y cuando entre esos muchos, hay unos que ya ni recuerdas? Ahí ya no tienes un objeto valioso ni magnífico; tienes un problema.

 

Consumir menos: una tendencia hacia el futuro

Según un estudio de Euromonitor International, una de las megatendencias -de cambio a largo plazo- que moldearán a los consumidores y las industrias para el 2030 es la frugalidad (y ojalá que tengan razón):

Un aspecto es la ‘frugalidad glorificada’, que ve al consumidor de clase media celebrar el bajo precio de las cosas, al mismo tiempo que reduce el desperdicio. Para ganarse a los ‘frugales’, las compañías deben diseñar para la longevidad, enfatizando la buena calidad, reutilización, fácil mantenimiento y buscar ‘ganancias de valor revolucionarias.

Sarah Boumphrey, directora de investigación de Economías y Consumidores en Euromonitor International, señaló:

Una tendencia que empezó a abrise paso, por ejemplo, con Ingvar Kamprad, el fundador de IKEA, que fue una de las 10 personas más ricas del mundo.

En el camino hacia el crecimiento de su imperio, Kamprad publicó La Biblia de IKEA, que incluye máximas como “malgastar recursos es un pecado mortal”.

A lo largo de su vida, el empresario mostró poco interés en los lujos de la riqueza. Volaba en clase económica y durante 2 décadas manejó un Volvo. También se alojaba en hoteles baratos y compraba en los supermercados locales.

Según Kamprad, deberíamos dividir nuestras vidas en unidades de 10 minutos y sacrificar la menor cantidad posible de ellas en actividades sin sentido.

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Nordwood Themes

Frugalidad paso a paso

Entonces, tómate un día para limpiar tu guardarropa, el armario debajo de las escaleras, la habitación de invitados, tu desván o sótano, y analiza:

  • ¿Cuál fue el pensamiento detrás de esa compra?
  • ¿Querías estar al día con esa prenda?
  • ¿Darte un gusto después de un día difícil?
  • ¿Era una ganga demasiado buena para dejarla?
  • ¿Realmente valió la pena?
  • ¿Es superfluo?

Pienso, luego consumo. ¿Esto me hará realmente feliz? El escritor y diseñador Graham Hill propone editar sin piedad:

Limpia las arterias de tu vida. ¿Qué haces con la camisa que no has usado en años? Es hora de dejarla partir.

Otra máxima de Hill es que lo pequeño es sexy: espacios eficientes y multifuncionales, como un comedor que se convierta en cama, u objetos de diseño como una estufa con tres quemadores (en lugar de seis).

El diseñador textil y artista británico William Morris escribió:

No tengas nada en tu casa que no sepas que es útil o creas que es hermoso.

Es un mantra que puedes intentar vivir ahora.

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Ron McClenny