Sampa: alimento no perecedero para el Fin del Mundo

El Sampa es un alimento tradicional de la cultura tibetana que, si se guarda herméticamente, puede conservarse por tiempo indefinido.

El Sampa es un alimento tradicional de la cultura tibetana, es energético, nutritivo, fácil de guardar y, si se guarda herméticamente, puede conservarse por tiempo indefinido.

Además de todo, el Sampa es muy sencillo de preparar; es simplemente un conjunto de granos molidos y amalgamados con miel.

Dentro de la tradición es costumbre elaborarlo por un conjunto de manos, para que así obtenga la energía creadora y curadora de todas las almas involucradas.

Ingredientes

  • Frijoles rojos
  • Garbanzos
  • Lentejas
  • Maíz seco
  • Soya en granos
  • Trigo seco
  • Maní Natural
  • Plátano verde
  • Miel pura

Materiales

  • Balanza de cocina.
  • Molinillo para triturar los granos.
  • Superficie lisa para el amasar.
  • Olla de barro para tostar.
  • Cuchara de palo.
  • Bandejas para secar las bolitas de sampa.
  • Frascos de vidrio de boca ancha para almacenarlas.

Proporciones

  • La proporción es 1 a 1 entre todos los granos. Es decir, si se utiliza 1 kilo de frijoles, también debe ser 1 de garbanzos, 1 de lentejas y así sucesivamente.
  • Para obtener 1 kilogramo útil de plátano hay que pelar 5 kilos de esta fruta. Luego se corta en tajadas para poder tostarlo antes de molerlo. (Otra opción es utilizar plátano deshidratado, para acortar tiempo y pasos).
  • La miel: la miel se utiliza en proporción 1:3, esto quiere decir que si se van a emplear 1 kilo de granos, se necesitará alrededor de 3 kilos de miel. Esto puede variar para jugar con la consistencia del Sampa; sólo no deben quedar muy secas porque podrían desmoronarse, ni demasiado empapadas porque no se secarían o se aplastarían en el recipiente.
  • La cantidad varía de acuerdo con el número de personas que van a elaborar las bolitas de Sampa. Por ejemplo, si van a ser tres pares de manos, se puede usar como medida básica de 1 kilo, para obtener poco más de 300 bolitas, es decir, 100 por persona.

Preparación

  1. Tostar. Todos los ingredientes deben tostarse por separado ya que cada uno tarda un tiempo específico.
  2. Moler. También deben molerse los ingredientes por separado.
  3. Mezclar. Ahora sí se juntan todas las harinas.
  4. Amalgamar. Poco a poco se añade la miel y se amasará toda la mezcla hasta obtener la consistencia deseada y hasta que ya no queden pelotas de harina.
  5. Formar bolitas. Se amasan pequeñas bolitas, de tamaño de una pelota de ping pong o una de golf. También se les puede dar forma de barritas de chocolate, eso ayuda a ahorrar espacio para guardarlas.
  6. Secar. Se dejan secar las bolitas, de preferencia a la sombra y con un paño o tela que impida a los insectos pararse en ellas.
 

Conservación

Si el Sampa se guarda en recipientes herméticos, para que el aire no acelere el proceso de descomposición, pueden conservarse perfectamente por más de 4 años, incluso 7.

Consumo

El Sampa es un alimento altamente energético y nutritivo. Sólo una bolita de Sampa equivale a una de las tres comidas de un día. Por lo tanto, si en un día se comen tres bolitas ya no es necesario consumir ningún otro alimento.

En tiempos normales, el Sampa se puede consumir para limpiar el organismo de los alimentos tan procesados de hoy en día.

En tiempos difíciles, frente a la escasez de alimentos que parece avecinarse, o en caso de un cataclismo, el Sampa puede ser una solución.

Para conocer el ritual de preparación del Sampa:


Cómo elaborar el Sampa paso a paso:

[LaBioguía]



Sobre cómo la comida nos civilizó y nos volvió salvajes de nuevo

La comida como un pulso a partir del cual danzan la antropología, la civilización, la ciudadanía y, por qué no, la alquimia.

Según el famoso antropólogo Claude Lévi-Strauss, la comida cocinada fue —incluso más que el lenguaje– el gran factor civilizatorio de la raza humana. El hecho de comer alimentos pasados por un proceso intermedio (cocer, hervir, hornear, etc.) creó una serie de prácticas nuevas e inéditas en el orden de la naturaleza: convenir con los miembros de la tribu un horario y un ritual propio de la preparación, y a través del ritual (entendido como receta que debe seguirse, una serie de pasos ordenados) nos mostró nada menos que la magia.

En su libro Cooked: A Natural History of Transformation, el escritor Michael Pollan afirma que el proceso civilizatorio iniciado por la comida prehistórica ha llegado a ponerse en riesgo en nuestros días: la diferencia entre comer comida preparada en casa y la expresión más brutal del capitalismo en la comida procesada amenaza con subvertir definitivamente los órdenes que han permitido el desarrollo del ser humano sobre la Tierra.

Es en esta contradicción que Pollan encuentra tristemente fascinante el actual estatus de los chefs y conocedores de la haute cuisine en celebridades mediáticas: son el último reducto de lo que significó en algún momento la magia de observar y participar en la preparación de los alimentos. 

Muchos de nosotros tuvimos esa experiencia de primera mano en nuestra infancia al ver a nuestra madre o padre cocinar un plato simple (un par de huevos revueltos, o incluso un pastel en ocasiones especiales como los aniversarios), es decir, transformar un cúmulo de elementos disociados en una forma unitaria y deliciosa: mágica.

alimentacion-comida-transformacion-alimentos-michael-pollan-beneficios-alquimia-y-gastronomia alquimia-9

La especialización de nuestra vida moderna nos hace conceptualizarnos, según Pollan, como trabajadores en un aspecto específico de la cadena productiva, con roles dados dentro de nuestra estructura familiar y social, y con apenas un esporádico papel cada tantos años en la elección de nuestros gobernantes, es decir, en el papel de ciudadanos. 

No hay tiempo para cocinar en una sociedad tan ocupada… 

Por lo que para recobrar el asombro de la alquimia que ocurría en las antiguas cocinas acudimos a locales de comida donde el aspecto humano está virtualmente disuelto.

Platos que parecen arquitectura modernísima, fast-food que parece salir totalmente armada de una fábrica, ingredientes llenos de conservadores y colorantes que apenas recuerdan a sus antiguos ancestros naturales: la comida que ponemos en nuestros platos parece venida de un planeta misterioso. Pronto, afirma Pollan para el sitio Brain Pickings, cocinar una ensalada, un sándwich o una pasta nos parecerá tan exótico como fermentar nuestra propia cerveza u hornear una hogaza de pan, actividades que por generaciones fueron parte de las actividades cotidianas de la familia.

La comida es deliciosa, eso es innegable. Pero el hecho de compartirla con seres queridos, el contacto visual, el compartir, incluso el retraerse y el ofrecer generosamente lo que tenemos son prácticas que sirvieron a nuestros antepasados para trascender el salvajismo atávico. 

Tal vez con un mínimo esfuerzo (cocinar en lugar de salir a comer fuera de vez en cuando) podría producir la magia que en otros tiempos tuvo el salir con un plato de comida recién preparada de nuestra cocina –como un cavernícola volviendo a la cueva con un delicioso pedazo de mamut, para alegría de todos los suyos.

 

*Imágenes: 1) Concrete Playground; 3)  design milk; 5) firstwefeast.com



Por fin: hospital crea su propia granja para dar alimentos nutritivos a sus pacientes

Este año llegará a tener 4.5 hectáreas para crecer alimentos nutritivos de temporada todo el año.

Foto: St. Luke´s University Health Network

Tanto las cafeterías de las escuelas del mundo, como las de los hospitales, tienen algo en común: la comida es espantosa. Desabrida, con pocos nutrientes, cocinada sin esmero; esto es una paradoja, cuando la nutrición es el primer escalón de la salud. Como lo advierte Hipócrates: “que tu comida sea tu medicina, y que la medicina sea tu comida”. 

Curiosamente, apenas hace un año, un hospital en Pensilvania, el Hospital de la Universidad de San Lucas, creó una granja en mancuerna con el Instituto Rodale (líder en investigación de agricultura orgánica) para cultivar alimentos nutritivos, sanos y frescos para sus pacientes.

Este año la granja doblará su tamaño de 2 a 4.5 hectáreas y cultivará de 12 variedades hasta llegar a 30; proveerá también más de 20 mil kilogramos de vegetales al hospital. 

Además de proveer a los pacientes, y de que su cafetería ofrece comida mucho más sabrosa para el staff, visitantes, etc., también se hará un día de mercado semanal para que estos puedan llevarse vegetales frescos a casa.

Es la primera iniciativa de este tamaño en su tipo, y con suerte, quizá se convierta en una tendencia para todos los hospitales del mundo, que debieran procurar la salud desde su aliada más elemental como la alimentación.

[Treehugger]