La obesidad infantil comienza a declinar en algunas ciudades: ¿Se mantendrá la tendencia?

El 2012 comenzó con cifras alarmantes de obesidad infantil. A lo largo del año fue uno de los temas más comentados y estudiados. Por fortuna, parece que algunas ciudades sí han visto una ligera reducción en las cifras del peso de los niños.

El 2012 comenzó con cifras alarmantes de obesidad infantil. Tan sólo en Estados Unidos, el país más gordo por antonomasia,  existen más de 12 millones de niños obesos (alrededor de un 17%). A lo largo del año se realizaron cientos de estudios para saber las consecuencias físicas y mentales de los niños con sobrepeso, además sus enfermedades derivadas, como la diabetes.

Ahora se encontró que en algunas ciudades sí parece haber menos niños con sobrepeso. Ciudades grandes como Nueva York y Los Ángeles, hasta otras más pequeñas como Anchorage, Alaska, y Kearney, Nebraska, han visto una diferencia en sus tasas.

Se había encontrado que la obesidad es más frecuente en niños de bajos ingresos (20%) que en los de familias adineradas (12%). Pero Filadelfia, que es la ciudad con las mayores tasas de pobreza en todo Estados Unidos, reportó el cambio más notable: los niveles de sobrepeso decrecieron un 8% entre niños negros, 7% en niñas hispánicas, 0.8% en niñas blancas y 6.8% en niños blancos, de acuerdo con cifras del New York Times.

Filadelfia ha tomado acciones en controlar los niveles de azúcar y comida chatarra dentro de las escuelas públicas, ha promovido que se regale a los niños útiles escolares en lugar de dulces como recompensas y ha realizado ofertas más tentadoras para los alimentos saludables en lugar de chatarra.

Estas son buenas noticias para cerrar el 2012. Aunque los cambios son pequeños, reflejan que sí se pueden ver resultados cuando se toman las medidas necesarias. Sobre todo cuando hablamos de una de las ciudades más pobres del país más gordo.

Esperemos que la tendencia dure para el siguiente año; aquí la moraleja es no desconfiarse, sino todo lo contrario: tomar aún más acciones para combatir una de las enfermedades que más padecen nuestros niños de hoy en día.

[MMN]




Los niños ricos adelgazan, los niños pobres engordan (Estudio)

La pobreza se ha asociado con la desnutrición y la delgadez, pero un nuevo estudio ha confirmado un cambio importante en esa tendencia.

El problema de la obesidad tiene su origen en la desigualdad. Aunque es alimentado por los hábitos cotidianos, la raíz de este trastorno está en el nivel socioeconómico al que se pertenece. Tradicionalmente, la pobreza se ha asociado con la desnutrición y la delgadez, pero un nuevo estudio ha confirmado un cambio importante en esa tendencia.

La obesidad infantil se ha convertido en un problema global de salud pública que ya afecta a más de 120 millones de niños y niñas en todo el mundo. Según los datos de la investigación del University College de Londres, en el cual se comparó a los niños de hoy con los nacidos entre 1940 y 1970, el número de jóvenes de entre 5 y 19 años con obesidad en todo el mundo se ha multiplicado diez veces en las últimas 4 décadas.

 

De escasez a exceso de mala alimentación

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De acuerdo con los resultados del análisis de un caso de estudio publicados por The Economist, mientras los niños ricos adelgazan, los pobres engordan. La comunidad de Camberwell Green concentra a los niños más gordos de Inglaterra. Ahí, la mitad de los niños de entre 10 y 11 años tienen sobrepeso o son obesos.

Por el contrario, en Dulwich Village, donde los ingresos de los hogares son del doble, sólo 1/5 de los niños se encuentran en esa categoría, uno de los niveles más bajos del país. Uno de los autores de esta investigación, Majid Ezzati, explica:

La transición de bajo peso al sobrepeso y la obesidad puede ocurrir rápidamente debido a una transición nutricional poco saludable, con un aumento de alimentos pobres en nutrientes y densos en energía.

Los niños pobres del Reino Unido son ahora más gordos que los ricos, lo que demuestra una reversión total en la comparativa de peso de las dos clases sociales en los últimos 70 años.

 

Es necesario abaratar la comida saludable

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Los resultados hacen sentido. Los padres preocupados por pagar el alquiler y mantener la electricidad son menos propensos a cocinar una comida saludable por lo que, si se quiere resolver el problema de la obesidad, primero se debe resolver el problema de la desigualdad.

Según el estudio, durante el período de 2002 a 2012 los alimentos más nutritivos, como verduras y carnes no procesadas, eran más caros que las comidas poco saludables, como las pizzas y las hamburguesas, y la brecha de precios crecía cada año alrededor de $0.13 USD por cada 1,000 calorías. No obstante, se puede tomar un ejemplo a seguir, el de los países nórdicos:

Tienen mucho más poder adquisitivo y además son muy proteccionistas en cuanto a la publicidad. Ningún niño puede ver comida basura en la tele. ¿Resultado? Tienen las menores tasas de obesidad infantil de Europa.

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Entonces, un futuro mejor es posible, pero no se puede tomar a la obesidad como un caso aislado basado en hábitos; se debe atacar el problema de raíz, y eso empieza desde los gobiernos y una regulación de la economía y la educación que favorezca a los ciudadanos.



Estos alimentos son adictivos y te dañan a ti y al medio ambiente

Además te nutrirte poco, estos alimentos pueden resultar negativos para tu salud y poco o nada sustentables.

La alimentación es vital, y no sólo para nutrirnos y sobrevivir. Representa mucho más que eso. La comida nos sumerge en la experiencia del sabor. Es una práctica sofisticada, que ligamos a nuestras identidades, nuestras prácticas religiosas y a la ideología que rige nuestras subjetividades. El sabor es algo que buscamos, es una vivencia compleja y nos preocupa construirla de tal forma que toque los rincones más íntimos de la memoria, al mismo tiempo que estimula a nuestro cuerpo. La comida nos hace reaccionar de formas peculiares, mientras que lo picante nos acalora, lo dulce nos seduce y nos invita a seguirlo probando. Ante las bondades de la experiencia que es comer ¿qué tan conscientes somos de la manera en la que estamos nutriendo a nuestro cuerpo? Y, lo que comemos ¿en qué medida es realmente sustentable?

¿Por qué son adictivos algunos alimentos?

Es fácil aquí caer en la trampa del gusto, pero vale la pena pensar que el gusto siempre está contextualizado. Es subjetivo, pero sólo porque el gusto de cada quien está mediado y es definido por las particularidades que forman el contexto en que se inserta cada uno. Mientras que algunas de esas particularidades son culturales y sociales, otras tienen que ver con la biología y la genética.

En un estudio publicado por científicos de la Universidad de Michigan y el New York Obesity Research Center en la revista Plos One, se revelaron las 25 comidas más adictivas. Lo que casi todos tienen en común es el alto contenido de grasas, harinas blancas y azúcares refinados. Aunque algunos científicos no están de acuerdo en llamarlas adictivas, está claro que hay razones concretas y comprobadas por las cuales preferimos estos alimentos sobre otros. Definitivamente, el sabor de la pizza, los pasteles, el helado y el refresco es muy agradable, pero esto tiene razón de ser en nuestro cerebro.

La primera es que, cuando tenemos hambre, buscamos consumir los alimentos más calóricamente densos, es decir, los que tienen más calorías por gramo y estos suelen ser las grasas y carbohidratos. Por eso se nos antojan cosas como la comida chatarra, además de que esta suele estar disponible en cualquier lugar, por lo que es muy fácil de conseguir en poco tiempo. Por otro lado, la satisfacción que estos alimentos nos provocan es muy rápida, porque los procesamos rápidamente y nos dan un pico de energía muy alto en poco tiempo. Sin embargo, esa energía nos dura poco y nos obliga a consumir más del mismo alimento poco tiempo después. Los carbohidratos complejos, que no se han convertido industrialmente en harinas blancas, por otro lado, son digeridos más lentamente y nos mantienen satisfechos más tiempo.

Lo más grave es que los efectos de alimentos como el azúcar, actúan directamente en áreas del cerebro ligadas a la estimulación emocional y las adicciones. Aunque la investigación sobre esto aún se considera prematura, se piensa que el azúcar tiene influencia en la regulación de la liberación de dopamina, neurotransmisor ligado a las emociones placenteras. Mientras más azúcar consumimos más alteramos el proceso de liberación de dopamina (como pasa con drogas como la cocaína). Además, para alcanzar siempre el mismo nivel de satisfacción, debemos ir aumentando los niveles de azúcar. Si hay en el sujeto predisposición genética a la adicción, podría ser muy difícil dejar de consumir azúcar.

El verdadero problema está en lo que el alto consumo de azúcares y carbohidratos refinados provoca a largo y mediano plazo: obesidad, diabetes del tipo 2, problemas cardiovasculares e incluso la American Cancer  Society lo liga de forma indirecta con el riesgo de padecer cáncer. Por esto vale mucho la pena tratar de consumir menos de estos alimentos.

¿De qué manera afectamos al medio ambiente al consumir comida “chatarra”?

La expresión no viene en vano. Y, aunque probablemente se refiera a estos alimentos como “chatarra”, porque nutren poco y por poco tiempo, también deberíamos considerar que mucha contaminación está ligada a estos productos. Los consumimos, porque parecen convenientes, están a la mano y casi siempre ya están preparados. Esto también significa que están empacados, a diferencia de los alimentos frescos, en los que podemos evitar el uso extra de plásticos, unicel y cartón. Consumir comida chatarra produce mucha basura. Por otro lado, casi toda esta comida se produce de forma industrializada, lo que quiere decir que hacerla y consumirla es una forma de contribuir a las emisiones de gases de efecto invernadero. Esta clase de alimentos no son sustentables y posiblemente los distribuya una empresa internacional, que utilice materia prima muy barata y de mala calidad y que puede no estar muy al pendiente de su responsabilidad ambiental. Sería nuestra responsabilidad descubrirlo, antes de comprar sus productos.

¿Cuáles son los alimentos más adictivos y cómo podemos sustituirlos?

La creciente tendencia de comer más saludable y de forma sustentable está seguida de una ola de recetas y tips que pueden ayudarte a cambiar las opciones chatarra por comida igualmente deliciosa, pero mucho más nutritiva, satisfactoria y no empaquetada. Se trata de asumir responsabilidad sobre la forma en que te alimentas y esto significa en muchos sentidos poner atención y meter las manos en la masa. Preparar tus propias versiones de la comida chatarra que más te gusta te permite cambiar las harinas refinadas por versiones integrales; los azúcares refinados por endulzantes más complejos al ser digeridos que no resulten adictivos y las grasas por opciones que no te pongan en riesgo. Además, dejar de comprar tantos productos empaquetados contribuye significativamente a que generes menos basura, día con día.

Estos son algunos de los alimentos más adictivos y algunas sugerencias para sustituirlos:

Pizza: la pizza lo tiene todo, harina refinada, grasas, alimentos altos en sodio y azúcares ocultos en muchos de sus ingredientes. Prepara tu propia pizza con masa de harina integral, salsa casera y queso de buena calidad.

Chocolate: el chocolate barato está hecho con ingredientes de muy mala calidad, azúcares refinados y grasa vegetal que no es de cacao. De chocolate, en realidad, tiene poco. Vale la pena invertir en un chocolate con alto porcentaje de cacao (arriba de 70%) y endulzado con stevia, jarabe de agave o sin endulzar. Es amargo, pero muy agradable y lo puedes usar para sustituir el chocolate de cualquier receta. También puedes conseguir cocoa en polvo sin endulzar.

Pan blanco: El pan blanco es fácil de sustituir por pan integral. Pero hay que tener cuidado, porque el pan integral comercial es en realidad pan blanco con salvado. Además el pan integral tiene mucho azúcar refinada. Vale la pena hacer el propio pan. Puedes mejorar la calidad nutritiva de un pan blanco si lo haces con masa reposada. Consiste en mezclar harina, agua y sal con una masilla hecha con harina y agua, pero reposada al aire libre por varios días. Cuando la dejas al aire, levaduras vivas la utilizan para alimentarse de ella y estas son muy nutritivas para nosotros y funcionan como agente leudante.

Galletas: Las galletas son deliciosas porque están hechas con harina, mantequilla y azúcar. Sustituye el azúcar por un endulzante complejo y el harina por opciones como harina de avena, que puedes comprar o hacer en casa, licuando avena cruda y seca muy rápido, hasta que se convierta en un polvo fino.

Cereal: Puedes cambiar el cereal comercial por una mezcla casera de hojuelas de avena tostadas, semillas, nueces, frutos secos sin azúcar añadido, endulzado con miel. Es delicioso, tiene una consistencia deliciosa y satisfactoria.

Pollo frito: En lugar de freír el pollo, puedes hornearlo y en lugar de empanizarlo, puedes cubrirlo con una mezcla de almendras o cacahuates molidos finamente, parmesano y orégano o albahaca seca. La cubierta quedará crujiente y deliciosa en el horno.