¿Qué ocurre durante 24 horas en un pie cúbico? ¿Qué animales e insectos caminan dentro?

El fotógrafo David Liittschwager colocó estas estructuras verdes de un pie cúbico de volumen en diferentes ecosistemas: una selva en Costa Rica, un arrecife en Cape Town, una reserva en Sudáfrica… y registró a todos los animales que caminaron dentro en 24 horas.

El fotógrafo David Liittschwager colocó estas estructuras verdes de un pie cúbico de volumen (0.03 metros cúbicos) en diferentes ecosistemas: una selva en Costa Rica, un arrecife en Cape Town, una reserva en Sudáfrica… y grabó a todos los animales que caminaron dentro en 24 horas.

En el río Duck en Tennessee, se registraron 32 especies de peces y 100 especies de otros tipos, sólo en 24 horas. En el arrecife Temae, se encontraron 392 criaturas, entre peces, cangrejos, lombrices, camarones, algas, caracoles y más. En Costa Rica, se registraron 145 especies, aves, mamíferos, musgos y bromelias. En una reserva de Sudáfrica cruzaron por debajo 30 especies de plantas y 70 invertebrados.

Lo interesante es todos los pequeños organismos que cruzan por debajo de este cubo, que normalmente son opacados por los animales más grandes, como los leones, jirafas y elefantes en África, o los tiburones y ballenas en los océanos. Estas pequeñas especies son motores de la tierra y son de una gran belleza también.

De igual forma, esta galería (que también fue publicada y se puede conseguir en libro) provoca reflexionar sobre el enorme cambio que significaría mover el cubo a tan sólo unos pasos (hasta un 50% de diferencia en las especies de plantas, para empezar). Nuestra Tierra es muy rica en flora y fauna, no podemos permitir que ninguna especie deje de existir.

 

[TheGuardian]

 



La naturaleza y sus cicatrices de guerra (📷✨)

Pasado y presente se funden en estas imágenes del fotógrafo Jonathan Beamish.

Algunos parajes de esta Tierra están repletos de fantasmas. Estos espectros se manifiestan en las cicatrices que las guerras han dejado plasmadas en la naturaleza. Algunas marcas son prácticamente invisibles a la vista humana, pero no a la luz infrarroja. Jonathan Beamish utiliza esta técnica para fotografiar los rastros de la primera guerra mundial en los mayores campos de batalla. 

En las fotografías, la belleza de los paisajes franceses y belgas cobra un matiz lúgubre. A través de la oscura luz, las fisuras del conflicto se aprecian todavía en varios sitios después de 200 años. Dice Beamish: 

La fotografía infrarroja siempre me ha interesado, pues te permite ir más allá de la visión común, apreciar colores normalmente invisibles, e incluso te da la habilidad de ver en la oscuridad.

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¿Por qué asomarse a este vacío? ¿Para qué ver a los ojos las heridas de la guerra? 

Hay algo de sanación en estos paisajes arrasados, un poco de la tranquilidad que llega únicamente tras enfrentarse a los recuerdos más dolorosos. Los tonos grises, cruzados de súbito por trazos de rojo profundo, traen los eventos del pasado al presente de forma vívida. 

Pasado y presente se funden en estas imágenes. Los miles de soldados heridos, los caídos y las aldeas derruidas queman su huella para siempre en la historia. Por encima de todo, la naturaleza queda invicta: su resiliencia trasciende todos los conflictos. 

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