¿Por qué desaparecen las abejas?

Albert Einstein, sin relativizaciones, dijo: «Cuando se muera la última abeja, cuatro años después, desaparecerá la especie humana». Esa frase suena exagerada, de hecho lo es, pero sin lugar a dudas cuando se muera la última abeja gran parte de la humanidad estará en riesgo.

Albert Einstein, dijo: «Cuando se muera la última abeja, cuatro años después, desaparecerá la especie humana».  Esa frase suena exagerada, de hecho lo es, pero sin lugar a dudas cuando se muera la última abeja gran parte de la humanidad estará en riesgo.

¿Por qué desaparecen las abejas?

Los científicos investigan desde hace años la desaparición de las abejas y han detectado más de una docena de factores negativos que inciden por separado o en conjunto (“efecto cocktail”):

Insecticidas: dos recientes estudios publicados en la revista Science señalan que el uso extendido de los insecticidas neonicotinoides han afectado de forma negativa a las colonias de abejas y abejorros. Estos pesticidas, introducidos a principios de los años noventa del siglo pasado, se han generalizado para el control de plagas en los cultivos de todo el mundo.

Productos químicos: diversos estudios han demostrado que algunas sustancias pueden afectar al sentido de la orientación, la memoria o el metabolismo de las abejas.

Nosema Ceranae: la presencia de este hongo en las colmenas mata a las abejas y  favorece otros factores letales para estos insectos, como el ácaro parásito Varroa. Así lo señalaba un estudio de la revista Applied and Environmental Microbiology.

Parásitos: además del mencionado Varroa, otros parásitos, como un pequeño escarabajo que daña las colmenas, causarían más daños que hace décadas.

Contaminación del aire: reduce la potencia de los mensajes químicos que emiten las flores y a las abejas y otros insectos les cuesta más localizarlas, según un estudio de la revista Atmospheric Environment. Sería un círculo vicioso: si no encuentran las flores no comen bien, mientras que las flores no se reproducen al no polinizarse.

Cambio climático: podría agravar la situación de varias formas, como la alteración en el tiempo de floración de las plantas o la cantidad y época de lluvias, que afectaría a la cantidad y calidad del néctar.

Especies invasoras: abejas de otras regiones, como la africana o la asiática, se han introducido en Estados Unidos y Europa, respectivamente, y dañan a las especies autóctonas.

Campos electromagnéticos: las emisiones de postes eléctricos podrían confundir a las abejas.

Las abejas desaparecen en todo el mundo desde hace décadas y, en los últimos años, el ritmo se ha acelerado. La situación es mucho más grave que quedarse sin miel: la mayoría de los alimentos que consumimos, o muchas plantas que ofrecen servicios esenciales en los ecosistemas, no serían posibles sin la polinización de estos insectos. Es hora de cuidar a las abejas.

Vía infoclima (Damián Morais)



México ha perdido mil 600 millones de abejas: es una situación “apocalíptica”

Como señaló la UNAM en un comunicado, la enorme pérdida de abejas es una grave crisis ambiental.

México ha perdido una enorme cantidad de abejas en el último cuatrienio. 1,600 millones de abejas han muerto en lo que especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México han llamado una “situación apocalíptica”, como señala un comunicado reciente. No es una exageración. Todo el país necesita de las abejas, desde los trabajadores que extraen y comercian con miel hasta nuestro propio entorno. 

Las abejas son seres extraordinarios con habilidades inusitadas que diversos estudios registran cada día. Manejan conceptos matemáticos que a nosotros nos cuesta entender y, en colectivo, toman decisiones como lo haría un cerebro humano. Pero eso no es todo, ni de cerca. Las abejas son los agentes polinizadores más importantes de nuestro ecosistema y “un patrimonio ancestral”, como afirmó Tonatiuh Cruz, investigador de la UNAM. 

La población de abejas mexicanas se ha visto mermada por la destrucción de su hábitat y el uso de agroquímicos, como los pesticidas. En el peor de los casos, la fumigación excesiva de los sembradíos mata a las abejas. Cuando sobreviven, se encuentran tan confundidas por el herbicida que no consiguen regresar a sus colmenas. 

Los daños al ecosistema que su pérdida ya está provocando también se vuelcan a lo social. Cruz comenta que las abejas han existido en territorio mexicano desde antes de la llegada de los españoles. Los productos que se obtienen de ellas, como la miel, el propóleo y el jarabe real fueron de gran importancia para las culturas prehispánicas. A la fecha, la exportación de miel de abeja significa una fuente de importantes ingresos para México, que es su tercer productor a nivel mundial

El Senado de la República ha aprobado un acuerdo para acabar con el daño que sufren nuestras colonias de abejas. Además de ser parte de nuestro patrimonio histórico y cultural, estas criaturas contribuyen al delicado balance que mantiene viva la biodiversidad de México, uno de los grandes tesoros del entorno que hay que preservar.

 

¿Por qué desaparecen las abejas?

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Los científicos investigan desde hace años la desaparición de las abejas y han detectado más de una docena de factores negativos que inciden por separado o en conjunto (“efecto cocktail”):

Insecticidas: dos recientes estudios publicados en la revista Science señalan que el uso extendido de los insecticidas neonicotinoides han afectado de forma negativa a las colonias de abejas y abejorros. Estos pesticidas, introducidos a principios de los años noventa del siglo pasado, se han generalizado para el control de plagas en los cultivos de todo el mundo.

Productos químicos: diversos estudios han demostrado que algunas sustancias pueden afectar al sentido de la orientación, la memoria o el metabolismo de las abejas.

Nosema Ceranae: la presencia de este hongo en las colmenas mata a las abejas y  favorece otros factores letales para estos insectos, como el ácaro parásito Varroa. Así lo señalaba un estudio de la revista Applied and Environmental Microbiology.

Parásitos: además del mencionado Varroa, otros parásitos, como un pequeño escarabajo que daña las colmenas, causarían más daños que hace décadas.

Contaminación del aire: reduce la potencia de los mensajes químicos que emiten las flores y a las abejas y otros insectos les cuesta más localizarlas, según un estudio de la revista Atmospheric Environment. Sería un círculo vicioso: si no encuentran las flores no comen bien, mientras que las flores no se reproducen al no polinizarse.

Cambio climático: podría agravar la situación de varias formas, como la alteración en el tiempo de floración de las plantas o la cantidad y época de lluvias, que afectaría a la cantidad y calidad del néctar.

Especies invasoras: abejas de otras regiones, como la africana o la asiática, se han introducido en Estados Unidos y Europa, respectivamente, y dañan a las especies autóctonas.

Campos electromagnéticos: las emisiones de postes eléctricos podrían confundir a las abejas.

Las abejas desaparecen en todo el mundo desde hace décadas y, en los últimos años, el ritmo se ha acelerado. La situación es mucho más grave que quedarse sin miel: la mayoría de los alimentos que consumimos, o muchas plantas que ofrecen servicios esenciales en los ecosistemas, no serían posibles sin la polinización de estos insectos. Es hora de cuidar a las abejas.

 

¿Qué puedes hacer desde tu lugar?

Acá te compartimos 8 acciones que puedes tomar desde casa para salvar a las abejas y una increíble guía para saber ¿Qué plantar en tu jardín para ayudar a salvarlas?



Crece la lista de especies en extinción a 26 mil (aquí algunos de los casos más lamentables)

Muchas de estas especies están ya en peligro crítico. ¿Qué hacer?

Cada vez que se pierde una especie se está rompiendo una sagrada cadena de vida, única e insustituible, que ha evolucionado por más de 3 millones de años. Actualmente, 26 mil especies podrían correr esta suerte, en lo que es sin duda una acelerada e inédita extinción masiva que, en su mayoría, está siendo ocasionada por el ser humano.

Las que ahora se unen al lamentable acervo de las especies en mayor peligro de extinción son:

  • Tres especies de lombrices japonesas
  • El zorro volador negro de Mauricio
  • La palma de Bankoualé
  • El sapo “Sméagol” de Gollum

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Estas, entre otras especies, forman parte de la última lista roja de la International Union for Conservation of Nature.

En total la lista contiene 26,197 plantas y animales, según el último reporte de esta ONG.

Otras especies que se han sumado a la lista son la población de reptiles de Australia, pues un total de 975 –casi todos los nativos de sangre fría de dicho país– están en peligro, entre otras cosas debido al cambio de temperatura, que podría provocar su paulatina extinción desde ahora y a lo largo de los próximos 30 años.

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El informe incluye algunas precisiones que ayudan a entender cuáles son las causas de fondo que ponen al borde de la extinción a estas especies. En el caso del zorro volador negro de Mauricio, es la deforestación la que está afectando su hábitat, mientras que las tres especies de lombrices japonesas se enfrentan a las condiciones radiactivas que dejaron tras de sí los estallidos de bombas nucleares en la segunda guerra mundial y el accidente nuclear de Fukushima.

De igual forma, árboles como la palma de Bankoualé se enfrentan a una probable extinción debido a la deforestación y a la destrucción de bosques para la agricultura y la redirección de canales acuíferos, en tanto que el anfibio denominado “sapo Sméagol” –nombrado en honor a Gollum, de El señor de los anillos– está amenazado por la contaminación que provocan los turistas en Malasia.

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Todo esto forma parte de la extinción masiva que están provocando nuestras formas de vida actuales, las cuales han ocasionado que el ritmo de las extinciones se acelere 100 mil veces, según algunos biólogos, y que otras 19 especies de mamíferos estén en un peligro crítico de extinción, lo que significa que la esperanza de poder salvarlos se apague cada día un poco más.

No obstante se puede hacer algo, por lo menos a partir de nuestros hábitos alimenticios y de consumo en general. No comer carne es quizá una de las cuestiones que pueden marcar una diferencia más grande, pues el consumo de este alimento ha sido la causa de 30 extinciones recientes. A la par, es vital cuidar el agua –pues la obtención y manejo de este recurso causa deforestación y destrucción de la biodiversidad–, así como procurar no usar plástico –por ejemplo, evitando las bolsas desechables–.

Así podemos contribuir lo menos posible a este mortífero y desalentador panorama que es la extinción de especies y la pérdida de biodiversidad que conlleva, misma que también es una sentencia de muerte para nosotros.

 

* Imágenes: 1) John Pickrell; 2) ICUN; 3) Jules Farquhar