Excremento prehistórico permite rastrear la evolución del ser humano

Residuos de la digestión humana permiten estudiar la actividad y los movimientos de los primeros seres humanos sobre la tierra, con una mayor precisión que otros marcadores.

Científicos de la Universidad de Massachusetts utilizan residuos de heces fecales para estudiar los movimientos de los ancestros del ser humano, por ejemplo de poblaciones de hace 7300 años, en latitudes tan altas como el círculo Ártico de Noruega, en las islas Lofoten.

Antes, los marcadores para rastrear la actividad humana habían sido los restos de carbón de las primeras fogatas, o el polen de las plantas que cultivaban. Afortunadamente, encontraron que los componentes del excremento emiten una señal muy fuerte.

Descubrieron que el coprostanol, un producto de la digestión del colesterol en el sistema humano, es un marcador increíblemente certero. Por ejemplo, encontraron una relación con los cambios climáticos de esas épocas, entre los años 2,040 y 1,900  a.C, y después alrededor del año 1705 a.C, cuando hubo un declive en la actividad humana y en su población.

“Esta área se encuentra en el límite norte de posibilidades de agricultura. Las más ligeras variaciones en las temperaturas de las estaciones afectarían enormemente a las poblaciones”, dice el investigador Robert D’Anjou.

Por otro lado, cuando hubo tiempos de prosperidad, “encontramos un punto alto de residuos fecales, justo cuando hubo un aumento dramático de fuegos en el área, asociados con la agricultura de tala y quema”, afirma D’Anjou

Se espera que éste método se utilice para complementar la información que no se tiene segura sobre la actividad humana. “Es sólo otra cosa que deja huella en el medio ambiente”, dice D’Anjou, “y las cosas buenas pueden venir de los lugares más inesperados”.

[BBC]



Descubren ejemplar intacto de “poni” prehistórico en Siberia (Fotos)

El potro vivió en el Pleistoceno y pertenece a una especie extinta de caballos que habitaron la zona.

Los hielos perpetuos en las zonas polares son como el congelador que guarda vestigios de otras eras planetarias. Fue gracias a este clima de frío extremo que un ejemplar de Equus lenensis (caballo Lena) pudo ser recuperado en un extraordinario estado de conservación, con las pezuñas, el pelo y el tracto digestivo casi intacto.

encuentran restos pony prehistorico

El director adjunto de la Universidad Federal del Noreste de Yakutsk (en Siberia), Grigory Savvinov, afirmó que “los restos del potro no presentan daño alguno, incluso su pelo se ha preservado, lo que es increíblemente raro en ejemplares tan antiguos”.

En una entrevista con el Siberian Times, Savvinov indicó que al momento de su deceso el animal tenía aproximadamente 2 meses de edad, y tenía una altura de 98 centímetros hasta la línea del hombro. La teoría de los expertos que desenterraron los restos es que la causa de muerte pudo haber sido que el potro cayó en una “trampa natural”, como una zanja, o bien, que pudo haberse ahogado.

El contenido de su aparato digestivo será examinado durante la autopsia para conocer su dieta en los cortos meses de vida que tuvo. Un equipo internacional de paleontólogos rusos y japoneses trabajó en la depresión Batagay, a 100 metros de profundidad, en la zona de Verkhoyansky, ubicada en la República de Sajá-Yakutia. El descubrimiento se reportó el día 11 de agosto, y unos días después también encontraron el esqueleto de un mamut lanudo con algunos tejidos, gracias a los testimonios de los pobladores.

El director del Mammoth Museum de Yakutia, Semyon Grigoryev, hizo énfasis en que este potro pertenece a una especie extinta que vivió en la región hace 30,000 o 40,000 años, y que los actuales caballos salvajes de la zona pertenecen a otra especie. Cabe aclarar que la palabra pony (en inglés; poni en español) deriva del francés antiguo poulenet, que significa potro o caballo joven; los ponis actuales pertenecen a razas distintas de caballos.

En años recientes, los hielos perpetuos de la zona han sido lugar del descubrimiento de otros especímenes de la Era de Hielo, como un pequeño gato de las cavernas y una cría de rinoceronte lanudo.



Un gen evoluciona en el ADN humano y podría hacerte odiar el alcohol

Evolucionando a partir de la involución: un reciente estudio prueba que el cambio genético podría diluir vicios como el alcoholismo

Un gen al que han nombrado “resaca final” es la variante que hace que el alcohol sea intolerable para el cuerpo. Esto prueba que el cuerpo humano sigue evolucionando. Pero, pese a que los investigadores aún no determinan cómo es que esto opera a nivel celular, se trata de un precedente en relación con una adicción que ha cobrado muchas vidas y de la que se ha comprobado el factor hereditario.

Benjamin Voight y sus colegas de la Universidad de Pensilvania observaron el genoma que ha evolucionado en los últimos años, y a partir de ello, han construido un catálogo público, el más grande que existe hasta ahora sobre datos genotípicos y sus variaciones.

“La contribución de este cambio genético específico debe considerarse en el contexto de una infinidad de factores adicionales que podrían contribuir mucho más”, dijo Voight.

 

¿Pero cómo es que este gen podría hacernos odiar el alcohol?

Hay cinco cambios recientes, uno de ellos es en el gen ADH. Todas las variantes parecen proteger contra la adicción al alcohol, porque dicho gen permite que el cuerpo pueda descomponerlo, lo que hace que aun en pequeñas dosis, la persona con este gen se sienta enferma al beber alcohol y se detenga antes de intoxicarse.

Especialmente en Asia Oriental y África Occidental (a diferencia de Europa), el gen ADH ha cambiado de manera independiente en los últimos 10 mil años; se cree que los no bebedores sobrevivieron mejor, y al hacerlo transmitieron a sus niños el material hereditario modificado.

Voight señaló en la revista New Scientist que “la investigación demuestra que los genes pueden cambiar de manera similar en las poblaciones globales, y esos cambios podrían ser un esfuerzo para ayudar a que las personas se adapten a los cambios en sus ecologías”.

“Resaca final” es el nombre que se ha dado ha esta variante genotípica. Es posible que la humanidad cambie físicamente y sea incapaz de consumir grandes cantidades de alcohol. Si este gen se arraigara en la población global, un día podría ayudar a reducir el alcoholismo y los problemas de salud asociados con el abuso del alcohol.