¿Cuál es la mejor vitamina para la memoria?

Alimentos ricos en vitaminas para agilizar la memoria.

Alimentos ricos en vitaminas para agilizar la memoria

Las vitaminas son micro-nutrientes que intervienen en todos los procesos fisiológicos, inclusive para agilizar la memoria. Para obtenerlas y lograr todos sus beneficios, es importante que conozcas cuales son los alimentos ricos en estas vitaminas.

Si bien todas las vitaminas del complejo B pueden ayudar a agilizar la memoria, especialmente la Vitamina B6, Vitamina B9, y vitamina B12, ayudan a la formación de glóbulos que transportan oxígeno, mejorando la circulación y nutrición cerebral. Estas vitaminas se encuentran en alimentos como por ejemplo: espinaca, verduras de hojas verdes, fresas, melón, espárragos y legumbres.

Otras de las vitaminas que ayudan a las funciones cerebrales son las vitaminas C, E, y A. Estas vitaminas ejercen una acción antioxidante, reduciendo la formación de radicales libres que afecten la actividad cerebral. Los alimentos que contienen estas vitaminas son las fresas, patatas con cáscara, cítricos, kiwi, aceites de origen vegetal, frutos secos, tomate, espinaca, brócoli, lácteos, entre otros.

Dentro de todas las vitaminas existentes y disponibles a través de los alimentos, estas son las mejores y las que pueden ayudar a agilizar la memoria. A partir de la alimentación es posible obtener todos los nutrientes para mantener sano a todo el organismo, por ello recuerda poner en práctica una dieta natural y equilibrada.



Menos es más: editar la vida para ser feliz con lo indispensable

Menos cosas, menos espacio y menos estrés. Más ahorro, más versatilidad y más conciencia ambiental.

¿Poseer es realmente lo que se necesita para tener una buena calidad de vida? La frugalidad es un concepto (y potencialmente, una filosofía de vida) que sugiere que se puede ser más feliz con menos. Menos es más.

Se ha puesto de moda mejorar la calidad de vida bajo la falsa creencia de que hay que ‘equiparse’ de objetos, outfits, accesorios y gadgets que contribuyan a mantener esa calidad de vida. 

Sin embargo, la frugalidad apunta a que reevalúes lo que tienes, dones lo que no usas, tires lo que no sirve, y guardes únicamente lo que es fundamental y magnífico. Lo que te durará años.

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Jeremy Lapak

De qué hablamos cuando hablamos de frugalidad

Tal vez no conocías el término, pero seguro has vivido la frugalidad: al acampar en la nada llevando sólo lo básico, al viajar y hospedarte en un hostal, o tal vez cruzando el mar en una lancha.

¿Te dio más libertad? ¿Sentiste que te rendía el tiempo? La fórmula es sencilla: menos cosas = menos espacio y por lo tanto menos estrés, menos daños al ambiente, más ahorro y más versatilidad en la vida.

La vida editada. La frugalidad te permite ver cuánto eres capaz de acumular en contraste con lo que realmente posees, y te podría ayudar a encontrar el equilibrio, que se traduce en comprar menos, pedir más prestado y, en general, apreciar lo que tienes.

Si has viajado con él, te has mudado con él y lo llevas a cualquier parte del mundo, probablemente tienes un objeto valioso.

Uno vale, pero ¿qué pasa cuando son muchos? ¿y cuando entre esos muchos, hay unos que ya ni recuerdas? Ahí ya no tienes un objeto valioso ni magnífico; tienes un problema.

 

Consumir menos: una tendencia hacia el futuro

Según un estudio de Euromonitor International, una de las megatendencias -de cambio a largo plazo- que moldearán a los consumidores y las industrias para el 2030 es la frugalidad (y ojalá que tengan razón):

Un aspecto es la ‘frugalidad glorificada’, que ve al consumidor de clase media celebrar el bajo precio de las cosas, al mismo tiempo que reduce el desperdicio. Para ganarse a los ‘frugales’, las compañías deben diseñar para la longevidad, enfatizando la buena calidad, reutilización, fácil mantenimiento y buscar ‘ganancias de valor revolucionarias.

Sarah Boumphrey, directora de investigación de Economías y Consumidores en Euromonitor International, señaló:

Una tendencia que empezó a abrise paso, por ejemplo, con Ingvar Kamprad, el fundador de IKEA, que fue una de las 10 personas más ricas del mundo.

En el camino hacia el crecimiento de su imperio, Kamprad publicó La Biblia de IKEA, que incluye máximas como “malgastar recursos es un pecado mortal”.

A lo largo de su vida, el empresario mostró poco interés en los lujos de la riqueza. Volaba en clase económica y durante 2 décadas manejó un Volvo. También se alojaba en hoteles baratos y compraba en los supermercados locales.

Según Kamprad, deberíamos dividir nuestras vidas en unidades de 10 minutos y sacrificar la menor cantidad posible de ellas en actividades sin sentido.

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Nordwood Themes

Frugalidad paso a paso

Entonces, tómate un día para limpiar tu guardarropa, el armario debajo de las escaleras, la habitación de invitados, tu desván o sótano, y analiza:

  • ¿Cuál fue el pensamiento detrás de esa compra?
  • ¿Querías estar al día con esa prenda?
  • ¿Darte un gusto después de un día difícil?
  • ¿Era una ganga demasiado buena para dejarla?
  • ¿Realmente valió la pena?
  • ¿Es superfluo?

Pienso, luego consumo. ¿Esto me hará realmente feliz? El escritor y diseñador Graham Hill propone editar sin piedad:

Limpia las arterias de tu vida. ¿Qué haces con la camisa que no has usado en años? Es hora de dejarla partir.

Otra máxima de Hill es que lo pequeño es sexy: espacios eficientes y multifuncionales, como un comedor que se convierta en cama, u objetos de diseño como una estufa con tres quemadores (en lugar de seis).

El diseñador textil y artista británico William Morris escribió:

No tengas nada en tu casa que no sepas que es útil o creas que es hermoso.

Es un mantra que puedes intentar vivir ahora.

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Ron McClenny


Quizá no lo recuerdes, pero existe una fórmula que explica tu falta de memoria

Esto implica, por cierto, que puedes hacer algo para mejorar tu memoria

La memoria es lo que nos hace lo que somos. Si olvidamos nuestro pasado (por ejemplo, al momento de viajar por un agujero negro), sencillamente no podemos ser la misma persona: son nuestras experiencias pasadas las que nos constituyen.

Por otro lado, el proceso de aprender está íntimamente ligado tanto a la intuición como a la memoria. Existen cosas que le encargamos a la intuición, que funciona como una especie de instinto muy útil que nos ayuda a sortear las vicisitudes de la vida. La memoria, en cambio, no sólo es evolutivamente fundamental en términos naturales sino que el ser humano la ha llevado más allá que cualquier otro ser vivo, al utilizarla para almacenar su conocimiento.

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Para nosotros, aprender va más allá de la necesidad: lo hacemos también por el amor por el saber (que es, como todos saben, lo que significa la palabra “filosofía”). Pero en ese camino lidiamos con un problema que quizá te suene conocido: la curva del olvido o forgetting curve.

 

La fórmula matemática de la memoria

La forgetting curve expresa, en una fórmula matemática, el rango entre el momento en que una memoria es generada y el progresivo olvido de ésta. Fue utilizada por primera vez en el siglo XIX por el psicólogo Hermann Ebbinghaus, quien fue un pionero en los estudios de la memoria, aplicándolos a él mismo. De esta forma descubrió la tendencia a olvidar, sobre todo información un tanto “sin sentido” (como a veces puede ser la que tenemos que aprender para un examen), la cual se convierte en una “curva de olvido”, según la fórmula de Ebbinghaus, mientras que los hechos traumáticos forman una línea plana que jamás cae en el olvido.

 

No intentes meter todo en la cabeza en 15 minutos…

Ebbinghaus también halló que las cosas que logramos retener más de 1 día se quedan por mayor tiempo, y que podemos retenerlas todavía más mediante el método de la repetición a intervalos. Éste funciona porque el cerebro tiene que reconstruir las memorias cuando ha pasado un lapso, fortaleciéndose al igual que un músculo cuando hacemos ejercicio. Así que estudiar algo y luego repasarlo al día siguiente, relajadamente, puede ser mejor que estresarse y querer aprender todo en 15 minutos (que sería como querer tonificar el cuerpo con la primera sesión de gimnasio).

De esta forma, quizá podemos evitar lo que dice Stephen Hawkings:

El tiempo es el ladrón de la memoria.

No tiene que ser así, porque podemos usar el tiempo sabiamente, a nuestro favor. Está comprobado que el método de la repetición a intervalos sirve, sobre todo, para nuestros pequeños placeres mundanos asociados a la memoria: aprender un instrumento o memorizar un poema, por ejemplo. Y explica por qué tanta gente es capaz de recordar los pasajes de la serie animada The Simpsons, pues los fans de esta serie aplicaron inconscientemente la repetición a intervalos con los episodios que seguramente vieron más de una vez durante distintos espacios de tiempo. Si eres de ellos, o tienes un amigo cuya referencia de vida es esta clásica serie, sabrás de lo que hablamos.

Pero también puedes ponerlo a prueba: está comprobado que la repetición a intervalos es el mejor método para aprender un idioma.

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Así que si eres olvidadizo, no todo está perdido: un psicólogo del siglo XIX, amante de la buena memoria, nos da cuenta de ello (y sus hallazgos nos funcionan hasta el día de hoy). Y si el método de la repetición a intervalos no te funciona, recuerda las palabras de Nietzsche:

La ventaja de tener una mala memoria es que uno disfruta muchas veces las mismas cosas por primera vez.

 

 

*Imagen principal: Noa Azoulay